thumb|300px|La localidad de Yeste en la actualidad. Los Sucesos de Yeste aluden al sangriento enfrentamiento entre campesinos y agentes de la Guardia Civil que tuvo lugar en el municipio de Yeste, provincia de Albacete, el 29 de mayo de 1936. Este trágico episodio se enmarca en un contexto nacional de conflictividad social y fuerte agitación política en las semanas previas al estallido de la Guerra Civil. Un guardia civil resultó muerto por arma blanca y otros 14 heridos, de los 25 que eran, cuando una multitud intentó liberar a seis jornaleros que habían sido detenidos por resistirse a dejar de cortar árboles y labrar en unas tierras de propiedad privada que en otros tiempos habían sido comunales. Los guardias civiles dispararon y mataron a 17 personas, dos de ellas concejales, e hirieron 13 más. Lo sucedido en Yeste trajo a la memoria de mucha gente los sucesos de Casas Viejas de enero de 1933. Según el historiador Francisco Espinosa Maestre, los sucesos de Yeste constituyeron «la última matanza de campesinos antes del golpe militar». Por su parte el general de la Guardia Civil Francisco Aguado Sánchez atribuye toda la responsabilidad en lo que él llama el «motín de Yeste» a los campesinos y a las autoridades locales de izquierdas.
«El suceso puso sobre el tapete un asunto fundamental: el cuestionamiento de los derechos de propiedad privada sobre antiguas fincas comunales», afirma Sergio Riesco. De hecho tras conocerse los hechos se aceleró la discusión del proyecto de ley que se había presentado en las Cortes sobre la reversión a los ayuntamientos de los bienes comunales. Por su parte Gabriele Ranzato considera «la matanza perpetrada en Yeste» como un ejemplo de que «la Guardia Civil —si bien sus mandos habían sido sometidos a una depuración radical— continuaba interviniendo en el campo con extrema brutalidad y fuera de control de otras autoridades». «El ensañamiento de las fuerzas del orden fue similar a aquel con el que habían actuado durante el sangriento episodio de Casas Viejas en enero de 1933. [...] El eco de lo sucedido en Yeste fue, en cambio, decididamente menor». Según Stanley G. Payne, «este sangriento incidente refleja los sentimientos de desesperación y rabia entre los obreros pobres, así como su extrema hostilidad y agresividad y también la tan demostrada inadecuación de la Guardia Civil —tanto en entrenamiento como en equipos— para ocuparse humanamente del control de las multitudes, aunque en este caso habría sido muy difícil sin un mayor número de guardias».
Los sucesos de Yeste fueron narrados por el escritor Juan Goytisolo en su novela Señas de identidad. Juan Goytisolo, Las cruces de Yeste, Diario El País, 17/11/1981.
Antecedentes Yeste contaba a comienzos de los años treinta con más de diez mil habitantes, si bien la mayoría de la población vivía diseminada en las pequeñas aldeas, caseríos y cortijos de este extenso y montañoso municipio.José Miguel Martínez Carrión, La población de Yeste en los inicios de la transición demográfica, 1850-1935, Instituto de Estudios Albacetenses, 1983. La economía local se sustentaba esencialmente en la agricultura y la explotación forestal. No obstante, la construcción del embalse de Fuensanta redujo la superficie de cultivo del municipio e impidió la conducción de maderas por los ríos Segura y Tus sin que se construyeran los caminos prometidos para el transporte alternativo de la madera ni se pusieran en regadío las hectáreas prometidas (la Mancomunidad Hidrográfica del Segura, dominada por los intereses murcianos, "saboteaba cuanto tendiese a establecer aprovechamientos en la provincia de Albacete".Indalecio Prieto, Yeste y la solidaridad española, Diario El Liberal de Bilbao, 06/06/1936.)
Lo anterior, sumado a la alta concentración de la tierra cultivable, ya de por sí escasa, y a la Ley de Términos Municipales, que dificultaba la contratación de los jornaleros yesteros en otros municipios, agravó el malestar de los habitantes de Yeste tras la finalización de las obras del pantano, en julio de 1933. En ese mismo mes los propietarios de los montes aislados por el embalse se negaron a pagar impuestos, la autoridad municipal dimitió, los obreros declararon una huelga el 22 de julio y los más exaltados cortaron la línea telefónica y se plantearon volar las compuertas del pantano con dinamita sustraída de las obras.Manuel Requena Gallego, Yeste durante la II República: modernización política y conflictividad social, 1931-1936, Instituto de Estudios Albacetenses, 2006. Así, Edmundo Alfaro, diputado republicano radical por Albacete, intervino en las Cortes con la siguiente afirmación:Diario de Sesiones de las Cortes republicanas, 13/07/1933.
Una de las aldeas de Yeste más afectadas por la inauguración del pantano era la de La Graya puesto que «la supervivencia de unas mil familias dependía en gran parte de las explotaciones forestales y de otras actividades que realizaban en la zona que quedó sumergida, mientras que los restantes bosques situados en las colinas no podían ser explotados económicamente por la razón contraria, es decir, la gran distancia que mediaba entre los troncos talados y el agua necesaria para transportarlos». Tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, las nuevas autoridades de izquierda de Albacete abrieron algunas tierras públicas de poca extensión para que los obreros locales explotaran su madera de manera privada, lo que, sin embargo, no acabó con el grave problema del desempleo. Así que en la primavera algunos grupos de jornaleros en paro comenzaron a entrar en las propiedades privadas para talar árboles y cultivar la tierra. Los propietarios se quejaron y la Guardia Civil intervino para poner fin a estas actividades ilegales.
Hechos
Las sucesivas crisis de los distintos gobiernos republicanos habían pospuesto sine die la búsqueda de soluciones para la problemática social de Yeste. En este contexto, al que cabe añadir el resquemor de las clases populares del municipio por la presunta malversación de las tierras comunales que habían acometido los caciques locales décadas atrás, se produjeron los dramáticos hechos de mayo de 1936. El historiador e hispanista británico Paul Preston los relata así:
Stanley G. Payne difiere del relato de Preston en un punto importante: que la primera agresión que acabó desencadenando la masacre no fue la de un guardia civil que perdió los nervios y disparó un tiro, sino que fue uno de los jornaleros el que tras arrebatarle el fusil a un guardia civil lo mató. Luis Romero también asegura que los que iniciaron los incidentes fueron la «multitud de campesinos que esgrimían armas blancas y herramientas», que rodearon a los guardias civiles y los agredieron, causando la muerte de uno de ellos y varios heridos, «lo que provocó una reacción en extremo violenta por parte de los guardias, que empezaron a disparar sus armas reglamentarias. El resultado fue una hecatombe». Romero también contradice a Preston en otro punto: que no fue el «cacique más poderoso de la zona» el que hizo ir a la Guardia Civil, sino que la denuncia la presentó la Jefatura Hidrológica Regional «por el peligro que suponía la tala de pinos», según aseguró el ministro de la Gobernación Juan Moles en su intervención en las Cortes para explicar los hechos.
El general de brigada de la Guardia Civil Francisco Aguado Sánchez, primer director del Servicio de Estudios Históricos de la Guardia Civil creado en 1968, en su libro Historia de la Guardia Civil de 1985 dio otra versión de los hechos. En ella advertía que la comisión gestora «carecía de atribuciones legales» para autorizar la roturación del monte público, calificaba la actuación de los jornaleros en los montes privados de «desmán», insinuaba la connivencia del alcalde de Yeste con los «campesinos con talante visiblemente agresivo provistos de palos, horcas, hachas, pinchos pineros y algunas escopetas» y con los «elementos visiblemente díscolos», mencionaba que «entre los amotinados destacan numerosas mujeres que, con ademanes zafios y provocadores, se levantan la ropa y gritan a los guardias civiles tirame aquí sí eres hombre» lo que contraponía a la valentía del hijo del Brigada Velando (herido en la cabeza) que consiguió rescatarlo de «la furia de las turbas», y también que «los leñadores, a pesar de su enorme desproporción, son incapaces para hacer frente a los tres guardias». Para finalizar afirma que «las versiones que se han escrito acerca del motín de Yeste han sido de lo más inexacto».
Repercusiones
Al día siguiente de los sucesos de Yeste el Gobierno, temeroso de las reacciones de los largocaballeristas y comunistas, se reunió para tratar de lidiar con las consecuencias políticas de lo ocurrido, mientras que a la prensa local se le prohibía informar sobre ello. Sin embargo, Largo Caballero no aprovechó el asunto para derribar al Gobierno, y la UGT se limitó a presentar ante el Gobierno Civil de Albacete una solicitud de huelga, que fue denegada por indicación del Ministerio de la Gobernación. Y es que por aquel entonces se temía que una crisis en el Gobierno del Frente Popular fuese aprovechada de algún modo por el Ejército y la derecha, la cual denunciaba un clima de anarquía y desórdenes públicos.Manuel Requena Gallego, op. cit. El socialista Ricardo Zabalza culpó de los sucesos a la miseria en que vivían los campesinos y «al desprecio y a la brutalidad con que los trataban muchas autoridades antirrepublicanas indignas de ocupar puestos de mando».
Ante la situación de pánico y el temor a represalias de buena parte de la población, dos días después acudieron a la localidad tres diputados (los socialistas José Prat y Amancio Muñoz Zafra, y el comunista Antonio Mije) para recabar información. Tras ser detenido su coche y cacheados por la Guardia Civil, el socialista José Prat, diputado por Albacete, solicitó al Ministerio de la Gobernación el relevo de los miembros del instituto armado en Yeste por guardias de Asalto. La Guardia Civil se negó a ser sustituida y solo aceptó el desplazamiento de seis guardias de Asalto con la condición de que estos últimos permanecieran bajo sus órdenes. Esta desobediencia del poder militar al gobernador civil de Albacete ha llevado al historiador Manuel Requena Gallego, de la Universidad de Castilla-La Mancha, a considerar «muy posible» que la Guardia Civil de Yeste estuviera ya entonces comprometida en el inminente pronunciamiento militar contra la República.
Los tres diputados elaboraron un informe sobre lo ocurrido que presentaron ante las Cortes. En él se señalaba como trasfondo de los sucesos la pérdida de bienes comunales, el caciquismo y la construcción del embalse de Fuensanta que había dejado en paro a muchas familias dedicadas al transporte fluvial de madera. La cuestión más grave que planteaba el informe era que la mayor parte de la víctimas habían muerto después del choque con la Guardia Civil y cuando ya se habían puesto a resguardo de los disparos o se encontraban heridos —algunas habían recibido el disparo cuando se encontraban tendidas en el suelo—. El informe señalaba como principal responsable al brigada que dirigía a los guardias civiles. José Prat concluyó su informe pidiendo «que no haya órganos públicos que tengan impunidad. La República, en definitiva, es un régimen de responsabilidad, y al Frente Popular le interesa que la responsabilidad brille porque es la justificación de la propia existencia». El comunista Mije, que intervino después, ratificó las palabras de su compañero y advirtió de las maniobras de la derecha para dividir al Frente Popular.