miniaturadeimagen|Fray Diego de Landa, responsable de la quema de códices e imágenes religiosas mayas en el auto de fe de Maní (1562); detalle de los frescos de Fernando Castro Pacheco en el Palacio de Gobierno de Mérida (Yucatán).

El genocidio de pueblos indígenas, también llamado genocidio colonial o genocidio de colonos, es la destrucción de comunidades enteras de pueblos indígenas —entendidos como las minorías étnicas cuyo territorio ha sido ocupado por la expansión colonial o incorporado a un Estado por un grupo dominante— como parte de un proceso colonialista. Según el historiador Patrick Wolfe, el genocidio de la población nativa resulta especialmente probable en los casos de colonialismo de poblamiento, hasta el punto de que algunos especialistas lo consideran intrínsecamente genocida.

Aunque el concepto de genocidio fue formulado por primera vez por Raphael Lemkin a mediados del siglo , la expansión de las potencias coloniales de Europa occidental —como los imperios británico y español— y el posterior establecimiento de colonias en territorios indígenas implicaron con frecuencia actos de violencia genocida contra grupos indígenas de América, Australia, África y Asia. Para el propio Lemkin, la colonización era en sí misma intrínsecamente genocida. La concebía como un proceso de dos etapas: en la primera se destruía la forma de vida de la población indígena y, en la segunda, los recién llegados imponían la suya.

Algunas de las campañas de exterminio de poblaciones nativas más mortíferas de la historia fueron perpetradas por los imperios coloniales europeos contra los pueblos indígenas de América. Entre finales del siglo y finales del siglo , la población indígena del continente se redujo de unos 145 millones a menos de 15 millones; se calcula que, durante ese periodo, al menos 130 millones de indígenas murieron a causa de masacres, violaciones masivas, hambrunas forzadas, guerras, esclavitud y las epidemias asociadas a la colonización europea. Según el antropólogo David Maybury-Lewis, el genocidio de carácter imperial o colonial adopta dos formas principales: la limpieza deliberada de un territorio para despojarlo de sus habitantes originarios y hacerlo explotable —con fines de extracción de recursos o de asentamiento de colonos— o el reclutamiento de los pueblos indígenas como mano de obra forzada en proyectos coloniales o imperiales. La calificación de hechos concretos como genocidio suele ser objeto de controversia.

Algunos estudiosos, entre ellos el propio Lemkin, sostienen que también debe reconocerse el genocidio cultural —a veces denominado etnocidio—: un grupo étnico puede sobrevivir físicamente y, aun así, ser víctima de genocidio si se le impide perpetuar su identidad colectiva mediante la prohibición de las prácticas culturales y religiosas que la sustentan.

Debate sobre el genocidio

Determinar si un hecho histórico debe considerarse un genocidio es objeto de debate entre los especialistas. Entre los puntos en disputa figuran qué constituye la intención genocida y si la destrucción cultural (a veces denominada genocidio cultural o «limpieza étnica») equivale a un genocidio.

La calificación de hechos concretos como genocidas resulta a menudo controversial. Lemkin pretendía en un principio una definición amplia que abarcara la violencia colonial, pero, para lograr la aprobación de la Convención sobre el Genocidio de 1948, la restringió a la destrucción física y biológica —por oposición al genocidio cultural— y añadió el requisito de la intención genocida. Aunque algunos estudiosos emplean la definición de la Convención sobre el Genocidio, otros la han criticado por considerarla una norma muy deficiente, debido a su excesivo énfasis en la intención, a la imprecisión de la expresión «destrucción total o parcial» y a la estrecha exclusividad de los grupos protegidos, factores que reducen su aplicabilidad a la violencia antiindígena.

Algunos estudiosos definen el genocidio de manera restringida, de modo que exige la intención de eliminar a todo un grupo de personas. Sin esa intención genocida, una persona o un grupo puede cometer «crímenes contra la humanidad» o «limpieza étnica», pero no un genocidio. Steven Katz define el genocidio en el contexto del Holocausto y sostiene que requiere la eliminación física completa de un grupo. En su opinión, esto distingue el Holocausto de otros episodios de violencia contra grupos, incluido el genocidio de los pueblos indígenas.

Concepciones más amplias del genocidio

Según el antropólogo David Maybury-Lewis, el genocidio de carácter imperial o colonial suele adoptar dos formas principales: la limpieza deliberada de un territorio para despojarlo de sus habitantes originarios y hacerlo explotable —con fines de extracción de recursos o de asentamiento de colonos— o el reclutamiento de los pueblos indígenas como mano de obra forzada en proyectos coloniales o imperiales.

Los estudiosos centrados en los genocidios de pueblos indígenas critican la idea de que el Holocausto constituya un caso único, pues sostienen que esa visión resta importancia a los genocidios indígenas —a menudo vistos como menores o primitivos— y refuerza el eurocentrismo. Consideran que tal comparación menoscaba la posición moral de los supervivientes indígenas frente a la de los supervivientes judíos. Existen distintas maneras de entender el genocidio: los autores de orientación liberal se centran en la intención, mientras que los posliberales atienden a factores estructurales más amplios. Algunos estudiosos y especialistas en genocidio recurren a definiciones más amplias, como la de Lemkin, que considera intrínsecamente genocida la violencia colonial contra los pueblos indígenas.

Para Lemkin, el genocidio abarcaba todos los intentos de destruir un grupo étnico concreto, ya fueran estrictamente físicos —mediante asesinatos en masa— o estrictamente culturales o psicológicos —mediante la opresión y la destrucción de las formas de vida indígenas—.

Un grupo humano puede sobrevivir físicamente y, aun así, ser víctima de genocidio: cuando se le impide perpetuar su identidad colectiva al prohibírsele las prácticas culturales y religiosas que la sustentan, esa destrucción también puede entenderse como genocida. Como ejemplos se citan el trato dado a los tibetanos y a los uigures por el Gobierno de China, el trato dado a los indígenas por el Gobierno de los Estados Unidos y el trato dado a los pueblos de las Primeras Naciones por el Gobierno de Canadá. Algunos estudiosos actuales defienden que la asimilación forzosa se considere genocidio, como en los casos de asistencia forzada o coaccionada a las escuelas residenciales para indígenas de Canadá.

El concepto de genocidio fue acuñado en 1944 por Raphael Lemkin, quien lo definió como la destrucción de una nación o de un grupo étnico. Según su formulación, el genocidio rara vez supone la destrucción inmediata de una nación; salvo cuando se ejecuta mediante el asesinato en masa de todos sus miembros, consiste más bien en un plan coordinado de acciones dirigidas a socavar los fundamentos de la vida del grupo: sus instituciones políticas y sociales, su cultura, su lengua, sus sentimientos nacionales, su religión y su economía, así como la seguridad, la libertad, la salud, la dignidad y la vida de quienes lo integran.

Lemkin describió el genocidio como un proceso de dos fases: primero, la destrucción del patrón nacional del grupo oprimido, y después, la imposición del patrón nacional del opresor, ya fuera sobre la población sometida a la que se permitía permanecer o sobre el territorio una vez eliminada esa población y colonizada la zona por los nacionales del opresor. Algunos estudiosos del genocidio separan las disminuciones de población de los pueblos indígenas debidas a las enfermedades de la agresión genocida de un grupo hacia otro. Para algunos investigadores, la intención no es indispensable: el genocidio puede surgir como resultado acumulado de conflictos menores en los que colonos, agentes coloniales o estatales perpetran actos violentos contra grupos minoritarios. Otros, en cambio, sostienen que las graves consecuencias de las enfermedades europeas entre muchas poblaciones del Nuevo Mundo se vieron agravadas por distintas formas de violencia genocida, y que las muertes intencionadas y las no intencionadas no pueden separarse con facilidad. Para otros, la colonización de América constituyó en sí misma un genocidio: se llevó a cabo, en buena medida, explotando, desplazando y destruyendo de forma sistemática a determinados grupos étnicos, lo que generó las condiciones idóneas para que tales enfermedades se propagaran.

Según un estudio de 2020 de Tai S. Edwards y Paul Kelton, las investigaciones recientes sostienen que los colonizadores fueron responsables de crear las condiciones que hicieron a los nativos más vulnerables a la infección, elevaron la mortalidad y dificultaron la recuperación demográfica, y que esa responsabilidad se entrelazó con formas más intencionadas y directas de violencia; concluyen que «los gérmenes ya no pueden servir de base para negar los genocidios americanos».

Otros estudiosos han señalado que el descenso de la población no puede explicarse solo por las enfermedades. Los factores de mortalidad derivados del desplazamiento, la guerra, la esclavitud y la hambruna desempeñaron un papel importante.

El etnocidio es un término también creado por Lemkin en 1944 para describir la destrucción de la cultura de un pueblo. Lemkin no veía una distinción clara entre etnocidio y genocidio, pues ambos se referían a la persecución de grupos.

Definición de genocidio de las Naciones Unidas

La definición de las Naciones Unidas de 1948, empleada en el derecho internacional, es más restringida que la de Lemkin. Lemkin apoyaba la inclusión del genocidio cultural en la Convención sobre el Genocidio para proteger a los grupos vinculados a su cultura. El término se excluyó de la Convención sobre el Genocidio debido a las objeciones de Estados colonizadores como Australia, Canadá, Suecia, el Reino Unido y los Estados Unidos. Un borrador de la Secretaría de la ONU incluía una definición de genocidio cultural que abarcaba los actos destinados a destruir la lengua, la religión o la cultura de un grupo. La versión final del artículo 2 de la Convención sobre el Genocidio no mencionó el genocidio cultural, sino que incluyó el «traslado forzoso de niños de un grupo a otro» como acto punible.

Según la ONU, para que un acto se clasifique como genocidio es esencial demostrar que los autores tenían la intención específica de destruir físicamente al grupo, en todo o en parte, por su nacionalidad, etnia, raza o religión, reales o percibidas. La intención de destruir la cultura del grupo o de dispersarlo no basta. Los cinco actos siguientes constituyen el elemento material del delito:Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, artículo 2.

a) «Matanza de miembros del grupo».

b) «Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo».

c) «Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial».

d) «Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo».

e) «Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo».

La definición de genocidio de las Naciones Unidas no abarca con suficiente amplitud todo lo que un genocidio implica, sobre todo en el caso de los pueblos indígenas. Según las metafísicas indígenas, la destrucción de animales no humanos, de la tierra, del agua y de otros seres no humanos constituye también una forma de genocidio.

Definición de «pueblos indígenas» y alcance del concepto