El bienestar es, desde un punto de vista externo, el «conjunto de las cosas necesarias para vivir bien». Desde un punto de vista interno puede definirse como «estado de la persona en el que se le hace sensible el buen funcionamiento de su actividad somática y psíquica». También se considera el bienestar de una persona lo que, en última instancia, es bueno para esta persona, lo que está en el interés propio de esta persona. Bienestar puede referirse tanto al bienestar positivo como al negativo. En su sentido positivo, a veces se contrasta con el malestar como su opuesto. El término "bienestar subjetivo" denota cómo las personas experimentan y evalúan sus vidas, generalmente medido en relación con el bienestar autorreportado obtenido a través de cuestionarios. A veces se distinguen diferentes tipos de bienestar, como el bienestar mental, el bienestar físico, el bienestar económico o el bienestar emocional. Las diferentes formas de bienestar suelen estar estrechamente interrelacionadas. Por ejemplo, la mejora del bienestar físico (como reduciendo o cesando una adicción) se asocia a la mejora del bienestar emocional. Otro ejemplo es que un mayor bienestar económico (por ejemplo, poseer más riqueza) tiende a asociarse con un mayor bienestar emocional, incluso en situaciones adversas como la pandemia de COVID-19. El bienestar desempeña un papel central en la ética, ya que lo que debemos hacer depende, al menos en cierta medida, de lo que mejoraría o empeoraría la vida de alguien. Según el bienestarismo, no hay otros valores además del bienestar.

Los términos bienestar, placer y felicidad se usan de manera indiferenciada en el lenguaje cotidiano, pero sus significados tienden a separarse en contextos técnicos como la filosofía o la psicología. El placer se refiere a la experiencia que se siente bien y suele considerarse como uno de los componentes del bienestar. Pero puede haber otros factores, como la salud, la virtud, el conocimiento o el cumplimiento de los deseos. La felicidad, a menudo vista como "el exceso de la experiencia placentera sobre la desagradable" o como el estado de satisfacción con la vida de uno en su conjunto, también suele considerarse un componente del bienestar.

Las teorías del bienestar intentan determinar qué es esencial para todas las formas de bienestar. Las teorías hedonistas identifican el bienestar con una mayor cantidad de placer sobre el dolor. Las teorías del deseo sostienen que el bienestar consiste en la satisfacción de deseos: cuanto mayor sea el número de deseos satisfechos, mayor será el bienestar. Las teorías de listas objetivas afirman que el bienestar de una persona depende de una lista de factores que pueden incluir elementos subjetivos y objetivos.

El bienestar es el tema central de la psicología positiva, cuyo objetivo es descubrir los factores que contribuyen al bienestar humano. Martin Seligman, por ejemplo, sugiere que estos factores consisten en tener emociones positivas, estar involucrado en una actividad, tener buenas relaciones con otras personas, encontrar sentido a la propia vida y tener una sensación de logro en la búsqueda de las propias metas.

Igualmente dentro de la filosofía oriental, podemos encontrar términos que abarcan el concepto de bienestar, tales como el término Sukha en la filosofía budista.

Teorías del bienestar El bienestar de una persona es lo que es bueno para esta persona. Las teorías del bienestar tratan de determinar qué características de un estado son responsables de que este estado contribuya al bienestar de la persona. Las teorías del bienestar suelen clasificarse en teorías experiencialistas, teorías del deseo y teorías de listas objetivas. Las teorías hedonistas y las teorías del deseo son teorías subjetivas. Según ellas, el grado de bienestar de una persona depende de los estados mentales subjetivos y las actitudes de esta persona. Las teorías de listas objetivas, por otro lado, permiten que las cosas puedan beneficiar a una persona independientemente de las actitudes subjetivas de esa persona hacia estas cosas. Todas estas se miden en cuanto a la teoría ética del valor que resume el bienestar en positivo o negativo.

Para las teorías experiencialistas, los estados mentales en cuestión son experiencias de placer y dolor. La teoría experiencialista más común es el hedonismo. Un ejemplo de tal relato se encuentra en las obras de Jeremy Bentham, donde se sugiere que el valor de las experiencias solo depende de su duración y la intensidad del placer o el dolor presente en ellas. Existen varias teorías de esta índole:

Hedonismo: el bienestar positivo consiste en la posesión de experiencias positivas y el bienestar negativo en la posesión de experiencias negativas. Esta teoría sostiene que el sufrimiento puede ser bueno instrumentalmente (si a causa de él se logra algo positivo), y el disfrute, malo.

Hedonismo negativo: no existe el bienestar positivo, y el bienestar negativo consiste en la posesión de experiencias negativas. Tranquilismo: el bienestar positivo tiene el mismo valor al margen de su intensidad, y consiste meramente en la ausencia del bienestar negativo. Esta teoría sostiene reconoce que existe el bienestar positivo pero lo resume a la ausencia de bienestar de bienestar negativo. Hedonismo de la variedad: nuestro bienestar positivo consiste en la posesión de experencias neutras o positivas variadas, y nuestro bienestar negativo consiste en la posesión de experiencias negativas. Experiencialismo del valor singular: nuestro bienestar positivo consiste en la posesión de experiencias que tienen valor positivo por motivos singulares, y nuestro bienestar negativo consiste en la posesión de ciertas experiencias que tienen valor negativo por motivos singulares. Esta teoría sostiene que existen experiencias negativas que pueden llegar a tener un valor positivo aunque no nos causen placer y viceversa.

Se han formulado varios contraejemplos contra de k este punto de vista. Por lo general, implican casos en los que el sentido común propone que opciones con un menor placer agregado son preferibles, por ejemplo, que los placeres intelectuales o estéticos son superiores a los sensoriales o que no sería prudente entrar en la máquina de experiencias de Robert Nozick. Frente al argumento de la máquina de experiencias, los defensores del experiencialismo han señalado que ficciones cotidianas como las novelas, las películas o los videojuegos funcionan como «máquinas de experiencias» parciales sin que ello reduzca la calidad de una vida, y que no puede descartarse que el propio mundo real sea una simulación, en cuyo caso, desde dentro, nada cambiaría respecto a lo bien o mal que va la vida. También se ha sostenido que el rechazo generalizado a conectarse a la máquina obedece a un sesgo de statu quo más que a una intuición fiable sobre el valor. Una objeción distinta, conocida como paradoja del hedonismo, observa que buscar de forma directa y constante el propio placer suele producir menos placer que perseguir otros fines; los hedonistas responden que esto solo indica cómo conviene actuar para obtener placer, no que el placer deje de ser lo valioso. Estos contraejemplos no son argumentos irrefutables, pero el defensor de las teorías experiencialistas se enfrenta al desafío de explicar por qué el sentido común nos engaña en los casos problemáticos.

Las teorías del deseo pueden evitar algunos de los problemas de las teorías hedonistas al sostener que el bienestar consiste en la satisfacción de deseos: cuanto mayor sea el número de deseos satisfechos, mayor será el bienestar.

Preferiencialismo: nuestro bienestar consiste en la satisfacción o en la frustración de nuestras preferencias. Preferencialismo de los deseos presentes: nuestro bienestar positivo consiste en la satisfacción de los deseos que tenemos en ese momento, y el negativo, en su frustracción. Preferencialismo de los deseos informados: el bienestar positivo está condicionado por la satisfacción de los deseos que tendríamos si tuviésemos la información plena de todas las circunstancias impliacadas en ello, el bienestar negativo, en su frustracción relevantes implicadase en ello, sin poseer creencias falsas. El bienestar negativo consiste en su frustracción. Preferencialismo de la deliberación racional: nuestro bienestar positivo consiste en la satisfacción de los deseos que tendríamos si pudiéramos llevar a cabo una deliberación plenamente racional de nuestras circunstancia, nuestro bienestar negativo consiste en su frustración. Preferiencialismo clásico: nuestro bienestar positivo consiste en la satisfacción de nuestras preferencias e nuestro bienestar negativo consiste en su frustracción. Antifrustracionismo: nuestro bienestar negativo consiste en la frutracción de nuestras preferencias y el positivo no existe. Poseer deseos satisfechos equivale a no tener deseos.

Un problema para algunas versiones de la teoría del deseo es que no todos los deseos son buenos: algunos deseos pueden incluso tener consecuencias terribles para el agente. Los teóricos del deseo han tratado de evitar esta objeción sosteniendo que lo que importa no son los deseos reales, sino los deseos que el agente tendría si estuviera completamente informado.

Las versiones que apelan a deseos idealizados —informados o formados tras una deliberación plenamente racional— se aproximan a las posiciones objetivistas, porque lo que resultaría beneficioso puede alejarse mucho de lo que la persona desea de hecho. Otra objeción apunta al llamado requisito de experiencia. Como estas teorías sitúan el valor en que la preferencia se cumpla de hecho, y no en la experiencia de su cumplimiento, implican que alguien puede beneficiarse o perjudicarse por hechos de los que nunca se entera. En un caso muy discutido, una persona desea el éxito de una desconocida a la que no vuelve a ver; años después esta lo logra, pero aquella jamás lo sabe, y aun así la teoría lo cuenta como un beneficio, algo que muchos consideran implausible. Se ha planteado además una paradoja del preferencialismo a partir de las preferencias autodirigidas: quien desea sufrir un daño solo vería cumplido ese deseo si su cumplimiento no fuese mejor para él, lo que contradice la tesis de que satisfacer las preferencias es lo beneficioso. A ello se suma un contraejemplo: un producto químico que solo generase deseos triviales de cumplimiento inmediato (y sin placer alguno) haría, según el preferencialismo no antifrustracionista, que tomarlo resultara muy beneficioso, conclusión que la mayoría rechaza.