El código Da Vinci es una novela escrita por Dan Brown, que se caracterizó por generar una gran polémica cuando fue publicada en 2003. Muchas críticas a la novela El código Da Vinci se centran en las especulaciones del libro y en las tergiversaciones de aspectos centrales del cristianismo y de la historia de la Iglesia católica. A esto se añaden otras críticas de carácter no religioso que se centran en las descripciones inexactas que aparecen en el libro sobre el arte europeo, la historia y la arquitectura.
Generalidades thumb|right|300px|Una mujer protesta contra la película El código Da Vinci fuera de una sala de cine en Culver City, California. Las siglas de la PTF en la bandera representa la Sociedad Americana para la Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad. En la banderola dice «¡El códigio Da Vinci insulta a Nuestro Señor Jesucristo, ataca su Iglesia y nuestra sagrada fe católica!» De este modo, El código Da Vinci ha generado polémica al entregar información ficticia o alterada que ha llevado igualmente a muchos a cuestionar la versión oficial de la historia común a todo el cristianismo. Como consecuencia de ello, el libro ha resultado igualmente ofensivo a una parte de los católicos y de otras muchas comunidades cristianas.
Brown ha recibido también críticas respecto al estilo literario. En El código Da Vinci hay muchos personajes que reflejan los estereotipos negativos que los estadounidenses se han hecho de los europeos. Esto ha provocado que sean los europeos quienes más han atacado la obra de Brown, como ya ocurrió con sus libros anteriores (ver La fortaleza digital). Muchos comentaristas sostienen también que el estilo de Brown es vulgar o sin inspiración, y aunque es verdad que esto es una crítica común a las novelas de tipo thriller, recalcan que es vulgar incluso en relación con estas.
En relación con los partidarios del libro, incluyendo al autor, apuntan que bajo la declaración de «los hechos» del libro se pretende que son veraces las teorías presentadas en El código Da Vinci con respecto a los personajes de María Magdalena, Jesús de Nazaret, y lo relativo al pasado de la cristiandad. Sin embargo, debido a todo lo mencionado, los críticos sugieren que se debe recordar que el libro es una novela de ficción y que hay muchas pruebas que refutan la hipótesis de Dan Brown.
Lo que reclama la crítica Aunque el libro se identifica como un thriller —una obra de ficción—, Brown prologa su novela con una página que titula «Los hechos» y también ha publicado una página en su web titulada Los extraños hechos verdaderos de El código Da Vinci (Bizarre True Facts from The Da Vinci Code) donde repite sus ideas del Priorato de Sion, entre otras. De este modo, gran parte de la controversia tiene su causa en ese interés del autor por defender la ficción como realidad; y también por introducir incorrecciones históricas que enfadan a los expertos aunque no le importe su ambigüedad a los menos instruidos.
Muchos sitios de atracción de turistas en Europa han tenido que anunciar con carteles que las ubicaciones descritas en el libro de Brown son falsas: que no hay una cámara secreta bajo el suelo de una capilla particular, que un edificio en concreto no fue construido por una sociedad secreta, etc.
Estas afirmaciones del libro, combinadas con la presentación de las opiniones religiosas que se oponen u ofenden a las distintas comunidades, han causado mucho del debate y confrontación. Ejemplo de ello es la opinión específica de la Iglesia católica que da referente al libro, indicando que en él se recogen antiguas críticas del laicismo contra el catolicismo (ver por ejemplo, programa Sunday de la BBC, del 24 de julio de 2005) y otras críticas más generales de tradición anticlerical. El 15 de marzo de 2005, el Cardenal Tarcisio Bertone, arzobispo de Génova y segunda persona en orden de importancia en la Congregación para la Doctrina de la Fe, criticó el libro y a los que lo venden con una intención anticatólica. «Esto parece un folleto anticlerical del siglo XIX», dijo. Es una «gran y absurda» deformación de la historia, repleta de «mentiras baratas». Igualmente el cardenal hizo también una defensa del Opus Dei, la prelatura de la Iglesia católica ofendida por el libro. name="NYTimes4.28.06">
Críticas en aspectos religiosos
Algunas de las inexactitudes y afirmaciones en disputa a nivel religioso serían las siguientes:
Historia de Jesús El libro dice que antes del año 325, Cristo no fue considerado más que un «profeta mortal» por sus seguidores, y que solo como resultado de la presión del emperador Constantino I en el Primer Concilio de Nicea, la cristiandad empezó a considerarlo como Dios: Esto ha sido rebatido por varios autores con referencias extensas a la Biblia y a los Padres de la Iglesia, fuentes que son anteriores al Primer Concilio de Nicea. (Ver este ejemplo, Olson y Meisel (2004), que se refiere a La Iglesia en la crisis: una historia de los concilios generales, 325–1870 de Philip Hughes (1964). En el Concilio, la pregunta central fue si Cristo y Dios eran uno, o si en su lugar Cristo fue el primer creado, inferior al Padre, pero todavía superior a todos los otros seres (ver arrianismo). Dan Brown dice también que la votación fue enconada, mientras que la realidad fue muy distinta: los votos fueron 316 (99%) frente a 2 (1%).
El tema central del libro es el sagrado femenino y la unidad de lo femenino y lo masculino. Brown no cita apoyo bíblico para su tesis, ni canónico ni apócrifo. Se puede discutir que el papel de María Magdalena se subestimó generalmente en la historia, y éste argumento tiene cierto apoyo bíblico y referencias en los textos apócrifos conocidos como el Evangelio de Felipe y el Evangelio de María Magdalena para describir a un Jesús que quiere más a María que a sus discípulos, a la que consideraría como una igual; sin embargo en el Evangelio apócrifo de Felipe, se describe cómo Jesús la besa en varias ocasiones, aunque no indicaría explícitamente una relación romántica, por lo cual solo da pie a vagas interpretaciones y no afirmaciones. De este modo la afirmación de la existencia de un romance con Jesús es solo una conjetura y ni siquiera lo apoyan los textos apócrifos de los gnósticos. En cualquier caso, y de acuerdo con lo que se conoce, desde los primeros cristianos lo femenino ha tenido una presencia espiritual en la persona de la Virgen María que siempre ha sido venerada como la Madre de Jesús.
Descendencia de Jesús En relación con la teoría de la existencia histórica de una descendencia de Jesús y María Magdalena, los partidarios indican que al sur de Francia, en Vézelay, existe la basílica de Santa María Magdalena. Cerca de ahí, aún se festeja la llegada de las «tres Marías» y sus amigos que vienen desde Jerusalén con el Santo Grial; y la multitud desfila por las calles con la estatua de la Santa Sara. Indican que además la alusión a las «tres Marías» es la alusión mítica a la triple naturaleza del Sagrado Femenino en el antiguo mediterráneo: como madre, hermana y compañera; siendo estas mismas tres Marías las que se encuentran en el Evangelio de Felipe, descubierto en las cuevas de Nag Hammadi, en Egipto, que habla de las constantes acompañantes de Jesús: «Su madre y su hermana y su compañera, las tres eran Marías». Sin embargo los partidario indican como fuente fiable a los autores que más han apoyado la teoría de la descendencia como Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln, en el libro Holy Blood, Holy Grail; y Margaret Starbird, en el libro La diosa en los evangelios; quienes afirman que María Magdalena escapó al sur de Francia con Sara, una hija nacida de la relación con Jesús, y ahí dio lugar a un linaje que dio lugar a la Dinastía Merovingia.
Sin embargo la crítica igualmente se basa en que en ningún texto bíblico, incluidos los apócrifos, existe referencia a esta supuesta descendencia, y la leyenda en la cual se basa la tradición francesa, data del ; y antes de esta fecha no existe ninguna referencia a favor de esta hipótesis, indicando que lo más probable y factible es que sea una invención. Igualmente esta leyenda es refutada por tradiciones más antiguas que sitúan a María Magdalena en Éfeso, hasta su muerte, y sus restos trasladados a Constantinopla; sin hacer referencia a una descendencia con Jesús.
A nivel de estudios genéticos, en el año 2006, el programa Buscando la verdad (Digging for the Truth) del canal de televisión The History Channel, realizó un análisis genético de Aragunde, una de las primeras reinas merovingias; con el fin de probar o descartar que el linaje desciende de Jesús o María Magdalena. El resultado del análisis concluyó que el origen del linaje de la dinastía merovingia era solo europeo, y no estaba relacionado genéticamente con ninguna de las poblaciones del Oriente Medio; lo cual descarta que sea real la leyenda francesa sobre la supuesta descendencia de Jesús y María Magdalena.
El sagrado femenino y María Magdalena El autor afirma que el cristianismo ha suprimido el «sagrado femenino». En la tradición de la Iglesia católica, sin embargo, el papel de la mujer es importante. Por ejemplo, María (de Nazaret), que es la Madre de Jesús, es venerada especialmente como la «Madre de Dios», la «Reina del Cielo», la madre espiritual de toda humanidad y limpia del pecado, según creen los católicos. El autor llega a sugerir que Jesús no le concedió privilegios y que la trató con una aparente indiferencia. Esta idea, sin embargo, se contradice con lo que Jesús le dice a su apóstol más amado (que según Juan el Evangelista es él mismo), cuando le pide que cuide de ella como si fuera su propia madre. Queda más en entredicho cuando Jesús obedece a su madre convirtiendo el agua en vino en la bodas de Caná antes de empezar oficialmente su ministerio. Hay que valorar también que, como aparece en los Evangelios, entre los primeros en ver a Jesús resucitado son dos las mujeres y un solo hombre.
Los historiadores han especulado con que María Magdalena pertenecía a la tribu de Benjamín. Esto no aparece en la Biblia ni en los primeros documentos escritos. El hecho de que ella se encuentre en el noreste de Israel, mientras que la tribu de Benjamín residió en el sur, pesa en su contra. Además, San Pablo era un benjamita y no menciona el supuesto casamiento.
Brown sugiere la idea de que el pretendido casamiento de Jesús y María Magdalena crearía «una fuerte unión política capaz de reclamar legítimamente el trono y restaurar la línea sucesoria de los reyes» (del Capítulo 58): Las connotaciones materiales del reino de Jesús fue durante mucho tiempo tema de debate entre la comunidad de expertos. Para los que creen en la historia de los Evangelios, su muerte y partida después de la resurrección lo excluiría de ser un rey terrenal. Sin embargo, la conexión de la iglesia cristiana con gobiernos terrenales verdaderos no se puede negar, y tales precedentes a veces han enmascarado intentos mesiánicos por parte de malintencionados líderes pseudo-religiosos.