thumb|Monumento a los presos republicanos del campo de concentración de Los Merinales (en Dos Hermanas, provincia de Sevilla) que construyeron el Canal del Bajo Guadalquivir. La redención de penas por el trabajo fue el sistema ideado por la dictadura de Francisco Franco para solventar el problema de saturación de las prisiones y a la vez disponer de mano de obra barata que realizara principalmente trabajos destinados a la construcción de infraestructuras o a la reparación de aquellas dañadas en la guerra civil española.Quintero Maqua, A. B., El trabajo forzado en el franquismo: destacamentos penales en la construcción del ferrocarril Madrid-Burgos, TFM – Universidad Complutense de Madrid, 2008, pp. 36. A través del trabajo, el preso reducía hasta una tercera parte su condena en prisión y además obtenía unos pequeños ingresos.
Todos los reclusos que mantuvieran una buena conducta y no hubieran intentado quebrantar la condena podían acogerse a la Redención de penas por el trabajo. En caso contrario el recluso tenía que cumplir la condena íntegra. Por buena conducta se entendía la disposición del reo a asumir los principios del régimen, por lo que la redención se concedía mayoritariamente a los presos menos politizados, con penas menores o con contactos dentro del régimen.Falquina Aparicio, A., Fermín Maguire, P., González Rubial A., Marín Suárez C., Quintero Maqua, A., Rolland Calvo, J., “Arqueología de los destacamentos penales franquistas en el ferrocarril Madrid-Burgos: El caso de Bustarviejo”, Revista Complutum, Vol. 19 Núm2, 2008, p. 33 Durante la mayor parte de la vigencia del sistema, la redención consistió en un día de pena redimida por cada dos días trabajados, pero en los años inmediatamente posteriores a la guerra fue al revés: redención de dos días de condena por cada día trabajado.Falquina Aparicio, A., Fermín Maguire, P., González Rubial A., Marín Suárez C., Quintero Maqua, A., Rolland Calvo, J., “Arqueología de los destacamentos penales franquistas en el ferrocarril Madrid-Burgos: El caso de Bustarviejo”, Revista Complutum, Vol. 19 Núm2, 2008, p. 182.
Los penados solían estar adscritos a los Batallones de Trabajo y del salario que recibían“Las retribuciones establecidas en 1937 eran: 2 pesetas por día al preso (1,5 de manutención y 0,5 de libre disposición), 2 pesetas que se entregaban a su mujer en caso de estar casado y 1 peseta más por cada hijo menor de 15 años (o mayor de esa edad si estaba incapacitado para el trabajo)”. Rodríguez Teijeiro, D., “El sistema franquista de Redención de Penas por el Trabajo en la segunda mitad de los años cuarenta: de los presos políticos a los comunes” en Revista de Historia de las Prisiones nº2, 2016 p. 190. la empresa a la que estaban destinados se quedaba el 75% en concepto de «manutención y alojamiento» y el resto iba a sus familias, que en muchas ocasiones era el único ingreso que tenían. Importantes empresas de la construcción, obras públicas y minería (como Banús, Dragados, Duro Felguera, Marroquín, Molán, San Román, etc.) obtuvieron grandes beneficios gracias al uso del trabajo forzado de los presos, en su mayoría presos políticos.
El historiador Francisco Moreno Gómez ha asimilado la Redención de penas por el trabajo a la condena a galeras de la Antigüedad. «Bajo la forma hipócrita de redención de penas se dio una indudable explotación del trabajo de los derrotados de 1939», ha escrito. Una valoración que comparten otros historiadores como Julián Casanova, Javier Rodrigo, Santiago Vega Sombría o Gutmaro Gómez Bravo. Según Casanova fue «un excelente medio de proporcionar mano de obra barata a muchas empresas y al propio estado». Javier Rodrigo lo considera también un sistema de «explotación laboral» y de «trabajo forzado de los presos políticos». Asimismo Santiago Vega Sombría lo califica como un sistema de «explotación de los penados». «Se ponía al servicio del estado y de los particulares una ingente masa de trabajadores con un sueldo ínfimo y sin posibilidad de reivindicar ninguna de las condiciones laborales. El estado recibía además un dinero que le servía para sufragar el sistema penitenciario», afirma. Por su parte, Gómez Bravo considera que los presos que participaron de la redención de penas no lo hicieron «voluntariamente» sino coaccionados por todo el entramado represivo que se llevó a cabo en las prisiones españolas para su reeducación política y religiosa y subraya que fueron «usados como mano de obra esclava».
Antecedentes Hasta el establecimiento de la redención de penas por el trabajo, sólo trabajaron fuera de las cárceles en destacamentos penales bajo la vigilancia de un funcionario los detenidos gubernativos, ya que no estaban sometidos a ningún procedimiento penal. Se utilizaron en la reparación de edificios y en la realización de obras públicas, especialmente las que tenían una utilidad militar.
El primer paso para que también trabajaran en el exterior los presos políticos condenados o preventivos («los prisioneros de guerra y presos por delitos no comunes») fue la promulgación del Decreto 181 de 1937 en cuyo preámbulo se decía lo siguiente:
El historiador Santiago Vega Sombría analiza así este preámbulo:
Creación del Patronato de Redención de Penas por el Trabajo El 5 de marzo de 1938 el general Franco recibió en Burgos al cardenal primado Isidro Gomá para encargarle la elaboración de un programa de regeneración moral y patriótica de «los miles de presos rojos». Para darle cuenta de la petición del Generalísimo Gomá escribió a monseñor Ildebrando Antoniutti, encargado de negocios de la Santa Sede. En la misiva le informó de la preocupación del «Jefe del Estado» sobre la «copiosa población penitenciaria» «tanto en lo relativo a la disciplina y el trabajo a que se les deberá someter, como a su regeneración moral y religiosa» y de que le había pedido la ayuda de la Iglesia, «prestando una serie de sacerdotes capacitados para esta obra», a lo que él le había respondido asegurando esa colaboración, «en la forma que estipule», ya que la Iglesia «no quiere más que hacer buenos cristianos para que resulten buenísimos españoles». Poco después Antoniutti informaba al secretario de Estado, el cardenal Pacelli (que en unos meses se convertiría en el papa Pío XII) de que ya se había «iniciado en todas las diócesis la organización de la asistencia a los presos» y «la labor de [su] reforma moral y social». Además le indicaba que «los condenados a muerte, salvo contadas excepciones, mueren reconciliados».
En el informe al cardenal Pacelli Antoniutti también advertía de los problemas que estaban teniendo para encontrar sacerdotes dispuestos a realizar «este trabajo, dada la profunda aversión que aún reina en este ambiente hacia quienes participaron en la lucha contra las fuerzas sanas de la Nación». Pero esto no fue obstáculo para que continuara la elaboración del plan de «regeneración de los vencidos», contando con la implicación de tres propagandistas católicos bien situados en las altas esferas del poder franquista (el conde de Rodezno, ministro de Justicia; Mariano Puigdollers, director general de Asuntos Eclesiásticos del mismo ministerio; y Máximo Cuervo, director general de prisiones), y cuyo artífice fue el jesuita José Agustín Pérez del Pulgar, capellán castrense que había manifestado a Roma su preocupación, «porque una cosa era vencer y otra convencer». Según él, la guerra estaba ganada pero la victoria total nunca la podrían dar las armas, sino «la fe y la restauración del Reino de Cristo».
El 7 de octubre de 1938, en plena batalla del Ebro, el general Franco promulgó el decreto de creación del Patronato de Redención de Penas por el Trabajo,Rodríguez Teijeiro, D., “El sistema franquista de Redención de Penas por el Trabajo en la segunda mitad de los años cuarenta: de los presos políticos a los comunes” en Revista de Historia de las Prisiones nº2, 2016 p. 185. en el que se decía que su finalidad era «el mejoramiento espiritual de las familias de los presos y de estos mismos» mediante «la ingente labor de arrancar de los presos y de sus familiares el veneno de las ideas de odio y antipatria». El 9 de noviembre, con la batalla del Ebro decidida, Pérez del Pulgar era nombrado el director del Patronato y el gobierno de Burgos le encarga elaborar una síntesis del plan, que dará a conocer en una pequeña obra publicada en enero de 1939 titulada La solución que España da al problema de sus presos políticos.Berzal, Enrique., “Los esclavos de Franco “ en El norte de Castilla (2016). Recuperado de https://www.elnortedecastilla.es/valladolid/201603/16/esclavos-francos-20160311174804.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.es%2F En ella así justificaba la redención de penas por el trabajo:
Según el historiador Francisco Moreno Gómez, «la creación del Patronato era la "santificación" del invento, ya que junto al gran objetivo de la explotación de mano de obra barata o gratuita estaba el objetivo religioso: la mejora espiritual y política de los presos (la extirpación de las ideas marxistas en favor de las ideas católicas). Una indudable labor de represión ideológica que encomendaba a la Iglesia». Sobre esto último Moreno Gómez recuerda que los presos «desafectos irrecuperables», como los masones y los comunistas, estaban excluidos del sistema de redención de penas. La valoración de Moreno Gómez es compartida por Santiago Vega Sombría: «En una muestra más de la perfecta unión de la política franquista con la doctrina espiritual de la Iglesia Católica, [el decreto de creación del Patronato] establecía: "el auxilio material relacionado con el procurar el mejoramiento espiritual y político de las familias de los presos y de estos mismos"».
El propio Generalísimo Franco expuso en su mensaje de Fin de Año de 1939 el papel esencial que le concedía a la redención de penas por el trabajo en su política sobre los vencidos, que ligaba al arrepentimiento y a la penitencia, y que no contemplaba ni la amnistía, ni la reconcoliación:
Al día siguiente, 1 de enero de 1939, el Diario Vasco publicaba una entrevista de Franco por su director, el periodista Manuel Aznar, en la que distinguía dos tipos de delincuentes: «los que llamaríamos criminales empedernidos, y los capaces de sincero arrepentimiento, los redimibles, los adaptables a la vida social del patriotismo». Aplicada a los vencidos en la guerra se establecen dos grandes grupos: los «inductores del mal» y los «engañados». Una distinción que el papa Pío XII (que cuando ocupaba la Secretaría de Estado del Vaticano había seguido de cerca la elaboración del plan de «redención») bendice en el mensaje que emite Radio Vaticana el 1 de abril de 1939 en el que celebra el fin de la guerra y «muy especialmente la idea del Generalísimo de justicia con el crimen y benévola generosidad para con los equivocados».
En una circular del Ministerio de Justicia se establecía que, siguiendo «las declaraciones dadas por el Jefe del Estado de 1 de enero de 1939», solo se concedería la redención de penas por el trabajo a «aquellos que manifiesten de una manera inequívoca estar resueltamente adscritos a la excelsa tarea nacional» y «para que esta condición se cumpla se estima necesario preceda una declaración pública de adhesión explícita y concreta al Glorioso Movimiento Nacional».