Las elecciones generales de Costa Rica de 1948 se celebraron el domingo 8 de febrero del mencionado año con el objetivo de renovar la presidencia de la República y 23 de los 45 escaños del Congreso Constitucional. Fueron las vigesimoséptimas elecciones presidenciales desde la instauración del cargo en 1849 y el último proceso electoral celebrado bajo la Constitución Política de 1871 y el régimen de la «Primera República», ya que sus resultados condujeron al estallido de una guerra civil que le pondría fin. Fue la última elección en la que no votaron las mujeres, los analfabetos y los afrocostarricenses.

El expresidente Rafael Ángel Calderón Guardia anunció que sería nuevamente candidato en las elecciones de 1948 tan solo unos días después de los comicios en los cuales fue electo su sucesor, el presidente saliente Teodoro Picado Michalski, y efectivamente se presentó, apoyado por la coalición Bloque de la Victoria compuesta por los partidos Republicano Nacional (PRN) y Vanguardia Popular (VP). Las tres principales fuerzas de la oposición, por ese entonces los partidos Unión Nacional (PUN), Demócrata (PD) y Social Demócrata (PSD), resolvió unificarse y apoyar una candidatura única, resultando designado el exdiputado de Alajuela Otilio Ulate Blanco, del PUN. Hubo otros candidatos menores que presentaron candidaturas y listas legislativas.

Desde su elección, el gobierno de Picado había enfrentado una dura polarización política, exacerbada por su imagen de ser un presidente «débil» y «subordinado» al liderazgo de Calderón, enfrentando además distintas presiones por su coalición con el comunismo costarricense, que ejercía una enorme influencia. Por tal motivo, la campaña se caracterizó por una tensión creciente, que se agravó a medida que se acercaba la fecha electoral, con enfrentamientos entre los grupos de choque comunistas ligados a Vanguardia Popular y las juventudes de los partidos opositores confrontándose violentamente durante el debate presupuestos de los órganos electorales en el Congreso. Hubo también actos de subversión opositora, destacando un levantamiento social en la provincia de Cartago que motivó la destitución del gobernador en ejercicio, y el evento opositor conocido como «huelga de Brazos Caídos» que resultó en varios muertos. El gobierno acusó a sus opositores de ser fascistas y de buscar derogar las «Garantías Sociales» aprobadas durante los ocho años anteriores, mientras que la oposición afirmó que no las derogaría si llegaba al poder, al tiempo que buscó instalar la idea de que la continuidad del calderonismo en el poder implicaba acercarse más a la creación de un régimen de corte soviético en Costa Rica.

La elección fue administrada por el Tribunal Nacional Electoral, entidad creada durante el gobierno de Picado como respuesta a las crecientes demandas de la oposición. Del mismo modo, la confección y posterior revisión del padrón de electores quedaría a cargo del Registro Electoral, órgano cuyo presidente fue Benjamín Odio, y cuyo trabajo terminó depurando del padrón a una gran cantidad de votantes. Si bien el Tribunal implicaba entregar a un organismo no gubernamental la gestión del proceso electoral (en reemplazo del Consejo Nacional de Electores) su autonomía total no estaba garantizada y sería el Congreso Constitucional quien en última instancia debía proclamar los resultados finales de la votación como válidos.

A pesar de la novedad representada por el Tribunal, cercándose el día de la votación, la oposición temía que se cometiera un fraude electoral y se encontraba dividida entre sectores de línea dura y sectores moderados. Grupos opositores más duros, encabezados por José Figueres Ferrer (exiliado en 1942 y retornado al asumir Picado), consideraban que era imposible celebrar comicios limpios con el calderonismo en el poder y descartaba de plano una salida electoral, promoviendo un levantamiento armado que eventualmente se gestaría después de las elecciones.

Finalmente, Ulate obtuvo una sorpresiva y amplia victoria con el 53,09% de los votos válidos y venció en las provincias de San José, Alajuela, Cartago y Heredia, mientras que Calderón recibió el 42,96% de los votos y se impuso en Guanacaste, Limón y Puntarenas. En las elecciones legislativas paralelas el resultado fue totalmente inverso: si bien el PUN fue la unidad más votada por un margen ínfimo, empató en escaños con el PRN (10 cada uno), mientras que Vanguardia Popular consiguió 3 escaños, lo que le hubiera permitido al Bloque de la Victoria conservar su mayoría parlamentaria hasta 1950.

El 28 de febrero, el Tribunal Nacional Electoral dictó sentencia sobre los comicios con dos dictámenes, el de mayoría suscrito por los magistrados Gerardo Guzmán y José María Vargas, y el de minoría suscrito por el magistrado Max Koberg, en uno resaltando inconsistencias en el conteo y nulidad del padrón, apareciendo una diferencia cercana a los 14.000 votos entre los emitidos para presidente y los emitidos para diputados, lo que hubiera influido para garantizar la victoria de Ulate, algo que el de la minoría rechazó. Por su parte, el oficialismo denunció la existencia de irregularidades en el proceso eleccionario, exigiendo su inmediata anulación. El Congreso Constitucional dominado por el Bloque de la Victoria votó por anular solo el resultado de las elecciones presidenciales y no de las legislativas donde salió favorecido.

En cualquier caso, la anulación de la elección sirvió para desatar el alzamiento del Ejército de Liberación Nacional promovido por Figueres y el inicio de la guerra civil costarricense. Picado dimitió el 20 de abril, semanas antes de la culminación de su mandato, y fue sucedido por Santos León Herrera, que se ocupó de completarlo el 8 de mayo, fecha en la que asumió la Junta Fundadora de la Segunda República encabezada por Figueres.

El «Pacto Ulate-Figueres» firmado el 1 de mayo de 1948 facilitó que el nuevo régimen reconociera como válido el triunfo electoral de Ulate y en consecuencia se le permitiera asumir la presidencia el 8 de noviembre de 1949, convirtiéndolo en el primer presidente de la «Segunda República».

Antecedentes 250px|thumb|Durante el gobierno del presidente Teodoro Picado Michalski (1944-1948), la polarización política en Costa Rica se exacerbó considerablemente.

El Partido Republicano Nacional llegó al poder en Costa Rica a partir de las elecciones de 1932, con la tercera presidencia de Ricardo Jiménez Oreamuno, y se mantendría en el poder por los siguientes dieciséis años. Fue sucedido por León Cortés Castro. En 1940 resultó electo Rafael Ángel Calderón Guardia, con el absoluto respaldo de Cortés pero bajo la condición de que este facilitara su regreso a la presidencia en 1944. No obstante, el gobierno de Calderón (una figura socialcristiana ligada a la doctrina social de la Iglesia) buscó consolidar su propio poder interno y en 1941, rompió definitivamente con Cortés al conseguir que Teodoro Picado Michalski, ligado a su facción del PRN, fuese electo presidente del Congreso Constitucional en lugar del candidato respaldado por el expresidente. En paralelo, Calderón impulsó una serie de amplias reformas, conocidas como las «Garantías Sociales», que involucran la creación de la Caja Costarricense de Seguro Social, la formulación del Código del Trabajo y la creación de la Universidad de Costa Rica. Calderón también llevó a Costa Rica a la Segunda Guerra Mundial del lado de los Aliados, invirtiendo las políticas de su predecesor, denunciado como antisemita y favorable a los nazis. José Figueres Ferrer surgió durante este período por criticar durante un discurso radiofónico las actitudes dictatoriales, la corrupción y la persecución contra alemanes e italianos en el país por parte del gobierno de Calderón, lo que condujo a su arresto y posterior exilio por dos años.

Luego de su ruptura con Cortés, Calderón se apoyó políticamente en una alianza con la Iglesia Católica, cuya principal figura en Costa Rica era el Arzobispo de San José, Víctor Manuel Sanabria Martínez, y con el Partido Comunista Costarricense (establecido bajo el nombre de Vanguardia Popular), cuyo líder era Manuel Mora Valverde. La decisión de este partido de cooperar con el gobierno de Calderón, encuadrada dentro del pensamiento de Valverde de un «comunismo a la tica» (que respaldaba la permanencia de un régimen democrático liberal y las fuertes reformas sociales), se alejaba de la ortodoxia comunista soviética y respondía al temor de que las Garantías Sociales terminaran costándole a los comunistas el respaldo social e intelectual. Por su parte, Calderón se aseguraba el respaldo de una formación de fuerte apoyo entre obreros y los asalariados urbanos. De cara a las elecciones generales de 1944, Calderón apoyó la candidatura de Picado para sucederlo. Picado fue apoyado tanto por el PRN oficialista como por Vanguardia Popular, alianza que adoptó el nombre de «Bloque de la Victoria», y obtuvo una aplastante victoria sobre Cortés, que abandonó el PRN para presentarse por el reconstituido Partido Demócrata. Cortés desconoció el resultado y denunció fraude electoral.

El gobierno de Picado, visto desde el inicio como un presidente «débil» y subordinado a la figura de Calderón, se caracterizó por una progresiva exacerbación de la polarización política que asolaba al país. Como respuesta a las controvertidas elecciones legislativas de 1946, Picado intentó implementar medidas conciliatorias como la creación de un Tribunal Nacional Electoral para gestionar los comicios. Las Garantías Sociales granjearon una elevada popularidad al gobierno, pero fueron denostadas por sectores de la oligarquía cafetalera y algunos grupos intelectuales. El final del conflicto global y el inicio de la Guerra Fría condujo a que el gobierno de los Estados Unidos viera con cada vez más recelo la alianza de Calderón con los comunistas. La sorpresiva muerte de Cortés en marzo de 1946 impidió un posible entendimiento, pues dio poder a los sectores menos dialoguistas de la oposición, destacando la figura de Figueres, que consideraba inútil los intentos de conseguir una salida electoral, y el periodista conservador Otilio Ulate Blanco.

Sistema electoral Presidencia Las elecciones presidenciales de 1948 fueron las últimas que tuvieron lugar bajo las directivas de la Constitución Política de 1871. El presidente de la República de Costa Rica, jefe de Estado y gobierno, sería elegido por voto popular, directo y secreto para un mandato de cuatro años, sin posibilidad de reelección inmediata (pero con la posibilidad de ser elegido de nuevo transcurrido al menos un período desde su primer mandato). De conformidad con las enmiendas constitucionales de 1926, para ser elegido, un candidato debía obtener al menos el 40% de los votos para garantizar su elección. Constitución Política de Costa Rica de 1871 Caso contrario, debía realizarse una segunda vuelta electoral entre los tres candidatos más votados, en la que resultaría electo quien recibiera más votos. El voto era secreto, obligatorio y restringido a los ciudadanos varones, dejando fuera a las mujeres y a la abrumadora mayoría de los afrocostarricenses.Hutchinson, Francis América latina en movimiento. La comunidad negra en Costa Rica.

Congreso Constitucional El Congreso Constitucional, órgano legislativo unicameral de Costa Rica, estaba compuesto por 46 escaños elegidos en forma escalonada. Se renovaban 23 escaños al momento de una elección presidencial, mientras que los otros 23 se renovarían a mitad de período. El sistema electoral era la representación proporcional por listas, con los escaños distribuidos por medio del cociente Hare. En las circunscripciones de Puntarenas y Limón, que solo renovarían un diputado, el escrutinio sería en la práctica mayoritario. Estas fueron las últimas elecciones en las que el legislativo (que pasaría a llamarse Asamblea Legislativa) no se renovaría por completo.