El segundo gobierno de José Pardo y Barreda en el Perú se inició el 18 de agosto de 1915 y culminó el 4 de julio de 1919. Fue el último gobierno de la llamada República Aristocrática, que dio pase al llamado Oncenio de Augusto Leguía.

Este gobierno sufrió una tenaz oposición, que se agudizó aún más por la crisis económica derivada de la Primera Guerra Mundial. Hubo un gran malestar entre la clase trabajadora por la carestía de artículos de primera necesidad y la subida de los precios. Estallaron numerosas huelgas, destacando la de los días 13, 14 y el 15 de enero de 1919, en demanda de la implantación de la jornada de las 8 horas de trabajo.

José Pardo y Barreda

José Pardo y Barreda, líder del Partido Civil, había ya sido presidente del Perú, entre 1904 y 1908. Era hijo del también presidente del Perú y fundador del Partido Civil, Manuel Pardo y Lavalle. Una vez finalizado su mandato, dejó el país por varios años. De retorno a su país, y habiendo fracasado en su intento de unificar el partido civil, fue nombrado rector de la Universidad de San Marcos en 1914. Al año siguiente fue designado como candidato a la presidencia por una Convención de los partidos Civil, Liberal y Constitucional, que convocó el general Oscar R. Benavides, entonces gobernante de facto. Pardo desplazó fácilmente a su rival, el general Pedro Muñiz Sevilla, en esta especie de “primarias” electorales.

Prácticamente sin opositor, Pardo fue elegido presidente constitucional, inaugurando una nueva edición del predominio civilista en el Perú, luego de un breve paréntesis de gobierno militar.

Aspecto político Proceso Electoral

Las elecciones de 1915 se llevaron a cabo, principalmente, entre los candidatos José Pardo y Barreda, candidato del partido Civil, en alianza con los partidos Constitucional y Liberal, y Carlos de Piérola, candidato del partido Democrático y hermano del expresidente Nicolás de Piérola. José Pardo supo imponerse categóricamente a su rival, aprovechando la popularidad que tenía debido a su anterior mandato entre 1904 y 1908, resultando el proceso electoral con un total de 131.289 votos del candidato civilista frente a únicamente 13.151 votos del candidato demócrata.

Los personajes que acompañaban a Pardo también obtuvieron grandes votaciones. Los resultados electorales que declararon como ganador al candidato civilista fueron los siguientes: José Pardo y Barreda 131.289 votos Ricardo Bentín – primer vicepresidente 127.759 votos Melitón Carvajal – segunda vicepresidente 134.077 votos

Inauguración del gobierno miniatura|Consejo de Ministros encabezado por Enrique de la Riva Agüero Riglos, en 1915. La fecha para la inauguración del gobierno de Pardo fue fijada por el Congreso para el 24 de septiembre de 1915. Pero el 17 de agosto estalló la rebelión del prefecto de Huaraz, Manuel Rivero y Hurtado, que desconoció al Congreso y la elección del presidente Pardo, y propuso que se prorrogase el mandato de Benavides. Ante ello, Benavides decidió abandonar inmediatamente el poder, para evitar que la ciudadanía le creyera involucrado en la intentona anticonstitucional. El 18 de agosto, José Pardo juró como presidente de la República ante el Parlamento, presidido por Manuel Barrios. Esa fecha de inicio de mandato fue considerada como de celebración y feriado, por lo que circularon invitaciones para la transmisión del mando, entre esas invitaciones estaba a la clase obrera del país.

El presidente Pardo formó su primer gabinete (Gabinete Riva Agüero), que fue considerado como de “concentración nacional”. Lo conformaron los siguientes ministros: Enrique de la Riva Agüero, civilista (PCM-Relaciones Exteriores). Luis Julio Meléndez, civilista (Gobierno). Wenceslao Valera, liberal (Justicia e Instrucción). Aurelio García y Lastres, civilista (Hacienda). El coronel Benjamín Puente (Guerra). Belisario Sosa, constitucional (Fomento).

Pardo se mostró respetuoso de las leyes y libertades públicas. En el Congreso había una minoría opositora, muy combativa, compuesta por ex partidarios de Guillermo Billinghurst (el presidente derrocado en 1914) y de partidarios de Augusto B. Leguía (expresidente del Perú y disidente del civilismo).

Oposición al gobierno Pardo, en su ánimo de realizar un gobierno de concordia y unión nacional, dio tres leyes de amnistía política, entre 1915 y 1917. Pero su gobierno tuvo que afrontar una tenaz oposición periodística, representa fundamentalmente por el diario El Tiempo, dirigido por Pedro Ruiz Bravo. Uno de los colaboradores de dicho diario era Luis Ulloa, hermano de Alberto Ulloa Cisneros. También figuraban como colaboradores, jóvenes y combativos periodistas, como José Carlos Mariátegui y César Falcón, que se solidarizaron con los reclamos populares. Otra publicación opositora era El Mosquito, cuya crítica soez caló hondamente en la opinión pública. miniatura|izquierda|El diputado Rafael Grau, cuyo asesinato en Palcaro fue atribuido al gobierno de Pardo. En el periodo de Pardo ocurrieron dos crímenes que consternaron a la población y exacerbaron más los ánimos contra el gobierno: El 25 de septiembre de 1915 fue asesinado el comandante Juan Gerardo Ferreccio, a manos de sus mismos subordinados. El hecho ocurrió en Huaraz, adonde el oficial había sido enviado al frente de un regimiento de caballería, con la misión de reprimir la rebelión del prefecto Rivero. El 4 de marzo de 1917 fue asesinado el político Rafael Grau en Palcaro, cerca de Abancay, en medio de una balacera desatada cuando realizaba una campaña proselitista en la provincia de Cotabambas, con miras a su reelección parlamentaria. Rafael Grau, hijo del héroe Miguel Grau, era opositor del gobierno, por lo que se acusó directamente al presidente Pardo de ser el autor intelectual del crimen. Sin embargo, lo más probable es que su muerte fuera el resultado de la disputa entre los bandos políticos de Cotabambas, síntoma del caciquismo imperante entonces en las provincias del Perú. El rival político de Grau en Cotabambas era un tal Montesinos, presumiblemente el autor intelectual del crimen. De todos modos, el crimen conmocionó a todo el país y socavó de manera importante al régimen pardista. La primera consecuencia fue la renuncia del Ministro de Gobierno, José Manuel García Bedoya, quien fue reemplazado por Ezequiel Muñoz.

Los gabinetes ministeriales El primer gabinete de Pardo, presidido por el canciller Enrique de la Riva Agüero, debió renunciar en julio de 1917, debido a las críticas desatadas con motivo del asesinato de Rafael Grau. Influyó también la posición tibia adoptada por la cancillería ante el asunto del hundimiento de la barca peruana Lorton, en costas españolas, por obra de submarinos alemanes (ver más adelante). miniatura|José Pardo y Barreda en el despacho presidencial (1917). El 27 de julio de 1917 se instaló un nuevo gabinete ministerial, presidido por el canciller Francisco Tudela y Varela, y en donde figuraban Germán Arenas y Loayza (Gobierno), Ricardo L. Flores Gaviño (Justicia e Instrucción), el coronel César A. de la Fuente (Guerra), Baldomero Maldonado (Hacienda) y Héctor Escardó (Fomento).

En abril de 1918 surgió otra crisis ministerial, pero esta vez se solucionó ratificando al gabinete Tudela solo con dos cambios: Víctor M. Maúrtua asumió el portafolio de Hacienda, y Clemente J. Revilla el de Fomento.

El 26 de noviembre de 1918 renunció el gabinete Tudela y juró uno nuevo presidido por Germán Arenas y Loayza, quien tomó a su cargo el portafolio de Gobierno. Formaron parte de este gabinete: Arturo García Salazar (Relaciones Exteriores), Ángel Gustavo Cornejo (Justicia e Instrucción), el general Juan Manuel Zuloaga (Guerra), Héctor Escardó (Hacienda) y Manuel Vinelli (Fomento).

A raíz de un atentado contra su vida que sufriera el líder del Partido Liberal Augusto Durand, Arenas renunció al gabinete, que pasó a ser presidido por el ministro de Guerra Zuloaga. El único cambio se dio en el ministerio de Gobierno, siendo investido como su titular el marino Óscar Mavila (26 de abril de 1919). Fue este el último gabinete de Pardo, hasta el golpe de Estado del 4 de julio de 1919.

Aspecto económico y financiero En líneas generales, a este gobierno le tocó afrontar las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, entonces llamada Gran Guerra. Debido a esta coyuntura mundial hubo una efímera sensación de prosperidad económica: aumentaron las exportaciones de azúcar, algodón, lana, petróleo y cobre. Ello impulsó los cultivos agroindustriales de la costa, instalándose grandes y modernas maquinarias en varias haciendas, como en Laredo. Un pequeño grupo de hacendados se beneficiaron de esta situación. En contraparte, el cultivo de productos alimenticios disminuyó considerablemente, surgiendo la escasez y el aumento de precios en perjuicio de las clases populares. Todo ello trajo inevitablemente una gran agitación social, que se vio reflejada en la ola de huelgas y paros laborales que se desataron a lo largo del gobierno de Pardo.

Medidas financieras, monetarias y tributarias Las decisiones que tomaría José Pardo en el plano financiero fueron expuestas en su Manifiesto a la Nación, el 30 de abril de 1915, cuando fue proclamado candidato a la presidencia de la República. Los resumió en tres puntos básicos: La absoluta limitación de los gastos públicos a las necesidades más urgentes de la administración. El aumento de las rentas públicas en el monto necesario para cubrir los gastos nacionales y también para atender las deudas del Estado. La suspensión de la emisión de los billetes fiscales o cheques circulares (moneda de papel) y aumentar la garantía o respaldo en oro de los que aún circulaban.

Ya en el poder, Pardo encontró un billete fiscal del que se desconfiaba, un exceso de exportación que permitía la salida de muchos capitales y una corta importación que recortaba la entrada de divisas. Por lo tanto, tomó una serie de decisiones para recuperar la economía, tendientes al fortalecimiento de la moneda y la creación de nuevas rentas, aunque afectando más que nada a los productores y exportadores, antes que a la masa de la población.

Pardo se dedicó a frenar las emisiones de billetes fiscales para devolver la confianza; asimismo, se procuró adquirir todo el oro disponible, con el fin de dar un mayor respaldo a esos billetes. El esfuerzo dio resultado, se logró la estabilidad monetaria, e incluso se consiguió un premio para la libra peruana de oro sobre la libra esterlina, deteriorada por la crisis mundial. Todo ello pudo darse gracias al auge de las exportaciones y a la confianza que implicaba la instauración de un régimen democrático luego de un paréntesis dictatorial. Se llegaron a expedir hasta 13 leyes sobre legislación monetaria, cuyo propósito era mantener una moneda fuerte. Se esperaba que tras el fin de la guerra mundial se restaurase completamente la circulación de la moneda de oro, pero ello no ocurrió. El uso de la moneda de papel acabaría por imponerse desde entonces. A decir de Chirinos Soto, esto carecía en realidad de importancia, ya que el dinero —sea de metal o de papel— no es la riqueza misma sino signo de riqueza. Su valor no es necesariamente intrínseco sino que depende de la riqueza que representa —a saber: de la producción nacional—. Se reiniciaron los pagos de servicios de la deuda pública. En 1908, dichas obligaciones ascendían a 8.240.000 soles; en 1915, eran un total de 68.870.00 soles. Es decir, en siete años habían ascendido a 60 millones. Se dieron diversas leyes tributarias, a través del Congreso, por petición del Ejecutivo, para reanimar las finanzas del país. Entre las más destacadas están las siguientes: Ley N° 2143 del 4 de octubre de 1915, que fijo un gravamen a la exportación de azúcar, algodón, lanas y cueros. Ley N.º 2187 del 14 de octubre de 1915, que señaló la forma y proporciones del impuesto creado sobre la exportación de oro, plata, cobre, petróleo y derivados.