thumb|Mapa animado de la República e Imperio romano entre ,

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La caída del Imperio romano de Occidente ―también conocida como la caída del Imperio romano o la caída de Roma— se refiere al hecho de la pérdida de autoridad sobre su vasto territorio del Imperio romano de Occidente que quedó dividido en numerosas entidades políticas sucesoras, los reinos germánicos. Tradicionalmente, de acuerdo con el criterio del historiador del Edward Gibbon, se sitúa su final en el año 476 d. C., coincidiendo con la deposición del último emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo, a manos de Odoacro. En esa fecha los invasores «bárbaros» habían establecido su propia autoridad en la mayor parte del área del Imperio de Occidente. No sucedió lo mismo con el Imperio Romano de Oriente que perduró mil años más.

Aunque la caída del Imperio romano de Occidente ha sido objeto de un largo debate historiográfico —Alexander Demandt enumeró doscientas diez teorías diferentes sobre el porqué de la caída de Roma, y nuevas ideas han surgido desde entonces―,Alexander Demandt: 210 Theories , quoting A. Demandt, Der Fall Roms (1984) 695. las investigaciones de los últimos decenios han cuestionado la interpretación tradicional basada en la obra de Gibbon Historia de la decadencia y caída del Imperio romano (1776-1789) de que el Imperio romano tardío fue un período de «decadencia»El término «decadencia» se ha empleado para cubrir un período de tiempo mucho más amplio que los cien años a partir de 376. Gibbon comenzó su historia en el 98 y Theodor Mommsen consideró toda la época imperial como indigna de incluirla en su obra Historia de Roma, por la que recibió el Premio Nobel de Literatura. Arnold J. Toynbee y James Burke sostuvieron que toda la era imperial fue un decaimiento constante de las instituciones fundadas en tiempos de la república. que le condujo inexorablemente a su «caída».

La progresiva difusión del concepto historiográfico de Antigüedad tardía dio una nueva dimensión al debate. Por lo menos desde la época de Henri Pirenne, los estudiosos han descrito la continuidad de la cultura y de la legitimidad política romanas, mucho después de 476. Pirenne pospuso la desaparición de la civilización clásica hasta el . Rechazó la noción de que los bárbaros germánicos hubiesen causado el fin del Imperio romano de Occidente, y se negó a equiparar el final de este con el del cargo de emperador en Italia. Señaló la continuidad de la economía en el Mediterráneo romano, incluso después de las invasiones bárbaras, y sugirió que solo las conquistas musulmanas representaban una ruptura decisiva con la Antigüedad. Así los defensores del concepto de «Antigüedad tardía» han destacado la transformación de la Edad Antigua en la cultura medieval mediante una evolución cultural paulatina. En las últimas décadas, argumentos basados en descubrimientos arqueológicos y en patrones de asentamientos extienden la pervivencia de la cultura material romana incluso hasta el . Teniendo en cuenta la realidad política de la pérdida de control de los territorios europeos occidentales por las autoridades imperiales, pero también la continuidad cultural y los datos de las excavaciones arqueológicas que la corroboran, se ha descrito el proceso como una transformación cultural compleja, en lugar de una «caída». «Del en adelante hemos estado obsesionados con la caída: se la ha tomado como un arquetipo para cada declive percibido, y, por tanto, como un símbolo de nuestros propios miedos», escribió el historiador Glen Bowersock.Glen Bowersock, "The Vanishing Paradigm of the Fall of Rome" Bulletin of the American Academy of Arts and Sciences 1996. vol. 49 no. 8 pp. 29-43.

¿Apogeo, crisis y recuperación?

Alto Imperio romano

El Imperio romano alcanzó su mayor extensión geográfica durante el reinado del emperador Trajano (98-117), que gobernó un Estado próspero que se extendía desde Mesopotamia hasta las costas del Atlántico. El imperio contaba entonces con un Ejército numeroso y disciplinado, así como con una extensa Administración Pública basada en las prósperas ciudades que controlaban eficazmente las finanzas públicas. Entre la clase privilegiada culta, el Estado gozaba de legitimidad ideológica como la única civilización aceptable y mantenía la unidad cultural basada en el extendido conocimiento de la literatura y la retórica griegas y romanas. El poder del imperio le permitió mantener desigualdades extremas de riqueza y posición social (incluida la abundante esclavitud), y las redes comerciales de gran alcance permitieron incluso a los hogares modestos utilizar bienes fabricados en tierras lejanas.

El sistema financiero le permitió recaudar copiosos impuestos que, a pesar de la corrupción endémica, sirvieron para sufragar el gran ejército, su logística e instrucción. El cursus honorum, una jerarquía de puestos militares y civiles adecuados para aristócratas, aseguró que los nobles poderosos se familiarizaran con las tareas militares y con la administración civil del Estado. En un nivel inferior dentro del Ejército, como nexo entre los aristócratas y los soldados, se encontraba un gran número de centuriones; bien pagados y alfabetizados, estos eran los responsables de la instrucción y disciplina de sus hombres, de la administración de sus unidades y de la dirección de estas en el campo de batalla. Los gobiernos municipales, con sus propios bienes e ingresos, funcionaban eficazmente a nivel local; la membresía de un ayuntamiento ofrecía lucrativas oportunidades, y, a pesar de sus obligaciones, era vista como un privilegio. Gracias a una serie de emperadores que adoptaron cada uno a un sucesor maduro y capaz bajo la dinastía Antonina, el imperio no necesitó de guerras civiles para regular la sucesión imperial. Durante los reinados de los mejores emperadores, se les podían presentar solicitudes directamente; las respuestas eran ley y ponían el poder imperial en contacto directo incluso con los súbditos más humildes. La tolerancia entre las distintas religiones paganas produjo concordia religiosa.Gibbon, Chapter II: Fall In The West Las tensiones religiosas fueron raras después del aplastamiento de la revuelta de Bar Kojba en 136, después de la cual la Judea devastada dejó de ser un centro de disturbios judíos. La mortandad causada por la peste antonina del 165 entorpeció seriamente los intentos de repeler a los invasores germánicos, pero no impidió que las legiones generalmente consiguieran mantener sus posiciones o recuperar rápidamente los territorios fronterizos perdidos temporalmente.

derecha|miniatura|upright=1.4|Mapa del Imperio romano a principios del siglo segundo

Crisis del

El Imperio sufrió crisis y contratiempos graves durante el , entre ellos el surgimiento del Imperio sasánida, que infligió tres derrotas aplastantes a los ejércitos romanos y se mantuvo como una amenaza latente durante siglos. Otros desastres incluyeron varias guerras civiles, invasiones bárbaras y una gran mortandad durante la peste de Cipriano, desde 250 en adelante. Roma abandonó la provincia de Dacia —al norte del Danubio— en 271, y, por un corto período de tiempo, el imperio se dividió en tres: un Imperio galo en Occidente (260-274), el de Palmira en el Este (260-273), y un Estado residual en torno a Roma. Crecieron asimismo las amenazas bárbaras en la frontera del Rin y del Danubio, causadas por agrupaciones bárbaras más grandes que habían mejorado su agricultura y contaban con poblaciones mayores que antes. El Imperio superó la crisis del siglo empleando su economía para sufragar las labores de defensa, pero a costa de crear un Estado más centralizado y burocrático. Durante el reinado del emperador Galieno, la aristocracia senatorial dejó de ocupar los principales mandos militares: sus miembros carecían de interés en el servicio militar y demostraron incompetencia al mando.Aurelius Victor: De Caesaribus XXXIII v. 34. «Et patres quidem praeter commune Romani malum orbis stimulabat proprii ordinis contumelia, 34 quia primus ipse metu socordiae suae, ne imperium ad optimos nobilium transferretur, senatum militia vetuit et adire exercitum. Huic novem annorum potentia fuit.»

derecha|miniatura|upright=1.4|División del Imperio en entre el 260 y el 269 d. C.|alt=División del Imperio en 260-69 d. de C.

Bajo Imperio romano

Aureliano reunificó el imperio en 274; y desde 284, Diocleciano y sus sucesores lo reorganizaron otorgando más poder al ejército. Juan Lido escribió más de dos siglos después que el ejército de Diocleciano en un momento contaba con 389 704 hombres en tierra y 45 562 en las flotas, cifras que puede que aumentaran después. Debido a las limitadas comunicaciones de la época, las fronteras europeas y las orientales necesitaban contar con sus propios comandantes supremos que las controlasen. Diocleciano trató de resolver este problema mediante el restablecimiento de una sucesión adoptiva con un emperador principal, que ostentaba el título de «Augusto», y uno menor, que tenía el de «César», en cada mitad del Imperio, pero este sistema de tetrarquía degeneró pronto. El principio hereditario se restableció con Constantino el Grande (306-337) quien volvió a unir el Imperio, aunque hacia el final del se aceptó en general la necesidad de dividirlo.

miniatura|derecha|upright=1.5|Mapa del Imperio romano durante la tetrarquía, en el que se muestran las diócesis y la zona de responsabilidad de cada uno de los cuatro tetrarcas.|alt=Mapa del Imperio romano durante la tetrarquía, mostrando las diócesis y la zona de responsabilidad de los cuatro tetrarcas.

Los nuevos gobernantes se deshicieron de la ficción legal de principios del Imperio, cuando se describía al emperador como el primero entre iguales; los emperadores de Aureliano (270-275) en adelante abiertamente se hacían llamar dominus et deus, «señor y dios», títulos que reflejaban la relación de sumisión de los habitantes del imperio a sus soberanos.Macarius Magnes, Apocriticus IV: 23: «Por lo tanto, usted comete un gran error al pensar que Dios se enoja si cualquier otro es llamado dios y obtiene el mismo título que Él mismo. Porque ni siquiera los gobernantes se oponen al título de sus súbditos, ni los amos de los esclavos.» Se implantaron complejos ceremoniales en las cortes imperiales y se extendió en ellas la adulación. Con Diocleciano, el flujo de solicitudes directas al emperador se redujo rápidamente y pronto cesó por completo. Ninguna otra forma de acceso directo al mandatario los reemplazó: a partir de entonces, el emperador solamente recibía información filtrada por sus cortesanos.

Según Ramsay MacMullen, la crueldad, extorsión y corrupción oficiales es posible que creciesen. Aumentó la extensión, complejidad y violencia del gobierno imperial, pero al mismo tiempo los emperadores perdieron el control sobre sus territorios: la autoridad imperial quedó en manos de aquellos dispuestos a comprarla, asegura MacMullen. Mientras tanto, las familias senatoriales más ricas, exentas del pago de la mayoría de los impuestos, acapararon una parte cada vez mayor de la riqueza y de los ingresos disponibles; al mismo tiempo abandonaron el servicio militar, en el que antaño habían destacado. Un erudito observó un gran aumento del poder adquisitivo del oro, de dos veces y media, entre el 274 y finales del , quizá una señal de la creciente desigualdad económica que pudo haber existido entre la casta rica en oro y el campesinado empobrecido.

Dentro del Ejército romano tardío, muchos reclutas e incluso oficiales tenían orígenes bárbaros y se registraron ocasiones en las que los soldados realizaban rituales probablemente de origen bárbaro, como el alzar a los pretendientes al trono en escudos. Algunos estudiosos han visto esto como una indicación de debilidad militar; otros disienten y sostienen que ni el origen bárbaro de las tropas ni estos rituales menoscababan la eficacia o la lealtad del Ejército.

Antecedentes