El Mito del Votante Racional: Por qué las Democracias Escogen Malas Políticas es un libro publicado originalmente en inglés en 2007 por Bryan Caplan y en español en 2015 (Editorial Innisfree) en el que desafía la noción de que los votantes son personas razonables en los cuales la sociedad puede confiar para crear leyes. Más bien, Caplan sostiene que los votantes son irracionales en la esfera política y tienen ideas sistemáticamente sesgadas acerca de la economía.

Visión general A lo largo del libro, Caplan se enfoca en las opiniones de los votantes de la economía, dado que muchas decisiones políticas son acerca de problemas económicos (inmigración, comercio, bienestar, crecimiento económico, etcétera). Usando datos de la Encuesta de Americanos y Economistas en la Economía, Caplan categoriza las raíces de los errores económicos públicos en cuatro sesgos: crea-trabajo, anti-extranjero, pesimista, y anti-mercado.

Sesgo de crear trabajo Caplan se refiere al sesgo de crear trabajo como “la tendencia a subestimar los beneficios económicos de conservar el trabajo.”Bryan Caplan, The Myth of the Rational Voter: Why Democracies Choose Bad Policies, (Princeton University Press, 2007), p 40. Caplan reclama que existe una tendencia a igualar el crecimiento económico con la creación de empleo. No obstante, esto no es necesariamente cierto, dado que el verdadero crecimiento económico es un producto de aumentos de la productividad del trabajo. La descolocación y el desempleo pueden ser causados por aumentos en la productividad haciendo que ciertos trabajos dejen de ser necesarios. En igualdad de condiciones, la racionalidad económica requeriría que estas personas usaran sus talentos en otra parte. Caplan hace especial énfasis en el alejamiento de la agricultura que lleva sucediendo los 200 últimos años —de casi un 95% de Americanos agricultores en 1800 a solo el 3% en 1999— como ejemplo ilustrativo.W. Michael Cox and Richard Alm, Myths of Rich and Poor, (New York: Basic Books, 1999), p 128. Cited in Bryan Caplan, The Myth of the Rational Voter, p 42. Mientras una economía se industrializa, los aumentos de la productividad del trabajo en la agricultura implican que es necesario menor trabajo para producir una cantidad determinada de bienes de agricultura, liberando el trabajo (un recurso escaso) para que se emplee en la producción de bienes y servicios manufacturados (sector secundario)

Sesgo anti-extranjero Caplan habla del sesgo anti-extranjero como “la tendencia de subestimar los beneficios económicos de la interacción con extranjeros.”Bryan Caplan, The Myth of the Rational Voter, p 36. Las personas ven sistemáticamente a su país de origen como si estuviera compitiendo con otras naciones y son aversos a establecer el libre comercio con ellos. Los extranjeros son vistos como el "enemigo" incluso si ambos gobiernos están en una paz perdurable. Los principios de la ventaja comparativa permiten que dos países se beneficien en una gran proporción del comercio. El grado de beneficio raramente es igual, pero siempre es positivo para ambas partes. Caplan señala cómo el sesgo anti-extranjero puede estar arraigado a actitudes pseudo-racistas: para los americanos, comerciar con Japón y México es más controvesial que comerciar con Canadá e Inglaterra, de los cuales los últimos hablan el mismo idioma y son blancos como los americanos.Bryan Caplan, The Myth of the Rational Voter, p 39.

Sesgo pesimista Caplan hace referencia al sesgo pesimista como “la tendencia a sobreestimar la severidad de los problemas económicos y subestimar el pasado, presente y futuro (reciente) del desempeño de la economía.”Bryan Caplan, The Myth of the Rational Voter, p 44. El público generalmente percibe que las condiciones económicas siempre están decayendo. Caplan alega que hay poca o ninguna evidencia para respaldar tales percepciones. Entre los desfiadores que Caplan cita está Julian Lincoln Simon y su libro, The Ultimate Resource, que argumento que la sociedad continúa progresando a pesar de la degradación ambiental y un uso creciente de recursos naturales.

Sesgo anti-mercado Caplan cita el sesgo anti-mercado como “la tendencia a subestimar los beneficios del mecanismo del mercado.”Bryan Caplan, The Myth of the Rational Voter, p 30. Desde su punto de vista, el pueblo tiende a verse como víctimas del mercado, más que participantes de él. Las corporaciones, incluso los oferentes de baja escala, son vistos como monopolistas codiciosos que abusan del consumidor. Caplan argumenta que todas las transacciones son calles de dos caminos. Engañar o abusar de las personas es malo para las empresas y la existencia de múltiples oferentes ofreciendo productos similares demuestra que hay competencia, no poder de monopolio.

Encuesta de americanos y Economistas en la Economía El autor presta especial atención la Encuesta de Americanos y Economistas en la Economía (EAEE) de 1996, creada por el Washington Post, la Kaiser Family Foundation, y la Universidad de Harvard. El EAEE preguntó a 1,510 miembros aleatorios del público americano y a 250 personas con un PhD en economía las mismas preguntas acerca de la economía. En adición a las 37 preguntas de asuntos, el EAEE también indagó acerca de los ingresos de los participantes, crecimiento de éstos, educación y otra información demográfica.

Las respuestas a las cuestiones suelen ser diferentes: el público normalmente culpa a la tecnología, la subcontratación, los altos beneficios de las empresas, y el downsizing como razones de por qué el crecimiento no es tan alto como debería. Los economistas, por otra parte, apenas prestaron atención a tales argumentos. 74% del público culpó a las avariciosas compañías de petróleo por precios altos, mientras que solo el 11% de los economistas lo hicieron.Bryan Caplan, The Myth of the Rational Voter, p 87. El público tiende a creer que los salarios reales están decreciendo, mientras que los economistas suelen adoptar la postura opuesta.

Caplan observa que el abismo entre los economistas y el público general puede estar por parte de un sesgo de los expertos. Un sesgo de autoservicio (los economistas son ricos y por ello creerán aquello que les beneficia) o sesgo ideológico (los economistas son un puñado de ideólogos de derecha) son dos desafíos que el autor señala. Caplan escribe: "Tanto el sesgo de autoservicio como el ideológico son, en principio, empíricamente comprobables. ¿Son las visiones de los economistas producto de su riqueza? Entonces los economistas ricos y no-economistas ricos deberían estar de acuerdo. ¿Los economistas están cegados por una ideología conservadora? Entonces los economistas conservadores y no-economistas conservadores deberían estar de acuerdo"Bryan Caplan, The Myth of the Rational Voter, p 54. Consecuentemente, si el sesgo de autoservicio es inevitable, sesgaría igualmente las percepciones de los no ricos, haciendo que crean en el argumento normativo de que el gobierno debería reducir la desigualdad de riqueza y los argumentos positivos de que las desigualdades de resultados son severas y son perpetradas por estructuras de poder corporativas y gubernamentales.

Usando los datos de la EAEE (que incluyen medidas de ideología, ingresos, seguridad laboral, y otras), Caplan simula lo que la gente creería si tuvieran las mismas circunstancias como economistas—una técnica utilizada a menudo en la ciencia política denominada “preferencias iluminadas”. Si los sesgos ideológicos y de autoservicio son verdaderos, la mayor parte de la diferencia entre el "público iluminado” y los economistas debería desaparecer. Si, a pesar de todo, el público iluminado no está muy cercano a los economistas, entonces algo tiene que estar pasando, dado que tales explicaciones han sido neutralizadas. Caplan cree que algo tiene que ver con los sesgos que enumeró previamente. Los datos parecen favorecer el argumento de Caplan, con la mayoría (pero no todo) del público iluminado más cercano a los economistas que al público ordinario.

Irracionalidad racional

En la economía neoclásica estándar, se asume que las personas son racionales; la noción de sesgo sistemático se considera como una suposición descuidada. En muchos sentidos, Caplan está de acuerdo con lo siguiente: la mayoría de las personas son racionales a la hora de escoger un trabajo, comprar leche, contratar empleados, y eligiendo una estrategia de negocios. Pueden estar equivocados, por supuesto, pero un sesgo sistemático raramente ocurriría (a diferencia de lo que dice la economía conductual)

Pero el autor argumento que la gente sólo es racional porque sería costoso estar equivocado. Un racista contrataría a una persona negra altamente cualificada porque las alternativas serían costosas para la compañía. Un proteccionista seguiría subcontratando porque tiene que conseguir muchas ventajas sobre sus competidores para seguir estando en el negocio. Alguien que piensa que una tienda de descuentos está embrujada cuestionaría sus conclusiones si su presupuesto fuera pequeño.

A veces, sin embargo, es poco costoso para las personas aferrarse a sus creencias preconcebidas, y a la gente le gusta tener tales creencias. La Racionalidad irracional simplemente establece que cuando es poco costoso creer algo (incluso cuando es incorrecto) es racional creerlo. Se niega a rechazar la lógica propia y a preguntarse seriamente si lo que se cree es cierto. Para cierta gente, pensar es doloroso y lo evitará si puede. Esto aparece normalmente en la política. Caplan argumenta que, "Dado que las creencias políticas ilusorias o delirantes son gratuitas, el votante las consumirá hasta que llegue a su "punto de saciedad", creyendo aquello que le haga sentir mejor. Cuando una persona realiza su votación, no tiene que renunciar a la eficacia práctica por su autoimagen, dado que no tiene eficacia práctica renunciar desde el primer momento."Bryan Caplan, The Myth of the Rational Voter, p 132.

Relación con la teoría de la elección pública El libro es notable en el uso de la irracionalidad, una asunción rara en economía. Aun así, el trabajo es un desafío a la teoría convencional de la elección pública, donde los votantes son vistos como racionalmente ignorantes. La elección pública convencional o bien enfatiza la eficiencia de la democracia (como en el caso de Donald Wittman) o, más comúnmente, el fallo democrático debido a las interacciones entre políticos egoístas y burócratas, bien organizados, intereses específicos buscadores de rentas y un público general en gran parte indiferente (como en el trabajo de Gordon Tullock, James M. Buchanan, y muchos otros).

Caplan, aun así, enfatiza que el fracaso democrático existe y coloca la culpa en el público general. Hace énfasis especial en que los políticos son a menudo cogidos entre una roca y un sitio duro: gracias a los asesores, saben qué políticas serían generalmente beneficiosas, pero también saben que tales políticas no son las que las personas quieren. Por ello están equilibrando políticas económicas buenas (de tal forma que no pierden votaciones por un crecimiento lento) y malas (de tal forma que no pierden votos debido a políticas impopulares).

Recepción

Prensa popular El libro fue revisado en la prensa popular, incluidos el Wall Street Journal, el New York Times, y el New Yorker. También fue mencionado brevemente por el Time Magazine.

Prensa académica