La Ciudad de los Césares, también conocida como Ciudad encantada de la Patagonia, Ciudad errante, Trapalanda, Trapananda, Trapalandia, Lin Lin o Elelín, es una ciudad mítica de América del Sur, que se supone ubicada en algún lugar del Cono Sur (preferentemente en algún valle cordillerano de la Patagonia entre Argentina y Chile).

La ciudad se caracterizó por ser buscada intensamente durante la época colonial, pues se suponía que había sido fundada, según las diferentes versiones, por españoles (náufragos, o exiliados) o por mitimaes incas; y que estaba llena de riquezas, principalmente oro y plata.

Ubicación

La amplitud del territorio original que fue descrito donde posiblemente se encontraría ubicada esta ciudad se debe a que en los tiempos de la colonización española, históricamente el término de "los Césares" fue utilizado para describir a cualquier ciudad de "ubicación desconocida" de la que se creía su existencia en el Cono Sur de América, en el actual territorio de Chile o parte del territorio de Argentina vecino al de Chile, particularmente en la Patagonia.

Ello se habría producido posiblemente por el desconocimiento de la existencia de otros antecedentes que presentaban una ubicación diferente para quienes conocían una posible ubicación de la mítica ciudad; esto ya que aproximadamente en la misma época se realizaron diferentes expediciones "oficiales" a territorios que eran distantes entre ellos. Si bien es reconocidamente importante la existencia de yacimientos auríferos, llamados placeres, en la fértil región patagónica intermontana llamada por los tehuelches como Chulilaw, principalmente los cercanos a Esquel, lo cierto es que allí nunca hubo una gran ciudad.

Francisco Solano Asta-Buruaga y Cienfuegos escribió en 1899 en su Diccionario Geográfico de la República de Chile sobre el lugar: Césares (Ciudad de los).-—Población que el espíritu visionario de la época del descubrimiento de América, supuso existir en un valle del interior de los Andes hacia el E. de la ciudad de Osorno, ó por la parte oriental de los lagos de Puyehue y Ranco. Dábase á esta imaginaria ciudad edificios con techos de plata, iglesias y torres de jaspe, y campanas de oro, y cuyos habitantes, retraídos de todo trato exterior, poseían cuanto se imaginaba de deleitable. La existimación de esta maravilla de esplendor y opulencia, hizo se promoviesen expediciones en su busca, á la manera de las que emprendieron Gonzalo Pizarro, Pedro de Ordaz, Francisco de Orellana y el inglés Gualterio Raleigh para descubrir el famoso Dorado, ese país de oro, que el visionario Juan Martínez aseguraba existir en los valles del Amazonas. La primera tentativa formal en busca de los Césares se hizo en 1638 por Jerónimo Luis de Cabrera, gobernador de Tucumán, siguiéndose á ésta otras igualmente ineficaces. Volvieron á renovarse con la real cédula de 18 de mayo de 1716, dirigida á este efecto al Presidente de Chile, acompañada de un derrotero de un tal Díaz de Rojas, y mediante otras instrucciones posteriores de España y del Perú. Pero, aunque bastaba para disipar esa extraña alucinación el mal éxito de las diligencias practicadas, sin embargo, los informes recogidos bajo el gobierno de Jáuregui por el comisario de indios en Valdivia, Don Ignacio de Pinuer, que confirmaban la existencia de una gran ciudad en la inmediación de Ranco, y un curioso dictamen de 31 de julio de 1782 del fiscal de Santiago, Pérez Uriondo, condujeron todavía á despachar una expedición hacia ese lago y llevaron al P. Menéndez y á Francisco Delgado á intentar otras en 1783 y 1785, con lo que vino á disiparse el embaimiento en que la idea de la ciudad encantada tenía aún á personas no vulgares de Chile y del Perú.

Origen de la leyenda

El viaje de Francisco César

thumb|right|300px|Mapa del Atlas Miller (1519) donde se observa la costa de Brasil y la desembocadura de los ríos Amazonas y De la Plata.

Si bien la actual leyenda de la Ciudad de los Césares está basada principalmente en la fusión de cuatro historias independientes, la primera referencia sobre su existencia aparece con la expedición realizada por el capitán Francisco César en 1528, en el marco de una avanzada mayor dirigida por Sebastián Gaboto en busca de la legendaria Sierra de la Plata. Gaboto había partido desde España en 1526 con la misión original de alcanzar las Molucas, cruzando el estrecho de Magallanes. Sin embargo, durante su escala en Pernambuco (Brasil), la expedición escuchó las primeras versiones sobre una rica tierra en el interior de América del Sur a la cual se podría acceder a través de un gran estuario ubicado más al sur.<ref name="hgi1">"Historia General de las Indias (libro virtual). Capítulo CIX. Francisco López de Gómara. Medina del Campo, 1553; Zaragoza, 1555."</ref>

En Santa Catarina, Gaboto tomó contacto con Melchor Ramírez y Enrique Montes, náufragos de la frustrada expedición de Juan Díaz de Solís al Río de la Plata de 1516, quienes confirmaron los rumores mostrándole algunos metales preciosos y relatándole la saga de Alejo García, otro náufrago de la expedición de Solís que, confiado en el relato de los indios, se había internado en lo profundo del continente hasta las tierras del Rey Blanco (Imperio inca), donde estaba la supuesta Sierra de la Plata (Cerro Rico de Potosí)."Historias del Río de la Plata - Roberto Hosne (Buenos Aires, 1998)."

Según esta versión, García había conseguido su objetivo hallando grandes riquezas en el actual altiplano boliviano, aunque finalmente terminó siendo asesinado por los indios payaguas en su camino de regreso hacia la costa atlántica. Todos estos testimonios convencieron a Gaboto para abandonar la misión original en busca de las prometedoras riquezas de América del Sur. Cabe destacar que para ese entonces aún los españoles desconocían la existencia del Imperio inca, que recién sería descubierto por Francisco Pizarro en 1532 descendiendo por la costa del Pacífico desde la Ciudad de Panamá.

Al ingresar al Río de la Plata, la expedición de Gaboto tomó contacto con el ex grumete Francisco del Puerto, único sobreviviente de los hombres que habían tocado tierra firme junto a Solís en 1516. Del Puerto, quien había entablado vínculo con los indios, ratificó los rumores sobre la Sierra de la Plata y se unió a la avanzada española como guía e intérprete. Río arriba, en la confluencia del Paraná con el Carcarañá, Gaboto decidió establecer el fuerte de Sancti Spiritu (1527), primer asentamiento europeo en la cuenca del Río de la Plata, que serviría como base para la conquista de la región.

La expedición de Sebastian Gaboto hacia la Sierra de la Plata sufrió sus primeros tropiezos cuando a la altura del río Paraguay la fuerza de la corriente le impidió continuar viaje, por lo que se decidió enviar una avanzada al mando de Miguel de Rifos que resultó emboscada por los indígenas a la altura del río Pilcomayo con la posible complicidad de Francisco del Puerto. Ante este panorama Gaboto decidió retornar a Sancti Spiritu para reorganizar sus fuerzas.

Mientras se realizaban los preparativos para remontar nuevamente el río Paraná hacia el norte, el capitán Francisco César solicitó y obtuvo autorización para realizar su propia exploración, junto a unos pocos hombres, desde Sancti Spiritu hacia el oeste, viaje que marcaría el comienzo de la leyenda de la Ciudad de los Césares. "La leyenda de los Césares, su origen y evolución - Ricardo E. Latcham (1929)." Según consta el relato, el grupo de César fue uno de los tres enviados por Caboto a explorar Sudamérica. La única banda que regresó fue la de César con unos pocos hombres.

Finalmente, poco después, los indios del lugar terminaron arrasando el fuerte español, con lo cual Gaboto tuvo que aceptar su derrota y emprender el retorno a España. Más allá de no haber obtenido resultados concretos, la expedición de Gaboto sirvió para consolidar en Europa la fama de la Sierra de la Plata y el rumor de que en algún lugar, cerca de allí, también existía una gran ciudad llena de riquezas conocida como la Ciudad de los Césares. El historiador argentino Enrique de Gandía piensa que lo que se dice que vio u oyó César fue un espejismo del Imperio incaico.

El relato de César fue difundido por Ruy Díaz de Guzmán, pero luego se fue fusionando con otros relatos, muchos de ellos de otros orígenes y alejados del Imperio inca. Así, el "relato" de César terminó ampliado y con características épicas.

En el , el investigador José Toribio Medina estudió los datos disponibles sintetizándolos en una relación mucho más ajustada a la realidad.

El relato de Ruy Díaz de Guzmán

300px|thumb|Mapa de la región pampeana argentina.

Esta versión fue elaborada por el conquistador y cronista asunceno Ruy Díaz de Guzmán, quien dijo haberla escuchado de boca de Gonzalo Saénz Garzón, quien a su vez afirmó haberla oído del propio capitán Francisco César en la ciudad de Lima. La versión de Ruy Díaz de Guzmán, difundida por Ciro Bayo y otros escritores, relata que Francisco César y su gente llegaron hasta la Cordillera de los Andes, donde encontraron una provincia rica y fértil, con ganado, metales preciosos y mucha gente al mando de un cacique que habría recibido gentilmente a la avanzada española, obsequiándole regalos al capitán César tras su despedida.

Sin embargo, al volver a Sancti Spiritu la expedición habría encontrado el fuerte quemado, sin rastros de Gaboto y sus hombres por lo que, bajo esas circunstancias, César habría decidido encaminarse hacia el Perú junto a sus soldados, ya que habría tenido noticias de la llegada de Francisco Pizarro a aquellas tierras. Así, la avanzada de Francisco César habría atravesado la Cordillera de los Andes en un punto donde la altura les permitía ver mar a ambos lados, para luego continuar viaje surcando la costa del Pacífico pasando por Atacama, Lipez y Charcas hasta el Cuzco, llegando justo en el momento en que Pizarro mantenía cautivo al emperador inca Atahualpa.

Según esta versión, el épico viaje de Francisco César a través de media América del Sur habría durado siete años y tras ella, sus hombres habrían sido bautizados como Los Césares y la expedición en general habría sido conocida como la Conquista de los Césares, aunque no está claro cuándo empezó a usarse ese nombre, que por su extensión comenzó a creerse que podría haber abarcado sitios tan lejanos como el sudoeste de la región pampeana o incluso la Patagonia.

Reconstrucción de José Toribio Medina 300px|thumb|Vista del lago Los Molinos en las sierras de Córdoba. A comienzos del , don José Toribio Medina publicó una obra criticando y aclarando diversos puntos ofrecidos por la versión original de Ruy Díaz de Guzmán. Según su investigación, Francisco César habría partido de Sancti Spiritu a mediados o fines de noviembre de 1528, acompañado por otros catorce hombres repartidos en tres columnas: una hacia donde habitaban los quirandíes, otra hacia donde estaban los curacuraes y la última por el río Curacuraz. César y siete compañeros más, supuestamente los hombres que componían su propia columna, regresaron al fuerte español en febrero de 1529, con lo cual el viaje hacia el interior del territorio habría durado no más de dos meses y medio.

De esta expedición solo consta en los documentos que los soldados de César "dijeron haber visto grandes riquezas de oro y plata y piedras preciosas", sin conocerse cuál había sido la suerte de los demás hombres o por qué lugares exactos habrían pasado los sobrevivientes. Otro posible dato sobre el resultado de la expedición lo aportó Cieza de León en su obra Guerra de Chupas, quien dijo haber conocido a César y a Francisco Hogazón, otro de los primeros conquistadores de la región del Río de la Plata, y que a menudo les había escuchado hablar y afirmar bajo juramento que habían visto "mucho tesoro y grandes ganados de los que aquí llamamos ovejas del Perú y que los indios eran bien vestidos y de buen trato".