Pedro Weingärtner (Porto Alegre, 26 de julio de 1853-Porto Alegre, 26 de diciembre de 1929) fue un pintor, dibujante y grabador brasileño.
Hijo de inmigrantes alemanes, probablemente fue introducido en el arte por su padre, que era un dibujante aficionado. A los 24 años decidió dedicarse a la pintura y fue a estudiar a Europa por su cuenta. Después de algún tiempo pasó a ser financiado por el emperador Pedro II de Brasil. Pasó varios años asistiendo a academias famosas y recibiendo la orientación de distinguidos profesores. Después de terminar su preparación, instaló un atelier en Roma, aunque viajaba frecuentemente a Brasil, donde realizó muchas exposiciones y se hizo famoso, siendo considerado uno de los mejores pintores brasileños en actividad. En sus últimos años se instaló en Porto Alegre, pero comenzó a enfrentarse a la competencia de pintores de la nueva generación, inclinados hacia la estética modernista.
Vida Primeros años Era hijo de los inmigrantes alemanes Inácio Weingärtner y Angélica Schäfer. Su padre apreciaba el arte y dibujaba como aficionado, transmitiendo su gusto a sus cinco hijos y dos hijas. Sus hermanos Inácio Junior, Miguel y Jacob se tomarían el arte en serio y se dedicarían a la litografía, y con toda probabilidad Pedro fue iniciado en las artes gráficas por Inácio Junior, que tenía ocho años más y había sido alumno de un respetado litógrafo alemán afincado en Porto Alegre, Augusto Lanzac von Chanac, manteniendo posteriormente su propio taller gráfico que ganó fama en la ciudad, en el que producía todo tipo de ilustraciones y estampas, incluyendo retratos y paisajes urbanos. El escritor Walter Spalding mencionó, basándose en información transmitida por la viuda del pintor, que habría recibido lecciones de dibujo de Araújo Guerra, un habilidoso caricaturista portugués, pero esto parece poco probable, ya que solo hay registros de su presencia en la ciudad desde 1880. El periodista y escritor Aquiles Porto-Alegre dijo que Pedro asistió al atelier del pintor Delfim da Câmara, aunque no se sabe si fue como aprendiz o como mero visitante.
Después de la muerte de su padre en 1867, tuvo que buscar empleo para ayudar a su numerosa familia. Consiguió un trabajo en Ferragem Rech y por su dedicación se ganó la confianza del patrón y empezó a cobrar un gran salario, pero la jornada laboral era larga y no le permitía practicar sus dotes artísticas salvo por la noche, en horas que le robaba al sueño. Angelo Guido, su primer y principal biógrafo, dijo que detestaba ese trabajo y por eso, en 1877, enfermó gravemente. Se trasladó al campo donde, bajo el cuidado de la familia alarmada por su estado, en pocos meses recuperó la salud, habiendo pasado todo este tiempo dedicado al dibujo y la pintura. Más tarde reconocería que la enfermedad fue providencial, permitiéndole reconocer de manera inequívoca su verdadera vocación.
Estudios en Europa miniaturadeimagen|Estudios anatómicos. Lápiz sobre papel. 24 x 32,5. Pinacoteca Barão de Santo Ângelo del Instituto de Artes/UFRGS. El 12 de febrero de 1878, reuniendo sus ahorros y enfrentando una fuerte resistencia familiar, partió hacia Europa, con el fin de obtener una formación académica en el Liceo de Artes y Oficios de Hamburgo. Pero no se quedó allí, dirigiéndose en octubre del mismo año a Karlsruhe, para ingresar en la Academia de Arte Gran Ducal de Baden dirigida por Ferdinand Keller. En esta prestigiosa escuela estudió con Theodor Poeckh y posiblemente también con Ernst Hildebrand, y debe haber recibido la influencia del propio Keller. Según un certificado de asistencia emitido por la escuela, «tuvo muchos progresos».
Tras el traslado de Hildebrand a Berlín en 1880, abandonó la escuela y le siguió, matriculándose el 12 de octubre en la Real Academia de las Artes de Prusia, donde comenzó su formación en pintura al óleo. Sus primeros paisajes datan de este período, y sus avances ya eran lo suficientemente significativos como para poder enviar algunas obras a la Exposición Brasileño-Alemana de Porto Alegre. La influencia de sus maestros alemanes se revela en su amor por el detalle, por su obra miniaturista y por su dedicación a la pintura de género entonces en boga, con un estilo realista y temática poética y sentimental de la cotidianidad popular. Otros pintores que pudieron haber dejado una huella en su producción fueron los románticos alemanes de principios del siglo como Adrian Ludwig Richter y Ferdinand Waldmüller, y sus contemporáneos como Hans Thoma, Carl Theodor von Piloty, Franz von Defregger, Max Liebermann y Emil Schindler.
En este punto su situación financiera comenzó a complicarse, sus ahorros se agotaron y, al parecer, la familia no estaba en condiciones de ayudarlo. Sin poder mantenerse a sí mismo, decidió conseguir un trabajo como fotógrafo y abandonar la pintura. La situación se revirtió temporalmente mediante una pequeña pensión que le ofrecieron sus amigos brasileños Martin Bromberg, Jacob Koch y Bartolomeu Sesiani, ricos comerciantes en viaje de turismo con los que se encontró por casualidad, y con esta ayuda pudo continuar sus estudios. miniaturadeimagen|Atelier na Academia Julian. c. 1882. Óleo sobre tela. 61,2 x 78,2 cm. Museo de Arte de Río Grande del Sur Ado Malagoli. miniaturadeimagen|Nu recostado (1883). Carboncillo y pastel. 40,5 x 57,5 cm. En 1882 se fue a París, Francia, donde estudió en la Academia Julian con Tony Robert-Fleury y William-Adolphe Bouguereau, artistas de enorme fama que se mantuvieron fieles a la tradición académica en plena efervescencia del surgimiento de las vanguardias premodernistas, como el impresionismo. En París se disciplinó en el estudio del desnudo —motivo muy estimado por el público francés y considerado obligatorio para que un artista demuestre su competencia— y entró en contacto más profundo con la tradición clásica, que se refleja en obras de carácter historicista inspiradas en temas de la antigüedad. También allí debió haber sido iniciado en la técnica del grabado en metal.
En 1883, nuevamente en la pobreza, se vio obligado a abandonar la Academia Julian. Para poder completar su formación, el 13 de abril solicitó una pensión al emperador Pedro II de Brasil que, mediante la intervención del barón de Itajubá, embajador de Brasil en París, reforzada con un certificado que proporcionó Bouguereau, le fue otorgada en enero del año siguiente, por valor de trescientos francos.
Madurez y fama miniaturadeimagen|Má colheita (1889). Óleo sobre tela. 24 x 40,0 cm. miniaturadeimagen|Bailarinas (1896) Óleo sobre tela. 23,0 x 36 cm. Pinacoteca Barão de Santo Ângelo del Instituto de Artes/UFRGS. miniaturadeimagen|No caldarium (1900) Óleo sobre tela. 34 x 64 cm.
En 1884 participó en su primer salón en la Academia Imperial de Bellas Artes, en la ciudad de Río de Janeiro, al que envió dos retratos, uno de Fray Caetano de Troyana y otro del Káiser Guillermo I de Alemania, así como cinco estudios de cabezas que había realizado en Berlín que, si bien no le otorgaron mucha notoriedad, al menos justificaron su pensión ante los ojos del gobierno brasileño.
Al año siguiente realizó una gira por el Tirol, instalándose en Mayrhofen, donde, a modo de experimento, realizó obras inspiradas en el impresionismo con tipos de paisajes locales, pero al final eligió deliberadamente seguir su índole académica, enfatizando el carácter realista de sus composiciones. Luego visitó Múnich, en ese momento el centro más dinámico de la cultura alemana, donde tomó clases con Carl Piloty. El viaje no fue largo, debido a los términos de su contrato de pensión, y en 1886 se fue a Roma, donde en 1887 abrió un atelier en Villa Strohl Fern, una mansión con un centenar de talleres de alquiler a los que asistieron muchos artistas que se harían famosos, como Iliá Repin, Emil Fuchs y Mijaíl Vrúbel.
Tras su instalación, ya ausente de Brasil durante muchos años, solicitó al emperador autorización para una visita de seis meses a su tierra natal. Llegó a Porto Alegre en agosto de 1887 y fue recibido con una fiesta en un barco lleno de amigos y admiradores. Aunque estaba de vacaciones, pintó varios retratos que causaron una impresión muy positiva y mostró obras traídas de Europa, logrando muy pronto una crítica y un público unánime, y siendo objeto de varias notas y artículos en la prensa. Debido a los compromisos adquiridos salió de Porto Alegre en noviembre rumbo a Río de Janeiro, donde realizó su primera exposición individual en febrero de 1888 presentando diez obras. El crítico de arte Oscar Guanabarino lo consideraba el pintor más destacado de Brasil. Aprovechó su estancia en la ciudad para visitar al emperador, con el fin de expresarle su gratitud por la asistencia recibida. Durante el encuentro, el monarca mostró su admiración por el cuadro Direitos documentados que vio en una fotografía llevada por el artista. Informado de que la obra le había sido enviada desde Europa como regalo, dijo que nunca había llegado a sus manos. Weingärtner finalmente descubrió que había sido retenida en la aduana y, al no ser reclamada, había sido puesta en subasta, e hizo todo lo posible para localizarla y recuperarla del adquirente. El caso fue ampliamente comentado por la prensa y atrajo a una gran audiencia adicional para la exposición que estaba en marcha.
Terminadas sus vacaciones regresó a Roma, donde inició un período particularmente fértil de su carrera, trabajando incansablemente y visitando lugares de interés histórico y artístico, como ruinas, museos y monumentos, siendo especialmente atraído por el aura fascinante de Pompeya y Herculano, que alimentaron su amor por la antigüedad y le abrieron un nuevo repertorio de motivos y modelos formales. Roma, aunque ya no era el foco de la vanguardia artística europea como lo había sido durante siglos, seguía siendo un gran polo cultural elegido como hogar de otros importantes artistas brasileños en formación, como Zeferino da Costa y Henrique Bernardelli con quienes mantuvo contacto, y allí pudo haber recibido influencia de los académicos realistas Giacomo Favretto, Nino Costa —del grupo In Arte Libertas— y sobre todo de Domenico Morelli, en ese momento el representante italiano más destacado de esta escuela. Su estudio, como señaló el artista y crítico de arte Adalberto Pinto de Mattos (Ercole Cremona), «era un verdadero depósito de cosas artísticas metódicamente agrupadas; pieles raras de animales de tierras lejanas le daban un toque de nostalgia al ambiente... En ese ambiente vivía el pintor, trabajaba desde el sol al sol». Pasaba los veranos en el pueblo de Anticoli Corrado, en compañía de su amigo, el pintor español Mariano Barbasán, disfrutando del paisaje luminoso y colorido de la región, que aparece en varias obras con un diseño más libre y colores más vibrantes, donde parece apreciarse más la pura materialidad de la pintura. Hasta 1920 quedaría dividido entre Italia y Brasil, realizando muchos viajes y varias exposiciones individuales y colectivas, vendiendo generalmente bien, a veces los lotes completos de sus exposiciones individuales. miniaturadeimagen|Chegou tarde! (1890) Óleo sobre tela. 74,5 x 100 cm. Museo Nacional de Bellas Artes