Rodolfo Pastor Martínez (Córdoba, Argentina; 19 de mayo de 1919 - Buenos Aires, 6 de noviembre de 2012) fue un abogado y político argentino que se desempeñó como ministro de Defensa y del Interior durante las presidencias de Arturo Frondizi y José María Guido entre 1962 y 1963. También fue integrante de la Junta Consultiva Nacional entre 1955 y 1956.

Biografía Rodolfo Pastor Martínez nació el 19 de mayo de 1919 en la ciudad de Córdoba, hijo del ingeniero Rodolfo Martínez y de Rita Achával Deheza. Pertenecía a una familia de larga actuación en la vida política, empresarial y universitaria de la provincia de Córdoba. Su padre, ingeniero de profesión, desarrolló actividades académicas y políticas y fue diputado provincial entre 1921 y 1922. En este último año se incorporó al gobierno de Julio Argentino Roca (h) como ministro de Obras Públicas de la provincia de Córdoba. Este vínculo familiar con Roca precedió, por lo tanto, a la relación personal que el propio Rodolfo Martínez mantendría posteriormente con el exgobernador. Luego se desempeñó como ministro de Industria y Comercio durante la presidencia de Pedro Eugenio Aramburu entre 1956-1957.https://www.google.com.ar/books/edition/Quien_es_quien_en_la_Argentina/02Z5AAAAMAAJ?hl=es-419&gbpv=1&dq=ingeniero+rodolfo+martinez+quien+es+quien&pg=PA407&printsec=frontcover

Por línea paterna era nieto del inmigrante gallego Rogelio Martínez Garzón (1857-1912), comerciante y político establecido en Córdoba, quien participó en la fundación de la Bolsa de Comercio de Córdoba en 1900, fue concejal y presidente del Concejo Deliberante de la ciudad y posteriormente senador provincial. Uno de sus hijos fue Enrique Martínez, tío de Rodolfo, gobernador de Córdoba y vicepresidente de la Nación durante la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen entre 1928 y 1930. Martínez pertenecía así a una extensa familia vinculada con la vida política, profesional y universitaria cordobesa. Entre sus parientes se encontraban Antonio Nores Martínez, creador junto con su hermano Agustín del Dogo Argentino; el jurista y catedrático Enrique Nores Martínez; José Heriberto Martínez, dirigente del Partido Demócrata Nacional y senador nacional por Córdoba entre 1935 y 1943; y Víctor Martínez, quien sería vicepresidente de la Nación entre 1983 y 1989.

Martínez creció, por lo tanto, en un ambiente en el que convergían distintas tradiciones políticas cordobesas. Su abuelo había transitado del autonomismo conservador al radicalismo principista; su tío Enrique había alcanzado la Vicepresidencia como dirigente radical y su padre había participado del gobierno provincial conservador de Julio Argentino Roca (h). La familia mantenía además fuertes vínculos con los ámbitos empresarial, jurídico y universitario de Córdoba. En ese contexto comenzó sus estudios en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba. En 1937, mientras todavía era estudiante, ingresó como ayudante mayor en la Cámara Federal de Apelaciones de Córdoba, donde permaneció hasta 1943. Se graduó de abogado en 1942, a los veintitrés años, obteniendo el Premio Universidad, la Medalla de Oro y el Diploma de Honor.

Durante esos años comenzó también su vinculación con los ambientes políticos del conservadurismo liberal cordobés. Una de las figuras que ejerció mayor gravitación en ese círculo fue Julio Argentino Roca (h), antiguo gobernador de Córdoba, exvicepresidente de la Nación y ministro de Relaciones Exteriores. La relación entre Roca y la familia Martínez venía de años atrás. El propio Martínez desarrolló una relación personal con Roca. A comienzos de 1942, durante una visita que Martínez le hizo en Cosquín, Roca le expresó su profunda preocupación por la evolución política argentina. Había abandonado el Ministerio de Relaciones Exteriores de Ramón S. Castillo el año anterior, en desacuerdo con la restauración de las prácticas fraudulentas, y consideraba que el rumbo seguido por el gobierno podía terminar desacreditando al propio conservadurismo, le advirtió: "Vamos al desastre, Rolo". Consideraba contradictorio que mientras las democracias combatían internacionalmente contra los regímenes totalitarios, dentro de la Argentina se desacreditara el propio sistema democrático mediante prácticas electorales fraudulentas. La relación fue suficientemente estrecha para que Martínez conservara durante décadas recuerdos personales de Roca. Años después, en un homenaje realizado en el Círculo de Armas, pronunció un trabajo dedicado a su figura titulado El hombre político y el gobernante, posteriormente utilizado como testimonio para reconstruir los últimos años de la trayectoria del antiguo vicepresidente.https://cari.org.ar/archivo_historico_digital/pdf/diplomaticos02.pdf

Tras el golpe de Estado del 4 de junio de 1943, Martínez se fue aproximando a los sectores políticos que reclamaban el restablecimiento de la normalidad constitucional. En 1945 se trasladó a Buenos Aires, donde comenzó a desempeñarse como secretario de los juzgados de Paz Letrados números 22 y 24 de la Capital Federal, función que mantendría hasta 1950. Su actividad política adquirió entonces dimensión nacional. Durante los últimos meses de la dictadura de Edelmiro J. Farrell se destacó como opositor al régimen militar y en agosto de 1945 participó de la Junta de Coordinación Democrática, constituida por dirigentes de diversas fuerzas opositoras. La Junta intervino en la organización de la Marcha de la Constitución y la Libertad del 19 de septiembre, una de las mayores movilizaciones opositoras realizadas antes de las elecciones de 1946.

En las elecciones generales del 23 de febrero de 1946, el Partido Demócrata Nacional de Córdoba eligió a Martínez como candidato a gobernador, acompañado por Octavio Capdevila para vicegobernador. Su elección como candidato cuando todavía tenía veintiséis años demuestra la rapidez de su ascenso dentro del conservadurismo provincial. La campaña conservadora tuvo un contenido marcadamente opositor al régimen militar y al naciente movimiento peronista. En un acto realizado en San Francisco, por ejemplo, Martínez centró su discurso en los "valores de la libertad y la democracia" y otorgó particular importancia a la participación política de la juventud. La fórmula conservadora enfrentó tanto al peronismo como a la Unión Cívica Radical y obtuvo aproximadamente 64.000 votos, el 20,8% del total de los sufragios, quedando en tercer lugar detrás de Argentino Auchter y del radical Antonio Medina Allende. Debido a los votos del PDN cordobés, la fórmula presidencial de la Unión Democrática derrotó a Perón en la provincia de Córdoba. Después de la victoria de Perón y Auchter, Martínez permaneció fundamentalmente radicado en Buenos Aires y continuó ejerciendo sus funciones judiciales. Entre 1946 y 1949 fue además profesor de Historia de la Filosofía Política en el Instituto Superior de Filosofía El Salvador, perteneciente a los jesuitas.

Durante los primeros años del gobierno de Perón, Martínez permaneció dentro del Partido Demócrata y adquirió progresivamente una posición relevante en su conducción nacional. Su actuación estuvo vinculada al sector cordobés que intentaba modernizar doctrinariamente al conservadurismo y reafirmar su carácter liberal, republicano y constitucionalista. El partido atravesaba una situación particularmente difícil. Había sufrido una severa derrota en 1946 y se encontraba marginado de buena parte de la representación parlamentaria. Al mismo tiempo debía definir qué estrategia adoptar frente al gobierno peronista. Las restricciones denunciadas por la oposición respecto de la libertad de prensa, el acceso a los medios y las posibilidades de desarrollar actividad política hicieron crecer dentro del conservadurismo una corriente favorable a la abstención electoral.

En octubre de 1948, el Comité Nacional del PD decidió abstenerse de participar en las elecciones de convencionales constituyentes convocadas para reformar la Constitución. El manifiesto partidario justificó la decisión denunciando la falta de libertad de expresión, las dificultades para acceder a los medios de comunicación, la utilización de los recursos del Estado en beneficio del oficialismo y las restricciones impuestas a la propaganda opositora.

Martínez adquirió una posición todavía más prominente en los años siguientes y llegó a ser presidente de la Convención Nacional del Partido Demócrata. El momento culminante de esta primera etapa política fue la Convención Nacional celebrada en Córdoba entre el 30 de marzo y el 1 de abril de 1951, presidida por él. La reunión intentó proporcionar al conservadurismo una nueva definición doctrinaria después de las derrotas sufridas desde 1946 y aprobó una declaración de principios y un programa político que Félix Luna caracteriza como de contenido "fielmente liberal". La nueva declaración definía al Partido Demócrata como continuador de la tradición histórica que había organizado jurídicamente al país y como una fuerza liberal y progresista, partidaria del sistema republicano y democrático. Al mismo tiempo incorporaba elementos sociales importantes: colocaba la dignidad de la persona humana en el centro de su filosofía política y reconocía el derecho de propiedad, aunque rechazando su ejercicio contrario al interés social. En materia institucional reclamaba el restablecimiento de la Constitución de 1853, sin excluir una posterior reforma realizada mediante los procedimientos legales correspondientes.https://dokumen.pub/peron-y-su-tiempo-tomo-ii-la-comunidad-organizada-2danbsped-9500703130.html?

Sin embargo, pocos meses después esa trayectoria culminó abruptamente. Ante las elecciones presidenciales convocadas para noviembre de 1951 volvió a plantearse dentro del Partido Demócrata el dilema entre abstención y concurrencia. La conducción nacional encabezada por Reynaldo Pastor consideraba necesario presentar candidatos, mientras que sectores importantes del partido (particularmente el núcleo cordobés) sostenían que las condiciones políticas existentes no ofrecían garantías suficientes para legitimar la participación electoral. El conflicto no representaba solamente una diferencia táctica. Para los sectores abstencionistas, concurrir podía significar reconocer como normal un sistema político que consideraban crecientemente restrictivo; para los concurrencistas, la abstención amenazaba con condenar al conservadurismo a la irrelevancia y privarlo de la posibilidad de utilizar los espacios electorales que todavía permanecían abiertos.