Egidio "Gil" Boccanegra (Génova, ? - Sevilla, septiembre de 1367), llamado Barbanegra, fue un corsario genovés que luchó bajo pabellón francés en la batalla de Sluys y que después fue Almirante de Castilla bajo los reinados de Alfonso XI y Pedro I. Además era hermano de Simón Boccanegra, primer dux de Génova.

Por sus servicios a Alfonso XI durante el Sitio de Algeciras, Egidio consiguió varias posesiones y villas, por lo que se asentó en Castilla.

En 1367 apoyó a Enrique de Trastámara, por lo que fue capturado y ejecutado por Pedro I. Su hijo Ambrosio Bocanegra le sucedió en el cargo de Almirante de Castilla.

Biografía Egidio Boccanegra nació en una rica familia burguesa que descendía del magistrado genovés (nombrado en 1257) Guillermo Boccanegra, abogado y militar naval que inauguró el cargo de capitán del pueblo.

thumb|left|150px|Simón Boccanegra, primer Dux de Génova y hermano de Egidio.

Su hermano, Simón Boccanegra, fue el primer Dux de Génova. Consiguió logros importantes como la conquista de la isla de Quíos y la victoria sobre los tártaros que sitiaban Caffa. Simón se convirtió en un personaje muy recordado, siendo el protagonista de la novela de Antonio García Gutiérrez Simón Boccanegra y de la ópera homónima de Giuseppe Verdi.

Al servicio de Francia

En 1340, Egidio fue contratado por el rey Felipe VI de Francia para colaborar en la lucha que se avecinaba contra una enorme flota inglesa al mando de Eduardo III.

thumb|right|200px| Felipe VI de Francia

Egidio Boccanegra se puso al mando de tres galeras y se unió a una armada de alrededor de 200 naves.

La batalla de Sluys

Los franceses habían decidido adoptar una estrategia defensiva, bloqueando el acceso de la flota inglesa a la costa flamenca. Mientras tanto, la flota inglesa, con Eduardo III a la cabeza, zarpó el 22 de junio de 1340. Al parecer no esperaban encontrarse a la fuerza francesa en la desembocadura del río Zwyn, pero ya no les quedaba otra opción que atacar.

La flota francesa estaba bajo el mando del Almirante Hugo Quiéret y el Condestable Nicolas Béchuchat, quienes no tenían mucha confianza en la capacidad de combate de sus barcos, por lo que decidieron encadenar los barcos entre sí en tres líneas para bloquear el acceso al estuario.

thumb|left|Representación de la Batalla de Sluys

Egidio avisó del peligro de permanecer en un espacio tan estrecho, sin capacidad de maniobra y con el viento soplando hacia tierra adentro, pero Quiéret y Béchuchat hicieron oídos sordos de sus advertencias.

El 24 de junio de 1340 tuvo lugar la batalla naval de Sluys, donde la flota inglesa consiguió una rotunda victoria. Los ingleses no tuvieron misericordia y pasaron a cuchillo a todas las tripulaciones que capturaron. En la batalla de Sluys murieron entre 16 000 y 18 000 soldados franceses, incluyendo Nicolas Béchuchat, quien murió en combate, y Hugo Quiéret, quien fue capturado y poco después ahorcado en el mástil de su propio barco al conocer Eduardo III que él era el responsable de los ataques que se habían llevado a cabo contra el sur de Inglaterra.

thumb|right|200px| Eduardo III de Inglaterra

Egidio Boccanegra fue de los pocos capitanes que consiguió que sus navíos escaparan de Sluys, llevándose consigo dos barcos ingleses que había logrado capturar.

Al servicio de Castilla

El 4 de abril de 1340, en las cercanías de Algeciras, tuvo lugar la batalla de Getares, en la que la flota castellana fue destruida por la flota benimerín, encontrando allí la muerte el Almirante Alonso Jofre Tenorio.

Las consecuencias de la derrota fueron devastadoras para la marina castellana, ya que Castilla perdió gran parte de sus recursos navales. Alfonso XI necesitaba reconstruir su armada y para ello recurrió a la ayuda exterior.

Además de ordenar a las atarazanas sevillanas la construcción de nuevas galeras, en sustitución de las hundidas o capturadas por los musulmanes, el Rey de Castilla encargó a su mujer, María de Portugal, hija de Alfonso IV de Portugal, escribir a su padre rogándole el envío de ayuda.

Alfonso XI también escribió a Pedro IV de Aragón, al que solicitó el alquiler de 12 galeras para un servicio de tres meses. Éste ordenó zarpar inmediatamente en ayuda de Alfonso, al mando del Almirante Pedro de Moncada y del Vicealmirante Galcerán Marquet.

thumb|left|200px|Alfonso XI de Castilla

Alfonso XI también solicitó ayuda a la República de Génova y al Dux de Génova, Simón Boccanegra. El Duque accedió a enviarle doce galeras comandadas por su hermano, Egidio Boccanegra, a quien Alfonso nombraría Almirante. Alfonso tendría que pagar 800 florines de oro mensuales por cada galera, excepto la galera almiranta, que percibiría 1500 y, además, todo el bizcocho que necesitaran.

Mientras llegaban los buques solicitados a Portugal, Aragón y Génova, Alfonso XI entregó el mando de los restos de la flota, 15 galeras y 12 naos, al Prior de la Orden de San Juan en Castilla, Alfonso Ortiz de Calderón, que no fue designado Almirante sino Mayoral.

Egidio Boccanegra llegó a Castilla en agosto de 1341, casi un año después de la victoria castellana en la batalla del Salado, cuando el Rey acababa de conquistar Alcalá la Real. El nuevo almirante esperaba con sus naves en Sevilla, donde recibió la orden de iniciar de inmediato la guarda del estrecho de Gibraltar para impedir el tránsito de naves musulmanas.

A comienzos de 1342, Alfonso XI convocó a Cortes en Burgos para recaudar dinero con el objetivo de conquistar Algeciras. Antes de marchar hacia el Sur resultaba imprescindible que la flota castellana dominara las aguas del Estrecho.

La batalla de Bullones

Al comienzo de la primera semana de mayo de 1342, Egidio Boccanegra notificó al rey Alfonso XI que Abu ul-Hassan Alí, conjuntamente con Yúsuf I de Granada, había reunido hasta ochenta galeras y otros navíos de guerra. La intención musulmana no podía ser otra que la de enfrentarse directamente a la armada cristiana, que estaba fondeada en la bahía de Getares, cerca de Algeciras. Esta flota se estaba reuniendo en el puerto de Bullones, al oeste de Ceuta.

thumb|right|250px| Galera musulmana

Egidio Boccanegra actuó con rapidez y, al mando de diez galeras, se enfrentó contra doce galeras musulmanas, hasta que las tripulaciones de estas saltaron a tierra perseguidos por los castellanos. Cuatro galeras benimerines fueron incendiadas, dos anegadas y las seis restantes fueron capturadas.

Tras el combate, la flota cristiana regresó a Getares para contribuir en el cerco de Algeciras.

Alfonso XI, a pesar de la victoria, no dejaba de desconfiar de las fuerzas de Abu ul-Hassan Alí y quiso fortalecer todavía más su armada, para lo que envió a uno de sus tesoreros a Sevilla para que en sus atarazanas se armasen las galeras que allí se encontraban y cuanto antes se las enviase al almirante.

Batalla de Guadalmesí

Después de lograr la victoria en la batalla de Bullones, Egidio Boccanegra vio incrementada su flotilla con la llegada de las galeras portuguesas, comandadas por Carlos Pessanha. thumb|left|250px|Nao cristiana

La flota castellano-portuguesa se encontraba en el río Barbate, algo que Abu ul-Hassan Alí intentó aprovechar para que su flota pudiese cruzar el Estrecho de Gibraltar y dirigirse a Algeciras. Sin embargo, cuando la flota castellano-portuguesa vio partir a la armada meriní salió tras ella y la pudo cercar en la desembocadura del río Guadalmesí.

Egidio Boccanegra mandó un mensaje a Alfonso XI haciéndole ver que si se produjese un ataque combinado por tierra y mar se podría quemar y anegar a toda la flota benimerín. Enterados en Algeciras de la delicada situación, enviaron fuerzas terrestres que protegiesen por la retaguardia a los barcos musulmanes.

Alfonso XI pudo reunir con rapidez un ejército con las milicias de los concejos de Córdoba, Écija y Carmona y con las fuerzas de las órdenes religiosas de Santiago, Calatrava y Alcántara, además de la nobleza.

Para lograr romper el cerco castellano, los benimerines enviaron trece galeras que estaban en Algeciras. Boccanegra mandó contra ellas diez de sus galeras y tras un fuerte enfrentamiento resultaron victoriosos los castellanos.

Siete de las embarcaciones musulmanas resultaron destruidas, otras cuatro fueron anegadas y otras dos galeras fueron apresadas por los castellanos.

Los almirantes benimerines decidieron que debían romper el cerco castellano-portugués para dirigirse hacia Algeciras, por lo que atacaron a la flota cristiana para enviarla a alta mar. Sin embargo, la flota castellano-portugués no retrocedió, sino que se lanzó a la batalla, destruyendo seis galeras benimerines.

Por culpa del empuje castellano, tres galeras quedaron embarrancadas en la orilla, siendo atacadas por los benimerines de las galeras cercanas y por los que se encontraban en tierra. El resto de la flota castellano-portuguesa intentó defender a estos barcos, pero otras dos naves sufrieron el mismo contratiempo.

El combate en estas galeras se prolongó hasta que la marea subió y las galeras pudieron salir a alta mar, a excepción de una, que tuvo que ser incendiada.

Después de estos acontecimientos, los almirantes benimerines arremetieron a donde estaban Boccanegra y Pessanha.

La batalla de Guadalmesí (27 de mayo de 1342) terminó con una victoria castellano-portuguesa. Los almirantes benimerines murieron y fueron tomados sus estandartes. Las pocas galeras benimerines que escaparon huyeron directamente a Ceuta. thumb|right|250px|Batalla naval entre cristianos y musulmanes

Por la parte castellana, sólo se perdieron las tres naves que encallaron en la costa. Nada más finalizar el combate, los almirantes de Castilla y de Portugal, con sus respectivas flotas y con los barcos que habían capturado, volvieron a Getares, donde solían estar, para seguir bloqueando a Algeciras.

El asedio de Algeciras

Las consecuencias de la batalla de Guadalmesí fueron importantes, todavía más si se tiene en cuenta que, el 31 de mayo de 1342, el Almirante de Aragón, Pedro de Moncada, se encontró con trece galeras musulmanas, que venían de Marruecos, a la altura de la población de Estepona. Enfrentadas las dos fuerzas navales, encontraron los musulmanes la derrota. La batalla de Estepona terminó con cuatro galeras benimerines destruidas y dos encalladas en tierra cerca de Estepona. El resto de las galeras benimerines se refugiaron en el puerto de Vélez.

La situación en el Estrecho favorecía los intereses castellanos, que se centraban en la conquista de Algeciras, el puerto por donde podían entrar nuevas invasiones norteafricanas. La única baja importante fue la de la flota portuguesa de Carlos Pessanha, que decidió regresar con sus naves a Portugal después de la batalla de Guadamesí.

Alfonso XI llegó a Getares en los primeros días del mes de julio de 1342 para conocer el estado de la flota castellana y se entrevistó con Egidio Boccanegra, quien le comunicó que Algeciras se encontraba muy desabastecida porque las galeras que habían sido derrotadas en la batalla de Estepona iban cargadas de trigo con destino a Algeciras.

La flota benimerín había perdido hasta ese momento 57 galeras de las 80 que habían reunido para operar en el verano de 1342. Bastantes de estas galeras fueron a parar a manos de Castilla, cuya flota fondeaba en la ensenada de Getares.

thumb|left|250px|Bloqueo naval de una ciudad

Alfonso XI, al enterarse de los resultados de los combates y ver el estado de la flota, quiso iniciar el cerco a Algeciras sin más tardanza, al tener reunido en Getares cerca de una centena de embarcaciones de guerra. Sin embargo, le convencieron para que reuniera más gente de tierra y por ello el citado cerco no comenzó hasta los primeros días de agosto.

El 3 de agosto de 1342 las tropas castellanas estaban acampadas cerca del río Palmones, en la que luego se llamaría Torre de los Adalides, y comenzaron las operaciones de asedio.