miniatura|El acorazado ardiendo y semihundido durante el ataque a Pearl Harbor.Los acontecimientos que condujeron al ataque a Pearl Harbor comenzaron en julio de 1940 cuando, meses después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, los militares y políticos japoneses partidarios de la alianza con la Alemania nazi y la Italia fascista —que acababan de derrotar a Francia— consiguieron derribar al primer ministro Mitsumasa Yonai, que se había opuesto al pacto porque consideraba que llevaría a la guerra con el Reino Unido y con Estados Unidos. El giro en la política exterior de Japón quedó confirmado en septiembre cuando decidió ocupar el norte de la Indochina francesa y firmó el Pacto Tripartito que lo ligaba a las potencias europeas del Eje.

En mayo del año siguiente, Estados Unidos expuso su posición en los llamados Cuatro Principios, presentados por el secretario de Estado Cordell Hull absolutamente contrarios a la política expansionista japonesa, que tenía como objetivo el establecimiento de un área exclusiva en Asia Oriental y el Pacífico occidental llamada Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental. La invasión alemana de la Unión Soviética a finales de junio de 1941 fue aprovechada por Japón para completar la ocupación de la Indochina francesa, una operación ante la que el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt reaccionó con la imposición de duras sanciones económicas que incluían el embargo de las exportaciones de petróleo.

Los Estados Mayores del Ejército y de la Armada imperiales, apoyados por el ministro de la Guerra, general Hideki Tojo, presionaron al primer ministro, Fumimaro Konoe, para entrar en guerra con Estados Unidos; ante la imposibilidad de Konoe de ampliar la fecha límite establecida para llegar a un acuerdo con Estados Unidos antes de recurrir a la fuerza, el 16 de octubre presentó su dimisión. Le sustituyó el general Tojo, que recibió el encargo del emperador de agotar todas las posibilidades para llegar a un acuerdo diplomático antes de desencadenar la guerra. La nueva fecha límite se fijó para el 30 de noviembre, aunque los preparativos bélicos no se abandonaron —el plan de ataque a la base naval estadounidense de Pearl Harbor presentado por el almirante Yamamoto fue aprobado el 20 de octubre, el mismo día en que se constituyó el gabinete de Tojo— y los líderes políticos y militares japoneses no hicieron ninguna concesión importante a las demandas estadounidenses, excepto la retirada de las tropas japonesas del sur de Indochina, por lo que el 26 de noviembre de 1941 el secretario Hull entregó a los representantes japoneses la que después sería conocida como la Nota Hull, en la que se exigía a Japón la retirada completa no solo de Indochina, sino también la de China, así como la ruptura de la alianza con la Alemania nazi.

La Nota Hull fue considerada como un ultimátum por los dirigentes japoneses, y el 1 de diciembre la Conferencia Imperial daba luz verde para entrar en la guerra.

El momento elegido quedó fijado en las 8:00 horas (horario de Hawái, 13:30 en Washington D. C.) del 7 de diciembre de 1941.

Un problema técnico relacionado con el desciframiento del mensaje por la embajada japonesa hizo que el comunicado se entregara a las 14:20 horas, cuando ya hacía una hora que los aviones japoneses habían iniciado el bombardeo. Al día siguiente el presidente Roosevelt se dirigió al Congreso para pedir la declaración de guerra a Japón. Su discurso comenzó diciendo: «Ayer, 7 de diciembre de 1941, una fecha que vivirá en la infamia, Estados Unidos de América fue atacado repentina y deliberadamente por fuerzas navales y aéreas del Imperio japonés».

Antecedentes

miniatura|El emperador Hirohito, a caballo, presidiendo una parada militar en 1938.

Japón se había convertido en una gran potencia de Extremo Oriente en la última década del y la primera del , durante la Era Meiji, gracias a sus resonantes victorias en la primera guerra sino-japonesa (1894-1895) y en la guerra ruso-japonesa (1904-1905), por las que obtuvo la posesión de Taiwán, de Corea y de la parte sur de la isla de Sajalín, así como derechos de arrendamiento sobre la región china de Manchuria que incluían el control de la franja de territorio por donde discurría el Ferrocarril del Sur de Manchuria, para lo que desplegó el Ejército Kwantung. Aunque el «área de influencia» japonesa sobre el norte de China se consolidó y amplió después de la Primera Guerra Mundial, en la que Japón participó del lado de los aliados vencedores, el país se vio obligado a firmar el Tratado de las Nueve Potencias (1922), acordado tras la Conferencia de Washington, por el que se reconocía y garantizaba la soberanía e integridad territorial de China y la política de puertas abiertas, propugnada fundamentalmente por Estados Unidos.

miniatura|izquierda|Portada de la revista Time de febrero de 1936 en la que aparecen el emperador Hirohito; Pu-Yi, emperador del Estado títere de Manchukuo; Stalin, líder de la Unión Soviética; y Chiang Kai-shek, presidente de la República de China.

El «sistema de Washington», como se lo llamó, comenzó a ser cuestionado por Japón como consecuencia del impacto de la Gran Depresión iniciada en 1929. Las dificultades económicas que trajo consigo —las exportaciones japonesas se redujeron a la mitad, lo que se tradujo en una drástica caída de las importaciones de alimentos, materias primas y fuentes de energía, especialmente petróleo, de las que Japón carecía— reforzaron a los grupos ultranacionalistas y militaristas, integrados también por oficiales del Ejército, que rechazaban la cultura occidental, y en su lugar propugnaban los valores tradicionales japoneses («niponismo» frente a «occidentalismo»).

miniatura|Póster difundido por el Estado títere japonés de Manchukuo para promover la armonía entre japoneses, chinos y manchúes.

Así, la idea liberal de la monarquía constitucional fue desechada —su principal defensor, el prestigioso jurista Tatsukichi Minobe, fue acusado en 1935 del crimen de «lesa majestad» y obligado a abandonar su cátedra de la Universidad de Tokio— y en su lugar se impuso el culto al emperador —presentado como un «dios viviente», encarnación de la nación—. En 1937, el ministro de Educación, el general en la reserva Sadao Araki, antiguo líder de la facción más ultranacionalista del Ejército (Kodoha o Facción del Camino Imperial), promulgó una ley titulada Fundamentos del Régimen Nacional (Kokutai no Hongi), en la que se afirmaba que el emperador descendía de la diosa Amaterasu, y que era la fuente de la vida y de la moralidad del pueblo. Asimismo, se ensalzaban las virtudes de lealtad, patriotismo, amor filial, armonía, espíritu nacional (kokutai) y bushido (el código de los guerreros samuráis), mientras que se condenaba el individualismo occidental, origen de movimientos indeseables como la democracia, el socialismo y el comunismo. miniatura|izquierda|Tropas rebeldes en el fallido golpe de Estado llamado Incidente del 26 de febrero de 1936. Por otro lado, desde mayo de 1932 los gobiernos japoneses dejaron de ser parlamentarios y estuvieron integrados en su mayoría por personas no ligadas a ninguno de los dos grandes partidos —el conservador Rikken Seiyukai y el liberal Rikken Minseito— y por altos mandos del Ejército y de la Armada. La influencia de los militares sobre el gobierno se incrementó paradójicamente tras el fracasado golpe de Estado encabezado por la facción Kodoha y conocido como el incidente del 26 de febrero de 1936. Al año siguiente se instituyó la conferencia de enlace entre el gobierno y los Estados Mayores del Ejército y la Armada Imperiales, que fue el organismo en el que a partir de entonces se tomaron las grandes decisiones, singularmente las relativas a la política exterior y la guerra; estas decisiones eran luego sancionadas en la Conferencia Imperial, presidida por el emperador, en las que el presidente del Consejo Privado formulaba las preguntas en su nombre, mientras este permanecía callado.

En política exterior, los ultranacionalistas, con un peso cada vez mayor entre la clase dirigente civil y militar japonesa, rechazaban el «sistema de Washington» y defendían la creación de una «zona exclusiva» en Asia y el Pacífico, en la que Japón podría conseguir lo que no obtenía de su propio territorio, aunque esto supusiera enfrentarse a las potencias occidentales con importantes intereses coloniales y económicos en la zona: Gran Bretaña, Francia, Países Bajos y Estados Unidos. miniatura|Tropas japonesas en Manchuria (1932).

Aunque la primera concreción de esta política no se produjo hasta 1936, el primer paso en la formación de la futura «Gran Asia» fue la anexión de Manchuria en septiembre de 1931. Allí Japón estableció un Estado títere que llamó Manchukuo y a cuyo frente colocó a Pu-Yi, el último emperador de China. Ningún gobierno reconoció la nueva Administración. En marzo de 1933, Japón abandonó la Sociedad de Naciones en señal de protesta por el informe de la Comisión Lytton que, tras investigar el «incidente de Manchuria», había condenado la intervención japonesa, y recomendado la retirada de sus tropas y la devolución a China de la soberanía de la región. Sin embargo, esta organización supranacional no fue más allá y no impuso ningún tipo de sanción a Japón. Estados Unidos, que no formaba parte de ella, tampoco adoptó ninguna medida. Sin embargo, Japón quedó aislado internacionalmente, aislamiento que se acentuó cuando el gobierno, presionado por la Armada, denunció en diciembre de 1934 el Tratado Naval de Londres de 1930 sobre la limitación de buques de guerra. Japón pareció romper su aislamiento en noviembre de 1936 adhiriéndose al Pacto Antikomintern, que habían firmado la Alemania nazi y la Italia fascista con el objetivo de buscar apoyos en una posible guerra con la Unión Soviética en la frontera del norte de China, lo que constituía la principal preocupación del Ejército Imperial Japonés. Pero esta estrategia se vendría abajo tres años después con la firma del pacto germano-soviético en agosto de 1939.

miniatura|izquierda|El general en jefe de las fuerzas armadas japonesas hace su entrada en Nankín (diciembre de 1937).

El segundo paso hacia la «Gran Asia» fue la invasión de China, iniciada en julio de 1937. Tras la rápida ocupación de Pekín, los japoneses avanzaron hacia el sur y en noviembre de 1937 tomaban Shanghái. Al mes siguiente caía la capital china, Nankín, donde los soldados japoneses desataron una ola de saqueos y de terror que se saldó con el asesinato de unas 200 000 personas, entre soldados prisioneros y civiles, además de la violación de miles de mujeres antes de su ejecución. En octubre de 1938, Cantón cayó en poder de los japoneses, así que a finales de ese año ya habían ocupado una parte importante de China, aunque en la región de Chongqing seguían resistiendo las fuerzas del Guomindang de Chiang Kai-shek, y en la de Yenan las del Partido Comunista Chino de Mao Zedong.

miniatura|Distribución de posesiones coloniales en Asia Oriental y el Pacífico al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.