miniaturadeimagen|250x250px|Simón Bolívar es considerado uno de los mayores representantes del pensamiento conservador venezolano. El conservadurismo en Venezuela o conservadurismo venezolano es un término utilizado para referirse a un amplio sector político, social y cultural de carácter heterogéneo, variando con el paso del tiempo y en ocasiones llegando a englobar a figuras inconexas o en conflicto entre sí.

Entre las ideas básicas que han defendido los grupos conservadores a lo largo de la historia del país se encuentran el apego a las tradiciones, el respeto por la familia y la religión. Estos movimientos se han identificado en el espectro político a la derecha y extrema derecha aunque con algunas marcadas diferencias sobre todo en materia económica. Algunas corrientes favorecieron el proteccionismo y la intervención estatal, mientras que las corrientes modernas defendieron el neoliberalismo y la reducción del Estado.

Durante la guerra de independencia, los líderes de dicho proceso proclamaban un nuevo Estado bajo los principios del liberalismo clásico, frente a los defensores de la metrópoli. Algunos historiadores consideran que aquellos liberales no tenían diferencias ideológicas notables con los conservadores, excepto el independentismo. La ideología conservadora tuvo un rol central durante diversos gobiernos y personalidades desde los tiempos de la independencia y entre sus figuras primordiales se encontraban los militares Simón Bolívar y José Antonio Páez.

Desde el algunas corrientes conservadoras fueron haciendo mayor énfasis una sociedad basada en el pragmatismo económico y culturalmente conservadora dentro de la diversidad social y racial del país.

Historia

Época colonial Para algunos autores las ideas conservadoras se comenzaron a desarrollar durante la época colonial. Durante este periodo se estableció una sociedad profundamente jerarquizada dividida en castas en la cual la propiedad era uno de valores fundamentales. La jerarquización de la sociedad se justificaba por un presunto un mandato divino lo que influía en la poca movilidad social que provocaba que la riqueza se concentrara en los españoles y los blancos criollos de la élite, denominados mantuanos.

Para el escritor Manuel Vicente Magallanes se implantaron relaciones de poder que se sostenían por medio de la obediencia a las autoridades tradicionales así como en los principios del aristotelismo, escolasticismo y la doctrina de la Iglesia católica, rechazando el libre análisis o la experimentación. miniaturadeimagen|América española hacia el año 1800, en color morado véase la Capitanía general de Venezuela. Estos elementos provocaron una sociedad de profundas raíces conservadoras donde el cambio era difícil y estos debían provenir de las decisiones de la metrópoli. Entre algunas de las instituciones que mantenían el poder se encontraba las autoridades reales y las casas comerciales. Estos grupos junto con los mantuanos generalmente se mostraron con recelo a las nuevas ideas y al cambio político.

Otra de las instituciones que mayor peso tendría en la sociedad colonial fue la Iglesia católica siendo una de las mayores promotoras de la defensa del orden establecido. Esta institución tuvo un papel relevante en el proceso de formación educativa y adoctrinamiento de la población por medio de la evangelización.

En 1687 se publicaron las Constituciones Synodales del Obispado de Venezuela, y Santiago de León de Caracas que establecían una serie de normas para la Iglesia y la sociedad. En estas se dejaba en evidencia la supremacía de los blancos criollos y la subordinación de los demás estratos. Se declararon a los blancos criollos como «padres de familia» encargados del cuidado de los negros, indios y mestizos denominados como «multitud promiscual» y que, según el texto episcopal, estaban incapacitados para la vida civilizada.

En los siglos posteriores la Iglesia se convirtió en uno de los pilares defensores de las ideas conservadores en el país y tendría entre sus principales intereses el monopolio privado de la educación y la lucha en contra de las separación entre el Estado y la Iglesia.

Con el paso de los años la rigidez de la sociedad comenzó a cambiar. El reformismo borbónico y la debilidad de la monarquía española permitió algunas reformas en el orden establecido. Se comenzaron a difundir nuevas ideas relativas a una sociedad más abierta y autónoma de Madrid a través de la fundación de escuelas y universidades establecidas por la Orden de los Jesuitas y el contrabando de obras sobre la ilustración y el liberalismo.

Estos cambios se comenzaron a evidenciar tras la conspiración de Gual y España en 1794, uno de los primeros intentos independentistas, aunque el mismo generó el rechazo de los «grandes cacaos» provocando su fracaso. Diversas personalidades del escenario político, económico y militar leales a España mostraron su rechazo a las ideas de la Revolución francesa y se oponían a un posible proceso emancipador en las colonias de la Corona española.

Guerra de independencia Una vez ocurrido los sucesos del 19 de abril de 1810 los defensores de la Corona conformaron la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII. Las confrontaciones ideológicas entre los realistas y republicanos llevó a que algunos de los líderes patriotas calificaran a los realistas como conservadores por su oposición al cambio. Sin embargo, durante la guerra de independencia parte de la élite y los dirigentes republicanos mantuvieron un actitud ambivalente a estos cambios.

La parte más conservadora de la clase dirigente se mostraba contraria a los partidarios locales del jacobinismo y no concebía el proceso de independencia como una lucha moral, sino económica. Estos veían a la monarquía como un obstáculo para el progreso debido a las limitaciones al comercio que imponía a las colonias por lo que esperaban que la independencia fuera solo una transición de poder a los criollos. Mientras que el sector más liberal concebía a la independencia como un proceso de transformación profunda social e igualitaria.

Para varios historiadores uno de los principales referentes del conservadurismo venezolano y latinoamericano fue el militar Simón Bolívar. Para el historiador Tomás Straka Bolívar pasó de un pensamiento radical y jacobino de su juventud a uno pragmático, definido como un conservadurismo liberal. El escritor Víctor Andrés Belaúnde llegó a expresar que Bolívar trató de establecer una república conservadora que trataba de organizarse «entre dos utopías». Por un lado la del federalismo y la democracia y por el otro la monarquía.

Por su parte el historiador Manuel Caballero llegó a calificar a Bolívar como un reaccionario y precursor del fascismo que deseaba imponer un Estado conservador, autoritario, militarista y un imperialismo panamericano. Mientras que el historiador Germán Carrera Damas consideró a Bolívar como el «teórico fundamental del restablecimiento de la estructura de poder interna de la sociedad».

Entre 1811 y 1812, durante la Primera República, Bolívar mostró su apoyo a los sectores más radicales de la Sociedad Patriótica. Estos sectores apoyaban las ideas de la igualdad, democracia y libertad, pero evitaron conceder derechos a los estratos económicos más bajos. La falta de concesiones aunado a los odios raciales y al marcado regionalismo provocó la falta de legitimidad y el rechazo a la república gobernada por los blancos criollos que desataría una cruenta guerra civil que por momentos se convertiría en una guerra racial.

El fracaso de la Primera República provocaría un cambio en el pensamiento de Bolívar. Según Straka, Bolívar pensó que el exceso de liberalidad del régimen generó la anarquía y el colapso, aunque estas tesis no fueron compartidas por una parte de los sectores civiles y liberales que opinaban que el fracaso se debió a la falta de más democracia y federalismo. izquierda|miniaturadeimagen|Bandera usada durante la Segunda República de Venezuela y la Guerra a Muerte En 1813 se estableció la Segunda República luego de que Bolívar junto con sus tropas invadiera Venezuela y lograra tomar Caracas hecho por el cual se le concedió el título del Libertador. El nuevo gobierno encontró fuerte resistencia y rechazo, lo que llevó a Bolívar a poner en práctica medidas impopulares para tratar de mantener la república. Entre estas se encontraban la instauración de una dictadura y la declaración de la Guerra a Muerte.

Las medidas no solo no lograron salvar a la república, sino que fueron uno de los factores detonantes que provocaron una rebelión encabezada por el caudillo José Tomás Boves que al mando de ejércitos compuestos principalmente por mestizos, negros y pobres desató la violencia sobre la élite blanca acabando con la república en 1814.

El nuevo fracaso iría consolidando el pensamiento conservador en Bolívar. En la Carta de Jamaica de 1815 comenzó a esbozar sus ideas de una república centralista necesitada de gobiernos «paternales» y su rechazo por los estilos de gobiernos de tipo liberal y democráticos a los que no consideraba aptos para el país debido a la falta de «virtud» de sus habitantes.

Para algunos autores, en la carta Bolívar también mostró estar plenamente identificado con ideas eurocentricas y la defensa de la propiedad privada. En la carta mencionaba que Europa, en la que no incluía a España, debía haber «preparado y ejecutado» el proyecto de la independencia de América, debido a que este era el «medio legítimo y seguro de adquirirse establecimientos ultramarinos de comercio».

Gran Colombia Tras la instauración de la Gran Colombia Bolívar profundizó en sus ideas que servirían de base a la formación de su doctrina política. En el discurso de Angostura de 1819 continuaría considerando la inviabilidad del federalismo y la democracia en el país, poniendo como ejemplo el estudio de la constitución británica.

En su discurso propuso la formación de un senado hereditario compuesto por «hombres virtuosos» que formarían una especie de Cámara de los Lores que serían los encargados de servir de contrapeso para el gobierno y para el pueblo debido a la falta de virtudes que, según Bolívar, existían entre la población. En estas ideas pudo tener influencia el concepto del poder neutro o conservador de Benjamín Constant que había sido leído por Bolívar y que tenía por objetivo evitar los periodos de anarquía como El Terror.

También abogaba por un presidente con amplios poderes similares a los de un rey que fue calificado por sus críticos como un «Santo Oficio republicano» y el establecimiento de un Poder Moral inspirado en leyes de la antigua Grecia y Roma que serviría para «regenerar» el carácter del pueblo regresando a la supuesta superioridad de las viejas tradiciones.

La difusión del discurso y sus propuestas generaron tanto rechazo como aceptación. Desde sectores liberales comenzaron a identificar a Bolívar como un reaccionario y preocuparse de que quisiera hacerse nombrar rey. En 1819 miembros del Congreso de Angostura mostraron su preocupación por la aplicación del Poder Moral. Lo calificaron como impracticable y una especie de «inquisición moral, no menos funesta ni menos horrible que la religiosa». miniaturadeimagen|Simón Bolívar de Francis Martin Drexel. Para el redactor de la Gazeta de Caracas, el realista José Domingo Díaz, Bolívar en su discurso asumió que los patriotas se habían equivocado, llegando a tildarlo como el «primer Rey de Angostura». Según Díaz, en el discurso se reconocía que la democracia y la igualdad eran inviables; y que el pueblo era incapaz de gobernarse por lo que necesitaba de una élite y un gobierno fuerte que garantizara la estabilidad y el progreso.