Rodrigo de Moscoso (m. 26 de abril de 1382). Fue un noble y eclesiástico gallego que llegó a ser arzobispo de Santiago de Compostela entre 1367 y 1382, y Notario mayor del reino de León. Era hijo de Sancho López de Moscoso.

Orígenes familiares Fue hijo de Sancho López de Moscoso y de una dama llamada María Fernández, según Jaime de Salazar y Acha, y aunque Eduardo Pardo de Guevara y Valdés no mencionó el nombre de su madre, sí coincidió con Salazar y Acha con respecto al nombre de su padre. Y según Pardo de Guevara Rodrigo de Moscoso habría sido nieto de Lope Pérez de Moscoso y de Mayor Fernández aunque, como dicho autor indicó, no hay ninguna prueba documental que lo corrobore.Sin embargo, Luis de Salazar y Castro señaló que el arzobispo Rodrigo de Moscoso era hijo de Lope Pérez de Moscoso, señor de Moscoso, y de Mayor Fernández. Cfr. Salazar y Castro (1696), p. 286. Y Alfred Morel-Fatio, basándose en lo expuesto por el anterior, también afirmó lo mismo. Cfr. Morel-Fatio (1899), p. 167.

Además, fue hermano de Alonso Sánchez de Moscoso, que fue obispo de Mondoñedo y arzobispo de Santiago de Compostela, del caballero Lope Pérez de Moscoso, que falleció hacia 1375, y también de Sancho Sánchez de Moscoso, que fue comendador mayor de Castilla en la Orden de Santiago y murió asesinado por orden de Pedro I de Castilla en 1367 tras haber sido capturado en la batalla de Nájera, donde luchó a favor de Enrique de Trastámara, aunque Pardo de Guevara y Valdés señaló simplemente que murió en 1367 en dicha batalla.

Biografía Promoción al arzobispado de Santiago de Compostela (1367) thumb|250px|right|Gran dobla o dobla de a diez de Pedro I de Castilla, acuñada en Sevilla en 1360. (M.A.N., Madrid). Se desconoce su fecha de nacimiento. Pardo de Guevara y Valdés señaló que los Moscoso, que llegarían a ostentar el título de condes de Altamira, eran una familia de «cierta relevancia, aunque relativamente moderna, y forjada al amparo» de los arzobispos de Santiago de Compostela.

Su hermano, Alonso Sánchez de Moscoso, fue nombrado arzobispo de Santiago de Compostela en 1366 y murió en el Tapal de Noya en 1367, por lo que su etapa como arzobispo duró algo menos de un año. Y tras la repentina muerte de su hermano, Rodrigo de Moscoso fue nombrado en 1367 arzobispo de Santiago de Compostela, debido a sus grandes cualidades «personales» y a su estrecho parentesco con su predecesor, como señaló Antonio López Ferreiro, aunque este último erró al afirmar que debió comenzar a ejercer su cargo a mediados de 1368. Y el 16 de diciembre de 1367 Rodrigo de Moscoso fue promovido a la dignidad de arzobispo de Santiago de Compostela, aunque la historiadora Ana Arranz Guzmán señaló que:

Entre finales de diciembre de 1367 y principios de febrero de 1380 Rodrigo de Moscoso fue sucesivamente el capellán mayor de los reyes Pedro I, Enrique II y Juan I de Castilla, y conviene señalar que, como indicó Francisco de Paula Cañas Gálvez, los titulares de ese cargo siempre fueron miembros del alto clero castellano durante la Baja Edad Media. Y tras ser designado arzobispo de Santiago de Compostela, Rodrigo de Moscoso «abrazó decididamente» la causa del rey Pedro I, como señaló López Ferreiro, aunque la situación de este último era cada vez más precaria, ya que el monarca:

Rodrigo de Moscoso empleó todo su prestigio y su inmenso poderío, como señaló López Ferreiro, a favor de la causa de Pedro I, y cuando este último advirtió «el nublado que se le venía encima», tal vez solicitó al arzobispo que viajara a Sevilla para acompañarle y prestarle ayuda. Y al llegar Rodrigo de Moscoso a Sevilla, escribió cartas a todos los caballeros y escuderos que «tenían préstamos de la Iglesia de Santiago» para ordenarles que viajaran a dicha ciudad y se pusieran al servicio del rey y del propio arzobispo por razón de las tierras y cotos que tenían en nombre de la archidiócesis compostelana.

El final de la Guerra Civil Castellana (1368-1369) thumb|240px|Fachada del Obradoiro de la catedral de Santiago de Compostela. El 4 de febrero de 1368 Rodrigo de Moscoso se comprometió a abonar a la Cámara Apostólica la suma de 4.000 florines en concepto de los «servicios comunes», que consistían en que cada uno de los arzobispos, obispos o abades, en el momento de su elección, debía entregar a la mencionada Cámara un tercio de las rentas beneficiales anuales que percibiese en caso de que fueran superiores a la suma de cien florines. Pero además, el pago por los «servicios comunes» conllevaba el abono de los «cinco servicios menudos», de los que cuatro iban a parar a manos de los parientes y servidores del papa y el quinto a los miembros del Sacro Colegio Cardenalicio. Y el 4 de febrero de 1368 el arzobispo Moscoso también se comprometió a satisfacer la deuda de 1.320 florines que el arzobispo Suero Gómez de Toledo había contraído con la Cámara Apostólica y que no había podido ser abonada hasta entonces por la brevedad del pontificado de su hermano y predecesor en la archidiócesis compostelana, Alonso Sánchez de Moscoso.

Además, los caballeros y escuderos gallegos sujetos a las órdenes del arzobispo «se excusaron» de viajar a Sevilla para servir a Pedro I por temor a que se les obligase a permanecer lejos de sus tierras más tiempo del que «estaban obligados a servir». Y para despejar cualquier temor que esos caballeros pudieran albergar, Rodrigo de Moscoso solicitó al monarca que declarase que no era su deseo retenerles «por más tiempo del que estuviesen obligados a servir en la hueste», a menos que alguno de ellos deseara continuar a su servicio por libre voluntad.

Pedro I accedió a la petición del arzobispo y pronunció esa declaración, y un año después, el 20 de enero de 1369, el arzobispo Rodrigo hizo un nuevo llamamiento, y «al parecer» por medio de su hermano Lope Pérez de Moscoso, como señaló López Ferreiro, convocando a Sevilla a numerosos nobles, pero en esta segunda convocatoria ya hubo palabras de reproche y también «inquietud y desesperación ante el inminente desmoronamiento final» de la causa de Pedro I, como señaló Pardo de Guevara y Valdés. Y entre los caballeros y escuderos llamados a acudir a Sevilla figuraban:

280px|thumb|Miniatura medieval que representa el asesinato de Pedro I de Castilla.

López Ferreiro señaló que en enero de 1369 el magnate gallego Fernán Ruiz de Castro, que era conde de Trastámara, Lemos y Sarria y pertiguero mayor de Santiago, «ya debía» estar en Sevilla junto al rey Pedro I. Y el mismo historiador señaló que el llamamiento mencionado anteriormente fue leído públicamente entre el altar y el coro de la catedral de Santiago de Compostela el 15 de febrero de 1369 y «después de cantada» la hora prima. Pero López Ferreiro afirmó que ya «era demasiado tarde», pues el resultado de la contienda era claramente favorable a Enrique de Trastámara, quien en la noche del 22 al 23 de marzo de 1369 asesinó a su hermanastro Pedro I en Montiel y comenzó a reinar en Castilla como Enrique II, aunque algunos de los partidarios de su difunto hermano se negaron a reconocerle y lucharon contra él en diversas partes de Castilla, como Galicia.

El arzobispo Moscoso, que tal vez estaba en Sevilla cuando se produjo la derrota de Pedro I en la batalla de Montiel, o que volvió a dicha ciudad tras librarse esta última, «lamentó, sin duda, el triste desenlace de la cuestión», pero se vio obligado a reconocer como legítimo rey de Castilla a Enrique II. Y este último, a fin de conseguir que el prelado compostelano quedara más obligado hacia su persona, envió desde Sevilla el 2 de abril de 1369 una carta al concejo y al cabildo catedralicio de Santiago de Compostela para comunicarles que, «por hacer bien y merced» al arzobispo Rodrigo de Moscoso, confirmaba la posesión de este último sobre el señorío y los territorios de la Iglesia compostelana y también sobre «las torres de la Iglesia» y todas las demás posesiones incluidas en el señorío de los arzobispos para que las retuviera íntegramente y tal y como las habían tenido los arzobispos Berenguel de Landoria y Gómez Manrique.

Además, el monarca castellano, y para que todo lo anterior pudiera ser ejecutado prestamente y con mayor facilidad, despojó a Juan de Cayón del cargo de alcalde de la ciudad de Santiago, que ejercía en nombre del rey, y liberó al cabildo catedralicio compostelano «de todo» pleito homenaje que hubieran prestado a dicho alcalde por la posesión de la ciudad. Y Antonio López Ferreiro señaló que:

El reinado de Enrique II (1370-1379) thumb|210px|Retrato imaginario de Enrique II de Castilla. José María Rodríguez de Losada. (Ayuntamiento de León). Entre 1370Según afirmó Luis Vicente Díaz Martín, el cargo de notario mayor del reino de León fue desempeñado por Fernán López entre 1364 y 1368. Cfr. Díaz Martín (1987), p. 97. y 1382 Rodrigo de Moscoso desempeñó el cargo de notario mayor del reino de León, y Cañas Gálvez subrayó el hecho de que tanto él como su sucesor al frente de la archidiócesis compostelana, Juan García Manrique, fueron capellanes mayores del rey y notarios mayores del reino de León, lo que requería una «preparación suficiente».

El 29 de enero de 1372 Rodrigo de Moscoso nombró pertiguero mayor de Santiago a Pedro Enríquez de Castilla, que era conde de Trastámara, Lemos, Sarria, Viana y El Bollo y nieto del rey Alfonso XI de Castilla, aunque hasta ese mismo año el cargo había sido ejercido por el conde Fernán Ruiz de Castro,Villaamil y Castro señaló erróneamente que entre 1378 y 1382 la pertiguería mayor de Santiago fue ocupada por Martín Sánchez de Moscoso, que era sobrino del arzobispo Rodrigo de Moscoso. Cfr. Villaamil y Castro (1873), p. 54, aunque López Ferreiro no mencionó nada sobre ello en su Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela. y «la entrega de la pértica», como señaló Pardo de Guevara y Valdés, tuvo lugar en presencia del cabildo catedralicio compostelano y bajo las mismas condiciones con las que el arzobispo Berenguel de Landoria la había concedido en 1328, durante el reinado de Alfonso XI, al magnate Pedro Fernández de Castro.

La pertiguería mayor de Santiago había sido concedida tradicionalmente por los prelados compostelanos desde la época del arzobispo Diego Gelmírez a cualquier magnate o ricohombre que les prestara homenaje y se comprometiera a defender a la Iglesia compostelana, a la ciudad de Santiago, y a todo el territorio o señorío de los arzobispos de «cualquier ataque o desdén», como señaló Manuel de Castro. Y al mismo tiempo el cargo de pertiguero mayor convertía a su poseedor en «verdadero comendatario» de las grandes posesiones de los arzobispos compostelanos.

El 18 de febrero de 1372, hallándose Enrique II en Santiago de Compostela, ordenó al adelantado mayor de Galicia, Pedro Ruiz Sarmiento, y a los alcaides de los castillos de Rocos, Juvencos y Penacorneira que se abstuvieran de exigir los tributos de pasajes, rentas o pedidos a los «vasallos y hombres» del arzobispado de Santiago o de su cabildo catedralicio, y de obligarles a trabajar por la fuerza en las mencionadas fortalezas, ya que el arzobispo Moscoso y el deán y los demás miembros del cabildo catedralicio se habían quejado al monarca de los grandes agravios y daños que recibían por causa de todo ello.

La muerte del rey Enrique II, ocurrida a finales de mayo de 1379 en Santo Domingo de la Calzada, privó al conde Pedro Enríquez, como señaló Pardo de Guevara y Valdés, de su principal protector. Y el rey Juan I de Castilla, que fue el hijo y heredero de Enrique II, consideraba a su primo Pedro Enríquez, debido a sus enormes posesiones en Galicia, un grave riesgo «para la paz del Reino», por lo que se propuso acabar con sus ansias expansionistas.

El problema de las encomiendas (1380) thumb|330px|Concatedral de San Pedro de Soria. (Provincia de Soria).