John Ponsonby Conroy (1786-1854) fue un oficial del ejército británico que ejerció como administrador de la duquesa de Kent y su hija, la futura reina Victoria del Reino Unido.
Conroy nació en Gales de padres irlandeses, y tras ir escalando puestos en el mundo militar, se convirtió en caballerizo del príncipe Eduardo de Kent en 1817. Eduardo murió dos años después, dejando viuda y una hija de corta edad. Al convertirse en administrador de la casa de la duquesa de Kent durante los siguientes 19 años, Conroy también actuó como confidente y agente político, entre otras funciones. Junto con la duquesa diseñó el sistema Kensington, un elaborado y estricto sistema de reglas para la educación de la joven Victoria, encaminadas a hacerla débil y dependiente de ellos, con lo que ambos esperaban ejercer un gran poder a través de la joven.
La princesa Victoria terminó odiando a Conroy a causa de este opresivo sistema, y también se hizo muy impopular entre la familia real británica. Sus esfuerzos por colocar a la duquesa en el papel de regente fracasaron, y Victoria ascendió al trono al llegar a la mayoría de edad en 1837. Conroy fue inmediatamente expulsado de la casa de Victoria, aunque siguió al servicio de la duquesa de Kent durante varios años más. Tras concedérsele una pensión y el nombramiento de baronet, Conroy se retiró a su hacienda cerca de Reading (Berkshire) en 1842 y murió considerablemente endeudado doce años después.
Con diferentes grados de opiniones positivas y negativas, los historiadores se refieren a Conroy como una persona de fuerte ambición. Durante su vida e incluso tras su muerte, circularon rumores de que era el amante de la duquesa de Kent. La reina Victoria quedó consternada al enterarse, declarando que su madre debería haberlo evitado por decoro.
Infancia y juventud Conroy nació el 21 de octubre de 1786 en Maes-y-castell, Caerhun (Caernarvonshire, Gales). Fue uno de los seis hijos de John Ponsonby Conroy y Margaret Wilson, ambos irlandeses. Su padre era abogado, y el joven Conroy recibió una educación privada en Dublín. El 8 de septiembre de 1803 fue nombrado subteniente de la Artillería Real y el 12 de septiembre fue ascendido a teniente. En 1805, Conroy se matriculó en la Real Academia Militar de Woolwich. Hizo carrera durante las Guerras Napoleónicas, aunque su capacidad para evitar las batallas le recabó el desprecio de otros oficiales. Conroy no participó en la Guerra de la Independencia Española ni en la campaña de Waterloo.
Su matrimonio con Elizabeth Fisher, el 26 de diciembre de 1808 en Dublín, le facilitó el ascenso en la jerarquía militar, aunque no tan rápidamente como Conroy creía merecer. Elizabeth era hija del coronel Benjamin Fisher, junto al que Conroy sirvió en Irlanda e Inglaterra mientras ejercía diversas funciones administrativas. El 13 de marzo de 1811 obtuvo el grado de capitán y fue nombrado asistente del Cuerpo de Artilleros el 11 de marzo de 1817.
El matrimonio tuvo seis hijos:
Sir Edward Conroy, II baronet (1809–1869), casó con lady Alice Parsons, hija de Laurence Parsons, II conde de Rosse. Fueron los padres del químico analítico John Conroy. Elizabeth Jane Conroy (1811–1855) Arthur Benjamin Conroy (1813–1817) Stephen Rowley Conroy (1815–1841) Henry George Conroy (1817–1890) Victoria Maria Louisa Conroy (1819–1866)
Trabajo con los duques de Kent miniatura|derecha|La relación de Conroy con la duquesa de Kent (en el retrato) estuvo cuajada de rumores de que eran amantes. Por medio de John Fisher, tío de su mujer, el duque de Kent, hijo de Jorge III conoció a Conroy, que fue nombrado caballerizo en 1817, poco antes de la boda del duque con la princesa Victoria de Sajonia-Coburgo-Saalfeld. Organizador eficiente, la planificación de Conroy aseguró la precipitada vuelta de los duques a Inglaterra a tiempo para el nacimiento de su hija. Alejandrina Victoria, la futura reina Victoria del Reino Unido.
Aunque Eduardo de Kent había prometido a Conroy avances en su carrera, seguía siendo capitán cuando el duque murió en 1820. No obstante, fue nombrado albacea testamentario del duque, aunque no consiguió persuadir al moribundo de que lo nombrara tutor de Victoria. Consciente de su urgente necesidad de encontrar otra fuente de ingresos, Conroy ofreció sus servicios como auditor a la duquesa viuda y a su hija. La lengua nativa de Conroy era de gran utilidad para la duquesa, que no hablaba inglés fluido. En 1822, Conroy se retiró del servicio militar activo.
El sistema Kensington
Puesto que se encontraban juntos en un entorno hostil, la relación de Conroy con la duquesa fue muy estrecha, actuando él como administrador y secretario privado durante los siguientes 19 años, además de ejercer oficiosamente como relaciones públicas, consejero, confidente y agente político. No está claro cuál de los dos tuvo mayor responsabilidad en la elaboración del sistema Kensington, creado para dirigir la educación de la joven Victoria. Este conjunto de normas regulaba todas y cada una de las facetas de la vida de la princesa, manteniéndola prácticamente aislada, con el objetivo de debilitarla y hacerla dependiente de su madre y de Conroy. Su intención era colocar a la duquesa de regente tras la subida al trono de Victoria, previsiblemente siendo muy joven, y que Conroy fuera nombrado secretario privado de la reina y se le concediera un título nobiliario. Consciente de las razones por las que el rey Jorge IV era tan impopular, Conroy promovió una imagen pública de la duquesa como mujer de gran modestia, pureza y decoro, mientras acrecentaba su paranoia contra la familia real británica, y en particular contra el duque de Cumberland.
La princesa Victoria no tardó en aborrecer a Conroy, que la intimidaba e insultaba, burlándose de sus frugales costumbres. Ciertos historiadores han conjeturado que el arrogante comportamiento de Conroy hacia Victoria podría haber surgido de su sospecha de que su esposa, Elizabeth, era hija ilegítima del duque de Kent. Aunque este rumor fue desmentido, la gran ambición de Conroy procedería de su convencimiento de estar relacionado con la aristocracia. Conroy también creía descender de la monarquía de Irlanda, lo que alimentaba aún más su ambición. Fueran cuales fueran sus delirios de grandeza, Conroy pertenecía a la clase media y dejó claro el creciente poder de este grupo en la sociedad británica.
Conroy aisló de forma muy efectiva a Victoria de cualquiera que no fueran sus familiares más próximos, y le prohibió estrechar lazos con otros parientes. El aislamiento forzoso significó que los únicos compañeros de su edad a los que frecuentó fueron las hijas de Conroy, entre ellas Victoria Conroy, unos meses mayor que la propia princesa. La niña dependía de su institutriz Louise Lehzen, que la defendía de las maquinaciones de Conroy. Al ir creciendo, Conroy y la duquesa intentaron echar a Lehzen en varias ocasiones, o al menos reducir su influencia, aunque sin éxito, ya que la relación de la princesa y su institutriz se hizo aún más estrecha, como evidencian sus diarios.
Al principio de su estancia en el palacio de Kensington, Conroy se esforzó en estrechar lazos con la princesa Sofía, hermana de Jorge IV, que también residía en el palacio. Descrita por Christopher Hibbert como «una mujer impresionable y mentalmente inestable», Conroy tuvo pocas dificultades en persuadirla de que le dejara controlar sus finanzas. A cambio de introducir a Sofía en el círculo social de la duquesa, la princesa informaba a Conroy de lo que sucedía en el palacio de St. James y en el de Kensington cuando él se encontraba ausente.
Victoria, heredera presuntiva izquierda|miniatura|La princesa Victoria en 1833. Creció bajo el opresivo sistema Kensington, ideado por su madre y Conroy. En 1827 murió el duque de York, convirtiendo al duque de Clarence en heredero presuntivo, con lo que Victoria quedó en el segundo puesto de la línea sucesoria. Conroy se quejó de que la princesa no debía estar rodeada de plebeyos, induciendo al rey Jorge IV a nombrarlo caballero de la Orden Real Güélfica. La duquesa y Conroy siguieron siendo impopulares entre la familia real –el duque de Clarence se refería a Conroy como el «rey John»–, y en 1829, el duque de Cumberland propagó el rumor de que eran amantes con la intención de desacreditarlos, al tiempo que la duquesa de Clarence escribía a la duquesa de Kent para advertirle de que se estaba aislando demasiado de la familia real y aconsejarle que no cediera demasiado poder a Conroy.
El duque de Clarence se convirtió en el rey Guillermo IV en 1830, con lo que Conroy se sintió muy seguro en su puesto. La duquesa impidió a Victoria asistir a la coronación de Guillermo por un desacuerdo sobre la precedencia, decisión que el duque de Wellington atribuyó a Conroy. Para entonces, Victoria ya tenía claro que era la sucesora al trono. Los nuevos reyes intentaron conseguir la custodia de su sobrina, pero Conroy alegó que Victoria no debía «mancharse» del ambiente moral de la corte. Conroy reforzó la idea de que madre e hija no debían separarse, y siguió promoviendo la virtud de la duquesa para mostrarla como una regente adecuada.
Tanto detestaba el rey Guillermo a la duquesa y a Conroy que juró esperar a la mayoría de edad de Victoria para morir, simplemente para evitar una regencia. En 1831, el año de la coronación de Guillermo, Conroy y la duquesa emprendieron una serie de viajes reales con Victoria para exhibirla ante la gente y reforzar su posición como regentes potenciales. En uno de ellos, la Universidad de Oxford le concedió un doctorado honorario a Conroy. Los esfuerzos de ambos terminaron por tener éxito, y en noviembre de 1831, la duquesa fue nombrada regente única en caso de que Victoria accediera al trono durante su minoría de edad, mientras que Conroy podía considerarse el más cercano consejero de la duquesa y su hija.
Conscientes de la creciente improbabilidad de una regencia, Conroy y la duquesa comenzaron a atribuir públicamente a Victoria una imagen de chica «simple, frívola y tonta» necesitada de orientación. Al tiempo que incrementaban su acoso a la princesa, apuntaban implícitamente que Victoria deseaba una regencia incluso aunque fuera mayor de edad cuando accediera al trono. Se prohibió a la joven estar a solas con su querida institutriz Lehzen, debían acompañarla la dama de la duquesa, lady Flora Hastings, o una de las hermanas de Conroy, nombradas damas de compañía.
En 1835, Victoria enfermó gravemente de fiebre tifoidea en el último de los viajes reales. Aprovechándose de su debilidad, la duquesa y Conroy intentaron infructuosamente forzarla a firmar un documento en el que nombraba a Conroy secretario personal a partir del momento en que fuera reina. Victoria salió del incidente más determinada que nunca a ser independiente. Su creciente intransigencia alarmó a la duquesa, que encargó al barón Stockmar, consejero de la familia, que investigase, y este recomendó a la duquesa que prescindiera de Conroy e hiciera las paces con su hija. Pero a Conroy no le costó nada convencer a la duquesa de que ignorase los consejos de Stockmar. Incluso después del 18.° cumpleaños de Victoria, el 24 de mayo de 1837, Conroy siguió presionándola para que lo nombrase secretario privado o reconociera la necesidad de tener una regencia hasta cumplir 21 años.
Victoria en el poder miniatura|derecha|La ascensión de Victoria al trono en 1837 provocó la expulsión de Conroy de la casa de la reina