miniatura|Alfarera Jemer (Camboya) amasando la 'pella' de barro antes del modelando (2015). La mujer en la alfarería comprende el conjunto de manifestaciones artesanales y estudios etnográficos que conforman tal actividad. El fenómeno ha sido enunciado por estudiosos y especialistas bajo diversos nombres, entre ellos alfarería femenina y mujeres alfareras. La documentación recogida sobre el tema no permite asegurar que exista una diferencia de género en la producción hecha por mujeres, y por lo general su participación tanto conjunta como exclusiva, ha estado determinada por factores económicos, sociológicos y en algunos casos religiosos. Tampoco son determinantes los estudios sexistas sobre el tema, a la luz de la muy diversa y en suma escasa documentación sobre la distinta o excluyente presencia de mujeres y hombres en la historia ancestral de la alfarería y la cerámica. miniatura|200px|Mujeres alfareras en Bilibili Papua Nueva Guinea, hacia 1884-1885, según ilustración en el estudio del explorador alemán Otto Finsch.

Actividad doméstica Arqueólogos e historiadores han otorgado a la mujer el título de primera alfarera de la historia por su papel sedentario frente al dinámico del hombre. Mientras el hombre caza o hace la guerra, las mujeres cubren las necesidades domésticas, entre las que una de las más antiguas sería la fabricación de utensilios en las primitivas sociedades agrícolas. La tesis ha sido reforzada a lo largo del por los datos recopilados por antropólogos y etnógrafos a partir de sus trabajos de campo con los grupos indígenas sobrevivientes. En esta tarea puede citarse la obra de Hélène Balfet entre comunidades alfareras del Norte de África (Marruecos, Argelia y Túnez). En el continente americano, las tesis de Balfet se repiten en los estudios —también de 1965— del antropólogo Sigvald Linne, que otorgan a la mujer en los pueblos nativos la exclusiva del trabajo alfarero, exceptuando las Altas Culturas y los imperios precolombinos.

Alfarería femenina en Europa A pesar de las pocas monografías dedicadas al tema, diferentes estudios, como parte de trabajos de campo o tesis (en disciplinas como la antropología, arqueología y etnografía), permiten el seguimiento de la presencia de la mujer en las labores de alfarería en distintos espacios de la vieja Europa. Ya a partir de trabajos del antropólogo especializado en la Prehistoria Adolph Riet, se documenta la historia de la mujer alfarera europea en alfares gremiales franceses (Redon) de mediado el , y en la Península de Jutlandia. Y antes, unos grabados fechados en 1490 dejan referencia de mujeres torneando piezas en la Alemania del . El avance de técnicas, maquinaria y la propia necesidad de la producción industrial consiguió que, salvo en focos aislados de Dinamarca y Las Hébridas,Yepes citando a Hodges Pottery in Temperate Europe (1965) los procesos de manufactura alfarera tan ligados a la presencia de la mujer en esta artesanía desaparecieran en Europa, a excepción de la península ibérica. Así, en Portugal, hay que citar los importantes centros alfareros de Gove (Baiao), Gondar (Amarante), Vila Seca (Vieira do Minho), Pinela (Trás-os-Montes) o Malhada Sorda en la región de Beira.Yepes citando a Ribeiro Contribuicao para o Estudo da Ceramica Popular Portuguesa (1965)

En España Se conserva abundante material de la producción de la mujer en alfares españoles, tanto insulares como peninsulares, en Centros y Museos etnográficos de las distintas autonomías españolas, así como en colecciones particulares como la de Juan Vicente Alvado, en Alicante, o la del museo del cántaro de Valoria la Buena, en la provincia de Valladolid. Focos del noroeste Los núcleos con mayor participación de la mujer en el trabajo alfarero en el noroeste de la península ibérica se han desarrollado en localidades aisladas de Asturias y Galicia y de formas más exclusiva en la provincia de Zamora.

Foco zamorano miniatura|175px|Alfareras trabajando en el primitivo torno de mano (torneta), en la documentación visual del Museo Etnográfico de Castilla y León (Zamora). A comienzos del permanecían activos centros alfareros tradicionalmente ocupados por mujeres en la provincia de Zamora, en Moveros y Pereruela, habiendo desaparecido ya los de Muelas del Pan y Carbellino de Sayago. En todos ellos se ha fabricado alfarería de basto de uso diario, desde las tradicionales piezas de almacenamiento para el agua como la cacharrería específica para el fuego.Equipo Adobe: "Alfarería tradicional de España: agua y fuego"; Terceras jornadas de alfarería. Avilés, 2011. Ayuntamiento de Avilés. CMAE.

Focos en Galicia y Asturias En las localidades con mayor tradición de esta zona la actividad ha sido mixta, mujeres y hombres compartían las diferentes tareas de la sencilla pero variada cadena de producción alfarera: 1) extracción y preparación de la arcilla o barro alfarero; 2) modelado manual o con ayuda de tornos; 3) secado de la pieza y pulido de sus superficies; 4) horneados y ocasional vidriado. También habría que incluir los diferentes tipos de decoración (incisa, grabada o esgrafiada, etc) así como los bruñidos, engobes y esmaltados.

Siguiendo las riberas del Miño y el Sil queda noticia de alfarería femenina en localidades como Ramiranes, Santo Tomé, Lovios, Portomourisco y O Xeixo, si bien el núcleo de participación más importante en Galicia se desarrolló en Gundivós (Lugo), en tierras de la Ribera Sacra, con fuertes referencias a la actividad paralelamente existente en el Norte de Portugal.

En Asturias se conservan variada documentación, materiales y memoria viva de localidades alfareras como San Miguel de Ceceda, Lamas de Mouro, Miranda o Faro, como núcleos con mayor peso de la presencia de la mujer tanto en la producción de enseres como de su distribución y venta (las populares "cacharreiras"). De los estudiosos que mayor esfuerzo han aportado en este capítulo destaca quizá José Manuel Feito, recopilador además de un interesante legado en su museo de cerámica negra.

Foco manchego Ya en la marca de la meseta inferior, la participación de la mujer en la alfarería manchega ha estado tradicionalmente ligada a las localidades de Mota del Cuervo (Cuenca), de Villarobledo (Albacete) y de varios focos en la provincia de Ciudad Real, como La Solana, pueblo en el que hasta la década de 1940 el gremio de "tenajeras" (o "barreras") ocupaba la calle del Barro en el arrabal del Santo.Quizá interese reseñar la actividad no solo artesana sino de conservación y difusión que en el ámbito manchego realizan alfareras como Gracia Arias, maestra artesana nacida en Puertollano y miembro de la Asociación Nacional de Ceramología desde 1991, con alfar y escuela establecidos en Argamasilla de Calatrava.

En este entorno geográfico podría incluirse el núcleo mixto de un gran centro de producción con excelentes "barreras" de arcilla y un gran mercado, por su vecindad con la ciudad de Madrid. Hoy casi desaparecido, las referencias históricas y algunos estudios recientes destacan el foco de alfareros y alfareras de Alcorcón (Madrid).

Foco canario miniatura|Foto del Archivo Histórico en la muestra del Centro Locero "La Atalaya", en Gran Canaria, donde se aprecia la actividad gremial-familiar de las loceras canarias. En el conjunto del archipiélago Canario se han conservado hasta finales del al menos dieciséis importantes focos alfareros, de cacharrería básica de uso doméstico, cuya producción en las diferentes islas fue exclusiva de las "loceras". Aunque tardía, existe abundante documentación sobre su actividad y características, aunque todavía no ha sido unificada ni normatizada con rigor etnográfico. El mejor legado documental se conserva quizá en los distintos centros loceros, ecomuseos y casas-alfar recuperados y protegidos por los distintos cabildos.

Una relación básica de los focos loceros canarios miniatura|Monumento a la locera majorera en Betancuria. En Gran Canaria, destacan los núcleos trogloditas del barrio de la Atalaya de Santa Brígida, las cuevas de Hoya de Pineda (en Santa María de Guía y Gáldar, propiedad de La Fundación Néstor Álamo), Tunte (Santa Bartolomé de Tirajana) y Lugarejos (Artenara). En Tenerife, además de La Victoria de Acentejo, hay que anotar los alfares de Arguayo y La Guancha. En la isla de La Gomera, además de las loceras de El Cercado, uno de los centros de mayor tradición en las Islas Canarias, la historiadora y etnógrafa Natacha Seseña citaba en 1997, como extinguidos, otros seis: Alajeró, Arure, Benchijigua, El Gato, Erque y La Fortaleza. En Fuerteventura, la isla con mayor desarrollo de la alfarería trashumante (junto con La Palma), han quedado los centros del Valle de Santa Inés (Betancuria) y Tindaya. En la isla de San Miguel de La Palma, con una riqueza arqueológica de alfarería negra heredera de la cerámica aborigen canaria, también conocida como cerámica auarita, conservaba activas en 1914 ocho loceras, según estudio del investigador Lorenzo Perera.Manuel J. Lorenzo Perera: Las loceras. Estudio de alfarería popular de la isla de San Miguel de la Palma (1975). Concurso de Investigación Histórica Juan Bautista Lorenzo Rodríguez. Santa Cruz de la Palma. En Lanzarote, además de la actividad en el importante centro de "El Mojón" en Teguise, pueden citarse los alfares de Muñique y Arrecife.

En el capítulo testimonial, el grado de identidad cultural alcanzado por las loceras canarias ha supuesto, además de su legado etnográfico-histórico, el reconocimiento de un pueblo que, por afirmación autonómica, ha llevado a homenajear a aquellas mujeres de las centurias XIX y XX (en su mayoría analfabetas) cuyos nombres pueden leerse en el tanto bautizando centros y escuelas, o reunidas y representadas en la escultura anónima de una corporación artesana, presentes en ciudades y caminos de la mayoría de las islas del archipiélago.

Señas de identidad de las alfareras españolas La doctora Yepes Sanchidrián propone algunas "Características generales de la alfarería femenina en España", que de manera resumida vendría a enunciarse así: La mujer hace la manufactura, preparación y modelado de las piezas. El hombre extrae las arcillas, dirige la 'cochura' y se encarga de la venta y distribución. La mujer trabaja con tornos muy primitivos, con técnicas primitivas de urdido y por lo general sentada en el suelo, de rodillas o en cuclillas. La producción 'femenina' es elemental: lo básico y más funcional para uso doméstico, en su mayoría vasijas. Usan hornos comunales de muy diversa tipología: en zanjas al aire libre cubiertas por la leña y cerámica vieja o lajas de piedra, y desde primitivos hornos excavados (Pereruela) hasta hornos de doble cámara y chimenea (Mota del Cuervo). Las alfareras, ajenas por lo general a una dedicación exclusiva e integradas en la economía tradicional doméstica, suelen limitar su producción a determinados periodos del año, y en ocasiones sujeta a supersticiones y ritos. A diferencia de los alfares de organización y estructura gremial sostenidos por los hombres, con maestros, aprendices, etc., la mujer no dispone de un obrador o taller, y su producción se realiza al aire libre (a la puerta de sus viviendas, bajo los hórreos, en patios y corrales).

Alfarería ‘para’ la mujer

De especial valor etnográfico en la historia de la cerámica en España, es el conjunto de piezas fabricadas de manera específica para la mujer, y su carga de simbolismo antropológico. Un tesoro relacionado con el ciclo vital de la mujer, que comprende objetos de barro, atávicos, íntimos e intransferibles, hasta el punto de que en algunos casos ni siquiera se podían mostrar. Piezas simbólicas o emblemáticas que marcaban los periodos vitales de la hembra, su infancia, su incorporación a las labores domésticas o a la escuela, el noviazgo y la boda, el embarazo y el parto.