La primera batalla de Langensalza se libró el 9 de junio de 1075 entre las fuerzas del rey Enrique IV del Sacro Imperio Romano Germánico y varios nobles sajones rebeldes a orillas del río Unstrut cerca de Langensalza en Turingia. La batalla fue un éxito completo para Enrique IV, lo que resultó en el sometimiento de los sajones poco antes de que comenzara la Querella de las investiduras. En Alemania, la batalla se conoce como Schlacht bei Homburg an der Unstrut, por existir cerca un Kaiserpfalz y un monasterio.

La batalla La venida de Enrique IV a Langensalza le acercó al campamento sajón. Los dos bandos se enfrentaron en Homburg el 9 de junio.

El ejército sajón tenía varios miles de hombres, pero según la típica tradición sajona, la mayoría de ellos iban a pie. Sus filas estaban formadas por nobles y vasallos, junto con los libertos y algunos siervos. Muchos de ellos estaban mal entrenados, y un contrario los describe como «una chusma de ineptos acostumbrada a la agricultura más que al servicio militar, que, obligados no por un espíritu militar, sino por el miedo de sus líderes, había entrado en combate en contra de sus costumbres y tradiciones.»Delbruck, Hans. History of the Art of War, Vol. III: Medieval Warfare. (trans by Walter J. Renfroe, Jr. University of Nebraska Press, 1982) p. 132 "vulgus ineptum, agriculturae pocius quam militiae assuetum, quod non-animo militari sed principum terrore coactum, contra mores et instituta sua in aciem processisset."

El ejército de Enrique IV avanzó en cinco filas, a pesar del terreno abierto al sur del río Unstrut. Los sajones se precipitaron fuera de su castillo en Homburg todos a caballo, dejando atrás aparentemente a su infantería,Delbruck, pp. 131-133 por lo visto para que la soldadesca a pie saliera después.

El encuentro que siguió fue menos una batalla que una derrota. Una carga de los suabos al mando del duque Rodolfo de Rheinfelden destrozó casi instantáneamente el centro sajón. Los jefes sajones tomaron sus caballos y huyeron, pero los soldados de infantería fueron masacrados. Se informó que varios miles murieron ahogados en el Unstrut. El ejército de Enrique IV se apoderó de numerosos despojos.

Consecuencias La derrota fue impresionante. Conmocionó a los sajones y los partidarios de la rebelión se desesperaron. El arzobispo de Maguncia amenazó con la excomunión a los turingios al fin de obtener fondos para financiar la insurrección. Desafortunadamente, Enrique IV y su ejército asolaron los campos de Sajonia y de Turingia, lo que trajo la hambruna a estas provincias. El arzobispo de Magdeburgo estableció finalmente las condiciones en las que el rey debía hacer la paz con los rebeldes. Enrique IV exigió un breve encarcelamiento para todos los líderes, así como la confiscación de sus feudos y su redistribución entre los partidarios imperiales leales. Por duros que fuesen los términos, la victoria completa que Enrique IV obtuvo en Langensalza los convenció de que aceptaran. En un gesto humillante, los obispos rebeldes, nobles y campesinos caminaron descalzos entre las filas del ejército del rey y se sometieron a él. El rey convocó entonces a una reunión de los príncipes en Goslar en Navidad para determinar el futuro de Sajonia; terminó liberando a Otón de Nordheim haciéndole virrey de Sajonia. Enrique IV examinó la cuestión de Sajonia donde se instaló, pero el conflicto de las Investiduras desharía rápidamente la paz.

Referencias

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