La pintura de Costa Rica es aquella que se ha producido por artistas nacidos en este país o bien, artistas extranjeros que han residido en él y cuya obra ha tenido influencia determinante en el arte nacional o ha sido reconocida como parte del mismo. Para su estudio, se le ha dividido en cinco fases históricas, que inician con la tradición académica heredada de la escuela europea a finales del , se continúan con la consolidación de diversas vanguardias (nacionalista, abstraccionista, figurativa) influenciadas por las corrientes latinoamericanas y europeas del , hasta la pintura postmodernista de la actualidad.
A finales del , Costa Rica logró introducirse en el mercado mundial con la producción y exportación del café, lo que permitió la formación de una clase económica holgada y elitista, conocida como oligarquía cafetalera, de ideología liberal e interesada en el progreso económico, cultural y educativo. Esto motivó la inmigración al país de varios artistas principalmente europeos, que producían arte para esta élite, y cuya presencia en el país vino a dar inicio a la formación de una primera generación de pintores de escuela europea y estilo académico.
Las corrientes artísticas de vanguardia que recorrían Latinoamérica en las primeras décadas del provocaron el surgimiento de movimientos nacionalistas que abogaron por la creación de un arte con esencia nacional. Este se manifestó con una propuesta artística en la cual la vida rústica y austera del campo, el contacto con la naturaleza y el ideal de una existencia pacífica llevaron al surgimiento de una identidad nacional en el arte, manifestada principalmente en la pintura paisajista y la formación de una sólida escuela tradicional en la técnica de la acuarela. Se abandonó el eurocentrismo y se abrazó el romanticismo rural. Emergió toda una generación de hábiles y destacados artistas, muchos de ellos dotados de talento en varios campos, con impacto determinante en el arte nacional y cierto renombre a nivel internacional.
Cambios políticos, educativos, económicos y sociales surgidos en la segunda mitad del introdujeron nuevas vanguardias que pusieron en contacto al público costarricense primeramente con el arte abstracto, más tarde con el simbolismo figurativo y el surgimiento de la pintura de denuncia social durante la década de 1970, y finalmente, el arte contemporáneo y postmoderno a partir de la década de 1990, inspirado en aspectos de la modernidad de la Costa Rica del .
Entre los pintores más destacados de toda la historia de Costa Rica, pueden citarse a Aquiles Bigot, Tomás Povedano, Enrique Echandi, Francisco Amighetti, Francisco Zúñiga, Teodorico Quirós, Fausto Pacheco, Margarita Bertheau, Manuel de la Cruz González, Rafael Ángel García, Jorge Gallardo, Rafa Fernández, Lola Fernández y Max Jiménez, Jorge Rodríguez Iogui
Periodización
El arte pictórico costarricense es relativamente joven. A grandes trazos, la historia de la pintura costarricense se puede periodizar en cinco fases históricas, las cuales se utilizan para marcar sus diferencias, hacer énfasis en sus características, sus intereses, preocupaciones y momentos históricos: Tradición académica (1897-1930), Generación del Treinta o Nacionalista (1930-1960), Grupo Ocho (1960-1970), Nueva Figuración (1970-1980) y Postmodernista (1980 en adelante). En algunos casos, existirán pintores que cambiarán radicalmente sus estilos para probar nuevos, y que luego volverán sobre sus pasos para ajustarse a los nuevos tiempos y temáticas.
Antecedentes thumb|Plato de cerámica nicoyana decorado con motivo mesoamericano. 800 d.C. Museo del Jade. La cultura costarricense produjo abundancia y diversidad artísticas en la época precolombina. En el caso específico de la pintura, las mayores manifestaciones del arte pictórico de los pueblos autóctonos se dieron principalmente en la decoración de la cerámica, sobre todo en la elaboración de la cerámica nicoyana, que combinaba tres pigmentos (rojo, terracota y negro), en la cual se reconoce la influencia mesoamericana. La cerámica nicoyana fue una expresión artística distintiva de la Gran Nicoya y muy apreciada como bien de intercambio comercial. Las técnicas de elaboración de esta cerámica se han conservado hasta nuestros días en algunos pueblos de la provincia de Guanacaste, utilizando para su decoración los mismos pigmentos usados por los ancestros nicoyas. También se sabe que utilizaron la púrpura extraída del caracol y tintes vegetales para teñir el algodón, que utilizaban para elaborar ropajes y telas funerarias. Aun así, la pintura fue más una manifestación complementaria que un arte mayor para las culturas prehispánicas costarricenses. thumb|left|Pintura de 1800 que representa la fundación de la Villa Nueva de la Boca del Monte, actual ciudad de San José, capital de Costa Rica. Es la imagen más antigua que se conoce de esta ciudad.
Durante la colonia, no se registra la existencia de grandes pintores, aunque sí se conservan en el país pinturas de gran valor en cuyo estilo se reconoce a la escuela novohispana, siendo los motivos principalmente arte religioso. En el Museo de Arte Religioso de la Iglesia de Orosi, se conservan cinco pinturas que datan del y que fueron traídas desde México por los frailes franciscanos, las cuales, aunque carecen de firma de los autores, su estilo y composición hace suponer a los expertos que pertenecen a la escuela mexicana de Miguel Cabrera, Miguel Correa, Cristóbal de Villalpando y Luis de Morales. thumb|La rebelión de Pablo Presbere según el Álbum de Figueroa. El arte de Costa Rica florece en el con la independencia del país y el surgimiento de Costa Rica como república. Aparecen algunos pintores y dibujantes cuyas obras no fueron trascendentales para su época, sino que esta sería reconocida hasta mucho después. Entre ellos, destacan José María Figueroa Oreamuno, Felipe J. J. Valentini, Faustino Montes de Oca y el italiano Lorenzo Fortino.
La obra de José María Figueroa Oreamuno se ha considerado sumamente valiosa por su importancia histórica. Es el autor del Álbum de Figueroa, una colección de dibujos, cartas, mapas, genealogías y textos en las que recoge una gran cantidad de valiosa y variada información sobre la Costa Rica del . Se considera a este álbum uno de los documentos más importantes de la historia nacional. Se estima que Figueroa comenzó a trabajar en él hacia 1864 y lo continuó hasta su muerte en 1900.
Felipe J.J. Valentini fue uno de los precursores de la acuarela en el país. Se dedicó especialmente al paisaje, tomando como temas el golfo de Nicoya y la provincia de Limón. Realizó su obra entre 1863 y 1866, y la mayoría de sus cuadros se conservan actualmente en Nueva York. thumb|left|El combate de La Angostura, por Lorenzo Fortino. Lorenzo Fortino, italiano radicado en Costa Rica, se dedicó a los retratos al óleo, pero es conocido sobre todo por su pintura histórica, en especial aquella relacionada con los hechos que llevaron al derrocamiento del presidente Juan Rafael Mora Porras en 1860. Estas escenas muestran colores brillantes con iconografía convencional, usando una lectura estética propia de los pintores románticos a la manera de Delacroix, con un estilo propio gracias a una serie de esquematizaciones y deformaciones.
Hasta antes de la creación de la Escuela de Bellas Artes en 1897, los jóvenes costarricenses carecían por completo de preparación artística. La mayoría de los que reciben clases, lo hacen a nivel privado. Los pliegos de lienzo y los pigmentos son caros, entonces, la mayoría de las obras se pintaban sobre papel o cartón. También, en la Costa Rica de finales del corren ideas positivistas, ideología en la que el artista es de poca utilidad. Los artistas son víctimas de la indiferencia: cargan con un estigma social, sobre todo los varones. El que un hombre estudiara pintura era mal visto, pues se interpretaba un desarraigo social del implicado, como ocurrió en el caso de José María Figueroa, que fue "acusado" de ser "persona ociosa y amiga de fiestas e interesada en el arte". El arte, pues, se consideraba un conocimiento de adorno, "exclusivo para mujeres". El gusto por el arte y la belleza, no obstante, comienza a crecer con el éxito económico secundario al cultivo del café.
Tradición académica (1890-1930)
La pintura en Costa Rica es un arte cuyo auge comenzó a darse principalmente a finales del e inicios del . Se formó una nueva oligarquía asociada a la producción y exportación del café a Europa. Esta élite, de ideología liberal, se interesó en los movimientos artísticos europeos avalados por las instancias de poder y, con ello, el arte, de tendencia académica, toma el protagonismo como imagen de realidad y poder. La pintura se encontró vinculada sobre todo al ámbito privado. El retratismo fue la tónica, como reflejo del culto a la personalidad, y en el caso del paisajismo, hay una tendencia por el realismo y los temas costumbristas. La inauguración del Teatro Nacional de Costa Rica en 1897 es una fiel evidencia del estilo estético predominante de la época: de estilo historicista, con columnas de mármol, fachada neo-renacentista, sus techos están adornados por diversas pinturas, en la que destaca la Alegoría del café y el banano, del milanés Aleardo Villa.
La pintura crece especialmente de la mano de pintores extranjeros asentados en el país, destacándose los nombres de Santiago Páramo, Henry Etheridge, Emil Span, Tomás Povedano y Aquiles Bigot.
De ellos, destaca especialmente Tomás Povedano, pintor lucentino graduado de las Academias de Bellas Artes de Málaga y Sevilla, y establecido en Costa Rica en 1896. Povedano fue el fundador de la Academia de Bellas Artes de Costa Rica y uno de los primeros exponentes del arte pictórico de estilo académico en el país. Destacaron principalmente sus retratos (como los de José María Castro Madriz, Juan Rafael Mora Porras y Braulio Carrillo Colina, expresidentes), bodegones, las primeras representaciones de la vida nacional (Domingueando, óleo sobre tela, c.1905, 75.5 x 51 cm) y la historia nacional (El rescate de Dulcehé, 1942) y varias alegorías que realizó para la decoración del Teatro Nacional de Costa Rica.
thumb|left|En la foto "Las artes", de Tomás Povedano (1897)
El alemán Emil Span, natural de Reutlingen y graduado de la Escuela de Bellas Artes del Instituto Real de Múnich, se radicó en Costa Rica en 1906, siendo uno de los primeros pintores en realizar paisajes, conocido también por sus cuadros de orquídeas (Orquídeas, óleo sobre tela, 1910, 23 x 16.5 cm) y por sus retratos, destacándose en especial uno que realizó del presidente José Joaquín Rodríguez Zeledón. Otro famoso retratista fue el parisino Aquiles Bigot, llegado a Costa Rica en 1862 y quien realizó gran cantidad de retratos oficiales para los presidentes de Costa Rica, los cuales actualmente se conservan en la Galería de Presidentes de la Asamblea Legislativa de Costa Rica. El suyo fue un arte de patrón estético elitista, de sentido fijo y comunicación unidimensional, con un lenguaje convencional que facilitó su alta estima entre la sociedad liberal de su época.
thumb|left| En la foto "Paisaje de Turrialba", de Emil Span (1912)
El sacerdote colombiano jesuita Santiago Páramo fue profesor de pintura del Colegio San Luis Gonzaga, en la ciudad de Cartago. Artista estimado por la comunidad cartaginesa, ornamentó algunas iglesias, como la de San Vicente, que él mismo construyó en 1876, y también pintó retratos y paisajes. Páramo, como el resto de los jesuitas, fue expulsado del país en 1883 durante el gobierno de Próspero Fernández Oreamuno. Algunas de sus obras quedaron en Costa Rica.