Las Ligas Agrarias Cristianas (LAC) fueron organizaciones campesinas de Paraguay que surgieron durante las décadas de 1960 y 1970. Agruparon a miles de personas en torno a un ideal comunitario inspirado en las prácticas de las primeras comunidades del cristianismo primitivo. Su objetivo principal era promover la vida en hermandad, la conciencia social y la autonomía de las comunidades rurales, impulsando su desarrollo económico, social y espiritual.

El crecimiento y la organización alcanzados por las LAC generaron desconfianza en la dictadura de Alfredo Stroessner, que las consideró una amenaza política. En la segunda mitad de la década de 1970, el gobierno emprendió una dura represión contra sus miembros, que incluyó confiscaciones, expulsiones, detenciones, torturas y asesinatos, poniendo fin al movimiento.

Origen Es difícil establecer con exactitud el origen de las Ligas Agrarias Cristianas. Ya en la década de 1950, sacerdotes de la Compañía de Jesús en la zona del Departamento de Misiones comenzaron a acercarse a comunidades campesinas, invitándolas a encuentros en los que se promovía la reflexión a partir de la lectura de la Biblia.

Durante estas reuniones, los participantes compartían con los sacerdotes y entre ellos las dificultades que enfrentaban cotidianamente debido a la dependencia respecto al régimen de Alfredo Stroessner y de sus representantes locales —como la policía, los delegados de gobierno y las seccionales del Partido Colorado—. Entre los principales problemas señalados se encontraban la escasez de tierras para el cultivo y el alto costo de los alimentos.

A partir de estas experiencias, el padre Ayala promovió el contacto de los campesinos con la Juventud Obrera Cristiana (JOC), organización que ya contaba con una estructura consolidada.

El término Ligas Agrarias Cristianas fue utilizado por primera vez en 1960, durante una reunión celebrada en Santa Rosa, Misiones, en la que participaron campesinos, miembros de la Iglesia Católica y de la JOC. En ese encuentro se constituyó la primera Liga.Telesca, Ignacio (2014). Las Ligas Agrarias Cristianas. Paraguay.

Vivencia en las Ligas En sus inicios, las Ligas Agrarias Cristianas funcionaban principalmente como espacios de reunión y reflexión, pero con el tiempo comenzaron a influir en diversos aspectos de la vida cotidiana de sus miembros. La tierra se trabajaba de forma comunitaria, se establecieron almacenes de consumo para abaratar los precios de los productos básicos y se crearon escuelas campesinas donde niños y adultos aprendían en guaraní, el idioma materno de la mayoría de los campesinos paraguayos, cuyo uso estaba prohibido en las instituciones educativas oficiales.

En algunas comunidades también se organizaron talleres de confección de ropa utilizando el algodón producido localmente. Asimismo, se realizaban celebraciones y festividades independientes de las promovidas por las autoridades, algo inusual en el contexto político de la época.

De acuerdo con testimonios de antiguos miembros, dentro de las LAC se produjo una evolución en la manera de entender la relación con la Iglesia católica. Mientras al inicio identificaban la Iglesia con la institución eclesiástica, posteriormente comenzaron a referirse a esta como la “jerarquía”, percibiéndose a sí mismos como parte activa de la Iglesia.

Impulsados inicialmente por sacerdotes, los campesinos organizados profundizaron su reflexión y compromiso social, llegando incluso a distanciarse de la institución eclesiástica, que adoptó una postura más prudente frente a su accionar.

Estigmatización A medida que las Ligas Agrarias Cristianas se fortalecían y atraían a un número creciente de campesinos, comenzaron también a experimentar un progresivo aislamiento dentro de la sociedad paraguaya. Pertenecer a una Liga era mal visto por el gobierno, que difundía la idea de que se trataba de una organización comunista y potencialmente terrorista.

Las frecuentes visitas de la policía, la expulsión de niños de las escuelas públicas y otras formas de marginación contribuyeron a deteriorar la imagen de los miembros de las Ligas. En consecuencia, muchos de ellos fueron abandonados, despreciados o incluso vigilados por sus propios vecinos y familiares.Fernández, David. La herejía de seguir a Jesús: intrahistoria de las Ligas Agrarias Cristianas del Paraguay.

Crecimiento y organización En los años siguientes se crearon nuevas Ligas Agrarias Cristianas, no solo en la región de Misiones, sino también en otras zonas del país, especialmente en el departamento de Cordillera. En esta región, el acompañamiento pastoral estuvo a cargo principalmente de los franciscanos, más presentes que los jesuitas. A las organizaciones de Cordillera se sumaron también grupos procedentes del departamento de Caaguazú.

Una vez federadas a nivel regional, las LAC se integraron en una organización de alcance nacional: la Federación Nacional de Ligas Agrarias Cristianas (FENALAC), fundada en 1964. Esta contaba con una junta directiva compuesta por cinco miembros provenientes de distintas zonas del país, que se reunían cada seis meses y eran renovados cada dos años.

Sin embargo, no todos los integrantes compartían la idea de mantener la independencia organizativa. En 1965, un grupo disidente fundó la Federación Campesina Cristiana (FCC), dentro de la Confederación Central de Trabajadores (CCT).

El 14 de agosto de 1971, tras seis años de trabajo por separado y ante el aumento de la persecución gubernamental, ambas organizaciones decidieron reunificarse, dando origen a la Coordinación Nacional de Bases Campesinas Cristianas (KOGA). La estructura de esta nueva entidad reflejaba la evolución organizativa de los campesinos: ya no existía una junta directiva ni representantes permanentes. Las organizaciones de base enviaban delegados diferentes a cada encuentro, en los cuales se elegían un coordinador y un secretario cuyas funciones concluían al finalizar la reunión.

Este modelo expresaba tanto el deseo de horizontalidad en la toma de decisiones y la participación colectiva, como la intención de evitar que dirigentes visibles se convirtieran en blancos de la represión estatal.

La KOGA desempeñaba un papel de coordinación entre las distintas Ligas, aunque cada una mantenía su autonomía y las resoluciones no eran impuestas de manera jerárquica.

Ala juvenil En las comunidades donde estaban activas las Ligas Agrarias Cristianas surgieron otras agrupaciones bajo el nombre de Juventud Agraria Cristiana (JAC). Las JAC eran organizaciones independientes de las Ligas, aunque mantenían una estrecha colaboración con ellas.

Al igual que en las LAC, en un principio contaban con dirigentes elegidos, pero posteriormente adoptaron un modelo más horizontal, disolviendo los cargos de liderazgo y tomando las decisiones de manera colectiva en asamblea. Para los encuentros regionales y nacionales, se elegían dos delegados por comunidad: un hombre y una mujer.

Las JAC desempeñaron un papel importante dentro de las comunidades, especialmente en la implementación de programas de alfabetización.

Una nueva sociedad A partir del 1969, la experiencia de las LAC alcanza otro nivel. En distintas regiones, grupos de campesinos dejan su tierra de origen para fundar nuevas comunidades, donde llevar aún más lejos en la vivencia comunitaria.

Jejui Una de las primeras, y quizás la más importante, es la de San Isidro de Jejui. A través del recién creado Instituto de Bienestar Rural (IBR) para aplicar la reforma agraria anunciada por el gobierno, un grupo de familias se ve adjudicado 3.000 hectáreas en el norte del país, en una región casi despoblada.

La estrategia de la reforma agraria era la siguiente: se ofrecía a campesinos unas tierras en medio del monte, sin víveres, herramientas ni ningún tipo de apoyo. Después de un tiempo, ante el hambre y la enfermedad, la gran mayoría se veían obligados a abandonarlas y trabajar en condiciones de semiesclavitud en las grandes estancias vecinas. Se trataba en resumen de una política que buscaba desplazar, desarraigar y poner en situación de mayor dependencia al pueblo campesino, dejando la tierra en manos de grandes inversores y personajes influyentes del régimen.

Pero en el caso de Jejui, la experiencia de los ligaré (así eran llamados los miembros de las LAC) permitió que logren instalarse y desarrollar una comunidad próspera. Y no solo para los pioneros, sino para muchos pobladores de la zona quienes, atraídos por la posibilidad de una vida digna, se sumaban a la comunidad.

Esta fuerza atractiva de Jejui hizo que se convirtió en el centro de una nueva nebulosa de comunidades campesinas en el Norte, donde las Ligas habían tenido poca presencia hasta entonces. Paralelamente, se hicieron más escasas las relaciones con las Ligas de otras regiones, tanto por la distancia como por la originalidad del nuevo movimiento.

La experiencia de Jejui duró unos seis años. El 8 de febrero de 1975, un comando conjunto de la policía y las fuerzas armadas tomó la comunidad. Aproximadamente 120 personas fueron apresadas y el ejército quedó en el lugar durante más de 3 meses, impidiendo que se haga la cosecha, controlando la ida y venida de personas, convirtiendo así el sitio en un verdadero campo de prisión colectiva. Luego de la confiscación, de las tierras de Jejui fueron ocupadas por Felipe Matiauda, primo del dictador.

El lugar donde fuera asentada la comunidad ha sido declarado “Sitio histórico y de Conciencia” por la Comisión Verdad y Justicia en el año 2014

En el año 1989, un grupo de sobrevivientes fundó la Asociación Campesina San Isidro del Jejui, con el objetivo de recuperar las tierras que les fueron arrebatadas. Luego de numerosos bloqueos (títulos falsos, expulsión...), finalmente consiguieron la titulación de las tierras en el año 2012.

Acaray En el 1972, un grupo de campesinos de Misiones, liderados por Victoriano Centurión, se instaló a orillas del Acaray con el deseo de crear una comunidad ideal. Mal organizados, alejados de quienes pudieran apoyar a los pioneros y perseguidos desde el principio por la policía, quién llevó presos a Centurión y otro de sus compañeros, la iniciativa quedó en estado vegetativo. En 1975, una nueva intervención policial se soldó por el arresto de cinco campesino y la expulsión de un fraile franciscano. A pesar de este golpe, la comunidad siguión de pie. Finalmente, en marzo de 1980, ante el acoso de la esposa del general Ramos Jiménez, quien pretendía adueñarse de las tierras de la comunidad, unos veinte pobladores armados tomaron un colectivo para ir a las oficinas de IBR a reclamar por esta situación. La salida terminó en enfrentamiento, huida y persecución. Diez campesinos fueron asesinados, y los demás en su mayoría apresados y torturados.Kokueguara Rembiasa - CEPAG - 1991

Otras comunidades En Misiones, en dos ocasiones, miembros de las LAC ocuparon tierras pertenecientes, la primera a la Iglesia Católica, la segunda al obispo de Misiones, Monseñor Bogarín. Estas ocupaciones no solo eran para instalarse y trabajar la tierra. Se trataba también de interpelar a la Iglesia, a obligarla a tomar una posición más clara ante la creciente oposición entre las LAC y el régimen. Aunque los campesinos no fueron expulsados, la jerarquía católica tomó aún más distancia con el movimiento campesino luego de estos episodios.

Represión Desde sus inicios, las LAC fueron mal vistas por el régimen stronista. En una situación en que estaba declarado el estado de sitio en forma permanente, en que cualquier forma de organización debía ser visada por el Ministerio del Interior, estas agrupaciones fuera del control de gobierno llevaban de por sí una marca de sedición. Ya en los años 1960, eran frecuentes la citaciones a las comisarías.