José Azmitia González (18 de marzo de 1860,Registro Civil, Ciudad de Guatemala Ciudad de Guatemala -ibídem, 29 de junio de 1946) fue un líder conservador guatemalteco que participó activa y decididamente en las gestas cívicas contra el gobierno de Manuel Estrada Cabrera en 1920 y luego contra el gobierno de facto del general José María Orellana.
Biografía
200px|miniaturadeimagen|Josefina Gómez Tible, segunda esposa de Azmita. Era hija del intelectual Agustín Gómez Carrillo y hermana del reconocido escritor Enrique Gómez Carrillo.
Azmitia se casó en primeras nupcias con María Toriello y en su segundo matrimonio con Josefina Gómez Tible, hermana del escritor Enrique Gómez Carrillo e hija del intelectual Agustín Gómez Carrillo.
Azmitia pertenecía a las élites de los criollos conservadores de Guatemala, y su partido se encontraba muy debilitado luego del triunfo de la Reforma Liberal en 1871, la expulsión de las órdenes regulares en 1873 y la expulsión del arzobispo Ricardo Casanova y Estrada en 1887. Aunque Casanova y Estrada regresó en marzo de 1897 y había logrado que se abriera el Colegio de Infantes y el Seminario Mayor para fomentar la educación religiosa, su muerte en 1913 propició la elección de un arzobispo plegado a los designios del presidente, Manuel Estrada Cabrera, quien estaba en el poder desde 1898.
Lucha contra Estrada Cabrera
200px|miniaturadeimagen|izquierda|Azmtia González en la década de 1920. Azmitia laboraba como administrador en una reconocida cercevería guatemalteca y se mantenía al margen de cualquier actividad política. Sin embargo, tras el Atentado de La Bomba y las persecuciones que ocurrieron contra los perpetradores y sus familias en 1907, Azmitia se dio cuenta de la situación en que se encontraba Guatemala.
Tras el Atentado de los Cadetes en 1908, la policía del presidente Estrada Cabrera averiguó que en una casa de esquina de la 19 calle en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala se habían reunido los cadetes conspiradores; esta casa era propiedad de los dueños de la cervecería para la que laboraba Azmitia. Cuando fue llamado para que declarara que sus patronos habían alquilado dicha casa aún sabiendo que se la destinaba para reuniones de los revolucionarios, Azmitia no solamente se negó a acusarlos sino que se hizo responsable. Por su desafío fue reducido a prisión en la Penitenciaría Central de Guatemala, y amenazado de que iban a darle de palos; pero Azmitia resistió el castigo. Tras recibir más de cien palos sin proferir una sola queja, fue llevado a una bartolinaen la que depositaban los cadáveres de los opositores al gobierno. Al día siguiente continuaron con el castigo, pero Azmitia nunca se quejó ni pidió clemencia. Al darse cuenta de que los palos no hacían efecto en su persona, lo dejaron prisionero y le dijeron que sería libre cuando así lo solicitara; pero no lo hizo. Él mismo lavaba su ropa para que no llegaran manchadas de sangre a su casa.
Mientras estuvo en prisión murió su esposa, María Teresa Toriello; Azmitia González pidió permiso para asistir al sepelio y el director de la Penitenciaría le consultó al presidente Estrada Cabrera al respecto. Éste le constestó que le concediera el permiso y que Azmitia no necesitaba escolta alguna ya bastaba con pedirle que diera su palabra de honor de que regresaría para que lo hiciera. Y así se hizo: Azmitia González estuvo presente en el entierro, luego fue a su casa a atender algunos asuntos personales y a las once de la noche regresó a la Penitenciaría, en donde fue vapuleado a la hora reglamentada.
Durante su permanencia en la cárcel Azmitia asistió a suplicios que le mostraron lo terrible de la administración del presidente Estrada Cabrera. Al fin, lo dejaron libre. El presidente lo mandó a llamar al palacio del Ejecutivo y le dijo: «He comprendido que usted es inocente, don José, y respeto su entereza; vaya en paz.» Al salir, los guardias le hicieron un saludo militar y un cuerpo de jóvenes cadetes, que quedaron libres el mismo día, lo acompañaron como una escolta hasta su casa.
A partir de ese momento, Azmitia se dedicó a trabajar con todos aquellos que tenían una queja en contra del presidente y juró no dormir en su cama hasta que Estrada Cabrera saliera del gobierno: durante doce años se acostó sobre un colchón al pie de su cama. Pero también, tras este fallido atentado, el presidente Estrada Cabrera incrementó el nivel de tiranía en su gobierno y no permitió ningún tipo de oposición.
miniaturadeimagen|200px|Fotografía tomada en la «Casa del Pueblo» en diciembre de 1919, al momento de firmar el Acta de los Tres Dobleces. Se observa a los líderes conservadores de Guatemala sentados al frente de la fotografía: primero de derecha a izquierda, Dr. Julio Bianchi y tercero de derecha a izquierda, ciudadano José Azmitia. miniaturadeimagen|200px|Retrato del presidente Manuel Estrada Cabrera durante su último mandato presidencial.
La oposición formal contra Estrada Cabrera, quien llevaba veintidós años en el poder, se inició cuando el obispo José Piñol y Batres inició sus sermones contra el Gobierno en la Iglesia de San Francisco en 1919, por instrucciones de su pariente, el líder conservador Manuel Cobos Batres. Por primera vez la Iglesia Católica guatemalteca pronunciaba un discurso opuesto a las políticas del presidente.La iglesia estaba reducida únicamente al clero secular por ese entonces; las órdenes monásticas del clero regular habían sido expulsadas de Guatemala en 1872 por el gobierno liberal de Justo Rufino Barrios y no regresaron al país sino hasta después del derrocamiento e Jacobo Arbenz Guzmán en 1954. Por su parte, el arzobispo metropolitano Ricardo Casanova y Estrada había sido expulsado por el presidente Manuel Lisandro Barillas Bercián en 1887 y había estado en el exilio en Costa Rica hasta marzo de 1897, cuando regresó a Guatemala. Así pues, para 1919 la posición de la Iglesia Católica en Guatemala estaba muy debilitada. Tras las primeras conferencias, Azmitia besó la mano del obispo y se puso incondicionalmente a sus órdenes.
Por otra parte, Cobos Batres consiguió entusiasmar a los líderes conservadores Tácito Molina, Eduardo Camacho, Julio Bianchi y Emilio Escamilla quienes junto con Azmitia formaron un partido que se rebelara contra el férreo gobierno de Estrada Cabrera. El partido inició su actividad política con el apoyo de muchos sectores, entre los que destacaron los estudiantes de la Universidad Estrada CabreraNombre que tenía la Universidad de San Carlos desde 1918. y los obreros de la capital, quienes bajo el liderazgo de Silverio Ortiz Rivas fundaron el Comité Patriótico de Obreros.
El nuevo partido se llamó Unionista, a propuesta de Tácito Molina, para diferenciarlo tanto del Partido Liberal como del Conservador y reunir en sus filas a todos aquellos «hombres de buena voluntad, amantes de la libertad y la democracia, y con el ideal de la unión centroamericana». La primera sede oficial del partido, inaugurada en 1920, fue una casa propiedad de la familia Escamilla situada en la esquina sudeste de la avenida y la 12 calle de la zona 1, la cual fue pronto conocida como la «Casa del Pueblo». Tácito Molina fue también el encargado de redactar el acta de fundación del partido, la cual fue suscrita por cincuenta y un ciudadanos, entre los que estuvo Silverio Ortiz Rivas, líder obrero capitalino, el 25 de diciembre de 1919 y llegó a ser conocida como el Acta de los Tres Dobleces, ya que las firmas se añadieron en una hoja de papel doblada tres veces. El documento se hizo circular en la capital hasta el de enero de 1920, cuando se depositó una copia de ella debajo de la puerta de cada casa.
Estrada Cabrera se vio obligado a aceptar la oficialización del Partido Unionista, pues había presión política tanto interna como internacional. El 1 de marzo de 1920, durante la inauguración del período de sesiones de la Asamblea Nacional Legislativa, se reconoció al partido y quedó oficializada su existencia. A partir de entonces, Estrada Cabrera reiteró públicamente su voluntad de atender los deseos de la comunidad internacional para dar mayor apertura política, pero se seguía arrestando a los simpatizantes unionistas. El 11 de marzo de 1920, los unionistas convocaron a una manifestación en la que participaron treinta y dos mil ciudadanos y en la cual el abanderado fue Azmitia González, quien portaba la bandera de Centroamérica. Previamente había quedado convenido que Azmitia sería el abanderado durante el primer tercio del trayecto y luego lo serían otros dos prominentes miembros del partido, pero cuando se inició la marcha, recibió un mensaje del partido que le deía: «Chepe, cuídate porque hay tiradores apostados sobre los tejados, con orden de matar al que lleve la bandera». Azmitia guardó el mensaje y cuando llegó el momento de entregar la bandera a los otros miembros del partido, se negó rotundamente a hacerlo aunque éstos se quejaran de que era un exhibicionista pues desconocían de la existencia de los francotiradores.
Como se esperaba, esta manifestación fue reprimida por el Gobierno. Estrada Cabrera había instruido a sus agentes para que con la ayuda de prisioneros que sacaron de las cárceles provocaran desórdenes al paso de la manifestación mientras que tres o cuatro de los mejores tiradores del ejército estaban apostados estratégicamente esperando cualquier distrubio para disparar sobre el abanderado. Pero al llegar el momento de disparar no lo hicieron, porque su honor militar no les permitió disparar sobre la bandera que a la distancia parecía la de Guatemala, a pesar de ser la de Centroamérica. El Ejército no disparó contra los manifestantes, pero sí lo hizo la policiía provando varios muertos y heridos, lo que causó indignación generalizada y unió al pueblo guatemalteco y a la comunidad internacional en contra de Estrada Cabrera. El presidente se dio cuenta entonces de que el pueblo ya no era dócil y manejable. Para entonces, ya se habían organizado más de ciento cincuenta clubes o filiales del partido en todo el país. El 18 de marzo, todo el personal de correos y aduanas se unió al nuevo partido, acción que inmediatamente fue imitada por el personal de telégrafos.
La Asamblea Nacional Legislativa, dirigida entonces por Adrián Vidaurre, quien había sido un alto funcionario durante la mayor parte del gobierno cabrerista, declaró mentalmente incapaz al presidente para gobernar y designó al ciudadano Carlos Herrera y Luna como presidente interino.Los Unionistas fueron hábilmente manejados por Vidaurre y otros cabreristas para lograr que no sólo no se les persiguiera, sino que se les incorporara en el nuevo Gobierno. A partir de este momento, hasta quienes le apoyaron y alabaron durante su largo gobierno le dieron la espalda. La Asamblea Nacional declaró a Manuel Estrada Cabrera mentalmente incompetente para gobernar mediante el Decreto 1022 del 8 de abril de 1920.
Finalmente llegó la lucha armada. El presidente resistió desde su residencia oficial de La Palma hasta que fue derrotado tras cruentos combates durante la llamada Semana Trágica de 1920. Desde allí Estrada Cabrera cañoneó, con ayuda de los cuarteles Matamoros y San José, a las fuerzas unionistas en un último intento de conservar el poder, que ostentaba dese 1898 y había mantenido a través de amañadas elecciones en 1905, 1911 y 1917. Estrada Cabrera también bombardeó la capital desde La Palma en un intento de atacar el supuesto cuartel general de los unionistas en la finca El Zapote. Finalmente se rindió el 14 de abril de 1920 junto con el único colaborador que estuvo con él hasta el final, el poeta peruano José Santos Chocano.
Segundo matrimonio y fin de su carrera política