Diego Morcillo Rubio de Auñón de Robledo, O.SS.T. (Villarrobledo, Reino de Toledo, 3 de enero de 1642-Lima, Virreinato del Perú, 12 de marzo de 1730) fue un religioso trinitario español que fue asignado como obispo de León en Nicaragua de 1701 a 1708 y de La Paz de 1708 a 1714.
Luego fue nombrado arzobispo de La Plata en Charcas que ejerció de 1714 a 1723. Temporalmente abandonó su sede al ser nombrado como virrey interino del Perú en 1716, cargo que ejerció por casi dos meses. Unos años después fue nombrado virrey titular, de 1720 a 1724, y por último, arzobispo de Lima, de 1723 hasta su fallecimiento.
Como virrey desempeñó una administración solvente. En el aspecto defensivo tomó medidas para hacer frente a los piratas ingleses John Clipperton y George Shelvocke que incursionaron las costas del Pacífico sudamericano. Tuvo que enfrentar en 1723 el alzamiento de los indios araucanos en la Gobernación de Chile. Apoyó la construcción del Monasterio de las Trinitarias de Lima. Puso mucho celo en el envío a la Corona de los impuestos y tributos correspondientes.
En las postrimerías de su gobierno virreinal estalló la revolución de José de Antequera y Castro en el Paraguay, ante la cual no demostró mucha energía. Era todavía virrey, cuando fue nombrado arzobispo de Lima y, en tal calidad, recibió las bulas de la canonización de Toribio de Mogrovejo y Francisco Solano, y presidió las fiestas celebratorias del primero en 1729, que fueron muy fastuosas.
Formación y primeros cargos
Diego Morcillo Rubio de Auñón nació el 3 de enero de 1642 en Villarrobledo, del Reino de Toledo, siendo hijo de Alfonso Morcillo Rubio de Muñón y María Manzano.
A temprana edad ingresó en la Orden de los Trinitarios Descalzos de la ciudad de Toledo. Realizó estudios de Filosofía y Teología en la Universidad de Alcalá. Demostró especiales dotes para el estudio y la predicación, llegando a ocupar el puesto de profesor. Dentro de su orden obtuvo los puestos de provincial para Castilla, León y Navarra.
La fama sobre su enorme cultura y aguda inteligencia fue creciendo hasta llegar a oídos del rey. Mientras impartía clases en Universidad de Alcalá, el rey Carlos II lo nombró predicador de la Cámara Real y teólogo de la Real Junta de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Asimismo, consiguió el puesto de calificador dentro del Consejo Supremo de la Inquisición y el de teólogo consultor del nuncio de Su Santidad en Madrid.
Obispo de Nicaragua y de La Paz Su imparable avance dentro de la jerarquía eclesiástica y política, le llevó a asumir importantes cargos en el Nuevo Mundo, cuando ya bordeaba la edad de 60 años. Así, el 21 de noviembre de 1701 fue preconizado obispo de León, en Nicaragua, pero antes de tomar posesión y habiéndose ya puesto en camino hacia aquella diócesis, fue nombrado sobre el 14 de mayo de 1708 obispo de La Paz, en la provincia de Charcas (actual Bolivia).
Arzobispo de La Plata o Charcas 200px|miniatura|izquierda|Catedral de Sucre, antes llamada Charcas. Todavía se hallaba en plena visita pastoral de su diócesis de La Paz, cuando le llegó la noticia de su nombramiento como arzobispo de La Plata (en Charcas), ocurrida el 21 de marzo de 1714.
Lo más importante que realizó en el gobierno arquiepiscopal fue la visita pastoral y la edificación en la Catedral de Charcas de una capilla dedicada a San Juan de Mata, llamada comúnmente del Santo Rojas, la más suntuosa de dicho templo, por su extensión y decoración.
Virrey interino del Perú
El 3 de noviembre de 1715, mientras ejercía el gobierno arquiepiscopal en La Plata, el rey Felipe V le ordenó que se trasladara a Lima y ocupara el cargo de virrey del Perú de manera interina, a la espera de la llegada del nuevo titular. Ello, a raíz de que el virrey previo, también interino, Diego Ladrón de Guevara (obispo de Quito), fuera relevado de su cargo. Mientras tanto, el poder pasó temporalmente a manos de Mateo de la Mata Ponce de León, presidente de la Real Audiencia de Lima, el 2 de marzo de 1716. La razón de la elección de Morcillo fue porque su nombre figuraba en el pliego de providencia para acceder accidentalmente el gobierno del virreinato en caso de necesidad mayor.
El 15 de agosto de 1716, Morcillo entró en Lima, asumiendo como virrey interino. Su gobierno fue breve: apenas duró 50 días, en los cuales no tuvo la oportunidad de tomar medidas de gran importancia para el virreinato, más allá de las propias que garantizaran su continuidad y estabilidad.. 250px|miniatura|Detalle del cuadro Entrada del Virrey Arzobispo Morcillo en Potosí (1718), Obra de Melchor Pérez de Holguín. Museo de América, Madrid. 277px|miniatura|izquierda|Entrada del arzobispo virrey Morcillo en Potosí (1718), Obra de Melchor Pérez de Holguín. Museo de América, Madrid. El único suceso relevante durante su breve mandato fue el solemne recibimiento que tuvo en Potosí de parte de las principales corporaciones de dicho emporio minero, cuando se trasladaba por tierra de Charcas al puerto de Arica, escala obligatoria antes de embarcarse a Lima. Este hecho quedó registrado en dos grandes obras: El cuadro de gran formato pintado por el pintor potosino Melchor Pérez de Holguín titulado Entrada del Virrey Arzobispo Morcillo en Potosí; y, El extenso relato que el cronista Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela incluyó en su libro Historia de la Villa Imperial de Potosí (1730).
Según se desprende de esos testimonios, Morcillo fue agasajado por el acaudalado gremio de mineros de Potosí con el fin de que, una vez posesionado como virrey, les fortaleciera sus privilegios, que incluían el mantenimiento del trabajo forzado conocido como mita y el permiso para convocar a indios voluntarios para las minas. Pero esos mineros por el momento quedaron decepcionados, pues al resultar el gobierno interino de Morcillo muy breve, este no pudo hacer nada a favor de ellos.
Finalmente, el 5 de octubre de 1716 llegó a Lima el virrey Carmine Nicolás Caracciolo, príncipe de Santo Buono, que venía con el título de virrey propietario o titular. Según la tradición, al entregar el bastón de mando al príncipe, Morcillo le dijo que tendría que devolvérsele más tarde. Así ocurriría.
Hecho el traspaso del mando, Morcillo retornó a sus deberes eclesiásticos como arzobispo de La Plata.
Virrey titular del Perú
El virrey Caracciolo gobernó tres años y unos meses, y él mismo pidió al rey que se le relevase del mando, pues deseaba regresar a Europa. Fue entonces cuando Morcillo recibió de nuevo el encargo real para que ejerciera como virrey, esta vez como propietario o titular del puesto. Contaba entonces con la avanzada edad de 78 años.
Morcillo entró solemnemente en Lima, tomando el mando el 26 de enero de 1720. El cabildo metropolitano le ofreció una misa de acción de gracias en la catedral, el 3 de febrero, durante la cual pronunció un sermón laudatorio el canónigo Vicente Ortiz de Foronda. Igualmente, la Universidad de San Marcos le tributó recibimiento, ceremonia donde el célebre polígrafo limeño Pedro de Peralta Barnuevo pronunció un discurso en su elogio.
Aspecto defensivo miniaturadeimagen|Los marineros ingleses en las frías aguas del Mar del Sur miran asombrados a los leones marinos desde su proa. Grabado de Gustave Doré, que aparece en el libro poético de Samuel Taylor Coleridge, Cantar del viejo marino, inspirada en los viajes australes de George Shelvocke. En el aspecto de la defensa, entre 1720 y 1721 dispuso que se combatiera a los piratas ingleses John Clipperton y George Shelvocke, quienes, entrando por el estrecho de Magallanes, se dedicaron a asolar las costas del Mar del Sur, es decir, el litoral chileno y peruano. Todo ello se daba en el marco de la guerra entre España e Inglaterra (y los aliados de esta), la llamada guerra de la Cuádruple Alianza.
Clipperton fue el primero en alcanzar sucesivamente las costas de Chile y Perú. Apresó el galeón en el que venía de Panamá su viejo enemigo José Antonio de la Rocha y Carranza, marqués de Villa-Rocha, con su familia. Este personaje había sido Gobernador de Tierra Firme y presidente de la Real Audiencia de Panamá. En Nicoya, en el litoral de la actual Costa Rica, Clipperton dejó libre a la esposa y la familia del marqués, y regresó a las costas peruanas, donde bombardeó Arica en febrero de 1721, ante la defensa del puerto organizada apresuradamente por el corregidor José de Morales. El virrey despachó a la fragata Águila Volante, al mando de Nicolás Gerardino, para que interceptara al pirata, sin éxito. Otra nave enviada, comandada por el general Pedro Medranda, tampoco logró su objetivo.
Por su parte, George Shelvocke saqueó Chiloé, capturó naves mercantes en Concepción, e incendió el puerto de Paita el 21 de marzo de 1720 al negarse su población a pagar rescate. Morcillo envió contra él tres navíos de guerra españoles, al mando del general Bartolomé de Urdinso, sin que lograran el objetivo de capturarle. Luego de una serie de peripecias novelescas, Shelvocke prosiguió su viaje hacia Panamá donde se unió con su camarada Clipperton, y juntos se dirigieron a California, desde donde emprendieron el regreso a Inglaterra vía el Océano Pacífico, aunque con un botín no tan sustancioso como hubiesen deseado. Clipperton continuaba llevando cautivo al marqués De la Rocha, de quien esperaba lograr un buen rescate, pero este se fugó no bien le dejaron desembarcar en las islas Marianas.
Finalmente, hubo otra incursión, la del corsario holandés Jakob Roggeveen por el estrecho de Magallanes, que concluyó con el descubrimiento de la isla de Pascua el 6 de abril de 1722. Era lunes de Pascua, por lo que la isla fue bautizada con ese nombre que hasta hoy conserva.
Morcillo hubo de costear con su propio peculio la reparación de los navíos de guerra.
Aspecto económico Sus biógrafos destacan a Morcillo como un inteligente administrador en el plano económico. Bajo su mandato se registró un gran aumento de los ingresos reales en la colonia.
En Huancavelica no sólo atendió al gremio de mineros, proveyendo a los oficiales reales del dinero necesario para la adquisición de azogue, sino que fijó su precio en el modo más favorable para la Tesorería Real. Con relación a las minas de Potosí, acató el compromiso que había adquirido en 1716 con el gremio de mineros de dicha villa para fomentar su reactivación y, en cumplimiento de ello, no abolió la mita de indios.
La superintendencia de minas registró un importante superávit que se invirtió en el arreglo de las cureñas del puerto del Callao y en la reparación del puente de Pilcomayo que comunicaba las ciudades de La Plata y Potosí. miniatura|izquierda|200px|Un galeón español. Grabado de Alberto Durero. Por bando del 11 de marzo de 1720 prohibió el comercio ilícito por las costas peruanas y comunicó en 1722 al Consejo de Indias que había alejado a diez bajeles franceses cargados de mercadería europea, y capturado a otro al que puso a la venta.
En 1722 llegó a la feria de Portobelo el Royal George, el primer navío de permiso autorizado para traer 650 toneladas de mercadería inglesa, en conformidad con lo dispuesto en el Tratado de Utrecht firmado entre España e Inglaterra en 1714. El tráfico en la feria se desarrolló entre junio y agosto, y los ingleses lograron vender todas sus mercancías. A la larga, estos serían los grandes beneficiados, al utilizar métodos fraudulentos para introducir más mercaderías de la que oficialmente se permitían, entre otros fraudes que fueron denunciados por Dionisio de Alcedo Herrera.