La guerra civil bizantina de 1341-1347, también llamada segunda guerra civil paleóloga fue un conflicto que estalló después de la muerte de Andrónico III Paleólogo por la tutela de su hijo de nueve años —y heredero del trono bizantino— Juan V Paleólogo. De un lado estaba el principal ministro de Andrónico III, Juan VI Cantacuceno y, del otro, la emperatriz viuda Ana de Saboya, el patriarca de Constantinopla Juan XIV Kalekas y el megaduque Alejo Apocaucos, regentes de Juan V. La guerra polarizó la sociedad bizantina según sus clases sociales: la aristocracia apoyó a Cantacuzeno y las clases media y baja respaldaron a los regentes. De forma menos acentuada, el conflicto también tuvo aspectos religiosos, pues el imperio estaba en aquella época envuelto en la controversia hesicasta y los seguidores de las doctrinas místicas de los hesicastas generalmente favorecían a Cantacuzeno.
Como principal consejero y amigo más íntimo del emperador Andrónico III, Cantacuzeno se hizo tutor del pequeño Juan V cuando el monarca murió en junio de 1341. Mientras Cantacuzeno se hallaba ausente de la capital en septiembre del mismo año, un golpe de Estado encabezado por Alejo Apocaucos y por el patriarca Juan XIV les permitió hacerse con el poder, con el apoyo de la emperatriz viuda Ana, y establecer una nueva regencia. En respuesta, el ejército de Cantacuzeno y sus aliados lo proclamaron coemperador en octubre, lo que acentuó el cisma entre él y la nueva regencia. La disputa política inmediatamente se transformó en conflicto armado.
Durante los primeros años de la contienda, las fuerzas de la nueva regencia gozaron de ventaja frente al enemigo. Como resultado de diversas revueltas antiaristocráticas, principalmente la de los zelotes de Tesalónica, los regentes se apoderaron de numerosas ciudades de Tracia y de Macedonia. Con la ayuda de Esteban Dušan de Serbia y de Umur Beg de Aydın, Cantacuzeno consiguió revertir esta situación desfavorable. Alrededor de 1345, a pesar de la deserción de Dušan y de la retirada de Umur, mantuvo la iniciativa con la ayuda de Orhan I, gobernante del Emirato otomano. El asesinato del megaduque Apocaucos, principal administrador de la regencia, en junio de 1345, fue un duro golpe para esta. Formalmente coronado emperador en Adrianópolis en 1346, Cantacuzeno entró en Constantinopla el 3 de febrero de 1347. Como parte del acuerdo, reinaría diez años como emperador principal y regente de Juan V hasta que el muchacho alcanzara edad suficiente para gobernar conjuntamente con él. A pesar de esta aparente victoria, la reanudación de las hostilidades forzó a Juan VI Cantacuzeno a abdicar y hacerse monje en 1354.
Las consecuencias del prolongado conflicto fueron desastrosas para el Imperio bizantino, que había conseguido una cierta estabilidad con Andrónico III. Siete años de guerra, la presencia de ejércitos mercenarios, las revueltas y la extensión de la peste negra arrasaron el Estado. El conflicto también permitió que Dušan conquistara Albania, Epiro y la mayor parte de Macedonia, donde fundó el Imperio serbio. El Imperio búlgaro también conquistó el territorio al norte del río Evros.
Situación: Bizancio a comienzos del
En 1341, el Imperio bizantino, antaño una potencia, estaba en proceso de transición. A pesar de que Constantinopla volvía a ser la capital imperial y de la recuperación de parte del antiguo poderío con Miguel VIII Paleólogo (1259-1282), las políticas aplicadas durante su reinado agotaron los recursos del Estado y la fuerza recuperada se perdió durante el reinado de su sucesor, Andrónico II Paleólogo (1282-1328). Durante su largo reinado, las restantes posesiones bizantinas en Asia Menor cayeron gradualmente en manos de los turcos, principalmente del recién fundado Emirato otomano. Este proceso produjo una ola de refugiados que se dirigían hacia las provincias europeas del Imperio a la vez que la Compañía Catalana extendía el caos en los dominios imperiales. Los impuestos también subieron enormemente para sufragar los tributos entregados a los enemigos. Una combinación de descontento con esta situación y de ambición personal incitó al nieto y heredero del emperador, el joven Andrónico III Paleólogo, a rebelarse. Apoyado por un grupo de jóvenes aristócratas encabezados por Juan Cantacuzeno y Sirgiano Paleólogo, Andrónico III depuso a su abuelo después de una serie de conflictos acaecidos durante la década de 1320. Aunque logró derrocar al viejo emperador, la guerra no trajo beneficios para el imperio, pues sus vecinos —serbios, búlgaros, turcos, genoveses y venecianos— aprovecharon las luchas intestinas de los bizantinos para conquistar territorios o extender su influencia en él. left|thumb|Juan VI Cantacuzeno presidiendo un sínodo en torno a 1370. Miniatura de un manuscrito de las obras teológicas de Juan VI. Actualmente en la Biblioteca Nacional de Francia, París (Ms. grec 1242). Hijo único de un antiguo gobernador de los territorios bizantinos en Morea, Juan Cantacuzeno era pariente de los Paleólogos por parte de madre. Heredó abundantes tierras en Macedonia, Tracia y Tesalia, y era amigo de la infancia y el principal y más estrecho consejero de Andrónico III. Durante el reinado de este, entre 1328 y 1341, Cantacuzeno actuó como principal ministro con el cargo de gran doméstico, el comandante en jefe del Ejército bizantino. La relación entre los dos continuó siendo estrecha y, cuando Andrónico III, entonces aún sin herederos (Juan V nació más tarde, en 1332), cayó enfermo en 1330, insistió en que Cantacuzeno fuera proclamado emperador o regente a su muerte. El lazo entre ambos se reforzó aún más en la primavera de 1341, cuando el primogénito de Cantacuzeno, Mateo Cantacuceno, se casó con Irene Paleóloga, una sobrina del emperador.
Al contrario de Andrónico II, que dispersó el Ejército y la Marina bizantinos, y que favorecía a monjes e intelectuales, Andrónico III era un gobernante enérgico que dirigía personalmente sus tropas en las campañas militares. En 1329, su primera ofensiva contra los otomanos concluyó con una desastrosa derrota en la batalla de Pelecano, a la que siguió el rápido desbaratamiento de las posiciones bizantinas en Bitinia. Campañas subsiguientes en los Balcanes le permitieron, sin embargo, mantener íntegro su tambaleante reino. Tesalia y el Despotado de Epiro, dos territorios que se habían separado del imperio después de la Cuarta Cruzada, volvieron al dominio bizantino casi sin derramamiento de sangre en 1328 y 1337 respectivamente. Andrónico III también reconstruyó una pequeña flota, que le permitió recuperar la rica y estratégica isla de Quíos de los genoveses de la familia Zaccaria en 1329, además de conseguir la alianza de Andreolo Cattaneo, el gobernador genovés de Focea, en Anatolia. En 1335, sin embargo, Cattaneo, con ayuda de los genoveses, capturó la isla de Lesbos. El emperador envió una flota para recuperarla y conquistar Focea y solicitó la ayuda de los emires turcos de Saruhan y Aydın. El de Saruhan envió tropas y pertrechos, pero el gobernante de Aydın, Umur Beg, acudió en persona a reunirse con el emperador. Durante esta visita Cantacuzeno y Umur trabaron una amistad estrecha y duradera, además de firmar una alianza.
La guerra contra Serbia de 1331-1334 fue menos favorable para el emperador ya que diversas ciudades de Macedonia fueron capturadas por los serbios acaudillados por el renegado Sirgiano Paleólogo. Solamente el asesinato de este interrumpió las conquistas serbias, junto con la amenaza de una invasión húngara; los dos contratiempos obligaron al gobernante serbio, Esteban Dušan, a tratar con el emperador. La paz acordada entre Andrónico III y Dušan fue importante para el futuro de las relaciones bizantino-serbias. Por primera vez, los bizantinos reconocieron las grandes ganancias territoriales que los serbios habían obtenido a costa del imperio en la región céntrica de los Balcanes durante el reinado de Andrónico II. Como resultado del pacto, Dušan trasladó su capital y el núcleo de su reino, al sur, a Prilep.
Aunque la pérdida de Asia Menor fue irreversible, los éxitos en Epiro y Tesalia llevaron a la consolidación del imperio en las regiones grecoparlantes del sur de los Balcanes. Andrónico III y Cantacuzeno planearon otras campañas para recuperar los principados latinos de la Grecia meridional, un proyecto de gran importancia a largo plazo pues, como escribe el historiador Donald Nicol:
Regencia de Cantacuzeno: de junio a septiembre de 1341 Después de una corta enfermedad, Andrónico III falleció la noche del 14 al 15 de junio de 1341 con tan solo cuarenta y cinco años. Su hijo de nueve años, Juan V, era el sucesor obvio, pero aún no había sido oficialmente proclamado o coronado coemperador, lo que originó un vacío legal y suscitó la cuestión de quién debía dirigir el gobierno imperial.
Según la costumbre bizantina, la emperatriz viuda presidía automáticamente la regencia. Sin embargo, a pesar de la falta de nombramiento formal, Cantacuzeno asumió la tutela de los hijos de Andrónico III y de la emperatriz viuda Ana de Saboya en palacio y, en una reunión del Senado bizantino, solicitó para sí la regencia y el gobierno del imperio, justificando su petición por su estrecha asociación con el finado emperador. También exigió que Juan V fuera desposado con su propia hija, Helena Cantacucena. El patriarca de Constantinopla, Juan XIV Kalekas, rechazó esto y presentó un documento de Andrónico que databa de 1334 en el que le otorgaba la tutela de la familia imperial cuando falleciese. Solo gracias a la protesta de las tropas de la capital el 20 de junio, consiguió Cantacuzeno que se lo aceptase como regente y asegurarse el control del Gobierno, además de mantener el del Ejército como gran doméstico. Sin embargo, la oposición a Cantacuzeno comenzó a unirse en torno al patriarca, hombre obstinado y decidido a participar activamente en el gobierno del imperio, de la emperatriz viuda, que temía que Cantacuzeno pudiera eliminar a su hijo y, por último, de Alejo Apocaucos, el ambicioso megaduque (comandante en jefe de la Marina bizantina y jefe de la burocracia gubernamental). «Hombre nuevo» —no era noble— promovido a altos cargos por ser el favorito de Andrónico III y, posiblemente, el hombre más rico del imperio en 1341, Apocaucos no contaba con la confianza de la aristocracia hereditaria. Los únicos relatos del periodo, las memorias de Cantacuzeno y la historia de Nicéforo Grégoras, con sus sesgos aristocráticos, trazan una imagen muy negativa de él. Según Cantacuzeno, la adhesión de Apocaucos al grupo del patriarca fue el resultado de su ambición personal: buscaba medrar y había intentado convencer a Cantacuzeno de proclamarse emperador; cuando este rechazó la propuesta, cambió secretamente de bando.