La palabra infierno viene del latín inférnum o ínferus (por debajo de, lugar inferior, subterráneo), y está en relación con las palabras Seol (hebreo) y Hades (del griego). Según muchas religiones, es el lugar o estado donde después de la muerte son torturadas eternamente las almas de los pecadores. Es equivalente al Gehena del judaísmo, al Tártaro de la mitología griega, al Helheim según la mitología nórdica, al Naraka del hinduismo y el budismo, y al inframundo de otras religiones.
En la teología católica, el infierno es una de las cuatro postrimerías del hombre. El Catecismo de la Iglesia católica afirma su existencia y su eternidad, adonde «las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden [...] inmediatamente después de la muerte» para sufrir las penas o "fuego eterno" (cuya pena principal sería «la separación eterna de Dios»). Este Catecismo, publicado en 1997, aclara también que el infierno consistiría en un «estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados». En la misma línea, el papa Juan Pablo II señaló que, más que un lugar, indica una situación propiciada por el alejamiento de Dios. También el papa Francisco y teólogos contemporáneos lo consideran un estado de sufrimiento.
En contraste con el infierno, otros lugares de existencia después de la muerte pueden ser neutros (por ejemplo, el Sheol judío), o felices (por ejemplo, el Cielo cristiano). 250px|thumb|Ilustración medieval del infierno, en el manuscrito Hortus deliciarum (1180) por Herrada de Landsberg. 250px|thumb|Ángeles caídos en el infierno, obra de John Martin (1841).
Descripción miniaturadeimagen|275x275px|En este fresco de 1727 de David Selinitsiotis, los demonios torturan a una prostituta (H Porni) que vivía en la lujuria, mientras que el avaro (O philargyros) es asfixiado por una serpiente (Iglesia Jean Baptiste de Kastoriá, Grecia). Algunas creencias del infierno ofrecen detalles gráficos y siniestros (por ejemplo, el Naraka del budismo, uno de los seis reinos del samsara). Las religiones con una historia divina lineal a menudo conciben el Infierno como infinito (por ejemplo, las creencias del cristianismo), en cambio las religiones con una historia cíclica suelen mostrar el Infierno como un período intermediario entre la reencarnación (por ejemplo, el Diyu, reino de los muertos de la mitología china). El castigo en el infierno habitualmente corresponde a los pecados cometidos en vida. A veces se hacen distinciones específicas, con almas condenadas sufriendo por cada mal cometido (ver como ejemplo el Mito de Er de Platón o el infierno descrito en el poema de La Divina Comedia de Dante Alighieri), mientras que otras veces el castigo es general, con pecadores siendo relegados a una o más cámaras del Infierno o niveles de sufrimiento (por ejemplo, según Agustín de Hipona los niños no bautizados, aunque privados del Cielo, sufrían menos en el Infierno que los adultos no bautizados). En el islam y el cristianismo, de todas maneras, la fe y el arrepentimiento tienen mayor importancia que las acciones en determinar el destino del alma después de la muerte.
El infierno es usualmente imaginado como poblado por demonios, quienes atormentan a los condenados. Muchos son gobernados por un rey de la muerte: Nergal (dios sumerio-babilonio, señor de los muertos) Iama (dios benigno en el hinduismo) Satanás (entidad que representa la encarnación suprema del Mal).
Otras concepciones del infierno suelen definirlo abstractamente, como un estado de pérdida más que una tortura en un lago de fuego literalmente bajo la tierra. También hay grupos evangélicos quienes afirman que los muertos no están conscientes y el infierno no puede ser un lugar abrasador de tormento donde las personas malvadas sufran después de la muerte.
Religiones abrahámicas thumb|247x247px|Valle de Hinom (Gehena).
La expresión «religiones abrahámicas» hace referencia a aquellas religiones cuya fe es monoteísta y que reconoce una tradición espiritual cuyas raíces se remontan a Abraham. El término es usado principalmente para referirse colectivamente al cristianismo, judaísmo e islam.
En la Biblia Antiguo Testamento - Biblia hebrea Sheol: Génesis 37:35, 42:38, 44:29, 44:31, etc. Hinom: Jeremías 19:6, Josué 15:8, etc. Nuevo Testamento Hades: Evangelio de Mateo 11:23 16:18. Evangelio de Lucas 10:15. 16:23. Hechos de los Apóstoles. 2:27,31. 1 Corintios 15:55. Apocalipsis 1:18, 6:8, 20:13,14 Gehenna: Evangelio de Mateo 5:22,29, 30, 10:28, 18:09, 23:15,33. Evangelio de Marcos 9:43,45,47, Lucas 12:05, Epístola de Santiago 3:6.
La palabra «infierno» se halla en muchas traducciones de la Biblia. En algunos casos es traducida por ‘sepulcro’ o ‘el lugar de los muertos’ y en otras se deja sin traducir, como en el caso de la palabra hebrea she'ol que equivale a la griega hai′des, es decir receptáculo de las almas, (y no- tumba de toda la humanidad [gr. koinós táphos tès anthròpótètas ]). También está en este caso la palabra griega ge′en•na que hace referencia al lago de fuego y azufre literal y no a una supuesta destrucción eterna.
Las iglesias cristianas fundamentalistas argumentan que si se hubiese querido dar a entender que el She’ol es una simple “sepultura común de la humanidad”, se hubiese utilizado sin vacilar en la Septuaginta y en el N. T. términos precisos como κοινός τάφος της ανθρωπότητας ([gr. koinós táfos tès anthròpótètas], sepultura común de la humanidad) o Αντί της καθολικής πτώματα ([gr. antí tès katholikès ptómata], lugar universal de cadáveres) o κοινή υποδοχή των ανθρώπινων σωμάτων ([gr. koinè ypodoxè ton anthròpinòn sòmátòn], receptáculo común de cuerpos humanos) y no uno que diera a entender que la vida no termina en la tumba, sino que se llega a un Hadēs, término griego asociado al lugar de la psychē (el alma), no del cuerpo inerte.
Dicho de otro modo:
She'ol [gr. Hadēs] “receptáculo de las almas” Kever [gr. Mnēmeion] “receptáculo de los cadáveres/cuerpos”, “sepulcro”, “sepultura”, “abismo”, “profundo”, “huesa”, “fosa” y “hoyo” miniatura|251x251px|Escena del infierno. Óleo (). Autoría desconocida. En (E)mancipa-Ment (Cullera, Valencia)
El Infierno (heb. Gehinnom; gr. Gehenna) se percibe contrario a la bendición de los que heredan el Reino de Dios (Nueva Jerusalén):
Venid, benditos... (): "Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo."
Las citas bíblicas aluden a un lugar de sufrimiento:
Apartaos de mí, malditos (): "Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles." Un lugar de tormentos (): "en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno...". Un horno de fuego (): "y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes." Un lago de fuego y azufre (): "Y el diablo que los engañaba, fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos." Un lago de fuego (): "El que no se halló inscrito en el libro de la vida, fue lanzado al lago de fuego". "Si alguno adora a la Bestia y a su imagen, y acepta la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su cólera. Y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos Ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento se elevará por los siglos de los siglos. Y no habrá reposo, ni de día ni de noche". () "El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los que sirven de tropiezo y a los que hacen el mal." () "Así será el fin del mundo: vendrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno de fuego. Allí habrá el llanto y rechinar de dientes." () "Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga". ()
En el cristianismo
Uso del término «infierno» 230px|thumb|Visión del Infierno por San Agustín, La ciudad de Dios (413-426). La palabra «infierno» que emplean la traducción católica de Félix Torres Amat, la versión de Cipriano de Valera (actualizada en 1909) y otras para traducir el término hebreo she'ól y el griego hái•dēs. Torres Amat traduce she'ól como (a veces con añadidos en bastardillas): ‘infierno(s)’ 42 veces; ‘sepulcro’ 17 veces; ‘muerte’ 2 veces, y ‘sepultura’, ‘mortuorias’, ‘profundo’, ‘a punto de morir’ y ‘abismo’ 1 vez cada una. En la Versión Valera de 1909, she’ól se traduce ‘infierno’ 11 veces, ‘sepulcro’ 30 veces, ‘sepultura’ 13 veces, ‘abismo’ 3 veces, ‘profundo’ 4 veces, ‘huesa’ 2 veces, ‘fosa’ 2 veces y ‘hoyo’ 1 vez. Esta misma versión siempre traduce hái•dēs por ‘infierno(s)’, traducción que siguen las versiones Nácar-Colunga (excepto en Hechos 2:27, 31), Torres Amat y Felipe Scío de San Miguel.
No obstante, otras versiones actuales son más uniformes en la traducción. Por ejemplo, la Versión Valera (revisión de 1960) translitera la palabra original como ‘sheol’ 65 veces y emplea ‘profundo’ 1 vez, mientras que utiliza ‘Hades’ siempre que aparece en el Nuevo Testamento. Otro tanto ocurre con la palabra griega gué•en•na, que —aunque algunos la vierten por ‘infierno’ (8 veces en la Versión Valera de 1909)— se suele transliterar en la mayoría de las traducciones españolas.
miniaturadeimagen|Tormentos a los condenados en el Infierno. Fresco italiano del . La teología cristiana ha discutido la noción de «Infierno» a lo largo de su historia. En un tiempo no hubo duda de que se trataba del lugar en el que se castiga eternamente a los pecadores, en el que los tormentos no podían ser conmutados.
En el , Orígenes sostuvo la hipótesis que lleva por nombre Apocatástasis o Restauración, que implicaba la idea de que, al final de los tiempos y luego de sufrir diversas penalidades, todos los condenados al Infierno -incluyendo a Satanás y a los restantes ángeles caídos- serían liberados. Esta idea fue condenada como herejía por la Iglesia. En contraste, Agustín de Hipona y Tomás de Aquino creían que la gran mayoría de las personas se condenaría al Infierno. De hecho, Agustín se refería a los réprobos como la massa damnata o multitud de condenados. El teólogo luterano Karl Barth y su colega católico Hans Urs von Balthasar sostuvieron que existe una razonable esperanza de que todas las personas serán salvadas, por el tremendo acto de amor que realizó Cristo en la cruz. En la actualidad, el pastor evangélico Rob Bell sostiene que el Infierno está vacío. C. S. Lewis sostenía que el Infierno semeja la celda de una prisión, en donde la puerta del calabozo se cierra desde dentro, no desde fuera, siendo la intención del condenado el no querer vivir la eternidad con Dios.
El exorcista católico José Antonio Fortea hace notar que es el mismo Cristo quien refiere con más insistencia la existencia del Infierno y que muchos serán los condenados. Aunque cree que el número de condenados será pequeño en comparación con el de todos los seres humanos nacidos desde la Creación, para los condenados -ya sean cien, mil, diez mil o más- el castigo será eterno. También sostiene que la gran mayoría de los sacerdotes en la Iglesia Católica trata de restarle importancia al Infierno y a la condenación eterna por no asustar a sus feligreses.
En el catolicismo