El Tratado Arana-Southern fue ratificado en 1850 entre el Reino Unido y en la Confederación Argentina para levantar el bloqueo anglo-francés al Río de la Plata impuesto por Francia y Reino Unido a mediados de la década de 1840. Argentina intentó regular el tráfico en los ríos Paraná y Uruguay, que impactaron sobre el comercio anglo-francés de Paraguay en el contexto de la Guerra Grande. Como resultado, el Reino Unido y Francia llevaron a cabo un bloqueo al Río de la Plata. La acción militar anglo-francesa no obtuvo la ansiada rendición de Juan Manuel de Rosas, y finalmente, la intervención fue levantada por dos tratados de paz, uno entre la Confederación Argentina y el Reino Unido, el Tratado Arana-Southern ratificado en 1850, y otro entre la Confederación Argentina y Francia, el Tratado Arana-Lepredour.Castello, Antonio E., El gran bloqueo, Revista Todo es Historia, nro. 182.

Antecedentes El 2 de febrero de 1825 el Reino Unido firmó un tratado de amistad, comercio y navegación mediante el cual reconoció la independencia de las Provincias Unidas y, naturalmente, la existencia de un ámbito territorial propio de ella.

Francia y Reino Unido impusieron en 1845 un bloqueo naval de cinco años de duración a la Confederación Argentina gobernada por Juan Manuel de Rosas, cerrando el puerto de Buenos Aires al comercio naval. La armada anglofrancesa ingresó a las aguas interiores de la Argentina, con el fin de vender sus productos, cuando Rosas mantuvo una política proteccionista.

Un compromiso clave en el bloqueo fue la batalla de la Vuelta de Obligado, donde una flota británica y francesa combinada forzó su camino en el río Paraná a pesar de la feroz resistencia de las fuerzas argentinas. Aunque las fuerzas británicas y francesas aplastaron las fuerzas argentinas, causando muertes espantosas, el daño a la flota anglo-francesa fue tan extensa que permaneció 40 días en Obligado haciendo reparaciones. La expedición también resultó ser un fracaso comercial, ya que Paraguay demostró ser menos rico de lo esperado y los buques mercantes se vieron obligados a regresar con muchos de sus bienes sin vender. A su regreso la flota nuevamente enfrentó una feroz resistencia con varios buques mercantes hundidos por fuego de cañón.

Mientras que el comandante británico William Gore Ouseley pidió fuerzas adicionales para apoyar una campaña continua, una serie de factores obligó a los británicos a romper con sus aliados franceses. El resultado de la expedición, así como el costo de la victoria y las oportunidades comerciales limitadas cambiaron las actitudes británicas. Argentina tenía una deuda sustancial con Baring Brothers y suspensión de pagos debido a las preocupaciones financieras que había causado el bloqueo. A su vez, el periódico The Times había publicado una alegación de que Ouseley tenía intereses financieros personales en el bloqueo, provocando un escándalo político.

Negociaciones thumb|180px|Juan Manuel de Rosas. Inicios Las noticias de los combates entre argentinos y los anglo-franceses en el río Paraná llegaron a Europa en 1846. Causaron una gran desilusión, y obligaron a los gobiernos de las potencias atacantes a cambiar de estrategia. En una discusión en la Cámara de los Lores, declaró lord Palmerston:

El gobierno británico ordenó a su escuadra abandonar el Paraná, medida que fue imitada por el gabinete francés. El primer ministro Robert Peel envió a Buenos Aires a Thomas Samuel Hood, que años atrás había sido cónsul británico en Montevideo, para reiniciar discusiones pacíficas. También el gobierno francés lo nombró su representante.

Hood se entrevistó con Rosas el 13 de julio de 1846, y le presentó las instrucciones de Lord Aberdeen y François Guizot: suspensión de hostilidades, desarme de los extranjeros en Montevideo, retirada de las tropas argentinas del Uruguay, levantamiento del bloqueo, devolución de Martín García y de los buques apresados, reconocimiento de la soberanía plena de la Argentina en el Paraná, elecciones libres en Uruguay, y amplia amnistía. En caso de que las autoridades de Montevideo rechazaran estas condiciones, Francia y Reino Unido las abandonarían a su suerte.

La revolución que llevó a la Segunda República en Francia separó nítidamente los intereses internacionales de ese país y el Reino Unido. En todas sus empresas coloniales comenzaron a tener conflictos. La pretensión de Londres de que esta revolución haría más prudente y menos ambiciosa a Francia resultó completamente defraudada, ya que las nuevas autoridades intentaron mostrar un intenso interés en las conquistas en Asia y en África.

El gobierno británico decidió que los sucesivos fracasos de su política en el Río de la Plata, con su pésimo efecto sobre sus intereses comerciales en esa región, debían ser solucionados con urgencia. Solo entonces parecieron descubrir que estaban pretendiendo mediar ante un gobierno argentino con el que no tenían relaciones diplomáticas oficiales, desde la retirada del entonces embajador británico John Henry Mandeville, tres años antes.

Para ocupar el cargo de embajador en Buenos Aires fue nombrado sir Henry Southern, que tenía gran experiencia y que conocía perfectamente el idioma español, ya que había sido embajador en Madrid durante varios años.

Tratado thumb|180px|Felipe Arana. El nuevo embajadador llegó el 5 de octubre de 1847 a Buenos Aires, y presentó sus credenciales al Ministro Felipe Arana. Pero Rosas ordenó a éste no recibirlas, hasta que el Reino Unido accediera a firmar un acuerdo, sobre las bases Hood. Southern se dio cuenta de que, si se negaba, habría navegado 9.000 millas para fracasar el primer día. Cedió de palabra a todo, suplicó que se le permitiera residir en Buenos Aires, se entrevistó varias veces con Manuelita Rosas, a quien trató como una amiga. Logró por el momento residir en Buenos Aires. En diciembre, tras cursar una nota por demás halagadora para el gobernador, ofreciendo tratar todo el conflicto sobre las bases Hood, logró finalmente ser recibido por Rosas en carácter de agente diplomático. Inmediatamente escribió a Londres, presentando el fruto de sus cesiones como un triunfo.

A principios de 1849, Southern recibió orden de llegar a un acuerdo final, sobre las bases que aceptara Rosas. La negociación fue muy larga, más que nada por la tendencia del gobernador a detenerse en detalles nimios. Pero, finalmente, el 24 de noviembre, se firmó la Convención para restablecer las perfectas relaciones de amistad entre la Confederación Argentina y Su Majestad Británica, también conocido como el Tratado Southern-Arana.

Por el mismo, se reconocía a la Confederación Argentina la plena soberanía sobre sus ríos interiores, incluido el río Uruguay en común con la República Oriental. Además se reconocía el derecho de la Argentina de solucionar sus diferendos con el gobierno uruguayo por vías pacíficas o bélicas sin intervención extranjeras, incluyendo el derecho a bloquear los puertos enemigos. También se le devolvían la flota capturada y la isla Martín García, y habría un desagravio de la bandera argentina por la flota británica.

El Reino Unido se reconocía vencido.La frase es el título de un capítulo del libro de Ándrés Carretero, La santa federación. Memorial de la Patria, tomo VIII, Ed. La Bastilla, Buenos Aires, 1984, pág. 94. El tratado es visto como un triunfo considerable para Rosas, ya que era la primera vez que los países sudamericanos emergentes fueron capaces de imponer su voluntad a dos imperios europeos.

Ratificación La Convención fue firmada el 24 de noviembre de 1849 y ratificada el 15 de mayo de 1850. El tratado entró en vigor después de la ratificación. Detalles del tratado fueron publicados en el volumen 37 de los archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores y de la Mancomunidad de Naciones del Reino Unido.

Acuerdo de navegación de Urquiza thumb|180px|Justo José de Urquiza. El bloqueo anglo-francés del Río de la Plata fue seguido por una rebelión de Justo José de Urquiza contra Rosas. En febrero de 1852 Urquiza derrotó a Rosas en la batalla de Caseros y lo reemplazó en el poder. Poco después de la victoria de Urquiza, Sir Charles Hotham, que participó tempranamente en el conflicto, escribió al conde de Malmesbury (que había sustituido a Lord Palmerston) sugiriendo que era hora de considerar romper el tratado Arana-Southern y permitir la libre navegación de los ríos argentinos.

Urquiza celebró dos entrevistas con el representante británico Robert Gore, y en el segundo, expresó sus «planes de desarrollo de los recursos de este gran y rico país, la apertura de los ríos a todas las naciones, siendo los buques libres para navegar los ríos y levantar o dejar carga sin tener que parar antes en Buenos Aires». Los británicos centraron sus esfuerzos diplomáticos en la obtención de un acuerdo de navegación que abriera los ríos para la navegación. La oficina de Relaciones Exteriores de Francia se contactó para este fin, y ambos países enviaron una misión diplomática a la Argentina en mayo de 1852, dirigida por Sir Charles Hotham y Michel de Saint-Georges, de poner fin a las restricciones de los tratados Arana-Southern y Arana-LePrédour. Tuvieron una entrevista con Urquiza, quien estuvo de acuerdo con sus propuestas, en agosto de ese mismo año.

Durante un período de calma en el asedio y bloqueo de Buenos Aires, entre el 10 y 13 de julio de 1853, Urquiza firmó acuerdos de navegación con los representantes del Reino Unido, Francia y Estados Unidos que garantizaron la libre navegación de los ríos interiores argentinos para el comercio exterior. En opinión de James Scobie, su intención era obtener un instrumento jurídico para obligar al gobierno argentino a proteger la libertad de navegación en caso de que la provincia de Buenos Aires tratara de cortar las comunicaciones de la Confederación con el exterior. La libre navegación los ríos se incluyó en la Constitución Argentina de 1853.

El tratado y la disputa pendiente por Malvinas

Escritores británicos sostienen que el Tratado Arana-Southern de 1849 resolvió todas las disputas entre el Reino Unido y la Argentina, incluidas las Malvinas, porque Argentina no formuló reserva expresa de sus derechos sobre las islas en el mencionado Tratado y que, por lo tanto, abandonó su reclamo.

Esta afirmación no tiene fundamento conforme al texto de la Convención. En efecto, Argentina no abandonó su reivindicación sobre las Islas Malvinas, por cuanto el objeto y fin del mencionado Tratado surgen claramente de su artículo 1.°, que dice: “Habiendo el gobierno de S. M. B., animado del deseo de poner fin a las diferencias que han interrumpido las relaciones políticas y comerciales entre los dos países, levantado el día 15 de Julio de 1847, el bloqueo que había establecido en los puertos de las dos repúblicas del Plata, dando así una prueba de sus sentimientos conciliatorios, al presente se obliga con el mismo espíritu amistoso, a evacuar definitivamente la isla de Martín García, a devolver los buques de guerra argentinos que están en su posesión, tanto como sea posible, en el mismo estado en que fueron tomados, y a saludar al pabellón de la Confederación Argentina con veintiún tiros de cañón”. Las “diferencias que han interrumpido las relaciones políticas y comerciales entre los dos países” que menciona el artículo 1.° eran las surgidas por la intervención británica en el Río de la Plata, poner término al bloqueo y a resolver la cuestión de la navegación de los ríos. La usurpación británica de las Islas Malvinas en 1833 no había interrumpido jamás las relaciones políticas y comerciales entre Argentina y Gran Bretaña. En todo el texto del Tratado, no hay mención alguna a las Islas Malvinas, ni implícita, ni explícitamente. El resto de los artículos se refiere siempre al bloqueo del Río de la Plata.