Elisa Soriano Fischer (Madrid, 22 de octubre de 1891 - Madrid, 3 de diciembre de 1964) fue una docente y oftalmóloga española. Fundó la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME) y presidió la Juventud Universitaria Femenina (JUF). Se la considera una figura destacada del sufragio universal y del feminismo asociativo e intelectual durante las décadas de 1920 y 1930, hasta el inicio de la guerra civil española.Elisa Soriano Fisher (1891-1964) Pobladores rurales PDF Consultado el 20 de enero de 2016Libro de Actas VIII Congreso Nacional de Historia de la Medicina. Murcia-Cartagena. Universidad de Murcia 1988 vol.1 pp. 595-606Elisa Soriano Fisher, una médica feminista. Teresa Ortiz Gómez. Mujer y salud, 5 (febrero de 2000) pp. 16-17Raquel Vázques Ramil. Mujeres y educación en la España contemporánea. La Institución Libre de Enseñanza y la Residencia de Señoritas de Madrid. Editorial AKAI. ISBN 978-84-640-3642-5 Madrid. 2012 Vivió en una época convulsa en la que tuvieron lugar varios cambios políticos de gran relevancia para la España del siglo , como la monarquía de Alfonso XIII, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y la dictadura franquista.Elisa Soriano Fischer (1891-1964) Mujeres con ciencia Consulta 21 de marzo de 2017
Biografía
Primeros años Elisa Soriano nació en Madrid el 22 de octubre de 1891, hija de Enriqueta Fischer, fallecida antes de que Elisa cumpliera los 5 años, y José Soriano Surroca (1865-1938), ginecólogo y académico madrileño. Hasta los 13 años de edad, estudió en el colegio San Luis de los Franceses de la capital de España, y continuó sus estudios en el Instituto General y Técnico de Guadalajara. Inició su formación como pedagoga en la Escuela Normal Superior de Maestras, donde terminó el Grado Superior de Maestra de Primera Enseñanza con una calificación de sobresaliente en el año 1912. Un año después trabajó como secretaria de la Comisión de Reglamento de la Caja de socorros y se integró en el Comité Femenino de Higiene Popular de Madrid.
En 1914, poco tiempo después de que fuera aprobado el derecho de acceso a la Universidad para las mujeres, Elisa se matriculó en Medicina, siendo una de las primeras mujeres españolas en acceder a la enseñanza superior. A pesar de ser la única mujer de la promoción de aquel año, contó con el apoyo de Sebastián Recasens, decano de Medicina y ginecólogo. Eligió oftalmología como especialidad, que era la especialidad de la también doctora Trinidad Arroyo, una de las tres mujeres que practicaban la medicina en la capital. En 1915 trabajó como auxiliar de la inspección médico-escolar de Madrid, un año más tarde fue la primera mujer en solicitar alumno interno de la Beneficencia Provincial de Madrid. También fue vicesecretaria de Protección Escolar. Obtuvo la licenciatura en Medicina en la Universidad Central en 1918 y el doctorado en 1919 con una tesis sobre tumores oculares.
Trabajo como doctora y profesora Elisa Soriano comenzó una doble trayectoria profesional, que mantuvo toda su vida, en la que combinaba la oftalmología que llevaba a cabo en diversas instituciones públicas, así como desinteresadamente en la Real Policlínica del Socorro de Madrid y en una consulta privada con la enseñanza de Higiene, Fisiología y Anatomía como catedrática en Escuela Normal Central de Maestras. Participó en varios congresos, llegando a ser vocal del Segundo Congreso Internacional de Ciencias Administrativas, donde presentó “La Cruz Roja Internacional en paz y en guerra”, junto con la escritora Blanca de los Ríos y la poeta Sofía Casanova.
En 1921 Elisa Soriano Fisher se convirtió en la primera mujer española en tener un cargo oficial en el Hospital, recibiendo variors homenajes, como el de la ANME y la JUF organizado en los salones del Hotel Palace, al que asistieron algunas feministas españolas como María Espinosa o Dolores Velasco.La revista Redención, una de las primeras publicaciones feministas españolas, se hicieron eco de la noticia : “La doctora Soriano tiene el honor de ser la primera mujer que desempeña un cargo oficial en el Hospital [...] Puede la JUF sentirse orgullosa en tener por presidenta a una joven de tan relevantes prendas como las que adornan a la señorita Soriano”. Otra citada laudatoria fue la escrita por el director de la publicación El Monitor Sanitario, Luis Ortega Morejón, escribió una biografía sobre ella, en la que aseguraba que Elisa era quién le había proporcionado los datos y que la ella era la primera mujer que aparecía en su revista gracias a: “sus condiciones de capacidad, de preparación, de inteligencia y de energía para cumplir en todo momento las difíciles misiones que han venido pesando sobre su actuación y desenvolvimiento”. Además, también habla sobre el importantísimo logro por el cual había sido homenajeada con el cargo de profesora en el Hospital Clínico de la Facultad de Medicina y de la que dimitió, según Luis Ortega Morejón, debido al machismo de la época: “Su espíritu fino y cultivado, la íntima convicción de que sabe cumplir con sus deberes durante tantos años experimentados, la limpieza de su conciencia en cuantos actos realizó, no se avenían a someterse a la descarga del mal humor de algún Catedrático, que no tenía por qué soportar, y reflexivamente, no como hecho de momentánea impresión, decidió dimitir el elevado puesto alcanzado. Su hermoso gesto de abandonar el honroso y difícil cargo, codiciado y tentador, la revela como independiente, libre, digna y enérgica, con un alma muy bien templada, que para sí quisieran algunos hombres. Ha demostrado también, en su modo de dejar la enseñanza, que así se enseña”.
En 1927 Elisa Soriano, que ya formaba parte de la Asociación Internacional de Médicas, fue nombrada por famosa médica y feminista Kate Campbell Hurd-Mead, presidenta de Medical Women's International Association (MWIA), en un artículo que escribió tras una visita a España. Además, Soriano aprobó las oposiciones y obtuvo una plaza en el cuerpo médico de la Marina Civil, convirtiéndose así en la primera mujer que embarcó para ejercer su profesión. Allí trabajó durante todo un año como inspectora médica en dos líneas de pasajeros que cubrían el trayecto hasta América del Sur.
Después de la Guerra Civil, Elisa Soriano siguió trabajando como catedrática y oftalmóloga pediatra, promoviendo de manera activa encuentros de carácter literario y cultural. En 1962, dos años antes de su muerte, recibió la Medalla de la Ciudad de Madrid.
Activismo feminista Elisa Soriano luchó durante toda su vida por la liberación, por el camino hacia la modernidad, la emancipación y la libertad de la mujer. La doctora Soriano creía en las mujeres con autocapacidad y autonomía, todo proporcionado principalmente por la educación. Destacable fue su apoyo a las mujeres para "hacerles comprender que no eran el sexo débil, y que no dependían de un sistema patriarcal". Desde los años 20, Elisa formaba parte de numerosas agrupaciones feministas, siendo una de las máximas responsables del asociacionismo español de la época. Es uno de los personajes más destacados del Madrid de la época, pues fue una gran influencia para muchas mujeres que llevaron a cabo varios momentos claves del feminismo español. Es evidente que la doctora Soriano fue una feminista y defensora de la igualdad de género.
La finalización de la Primera Guerra Mundial supuso el inicio de la lucha por los derechos de las mujeres. A finales del año 1918, se creó la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME) y Elisa era una de sus integrantes. Entre algunos de los objetivos más deseados por parte de la organización se encuentran: conseguir el derecho y acceso a la educación, el trabajo con igual remuneración, es decir, el mismo salario para un mismo trabajo independientemente de quien lo haya realizado, defender los derechos femeninos, protección a toda iniciativa femenina e idea humanitaria, etc. En la primera información que aparece en la prensa, concretamente en El Globo del día 8 de diciembre bajo el título de “La fuerza que nace”, se encuentra un manifiesto que acaba con estas palabras: “Si te preguntan qué es feminismo, contesta: “Redención de la mujer, perfección de las sociedades, elevación de la Humanidad”. Además de Elisa, también se encontraban otras mujeres que eran activistas de la ANME como Benitas Asas, Dolores Velasco y Julia Peguero Sanz que estaban lideradas por María Espinosa de los Monteros. La ideología de esta organización se consideraba como feminista de centro.
Además de formar parte de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, Soriano fue la fundadora de la Juventud Universitaria Feminista (JUF), cuyo objetivo era ser la unión entre mujeres de diferentes ámbitos y asociaciones; en la organización había lugar para todo tipo de mujeres sin importar su ideología: republicanas, monárquicas y católicas. Por todos estos motivos, Soriano se convirtió en 1919 en vocal del Consejo Supremo Feminista de España, una organización creada como resultado de la unión de varias asociaciones sufragistas del país: la Sociedad Progresiva Femenina, la Liga Española para el Progreso de la Mujer, la Sociedad Concepción Arenal, de Valencia, la Asociación Mujer del Porvenir, de Barcelona y la ANME. Los estatutos de la JUF fueron publicados en la revista Redención, y recogían el principal objetivo de la asociación: “al estudiar una carrera, que [las mujeres] puedan obtener los mismos puestos que los hombres cuando por su inteligencia los merezcan”. Donde apareció por primera vez el nombre Juventud Universitaria Feminista, fue en Redención, una revista mensual de carácter feminista. Elisa afirmó la oficialidad de la organización universitaria para tener carácter propio en acciones feministas específicas de la universidad y en congresos. Dos años más tarde, concretamente, en la Junta General de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, Soriano fue seleccionada como una de las “vocales natos” de la nueva junta directiva.
Su constante lucha por la igualdad la llevó, en junio de 1920, a ser la delegada española por la Juventud Universitaria de Madrid, en el congreso celebrado en Ginebra por iniciativa de la Alianza Internacional para el Sufragio de la mujer. Un congreso que supuso un gran paso hacia el sufragio femenino. Sin embargo, su presencia no era para nada extraña. La doctora Soriano era considerada uno de los iconos del feminismo español y siempre se encontraba en los lugares en los que creía que era necesario representar las aspiraciones de las mujeres.