miniatura|El secretario de Estado Cordell Hull, autor de la nota diplomática que lleva su nombre. La Nota Hull fue el nombre que recibió una nota diplomática entregada en Washington D. C. el 26 de noviembre de 1941 por el Secretario de Estado de Estados Unidos Cordell Hull a los representantes del Imperio de Japón en el curso de las conversaciones que venían manteniendo para alcanzar un acuerdo que pusiera fin a la creciente tensión entre los dos países, especialmente desde que en julio de 1941 el presidente Franklin D. Roosevelt hubiera decretado la congelación de todos los activos japoneses en Estados Unidos y el embargo de las exportaciones de petróleo como respuesta a la ocupación japonesa de la Indochina francesa. Los duros términos que contenía la nota fueron considerados por el gobierno japonés del general Hideki Tojo y por los Estados Mayores del Ejército y de la Armada imperiales como un ultimátum, por lo que Japón decidió completar las operaciones militares que ya estaban en marcha para entrar en guerra con Estados Unidos. De hecho un día antes de que el gobierno japonés recibiera la Nota Hull había zarpado en secreto desde las islas Kuriles la flota que iba a atacar la base de Pearl Harbor, en las islas Hawái.
Antecedentes
miniatura |Shigenori Togo, ministro de Asuntos Exteriores de Japón.
El 1 de noviembre de 1941 se reunió la conferencia de enlace entre el gobierno de Hideki Tojo y los Estados Mayores del Ejército y la Armada imperiales en la que se decidió ampliar la fecha límite para las conversaciones con Estados Unidos al 30 de noviembre, aunque mientras tanto continuarían los preparativos bélicos. Dos días después el ministro de Asuntos Exteriores Shigenori Togo encargó al experimentado diplomático Saburo Kurusu que fuera a Washington con la misión de llevar las negociaciones con el gobierno estadounidense. Togo le informó de las condiciones japonesas pactadas en la conferencia: un Plan A, en el que no se hacía ninguna concesión importante a las demandas estadounidenses, y un Plan B que sólo debería plantearse como último recurso y que incluía la retirada de las tropas japonesas del sur de la Indochina francesa. Antes de partir, Kurusu se entrevistó con el primer ministro, el general Hideki Tojo, quien le dijo: «Haga todo lo posible y regrese con un acuerdo».
miniatura|izquierda|Saburo Kurusu, enviado especial del gobierno japonés
Kurusu salió de Japón el 7 de noviembre, el mismo día en que el embajador Kichisaburō Nomura presentaba al secretario de Estado Cordell Hull el Plan A, que Togo le había enviado desde Tokio —comunicación que fue interceptada y descodificada por los servicios de inteligencia estadounidenses que interpretaron que Japón estaba preparándose para la guerra mientras mantenía las conversaciones diplomáticas y así se lo comunicaron al secretario Hull—. Cuando Kurusu llegó a Washington el 15 de noviembre aún no se habían iniciado las negociaciones formales —Hull le había dicho a Nomura que antes era necesario efectuar «conversaciones exploratorias»—. Mientras tanto los preparativos bélicos continuaban y el mismo día de la llegada de Kurusu a Washington se había reunido en Tokio la conferencia de enlace en la que se había aprobado el «Plan para Facilitar la Conclusión de la Guerra con Estados Unidos, Gran Bretaña y Países Bajos». Éste decía:
El 17 de noviembre Kurusu se entrevistó con Roosevelt en el Despacho Oval, reunión a la que también asistieron el embajador Nomura y el secretario de Estado Hull. Kurusu le pidió al presidente que viera la situación desde «la perspectiva japonesa», a lo que Roosevelt le contestó: «Entre amigos nunca está dicha la última palabra», frase que le impresionó. Sin embargo, no se avanzó en los temas cruciales, especialmente en cuanto al deseo estadounidense de que Japón abandonara el Pacto Tripartito —en una reunión anterior Hull le había dicho a Nomura que le resultaría muy difícil «hacer creer a la población de este país y a la de todas las naciones pacíficas que Japón estaba actuando con miras a la paz», pues «estaba ligado por una alianza al agresor más flagrante que ha aparecido en el planeta en los últimos dos mil años», añadiendo a continuación que si el gobierno de Estados Unidos «llegaba a un acuerdo con Japón, mientras Japón seguía obligado con Alemania», la gente podría «lincharme»—. En el memorándum que escribió Hull sobre la reunión anotó que «respecto a los tres principales puntos que separan a nuestros dos países [la igualdad de oportunidades comerciales, la retirada de China y el Pacto Tripartito]… no se hizo esfuerzo alguno por resolver esas cuestiones en la reunión».
miniatura|izquierda|El primer ministro Hideki Tojo. No ayudó en nada a las «conversaciones exploratorias» el discurso, radiado por primera vez a todo el país, que pronunció el mismo día de la entrevista de Kurusu con Roosevelt el primer ministro Tojo ante el parlamento japonés en el que dijo que las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos eran «un acto agresivo y hostil equivalente a un conflicto armado», pidiendo a continuación la unión de la nación «ocurra lo que ocurra». Finalizó su alocución expresando su respeto y gratitud hacia las «almas heroicas de los muertos en combate» para proteger a su nación. Honrar a los soldados caídos era precisamente el argumento que Tojo siempre había esgrimido para oponerse a la retirada de China. miniatura|Nomura (izquierda) y Kurusu (derecha) con el secretario de Estado Hull.
Al día siguiente, 18 de noviembre, Kurusu y Nomura se reunieron con Hull, quien reiteró que mientras Japón siguiera ligado al Pacto Tripartito no sabía si «podría hacerse algo para alcanzar un acuerdo satisfactorio con Japón». Entonces fue cuando inesperadamente el embajador Nomura pasó directamente al Plan B y sugirió la retirada de las tropas japonesas del sur de Indochina, de forma que los dos países pudieran «[volver] al estatus existente antes de esa fecha en julio… antes de que [Estados Unidos] pusiera en vigor las medidas de congelación». Pero a Hull no le pareció suficiente y dijo que el embargo no sería levantado hasta que los japoneses hubieran «tomado definitivamente un rumbo pacífico y renunciado a los planes de conquista». Nomura insistió y entonces Hull dijo que consultaría la nueva propuesta japonesa con los británicos y con los holandeses.
Kurusu y Nomura enviaron un mensaje optimista a Tokio sobre la marcha de las conversaciones, pero el 20 de noviembre recibieron un duro telegrama del ministro Togo que estaba furioso porque antes de haber explorado todas las posibilidades del Plan A hubieran pasado al Plan B y sobre todo porque hubieran presentado la retirada de las tropas del sur de Indochina como una propuesta aislada. Así que les ordenó que presentaran una versión del Plan B que además de la retirada de las tropas, que aparecía en quinto y último lugar, incluía otros cuatro puntos: 1) el compromiso de Japón de no ir más allá de Indochina en sus avances militares; 2) la cooperación para la obtención de los recursos de las Indias Orientales Neerlandesas; 3) el levantamiento del embargo de petróleo y de la congelación de los activos japoneses en Estados Unidos; 4) el compromiso de Estados Unidos de que no intervendría en la paz chino-japonesa que pusiera fin a la guerra que mantenían desde 1937. Togo concluía diciendo: «Si no podemos obtener la aprobación estadounidense para este plan, simplemente tendremos que aceptar la posibilidad de que las conversaciones hayan fracasado». miniatura|Asia Oriental y el Pacífico cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial. El 20 de noviembre Nomura y Kurusu entregaron personalmente el Plan B completo al secretario Hull, quien los recibió muy fríamente para consternación de los dos representantes japoneses. Hull les dijo que el público estadounidense veía a Japón como un aliado de la Alemania nazi y que entre los dos querían repartirse el mundo. En cuanto a la propuesta japonesa les comentó privadamente que la consideraba como un ultimátum, añadiendo a continuación que sus estipulaciones eran «tan ridículas que ningún alto funcionario estadounidense podría haber soñado nunca en aceptarlas».
Al día siguiente Kurusu, agobiado porque se agotaba el tiempo, tomó una iniciativa por su cuenta y se entrevistó con Hull para presentarle una nota personal en la que le decía que si Estados Unidos entraba en guerra en Europa Japón actuaría de forma independiente respecto de sus socios del Pacto Tripartito. En la nota personal Kurusu mencionaba el artículo III del Pacto, que, según él, permitía a Japón «interpretar sus obligaciones con libertad e independencia». «Mi gobierno nunca lanzaría al pueblo de Japón a la guerra a instancias de una potencia extranjera; sólo aceptará la guerra como necesidad última e ineludible para mantener su seguridad y preservar la vida nacional contra una injusticia activa», decía también la nota. Pero Hull, según apuntó en el memorándum de la reunión, no consideró que lo que decía «fuera a ser de especial utilidad» y la descartó.
La respuesta definitiva del gobierno estadounidense, que sería conocida como la Nota Hull, fue entregada a Kurusu y a Nomura a última hora de la tarde del 26 de noviembre por el secretario Hull y en esencia suponía volver a la posición inicial norteamericana, pero en un tono mucho más duro y añadiendo nuevas demandas.
Contenido
El documento: las exigencias estadounidenses miniatura|El secretario de Defensa Henry Stimson con el general George Marshall, jefe del Estado Mayor del Ejército, en enero de 1942. La nota diplomática llevaba por título «Esbozo de la Base Propuesta para un acuerdo entre Estados Unidos y Japón», y en ella se proponía un acuerdo multilateral de no agresión que debía incluir también a Gran Bretaña, China, Holanda, la Unión Soviética y Tailandia —lo que planteaba una primera dificultad para su aceptación por los representantes japoneses ya que sólo estaban autorizados por su gobierno a alcanzar un acuerdo bilateral—. La segunda parte de la nota se titulaba «Pasos que han de dar los Gobiernos de Estados Unidos y Japón» y constaba de diez puntos, en los que se recogían las exigencias estadounidenses: la retirada de las tropas japonesas de Indochina y de China; el reconocimiento del gobierno de Chiang Kai-shek con sede en Chongqing como único gobierno legítimo de China —lo que implicaba que Japón retirara el apoyo al gobierno títere de Wang Jingwei—; la renuncia a los derechos de extraterritorialidad en China y a las ventajas y derechos derivados del Protocolo Bóxer de 1901; el reconocimiento de la libertad de comercio y de la igualdad de oportunidades, como los principios que debían regir las relaciones económicas en Asia. En los «Diez Puntos» también se incluía el abandono por Japón del Pacto Tripartito. En contrapartida Estados Unidos ofrecía la descongelación de los activos japoneses y el inicio de conversaciones para establecer un nuevo tratado comercial y a más largo plazo asegurar la paz en el Pacífico.
Hull reconoció más tarde que no pensaba «seriamente que Japón aceptaría nuestra propuesta», por lo que creía que podría significar la guerra con Japón, y así se lo comentó al Secretario de Defensa Henry Stimson: «Yo ya me he lavado las manos con este asunto; ahora queda en tus manos y en las de Knox [Secretario de Marina], el ejército y la armada». Según Antony Beevor, «solo una renuncia inmediata y completa de los Estados Unidos y Gran Bretaña a sus pretensiones habría podido evitar el conflicto en aquellos momentos. Pero semejante signo de debilidad occidental probablemente hubiera animado a los japoneses a lanzar su ataque frontal».
Las razones del endurecimiento de la posición de Estados Unidos
miniatura|El presidente de la República de China Chiang Kai-shek con su hijo Chiang Wei-kuo en 1941.