alt=|miniaturadeimagen|260x260px|Mendelssohn en 1821. Las sinfonías para cuerdas son una serie de trece sinfonías escritas para orquesta de cuerda por Felix Mendelssohn entre 1821 y 1823.

Historia

Composición La composición de esta colección de obras se desarrolló entre 1821 y 1823, cuando tenía entre 12 y 14 años. Mendelssohn escribió estas piezas en parte como ejercicios y en parte como un esfuerzo por desplegar sus alas en el género sinfónico. La primera media docena son ejercicios de composición instrumental tradicional del ya que la educación de Mendelssohn siempre fue muy histórica, asignados y supervisados por su maestro, Carl Friedrich Zelter. No hay indicios de cuánto de las propias ideas de Zelter se filtró en las piezas. El progreso del joven compositor puede seguirse a lo largo de esta colección. Una de las peculiaridades del desarrollo de Mendelssohn como compositor es que, partiendo de un punto de vista altamente clásico (como le inculcaron tanto la proximidad cronológica como su mentor Zelter), se movió casi simultáneamente en dos direcciones históricas opuestas. A medida que avanzaba en su infancia y adolescencia y se "ponía al día" con el Clásico tardío y el Romanticismo temprano, retrocedía hacia una intensa apreciación de la artesanía de Bach y de la gloriosa manera aristocrática de Händel y compañía. Las primeras sinfonías para cuerda son un buen testimonio de este fenómeno.

Las partituras autógrafas muestran que Mendelssohn utilizó números romanos para numerar estas piezas. En la actualidad estas partituras manuscritas se conservan en la Biblioteca Estatal de Berlín y se pueden consultar en línea.

Estas obras solía presentarlas en conciertos privados con una orquesta en casa de sus padres para los socios y amigos de sus padres que formaban parte de la élite intelectual de Berlín.

Publicación La primera edición de esta serie de piezas se llevó a cabo de manera póstuma por la editorial Deutscher Verlag für Musik. Las siete primeras sinfonías fueron publicadas en 1959 en Leipzig. La n.º 11 en 1959. La n.º 8 se publicó en 1965. Las n.º 9, 10, 12 y 13 en 1967.

Instrumentación Las partituras de estas obras están escritas exclusivamente para orquesta de cuerda. Si bien, hay algunas excepciones:

La sinfonía n.º 8 original es para orquesta de cuerda pero escribió un arreglo para dos flautas, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas, dos trompetas, timbales y sección de cuerdas. La sinfonía n.º 11 incluye además percusión (timbales, platillos, triángulo) en el segundo movimiento.

Estructura y análisis La mayor parte de las sinfonías para cuerdas constan de tres movimientos, excepto las n.º 7, 8 y 9 que cuentan con cuatro y la n.º 11 con cinco. Por otra parte, tienen un solo movimiento las n.º 13 y 10, está última presenta la estructura de Adagio – Allegro – Piu presto, que ayuda a crear contrastes más claros. En todas las sinfonías destaca la intuición y el dominio de la unidad que con su corta edad mostraba el joven compositor. Se percibe con claridad cómo se contrastan y complementan los movimientos independientemente de que sean uno, tres, cuatro o cinco. Las seis o siete primeras sinfonías siguen deliberadamente el estilo Empfindsamkeit de las obras de C. P. E. Bach. Contienen música bastante visceral pero no muestran la variedad, profundidad y singularidad de expresión que sí tienen las seis últimas. Las primeras sinfonías comparten un puñado de patrones musicales, como se observa en la estructura en tres movimientos. Las sinfonías finales, por su parte, se construyen de manera individualizada con un proyecto único calculado por Mendelssohn independientemente de cualquier plan genérico.

Sinfonía n.º 1 en do mayor, MWV N 1 La pieza fue escrita antes de septiembre de 1821 y consta de tres movimientos: I. Allegro, en do mayor II. Andante, en la menor III. Allegro, en do mayor Su duración aproximada es de 12 minutos. Quizá no tan larga en comparación con las verdaderas obras de concierto de principios de la década de 1820, pero hay que tener en cuenta que el compositor sólo tenía 12 años. Respeta el esquema de movimientos rápido-lento-rápido habitual en la música barroca y en obras menos formales de las épocas clásica y preclásica (sinfonías "menores", como se las ha denominado para distinguirlas de las sinfonías "mayores", más aristocráticas y de cuatro movimientos). Con esta sinfonía Mendelssohn y su maestro Zelter construyeron el molde a partir del cual se crearían las siguientes.

El primer movimiento, Allegro, está escrito en la tonalidad en do mayor y en compás de 3/4. Se abre, y continúa, con la misma vitalidad que cualquier obra de las generaciones de Händel o Haydn o incluso Mozart. De hecho, tiene un brío que rara vez se halla en la música de cualquier época, porque aquí hay un genuino entusiasmo juvenil con la técnica para respaldarlo normalmente un compositor sólo puede simular el entusiasmo juvenil desde la distancia de muchos años. En gran medida deriva de formulaciones de escalas y arpegios relativamente simplistas, aunque el contrapunto característicamente activo ya sugiere lo que está por venir. El segundo movimiento, Andante, está en el tono relavito de la menor y en 3/8. En la sección central participan los solistas de la orquesta. Pero las cosas no siempre permanecen en ese tono lastimero. Mendelssohn tenía un carácter muy alegre como muchacho y como adulto, y el sol casi siempre brilla regularmente a través de las grietas de sus creaciones en modo menor. El Finale, Allegro, retoma la tonalidad inicial y el compás es 4/4. Arranca con un pedal de dominante simple pero robusto en los instrumentos graves y luego se abre camino a través de tres minutos de territorio marcadamente acentuado. Este alborotado Finale recuerda a otro conjunto de obras de cuerda tempranas, las sonatas para cuerda de Gioachino Rossini.

Sinfonía n.º 2 en re mayor, MWV N 2 La pieza fue escrita antes de septiembre de 1821 y consta de tres movimientos: I. Allegro, en re mayor II. Andante, en si menor III. Allegro vivace, en re mayor Su duración aproximada es de 11 minutos. Sigue el esquema tradicional de tres movimientos. El primer movimiento, Allegro, está en re mayor y en 4/4. Es un movimiento de orientación clásica con un espíritu de alegría desbordante y unas texturas que recuerdan al primer movimiento de su Octeto para cuerdas de 1826. El segundo movimiento, Andante, de nuevo pasa al tono relativo que aquí es si menor y mantiene el ritmo de 4/4. Es un movimiento central lento de estilo plenamente barroco. Contiene la música más profundamente expresiva hasta el momento, destacando el uso de la suspensión y la interacción casi canónica entre los violines primero y segundo. El brillante Finale, Allegro vivace, retoma la tonalidad inicial y el compás es 6/8. En este movimiento de cierre asoma de vez en cuando el toque de firme alboroto beethoveniano, por lo demás bien educado. Sugiere, en sus líneas melódicas, una conexión cíclica con el movimiento inicial.

Sinfonía n.º 3 en mi menor, MWV N 3 La pieza fue escrita antes de septiembre de 1821 y consta de tres movimientos: I. Allegro di molto, en mi menor II. Andante, en sol mayor III. Allegro, en mi menor Su duración aproximada es de 8 minutos. Es la primera de estas sinfonías que está en modo menor y es fascinante observar al feliz compositor de 12 años rebuscando en su brillante pero aún poco explotada mente musical para dibujar sentimientos propios de la tonalidad de mi menor. Sigue la fórmula las dos sinfonías anteriores. Sus soluciones a las cuestiones de estética tonal y de dirección emotiva revelan una mano firme y segura: el contrapunto obsesivo y continuo rara vez ha sonado tan genuinamente urgente como Mendelssohn lo hace sonar en el Allegro inicial, y sin embargo hay una delgadez en la música que a un compositor menor, adolescente o de mediana edad, no le habría resultado fácil arriesgar.

El primer movimiento, Allegro di molto, está en mi menor y en 4/4. Superpone tersamente texturas fugadas neobarrocas en total contraste con la brisa clásica de las dos obras precedentes. La tonalidad de mi menor siempre pareció encender la imaginación de Mendelssohn, como se observa en su Concierto para violín y el primero de sus Preludios y fugas Op. 35. El segundo movimiento, Andante, está en un sol mayor más cálido. En realidad es una pequeña canción de tres minutos para la sección de violines y un acompañamiento ligero. Regresa a los pastos más fríos del clasicismo haydniano, aunque la oscura codetta en la tónica prepara con ingenio el camino hacia el Finale cerrándolo con una cadencia imperfecta implícita. El Finale, Allegro, está en la tonalidad y compás iniciales. Sigue al Andante sin pausa, y en él se renuevan la severidad y el ejercicio contrapuntístico del primer movimiento. Es un movimiento muy trabajado, que muestra un toque original en su sutil final. Mendelssohn deja que la música se deslice tranquila y maduramente hacia el cierre, en lugar de aporrearla ruidosamente en el último compás.

Sinfonía n.º 4 en do menor, MWV N 4 La pieza fue escrita el 5 de septiembre de 1821 y consta de tres movimientos: I. Grave – Allegro, en do menor II. Andante, en do mayor III. Allegro vivace, en do menor Su duración aproximada es de 8 minutos. Mantiene los tres movimientos rápido-lento-rápido pero altera la fórmula dando cabida a una introducción lenta. Recuerda de esta manera a la antigua sonata da chiesa barroca y su ordenación en cuatro movimientos: lento-rápido-lento-rápido. El Barroco también impregna la pieza en la esencia del gesto y la línea, la configuración contrapuntística de la estirpe de Händel más que de Haydn.

El primer movimiento, Grave – Allegro, está en do menor y en 3/4. Se abre con una introducción, marcada Grave, en 4/4. Händel es claramente la fuerza motriz detrás de la breve introducción, que continúa la exploración del contrapunto fugal, con el condimento añadido de alguna síncopa rítmica. Le sigue el Allegro es más mordaz que una pieza paralela de Vivaldi. El segundo movimiento, Andante, está en do mayor y en 3/8. Es comparativamente simplista en su intento inicial de sostener una melodía de largo aliento sobre un acompañamiento reiterativo. Adopta un estilo más ecléctico. Las figuraciones clásicas del acompañamiento (el "fideísmo" de la voz interior, si se quiere) a menudo se desvían hacia el tipo de movimiento armónico lento y prolongado lleno de deliciosas suspensiones que Bach amaba tanto. Ocasionalmente sorprende con un giro hacia una manera indulgente que Liszt podría haber reconocido. Todo ello prueba que el joven Mendelssohn podía mirar tanto hacia adelante en el tiempo como hacia atrás. No hay pausa entre los dos movimientos. El truco de conducir el oído hacia el Finale se repite aquí con mayor confianza, el la bemol suspendido final no se resuelve hasta el sol dominante que abre el Finale. El tercer y último movimiento, Allegro vivace, retoma la tonalidad inicial y el 4/4. Arranca de inmediato sus impresionantes esfuerzos contrapuntísticos, presentando un estilo rococó.

Sinfonía n.º 5 en si bemol mayor, MWV N 5 La pieza fue escrita el 15 de septiembre de 1821 y consta de tres movimientos: I. Allegro vivace, en si bemol mayor II. Andante, en mi bemol mayor III. Presto, en si bemol mayor Su duración aproximada es de 11 minutos. Se sabe que esta obra fue escrita en los nueve días siguientes a la inmediatamente anterior. Esto muestra que la lista de compositores infantiles extraordinarios no terminó con Mozart. Mendelssohn demostró estar a la altura, como casi siempre hizo a lo largo de su corta vida; al escribir una sinfonía completa digna de cualquier compositor adulto consumado en sólo nueve días, cuando aún tenía 12 años. El vigor barroco es el sentimiento predominante a lo largo de gran parte de la obra, como ocurre en muchas de estas primeras sinfonías.