Philosophy in the flesh: the Embodied Mind and its Challenge to Western Thought (en español, Filosofía en la carne: la mente encarnada y su desafío al pensamiento occidental) es una obra del lingüista cognitivo George Lakoff y el filósofo Mark Johnson, publicada en 1999, en la que los autores plantean, en nombre de la teoría cognitiva de la mente metafórica, un desafío masivo a toda la filosofía occidental.
La obra de George Lakoff y Mark Johnson sustenta que no hay una razón desencarnada, trascendente o consciente por completo. En este libro, los autores ponen en cuestión algunas de las nociones centrales de la tradición filosófica occidental acerca de la razón, y plantean tres elementos fundamentales para su revaluación: la categoría de inconsciente cognitivo, la encarnación de la mente y el pensamiento metafórico. Además, es reconocida por sus aportes a la ciencia política y la filosofía analítica anglonorteamericana.
Fundamento teórico de la obra Retomando los desarrollos de la ciencia, la filosofía y la lingüística cognitiva realizados a finales del , George Lakoff y Mark Johnson proponen una filosofía empírica responsable por medio del desarrollo de los siguientes presupuestos filosóficos: primero, la mente está intrínsecamente encarnada; segundo, el pensamiento es sobre todo inconsciente, y tercero, los conceptos abstractos son en gran parte metafóricos.
Crítica a la razón occidental Según Lakoff y Johnson, la filosofía occidental afirma que: la realidad viene dividida en categorías que existen independientemente de las propiedades específicas de las mentes humanas, cerebros o cuerpos; el mundo tiene una estructura racional y las relaciones entre las categorías en el mundo se caracterizan por una razón trascendente o universal, que es independiente de cualquier peculiaridad de las mentes humanas, cerebros y cuerpos; la razón humana es la capacidad de la mente para usar la razón trascendente, o al menos una parte de ella, pues, la estructura de la razón humana se define por ser independiente de los organismos o los cerebros humanos. Los autores consideran que la estructura de la razón humana es una razón sin cuerpo. En ese sentido, los conceptos humanos son conceptos de la razón trascendente que se caracterizan por tener categorías objetivas de la mente y el cerebro. Es decir, el mundo tiene una estructura de categorías únicas, fijas, y todos saben usarlas cuando están razonando correctamente.
Para los autores, la razón no es algo que se encuentre libre del cuerpo; emerge principalmente de la experiencia corporal y el cerebro. Los mecanismos neuronales y cognitivos que les permiten a los seres humanos percibir y moverse son también los encargados de crear los sistemas conceptuales y modos de razonar. Por lo tanto, para comprender la razón se deben entender los detalles del sistema visual, motor y los mecanismos generales de la unión neuronal.
Lakoff y Johnson afirman que la razón es evolutiva, además de abstracta; aprovecha y hace uso de las formas de inferencia perceptiva y motora presentes en los animales "inferiores". La razón no es una esencia en sí que nos separe de otros animales sino, más bien, aquella que nos sitúa en un continuo con ellos. Además, los autores sostienen que la razón no es "universal", pues, no es parte de la estructura del Universo, sino una capacidad compartida por todos los seres humanos. Su carácter compartido emerge, en todos los seres, de una base similar: el cuerpo y las posibilidades de este en el mundo.
La obra de Johnson y Lakoff sostiene que no existe un sujeto racional o fenomenológico absoluto. De este modo, la persona utilitaria, para quien la racionalidad es la maximización de la utilidad, no existe. Según los autores, los seres humanos reales no tienen, en gran parte, el control consciente de su razonamiento. Su razón se basa, primordialmente, en varios tipos de prototipos, encuadres y metáforas. Por lo tanto, ellos comprenden que la razón no es radicalmente libre, porque está conformada por el cuerpo y arguyen que los posibles sistemas conceptuales humanos y formas de la razón son limitados pues, una vez que se ha aprendido un sistema conceptual, se crea una instancia neuronal en el cerebro que impide la libertad para pensar cualquier cosa. En correspondencia, Lakoff y Johnson afirman que no tenemos libertad absoluta en el sentido de Kant, ni mucho menos una plena autonomía, ya que no hay una base puramente filosófica a priori para un concepto universal de la moral, como tampoco hay una razón pura trascendente y universal que pudiera dar lugar a leyes morales universales.
Por otra parte, la persona fenomenológica, que solo puede a través de la introspección fenomenológica descubrir todo lo que hay que saber acerca de la mente y la naturaleza de la experiencia, es una ficción. Así, aunque se pueda tener una teoría vasta, rápida y automáticamente operativa acerca del inconsciente cognitivo, no se tiene acceso consciente directo a su funcionamiento y, por lo tanto, a la mayoría del pensamiento. De tal modo, la reflexión fenomenológica, aunque es valiosa en la revelación de la estructura de la experiencia, debe ser complementada por la investigación empírica del inconsciente cognitivo.
Teniendo en cuenta estos presupuestos teóricos, Lakoff y Johnson sostienen que no hay ninguna persona dualista cartesiana, con una mente separada e independiente del cuerpo, que comparta la misma razón trascendente con todos los demás y que sea capaz de saberlo todo acerca de su mente mediante la autorreflexión. Además, no existe ninguna persona radicalmente autónoma, al estilo kantiano, con absoluta libertad y con una razón trascendente que dicte correctamente lo que es y no es moral. De esta manera, se entiende que la razón, emergente del cuerpo, no es trascendente. Este cambio en la concepción de la razón señala tres aspectos fundamentales en la apuesta teórica de Lakoff y Johnson. Primero, que la razón es mayoritariamente inconsciente; segundo, que la razón no es literal, sino ampliamente metafórica e imaginativa, y tercero, que la razón no es imparcial en tanto se encuentra comprometida emocionalmente. Una vez entendido esto, no se podrá volver a un filosofar a priori acerca de la mente y el lenguaje.
Crítica a Aristóteles La obra critica la visión de la racionalidad occidental propuesta por Aristóteles, Descartes y Kant. Lakoff y Johnson sostienen que, para Platón, la más alta realidad consistía en las ideas como esencias de las cosas. Esta esencia era el eidos, la forma y el "look" de una cosa que hace que sea lo que es. Aristóteles, por el contrario, sostenía que la realidad en última instancia se localizaba en el mundo y, por ende, veía el pensamiento como dependiente de la naturaleza del mundo. Los autores encuentran que en Platón y Aristóteles no hay una separación entre la mente y el mundo. La diferencia entre estos dos filósofos radica en si el mundo toma su forma de las ideas (como en Platón) o si las ideas toman su forma desde el mundo (como en Aristóteles).
Para los autores, Aristóteles concebía que la estructura de la racionalidad está en el mundo. Por ello, debido a que las ideas son esencias, los seres humanos podían participar de esta razón trascendente. La estructura racional del mundo, así como la lógica humana o la estructura racional del pensamiento correcto, era trascendente en la medida en que trascendía a los seres humanos que hacían parte de la forma estructurada del mundo.
Lakoff y Johnson sostienen que, para Aristóteles, el mundo contenía unos propósitos objetivos o "extremos" que ejercían una atracción causal en los objetos naturales. En correspondencia, puesto que los seres humanos tenían fines y propósitos que son ideas, y debido a que las ideas son esencias y las esencias están en el mundo, se deducía que los propósitos mismos debían estar en el mundo. A la vez, como todo comportamiento natural es causado por las esencias, estos objetivos habían de ser parte de la esencia de los objetos. En Aristóteles, la lógica no era una proyección de la mente sobre el mundo, sino todo lo contrario: un agarre directo de la mente acerca de la estructura causal racional del mundo. Lakoff y Johnson sostienen que Aristóteles no pudo haber visto la metáfora como un mapeo conceptual de un dominio conceptual a otro -es decir, donde la estructura inferencial de un dominio se proyecta sobre el otro- porque entendía que, en el mundo, las cosas existían como tipos distintos y como parte de categorías distintas. Según los autores, para Aristóteles, cada esencia tenía su propia lógica intrínseca y no la de otro tipo de cosas. Así, la idea de que la forma esencial de una cosa podría ser la de otro tipo de cosas no tenía sentido en absoluto en la cosmovisión aristotélica.
Lakoff y Johnson sostienen que Aristóteles consideraba que una metáfora tenía que ser lingüística y no conceptual, es decir, un mero uso de las palabras y no de sus conceptos. Además, los autores señalan que la noción misma de un concepto metafórico no podría haber hecho ningún sentido en absoluto a Aristóteles, ya que los conceptos para él, se definían en términos del tipo de cosas en el mundo, independiente de la mente. Además, las metáforas se aplican a las cosas que no se aplican correctamente; por ende, cualquier uso de la palabra en su sentido propio sería un uso literal del lenguaje ordinario. Si una expresión metafórica tenía un significado en absoluto, no tendría que haber alguna base consistente para determinar cuál era el sentido literal apropiado, pues Aristóteles eligió la similitud como la base consistente más general para un uso metafórico del lenguaje. Para él, la razón más general de usar el nombre de un tipo de cosa para designar a otro tipo de cosa es señalar alguna similitud entre esos dos tipos de cosas.
Crítica a Descartes Lakoff y Johnson consideran que lo que surgió de la filosofía de Descartes fue un nuevo punto de vista metafórico de la mente como la representación de algún reino "interno" de los objetos existentes en el "mundo exterior". Dado que los objetos de la mente no eran como los objetos en el mundo, el problema del conocimiento se convirtió en el problema de cómo poder saber que las ideas internas o representaciones en las mentes en realidad correspondían a las "cosas en sí mismas". Mientras que Platón y Aristóteles podían reclamar el conocimiento real, porque, de acuerdo con sus metáforas, la mente podía comprender las formas de las cosas mismas, con la división mente/mundo esa fuente de conocimiento dejó de estar disponible.
Para Descartes, la mente podía conocer sus propias ideas con absoluta certeza. Igualmente, todo pensamiento era consciente debido a que se podía acceder directamente la estructura de la mente. Por ende, no era necesaria ninguna investigación empírica en el conocimiento de la mente, ya que esta no tenía cuerpo y se componía de sustancia mental, a diferencia del cuerpo, que se componía de sustancia física. Para Descartes, la única esencia de los seres humanos era la capacidad de razonar. La imaginación y la emoción, que son corporales, eran excluidas de la razón humana y se argumentaba que no eran parte de la esencia de la naturaleza humana.
Crítica a Kant