Descuartizador del Támesis o Asesino de los torsos del Támesis o Asesino del torso (en inglés: The Thames Torso Murder o The Thames Torso Killer o sencillamente The Torso Killer), fueron los motes o apodos con los que se designó a un supuesto homicida serial desconocido y nunca capturado, que operó en la Inglaterra victoriana, esencialmente a fines de la década de los ochenta (), y cuyo método de eliminación de cadáveres —todos ellos femeninos— consistía en trocear los cuerpos y diseminar los restos en zonas próximas al río Támesis, proceder que le valiera su alias criminal. Obviamente, al no haberse identificado al asesino ni haberse avanzado mucho en las investigaciones, no se tiene certeza que todas estas muertes hayan sido realmente asesinatos, ni que todos estos posibles asesinatos hayan sido cometidos por la misma persona. Recientemente y según ciertas fuentes, se estableció que el ultimador victoriano motejado Jack el Destripador pudo haber sido también quien aquí genéricamente llamamos Descuartizador del Támesis, y aún más, se afirmó basándose en supuestas pruebas, que Severin Klosowski fue el desconocido que en su época fuera denominado con estos dos motes; naturalmente, esta arriesgada hipótesis también ha sido objetada y cuestionada por varios estudiosos.El misterio que no envejece: Jack el Destripador, sitio digital 'El Espectador', 31 de agosto de 2013.
Antecedentes Los misteriosos y tétricos descubrimientos realizados en torno al Támesis, contaron con un posible antecedente entre los años 1873 y 1874. El 5 de septiembre de 1873, una patrulla de la policía del río, próxima a la localidad de Battersea, recogió fuera del agua un fragmento del tronco de una mujer. Poco más tarde, se fueron recolectando otras partes del mismo cadáver, a saber: el pecho derecho en Nine Elms, la cabeza en Limehouse, el antebrazo izquierdo en Battersea, la pelvis en Woolwich; y así sucesivamente, hasta que se armó un cuerpo casi completo. Al igual que sucediera con el caso de Rainham en 1887, al cabo de ese mes se reportó a diario en la prensa sobre las partes de ese cuerpo que se iban recuperando.
El doctor Thomas Bond,Gabriel Pombo, Thomas Bond: el forense del Destripador, sitio digital 'Pombo y Pombo', 16 de febrero de 2015. a la sazón flamante cirujano jefe de la Policía Metropolitana, se entregó a un encomiable y lóbrego trabajo, y fue reconstruyendo el cadáver, cosiendo una a una las piezas. Recomponer el rostro de la finada significó un enorme desafío, pues la nariz y la barbilla estaban desolladas, y a la cabeza le había sido arrancado el cuero cabelludo. La piel de la cara de la víctima fue equipada de la manera más natural posible en esas horribles circunstancias.
A pesar de que este pionero intento de reconstrucción facial se llevó a cabo con sumo «ingenio y habilidad» –de acuerdo a expresiones de los periódicos– el cuerpo sólo hubiera podido ser reconocido por aquellos que estaban más «íntimamente familiarizados con las características físicas de la persona fallecida».
Las autoridades rechazaron a muchos sujetos que se acercaron para saciar su morbo de contemplar el cuerpo destrozado. Entre éstos estaban «los comerciantes de horrores» que trataron de obtener un esbozo de los restos. Pero la policía obró con celo profesional, y únicamente a quienes se consideró con legítimas razones para ver esos fragmentos les fue exhibida una fotografía de los mismos.[Gordon-2002] págs. 179-180.
Comentando acerca de las lesiones, la revista médica The Lancet informó que: «Contrariamente a la opinión popular, el cuerpo no había sido troceado, pero era cierto que las articulaciones se habían abierto con habilidad, y los huesos resultaron perfectamente desarticulados, incluso en las articulaciones complicadas del tobillo y el codo. A su vez, en la articulación de la cadera y del hombro los huesos fueron aserrados».
Dado que esta vez devenía notorio que había atrás una mano criminal, un veredicto de asesinato con premeditación contra alguna persona o personas desconocidas fue alcanzado por el jurado en la encuesta judicial. El gobierno ofreció una recompensa de doscientas libras y un perdón gratuito a favor de cualquier cómplice que denunciara al ejecutor. Pese a tal medida, nunca se supo la identidad de la víctima, no se practicaron arrestos, y el asunto quedó a fojas cero.[Pombo-2015] pág. 122.
En el mes de junio del siguiente año de 1874, el organismo descuartizado de una fémina se extrajo de las aguas del Támesis, en la región de Putney. El rotativo News of the World del 14 de junio de ese año, anunció que el cadáver carecía de cabeza y de extremidades, salvo una pierna, y que el torso fue trasladado a la morgue de Fulham.
En ese ámbito, el cirujano forense E.C. Barnes manifestó que el cuerpo había sido dividido por su columna vertebral, y que se utilizó cal a fin de agilitar su descomposición antes de ser vertido en el río. A despecho de parecer que se trataba de un homicidio evidente, el jurado dictó un veredicto abierto.Gerard SPICER, The Thames Torso Mursers of 1887-1889, sitio digital 'Casebook Jack the Ripper'.
Los crímenes más conocidos y los hallazgos dudosos
En el mes de mayo de 1887, en el pueblo del valle del río Támesis, localidad de Rainham, dos trabajadores portuarios extrajeron de las aguas un paquete que guardaba el torso de una mujer. Estaba ausente la cabeza y una porción superior del pecho. Durante los meses de mayo y junio, partes de ese mismo cuerpo emergieron en distintos puntos de Londres.Gabriel Pombo, Jack el Destripador: La leyenda continúa (reedición ampliada, en google libros), editorial Torre del Vigía, Montevideo, 2015, ISBN 978 9974 99 868 1, pp. 116-119.
Los médicos forenses consideraron que las mutilaciones denotaban algún grado de conocimiento anatómico, pero que el cadáver no había sido diseccionado para fines clínicos; en suma, avalaron la teoría de un homicidio. Aquellos galenos no pudieron discernir la razón de la muerte ni acreditaron que un acto violento hubiese tenido lugar, por lo que el jurado convocado en la encuesta judicial regresó trayendo a la sala un ambiguo veredicto de «Found Dead» (Encontrado Muerto).
La segunda eventual víctima de la serie de despojos humanos esparcidos en el Támesis y sus aledaños, fue advertida en septiembre de 1888, cuando cursaba su apogeo la cacería del exterminador de prostitutas de Whitechapel. El día 11 de aquel mes se avistó un brazo femenino flotando en el río en la región de Pimlico. A su vez, el 28 de ese mismo mes otro brazo se encontró a la vera de la carretera de Lambeth. Y finalmente, el 2 de octubre de ese mismo año, fue hallado el torso de una mujer al cual le faltaba la cabeza. Ese fragmento se descubrió en los cimientos de la obra de construcción del Nuevo Scotland Yard, y a tal suceso la prensa lo motejó el «Misterio de Whitehall», en honor al nombre de la calle sobre la cual se emplazaba dicho edificio.
Se llamó para estudiar estos restos cadavéricos a varios forenses, entre ellos al doctor Thomas Bond. Este profesional ponderó que, de tratarse de un crimen, el ultimador había justificado ostentar cierto grado de conocimiento anatómico. En general, los cirujanos no pudieron dar con evidencia que dilucidase de qué forma pereció la infortunada difunta.
El también forense Charles Alfred Hibbert (o Hebbert), ayudante de Bond, opinó que el brazo rescatado en el río pertenecía a aquel torso por la limpieza del corte asestado al separarlo del tronco, y por el diámetro de la amputación que exhibía el cuerpo en dónde se le cercenase ese miembro. Y en su examen anotó que: «Pensé que el brazo fue cortado por una persona que, si bien no era necesariamente un anatomista, sin duda sabía lo que estaba haciendo, pues conocía dónde estaban las articulaciones, y daba muestras de que practicaba este tipo de cortes con bastante regularidad».
La encuesta judicial subsiguiente se llevó a cabo el 8 de octubre de 1888, bajo la presidencia del juez John Troutbeck, de Westminster. Se convocó al estrado a Frederick Wildborn, primera persona en percatarse de los restos en el sótano del edificio. El testigo declaró que residía en el 17 de la Avenida Mansell, en Clapham Junction, y que trabajaba de carpintero para la empresa Grover and Sons en la obra de construcción de la Nueva Scotland Yard. Manifestó que a las 6 en punto de la mañana del 1º de octubre se dirigió a las bóvedas para recuperar herramientas que allí guardaba, y vio lo que le pareció un abrigo raído tirado contra una esquina. Ese sector estaba muy oscuro incluso en el medio del día, y no pudo ubicar sus herramientas. Por la noche, a las 5.30, volvió a descender al escabroso reducto y notó que el paquete continuaba en el mismo sitio, aunque no despedía fétido olor. Esta vez decidió avisar a otros dos obreros, quienes destrabaron las ligaduras del cordel que rodeaba aquel envoltorio de viejos periódicos. Ante la mirada atónita de los tres hombres emergió el repugnante contenido.
Se infiere a partir de éste, y de otros testimonios, que el individuo que transportó el torso hacia dónde fuera encontrado necesariamente lo hizo sirviéndose de luz artificial, dadas la penumbra del lugar. El perímetro estaba protegido mediante vallas que obstruían el paso. Quedó claro que el bromista —si fuese un cuerpo birlado de una sala de disección— o el criminal —si se tratara de un homicidio— corrió enorme riesgo de ser atrapado. Al cabo del sumario el jurado, obviando los indicios de que se estaba frente a un asesinato, otra vez pronunció un veredicto de «Found Dead».
Poco tiempo más tarde la siniestra retahíla recrudeció. En la mañana del 4 de junio de 1889, parte de un torso femenino se rescató de las aguas sobre la ribera de la localidad de Horselydown. Ese mismo día, en horas de la tarde, una pierna izquierda apareció debajo del puente Albert, en Chelsea. En la ulterior semana varios pedazos más de ese cadáver fueron recuperados en las márgenes del río.
El influyente periódico Times de Londres, en su edición del 11 de junio de 1889, reprodujo un fúnebre resumen consignando que: «Los restos humanos encontrados hasta ahora son los siguientes: Martes, pierna izquierda y muslo en Battersea, parte inferior del abdomen en Horselydown; jueves, el hígado cerca de Nine Elms, la parte superior del cuerpo en Battersea–Park, el cuello y los hombros en Battersea; viernes, el pie derecho y parte de esa pierna en Wandsworth, la pierna y el pie izquierdos en Limehouse, sábado, el brazo izquierdo y la mano en Bankside, las nalgas y la pelvis en Battersea, en el muslo derecho en el Chelsea Embankment; y ayer, el brazo derecho y la mano en Bankside».
Todos esos hallazgos dieron origen a un sumario judicial que tuvo su inicio el 17 de junio del citado año. Según declaración de los profesionales actuantes: «La división de las partes humanas demostró habilidad y método. Sin embargo, no se nota la destreza anatómica de un cirujano, sino más bien la sapiencia práctica de un carnicero o un desollador. Hay una gran similitud en la manera que se cortaron estos restos con los que fueron hallados en Rainham y en el nuevo edificio de la policía metropolitana en Whitehall».
Por su lado, el 5 de julio de 1889, el Times de Londres abundó que: «Es opinión de los médicos que las mujeres habían fallecido sólo 48 horas antes de que sus organismos fuesen troceados, y que los cadáveres resultaron diseccionados por una persona que debe haber tenido algún conocimiento sobre las articulaciones del cuerpo humano».
También esta vez los cirujanos fueron incapaces de determinar la causa de la muerte. De todos modos, el jurado arribó a un firme veredicto de: asesinato cometido con premeditación contra alguna persona o personas desconocidas.