El golpe de Estado en Argentina de 1955 fue un alzamiento cívico-militar contra el presidente Juan Domingo Perón sucedido el 16 de septiembre de 1955. Comenzó en Córdoba y Puerto Belgrano, derivó en bombardeos y combates que se extendieron a otras ciudades con al menos 156 muertes y, una vez obtenida la renuncia y el exilio de Perón, dio en la instalación de la dictadura autodenominada «Revolución Libertadora», bajo el mando del dictador Eduardo Lonardi. El golpe terminaba el movimiento cívico-militar antiperonista que había comenzado el 16 de junio de 1955 con el bombardeo de la plaza de Mayo.
El golpe disolvió el Congreso, derrocó a los gobernadores de todas las provincias, y separó de sus cargos a los miembros de la Corte Suprema. El general Lonardi asumió como presidente provisional de la Argentina el 23 de septiembre de 1955. Después fue derrocado y sustituido por el general Pedro Eugenio Aramburu, quien asumió el 13 de noviembre del mismo año.
Antecedentes Atentado de 1953
Mientras el general Perón pronunciaba un discurso desde la Casa Rosada durante un acto de la CGT en la plaza de Mayo, un grupo detonó dos bombas que causaron 6 muertos y 96 heridos (19 mutilados), que está considerado un antecedente del bombardeo del 16 de junio y del golpe del 16 de septiembre.Romero, José (1990). Breve historia de la argentina. Editorial Abril. ISBN 950-10-0072-9. En respuesta al atentado, militantes peronistas provocaron incendios de locales de los opositores en Buenos Aires (las sedes del Partido Socialista, el Partido Demócrata, la Unión Cívica Radical y el Jockey Club). Hubo el nivel de tensión más alto desde la declaración del "estado de guerra interno" en 1951. En las semanas subsiguientes las fuerzas policiales buscaron a los responsables deteniendo a cientos de personas.
El golpe de Estado de 1955 produjo más de ciento cincuenta víctimas mortales en todo el país.Rodríguez Lamas, Daniel. La Revolución Libertadora, Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1985.
La conspiración golpista Entre los militares no existía un criterio uniforme. En el Ejército sus principales jefes eran leales al gobierno y tendrían a provenir de sectores trabajadores cuya ideología los acercaba al peronismo. Dentro de la Marina la oficialidad estaba divida, los altos cargos eran opositores al gobierno, mientras que los rangos más bajos, los sectores nacionalistas más tradicionales y los oficiales jóvenes solían ser más cercanos al gobierno. En la Aeronáutica si bien apoyaba al gobierno mantuvo una conducta dubitativa. Intento de golpe de Estado de 1951
Fue en 1951 cuando el general de artillería Eduardo Lonardi, comandante del Ejército con asiento en Santa Fe, se decidió comenzar un movimiento revolucionario. Por otro lado, hacía lo propio el general de caballería Benjamín Andrés Menéndez, en situación de retiro desde 1942. Ambos oficiales rivalizaban y nunca se pusieron de acuerdo para unificar el movimiento. La conspiración militar tuvo la adhesión de Arturo Frondizi de la Unión Cívica Radical, Américo Ghioldi del Partido Socialista, Reynaldo Pastor del Partido Demócrata Nacional y Horacio Thedy del Partido Demócrata Progresista, que coincidieron en derrocar a Perón, pero exigían la unión de ambos generales. Sin embargo, el general Lonardi solicitó la baja y aconsejó posponer el alzamiento. El general Menéndez, con la adhesión de oficiales de caballería, siguió firme y el 28 de septiembre de 1951 intentó el alzamiento del Regimiento de Caballería de Tanques 8 (C8) y la Escuela de Caballería con asiento en Campo de Mayo y el Colegio Militar en El Palomar, pero apenas pudo contar con 200 efectivos y 3 tanques. Los jefes del C8 y del Colegio Militar se negaron a plegarse al intento de golpe de Estado y el general rebelde tuvo que rendirse ante el comandante en jefe del Ejército, teniente general Ángel Ovidio Solari. La resistencia de los suboficialesRobert A. Potash: Las Fuerzas Armadas y la era de Perón pág. 111 en Nueva historia argentina”. Capítulo II. Juan Carlos Torre (director) 2002 Buenos Aires. Editorial Sudamericana |isbn 950-07-2181-3 ISBN (obra completa) 950-07-1385-3 dio lugar a un tiroteo en el cuartel del C8 causó la muerte del cabo Miguel Farina y heridas en dos capitanes. La conspiración no estaba limitada al Ejército y contaba con la adhesión varios oficiales de la Aeronáutica y la Marina, como el brigadier mayor Guillermo Zinny, el brigadier Samuel Guaycochea en la base aérea de El Palomar y el capitán de navío Vicente Baroja en la base aeronaval de Punta Indio. El Colegio Militar atacó la base aérea rebelde de El Palomar y esta se rindió. El gobierno declaró el "estado de guerra interno", aunque la Constitución no le otorgaba tal instrumento.
El intento tuvo como consecuencia la baja y encarcelamiento de 111 oficiales de las tres Fuerzas Armadas y la baja de otros 66 que habían elegido huir al Uruguay. El general Menéndez fue condenado a 15 años de prisión y destitución por el delito de rebelión militar. Pero la purga no quedó limitada a los golpistas. El general Perón cambió los ministros de Aeronáutica y de Marina (asumieron el brigadier mayor Juan Ignacio San Martín y el capitán de navío Aníbal Olivieri), relevó al comandante en jefe del Ejército, y dio la baja a varios oficiales de la Escuela Superior de Guerra, la Escuela Superior Técnica y el Colegio Militar.
La conspiración en la Marina thumb|150px|Capitán de navío Arturo Rial. En 1953 el capitán de fragata Jorge Alfredo Bassi tuvo la idea de bombardear la Casa Rosada con la Aviación Naval, de la misma manera que los japoneses habían atacado Pearl Harbor. Junto a otros capitanes intentó convencer al general Eduardo Lonardi de encabezar el alzamiento y convocar al Ejército pero este sostenía que un mero golpe sin un movimiento generalizado que forzara al presidente no era favorable. Su negativa lo alejó de las conspiraciones hasta 1955. El alzamiento de la Marina el 16 de junio
El 16 de junio de 1955 la Marina llevó a cabo el primer intento de golpe de Estado del año 1955. Un grupo de 30 aviones de la Aviación Naval al comando del contraalmirante Samuel Toranzo Calderón bombardeó la Casa Rosada en Buenos Aires con el objetivo de eliminar al presidente de la República, teniente general Juan Domingo Perón y consumar un golpe de Estado. Después un sector reducido de la Aeronáutica tomó parte del mismo bombardeo, pero la masa de las Fuerzas Armadas no se pronunció en favor del alzamiento, dejando aislado el complot de la Aviación Naval.
Hubo 200 muertos y otro tanto de heridos, y después hubo más muertos por heridas.
Tras el fracaso del golpe de Estado, los aviadores navales huyeron a Uruguay, donde permanecieron asilados hasta el golpe de septiembre. Un número de 122 soldados con 39 aviones quedaron allí; los aviones regresaron pronto a Comandante Espora, pero los oficiales navales quedaron asilados en el país vecino. La Aviación Naval y la Infantería de Marina quedaron virtualmente sin armas para oponer otro golpe.
El mismo día 16 de junio el director de Escuelas Navales, capitán de navío Arturo Rial, comenzó a organizar un nuevo golpe de Estado a realizar con la Marina antes de finalizar el año 1955, con la convicción de que un nuevo intento motivaría la concurrencia de la masa de la Marina. Pronto obtuvo la adhesión de oficiales navales puestos en disponibilidad desde el día del fallido alzamiento del día 16 de junio, como el capitán de fragata Aldo Molinari y el teniente de navío Horacio Mayorga. Además, el capitán de navío Rial mantuvo en contacto con los marinos que se encontraban presos y sometidos a la justicia militar por el dichoso alzamiento. Entre los primeros estaban los capitanes de fragata Jorge Palma y Carlos Sánchez Sañudo. Entre los segundos estaba el exministro de Marina, almirante Aníbal Olivieri, reemplazado en ese puesto por el contraalmirante Luis J. Cornés. El alzamiento necesitaba de un almirante para ponerse al frente del alzamiento. Los capitanes de fragata Francisco Manrique y Antonio Rivolta sugirieron varios almirantes, de los cuales los conspiradores estuvieron de acuerdo en elegir al director de la Escuela Naval con asiento en Río Santiago, contraalmirante Isaac Rojas.
El ayudante del capitán de navío Rial, capitán de corbeta Carlos Pujol, se puso en contacto con Marcos Oliva Day, quien a su vez se puso en contacto con su hermano Arturo, vinculado al diputado y presidente de la Unión Cívica Radical Arturo Frondizi.
La masa de la oficialidad naval, con asiento en la base naval de Puerto Belgrano (donde se hallaba la Flota Naval), que no había tenido la oportunidad de participar del alzamiento del 16 de junio en Capital Federal, se encontraba en contra del gobierno por las medidas punitivas tomadas contra la Aviación Naval y la Infantería de Marina. El comandante del Área Naval Marítima, vicealmirante Ignacio Chamorro, y el comandante de la base naval, contraalmirante Héctor Fidanza, guardaban lealtad al gobierno, dificultando la toma de la base naval. No así el segundo comandante de la base naval, capitán de navío Jorge Perrén.1955, memoria y resistencia, Catalina Scoufalos, Latitud Sur. Buenos Aires 2007 ISBN978-950-786-606-7 thumb|200px|Almirante Isaac Rojas.
El director de la Escuela Naval con asiento en Río Santiago, contraalmirante Isaac Rojas, confirmó a los capitanes de fragata Jorge Palma y Carlos Sánchez Sañudo su adhesión para encabezar el alzamiento de la Marina. El organizador de la conspiración, capitán de navío Rial convino con el contraalmirante de que el primero continuara con los preparativos y de que el segundo se pondría al frente del alzamiento, con la condición de que si un almirante de mayor antigüedad adhería al alzamiento, Rojas se subordinaba al mismo.
La base naval de Puerto Belgrano, el otro foco rebelde de la Marina, tomó conocimiento de la conspiración. El segundo jefe de la base naval, capitán de navío Jorge Perrén, brindó al capitán de navío Rial el itinerario de la Flota, que habría de estar parada el mes de agosto y volvería a ejercicios en septiembre. thumb|200px|Jorge Isaac Anaya. El movimiento conspirador en la Marina, dirigido por el capitán de navío Rial, sumó progresivamente voluntades dentro de la fuerza naval. El almirante Rojas quedó al margen de la conspiración y quedaba reservado hasta que tuviera que asumir la comandancia de la Marina revolucionaria. Pero su entusiasmo lo llevó a sondear el sentir de los integrantes de la fuerza naval por medio de su ayudante-secretario, teniente de navío Oscar Ataide, y el jefe del 1er año de la Escuela Naval, teniente de navío Jorge Isaac Anaya.
El segundo jefe de la base naval de Puerto Belgrano, capitán de navío Jorge Perrén, asumió como jefe revolucionario de la base naval, preparando las defensas con todas las fuerzas de tierra, aire y mar a su disposición. La Infantería de Marina comenzó a equipar con el fusil semiautomático FN 7,65 mm de fabricación belga, que superaba al veterano Mauser.
Para evitar darle poder de fuego a otro alzamiento, el director de Material Naval, almirante Guillermo Brown, ordenó que los aviones utilizados el 16 de junio fueran trasladados sin ametralladoras ni espoletas a la Base Aeronaval Comandante Espora, anexa a Puerto Belgrano en Bahía Blanca. Allí, un grupo de oficiales ingenieros fabricó secretamente espoletas para detonar bombas de 50, 100 y 200 kilos.