El municipio de San Juan Bautista Coixtlahuaca (en chocho: Ngi Inche o Inguinche o Yuguinche; en mixteco: Yodzocoo; en náhuatl: Cōāīxtlahuacān ) es uno de los 570 municipios que conforman al estado mexicano de Oaxaca. Pertenece al distrito de Coixtlahuaca dentro de la región mixteca. Su cabecera es la localidad homónima.
Se ubica entre los paralelos 17°38′ y 17°49′ de latitud norte; los meridianos 97°9′ y 97°25′ de longitud oeste; altitud entre 2 000 y 2 900 m de altitud. Colinda al norte con los municipios de San Miguel Tequixtepec y Santa María Ixcatlán; al este con los municipios de Santa María Ixcatlán, San Miguel Huautla, Santiago Apoala y San Miguel Chicahua; al sur con los municipios de San Miguel Chicahua, San Bartolo Soyaltepec, Santa María Nativitas y San Juan Teposcolula; al oeste con los municipios de Villa Tejúpam de la Unión, San Cristóbal Suchixtlahuaca y San Miguel Tequixtepec. Ocupa el 0.30% de la superficie del estado.
Toponimia El nombre del municipio proviene del náhuatl Cōāīxtlahuacān: coatl-serpiente, víbora o culebra; ixtlahuatl- llanura; ca- en , lo que se traduce como ‘En el llano de las serpientes’. Este nombre le fue dado por los Aztecas al señorío de los runixa ngiigua incluso antes de su conquista en 1458. Después de eso el nombre se oficializó dentro del imperio mexica y ese fue el nombre que adaptaron los españoles al pacificar la región en 1522.
Los runixa ngiigua llamaban a su capital Inguiteria (Actualmente Nguichee o Yuguinche o Inguinche) cuyo significado es el mismo "llano de serpientes"; mismo significado que tiene la palabra Yodzocoo con la que los vecinos mixtecos nombraban al lugar.
El origen del nombre se debe a la abundancia de víboras de cascabel y culebras, principalmente al norte de la población en los matorrales y chaparrales de la zona, actualmente estos están restringidos a zonas montañosas y laderas, pero antaño cubrían extensas zonas del Valle de Coixtlahuaca, lo que proporcionaba un hábitat idóneo para estos reptiles.
Historia
Prehistoria Se tiene constancia que hace miles de años prácticamente la totalidad del municipio e incluso el distrito estuvo sumergida bajo el mar. Prueba de ello son los fósiles encontrados en la comunidad de La Estancia, en un paraje conocido como Santuario Marino, donde es posible encontrar caracoles petrificados sobre la roca en un área considerable. Es posible también encontrar conchas petrificadas y otros invertebrados desconocidos. El lugar lleva este nombre debido a los fósiles petrificados que se encontraron en este sitio; aunque en otros lugares de la misma comunidad igual se pueden encontrar dichos restos fosilizados, es aquí en donde se encuentran con mayor notoriedad y número.
El lugar fue resguardado hace apenas unos cuantos años, y aunque los mismos habitantes ya tenían conocimiento de la existencia de estas rocas con restos fosilizados, no fueron ellos quienes difundieron la noticia del hallazgo, sino que esta difusión se dio a través de un grupo de estudiantes visitantes, quienes al percatarse ocurrieron llevándose algunas piezas. Desde este hecho el área se ha protegido de tal manera que se pueda ser visitado y al mismo tiempo resguardado debido a la importancia y significado del lugar. Fósiles similares se pueden encontrar en las comunidades de Puerto Mixteco, municipio de Tepelmeme y San Antonio Acutla.
Época prehispánica La zona de Coixtlahuaca estuvo poblada desde épocas anteriores a la conquista española. Los valles de Coixtlahuaca y Tamazulapan fueron áreas fértiles y con abundancia de agua que sostuvieron importantes poblaciones humanas y que contribuyeron desde épocas tempranas a la domesticación del maíz y la creación del sistema milpa. No se tiene conocimiento de la historia de las poblaciones anteriores al posclásico tardío.
Durante la llamada época posclásica tardía (1250-1520 d. C.), la ciudad de Inguiteria (que cubrió gran parte del valle de Coixtlahuaca) se desarrolló hacia uno de los centros económicos principales del suroeste de México. La ciudad de Inguiteria se considera una capital relativamente nueva ya que Coixtlahuaca tuvo asentamientos anteriores aunque quizá el sitio del Posclásico Tardío se fundó tan solo 200 años antes de la conquista española. El conjunto arquitectónico de Inguiteria, aunque no está bien conservado como los palacios de Mitla y carece de la monumentalidad de Monte Albán o la ambición imperial de Tenochtitlan en su tiempo estivo a la par de otras capitales oaxaqueñas del posclásico.
La ubicación de esta gran ciudad, de unos 15 mil habitantes y de hasta 300 hectáreas del valle, entre los llanos poblanos del centro de México y las serranías de la Mixteca, la convirtió en un puerto de comercio, en donde se reunieron y trocaron productos exóticos de regiones distantes. A mediados del , este gran mercado fue controlado por el rey Atonaltzin, un descendiente de un prestigiado linaje de orígenes toltecas. Coixtlahuaca fue un pueblo multiétnico, habitado por chochos y mixtecos. Además del chocho y otras lenguas mixtecas, el náhuatl fue utilizado como lengua franca. El Estado también ejercía poder sobre los cuicatecanos.
Conscientes de la ubicación estratégica de Coixtlahuaca, los aztecas atacaron el reino en 1458 d. C. De acuerdo a la bibliografía, conquistar el reino de Atonaltzin representó todo un reto para los aztecas pues cuando Moctezuma Ihuilcamina determinó responder al desafío de Atonaltzin de Coixtlahuaca ese rey azteca tuvo que llamar a todos sus aliados y agregar el ejército y el equipo logístico más grande en la historia de su joven alianza imperial, porque iba a confrontar a un enemigo que también encabezaba un estado poderoso con muchos aliados y una gran base demográfica.
Después de algunos años de asaltos, Motecuhzoma venció y mató a Atonaltzin, llevándose de regreso un buen número de cautivos para ser sacrificado en la capital azteca. Los aztecas dieron gran importancia a esta conquista y sus relatos históricos contienen extensas versiones de este evento (Duran 1984, tomo II, cap. XXII y XXIII; Torquemada 1986, libro II, cap. XLVIII; Anales de Cuauhtitlan 1975, pár. 189 y 238).
Durante la dominación azteca, Coixtlahuaca mantuvo su estatus de importante centro comercial en el cual se intercambiaban productos provenientes de la tierra caliente, las llanuras del Pacífico, las sierras y los valles centrales de Oaxaca así como de la costa del golfo de México. Es posible que los canales de comercio cambiaran a favor del flujo de bienes hacia el centro de México. La conquista inicial de Coixtlahuaca, Huaxyacac y los otros señoríos oaxaqueños, junto con la sostenida capacidad de emplear la fuerza militar contra los revoltosos, sin duda causaron dolor y sufrimiento, de lo cual no contamos con muchos indicios físicos, pero se puede comprobar a través de las breves frases escritas en los documentos y en la compasiva imaginación. El efecto estructural del Imperio azteca en las provincias o por lo menos en Oaxaca es casi imperceptible. Los reyes aztecas tenían el poder para ejercer la matanza militar ritual y extraer sus cosas brillantes y luminosas, pero después de sesenta años en las provincias oaxaqueñas no lograron alterar la economía política local. Sus demandas de tributo no reorganizaron la sociedad de esa provincia que ya era rica y densamente poblada.
Ni la fuerza violenta de sus armas ni las amenazas de sacrificio corporal en las piedras de Tenochtitlan fueron capaces de desorganizar a la sociedad indígena. Al final, los instrumentos de control, como la fuerza de armas y las ejecuciones, resultaron crudos, efímeros e insuficientes frente a una extensa masa demográfica y una economía tan desarrollada como la de Oaxaca y otras sociedades en la Mesoamérica posclásica.
Conquista española Pocos años después, en 1520, la región sufrió la invasión europea. El valle fue pacificado en 1522 por el extremeño Andrés de Tapia, quien acudió a sofocar uno de los levantamientos acontecidos entre las provincias confederadas y sujetas a la Triple Alianza al calor de las noticias de la muerte de Moctezuma en junio de 1520 y de la huida de Hernán Cortés de Tenochtitlan. En este contexto, los señores del área de Coixtlahuaca habían acudido en un primer momento a Izúcar para presentarse como vasallos ante Cortés, pero luego se unieron a la sublevación que fue finalmente reprimida.
Mientras el aún puede considerarse, a pesar de los horrores de la colonización, un periodo de gran florecimiento cultural, la marginalización económica de la población indígena en los siglos posteriores marcó el destino de la región. Además, desde tiempos antiguos el árido valle sufrió y sufre de una severa erosión y desertificación, dando estos elementos como resultado en la actualidad un muy elevado índice de migración de la fuerza de trabajo hacia otros lados.
Anteriormente, el valle albergó distintos grupos étnicos: durante el había hablantes del tu’un savi o mixteco, del nahuatl y del ngiwa o chocho. Esta última lengua, que aún persiste en algunos pueblos de la región, aunque en riesgo de desaparecer, es un pariente muy cercano de la lengua popoloca que se habla en el sur de Puebla. A partir de las últimas décadas del , y tras el impulso dado por los domínicos del convento de Santa María Tamazulapan, el ngiwa tuvo gran éxito como lengua escrita, pero al iniciarse el , esta tradición llegó a su fin.
Antes de la introducción de esta escritura alfabética en ngiwa, los señores de Coixtlahuaca registraron sus orígenes, linajes y hazañas en la hermosa escritura pictográfica en uso en grandes partes del centro y suroeste de México durante la época posclásica. Por su carácter pictográfico, esta escritura resolvió de manera elegante la situación del polilingüismo. Hoy existen aún doce documentos pinta-dos en esta escritura, la mayoría elaborados en grandes telas de algodón a mediados del . Estas telas, llamadas « lienzos », contienen historias reales que a veces se remontan hasta el inicio de la época posclásica. Comúnmente, son vistos como « pruebas » o « defensas » elaboradas por los indígenas para ser presentadas ante la administración colonial. El contenido de este extraordinario grupo de documentos ha sido aclarado durante los últimos cincuenta años en varias publicaciones especializadas.
Los documentos pictográficos del valle de Coixtlahuaca son: los Lienzos de Tequixtepec I y II, el Lienzo de Tulancingo, el Lienzo de Nativitas, el Lienzo de Tlapiltepec, el Lienzo de Ihuitlán, el Lienzo de Coixtlahuaca, el Lienzo Seler II o de Coixtlahuaca II, el Lienzo A (una copia hecha alrededor de 1900 de un original perdido), el Códice Baranda, el Rollo Selden, el Fragmento Gómez de Orozco y el Lienzo de Aztatla.
El lienzo de Coixtlahuaca 1 El valle de Coixtlahuaca, situado al noroeste del actual estado de Oaxaca, es el origen de trece documentos pictográficos que nos permiten vislumbrar parte de la historia prehispánica y colonial temprana de los distintos pueblos asentados en esta región multiétnica en que se asentaron mixtecos, ngiwas o chochos y nahuas. Muchos de ellos son “lienzos”, grandes telas que plasman acontecimientos históricos, rememoran las genealógicas de los gobernantes y muestran el alcance territorial de los señoríos. Estos documentos pudieron ser elaborados para la legitimación de los derechos jurisdiccionales de los pueblos ante la administración española, lo cual representa una importante pieza en el engranaje que posibilitó la creación del orden colonial.