miniaturadeimagen|Puerto Rico en el contexto antillano Puerto Rico es la isla más oriental de las Antillas Mayores. Se localiza entre el mar Caribe y el océano Atlántico, al este de la La Española y al oeste de las Islas Vírgenes. La “isla grande” es de forma casi rectangular, con una superficie de alrededor de 3435 millas cuadradas (cerca de 9000 kilómetros cuadrados). A su geografía se le agregan las islas-municipio de Vieques y Culebra, así como las islas de Mona, Desecheo, Caja de Muertos y un sinnúmero de isletas y cayos.
Puerto Rico adquirió extremada importancia en el esquema de navegación que se inició a finales del , entre Europa, África y América, gracias a las corrientes oceánicas formadas por la corriente ecuatorial del norte, la corriente del Golfo, la del Atlántico Norte y la de las Islas Canarias. Las rutas comerciales obligaban a los barcos a llegar a América siempre a través del arco de las Antillas Menores, específicamente muy cerca de la Dominica. En ese contexto geopolítico, Puerto Rico fue siempre la primera isla de las Antillas Mayores en el paso de las flotas hacia puertos caribeños de extrema importancia económica como lo fueron Cartagena de Indias (actual Colombia), Veracruz (actual México), Portobelo o Nombre de Dios (actual Panamá). Fue así que, como parte del plan integral de defensa del Caribe español, la isla fue considerada “la llave de las Indias.” Este detalle marcaría su destino como colonia del imperio español entre los siglos XVI al XIX. Siglos más tarde, finalizando el XIX, Estados Unidos, tras la guerra Hispano-Estadounidense, anexó la Isla como parte de los acuerdos con España contenidos en el Tratado de París de diciembre de 1898.
Sin embargo, la historia de Puerto Rico no comenzó en 1508 con la conquista y colonización por parte del entonces incipiente imperio Español. La historia de las Antillas en general, se remonta al sexto milenio de la era antes de Cristo, momento en que arribaron a sus costas sus primeros pobladores. Los especialistas aseguran que el punto de partida de estos migrantes primarios se debe ubicar en América del Sur (nordeste de Venezuela y Colombia), América del Norte (península de la Florida) y, posiblemente, en América Central (península de Yucatán).
En esa historia antillana prehispánica Puerto Rico tuvo un lugar prominente y protagónico.
thumb|right|300 px|Centro Ceremonial Caguana en Utuado, Puerto Rico Los primeros pobladores de las Antillas fueron aborígenes americanos, quienes también desarrollaron allí las primeras sociedades y complejos culturales.
Estos grupos no tuvieron sistemas de escritura. Por lo tanto, las fuentes para su estudio se centran en la arqueología y en las ciencias que la apoyan como la arqueobotánica, microbiología, etnología, la antropología física y la antropología forense. De igual modo, los estudiosos de los complejos culturales antillanos se apoyan en las crónicas escritas por los invasores europeos a partir del . Entre estos cronistas se encuentran Cristóbal Colón, Fray Bartolomé de las Casas, Gonzalo Fernández de Oviedo, Pedro Mártir de Anglería y Fray Ramón Pané.
La primera generación de historiadores puertorriqueños –surgidos a fines del – abordó el pasado indígena de Puerto Rico sobre la base, casi exclusiva, de los datos aportados por los llamados Cronistas de Indias. Esta, probablemente, es la razón por la que podemos ver, todavía hoy, grandes errores en los libros de texto de Historia de Puerto Rico, como podrían ser por ejemplo, la inclusión del complejo cultural Caribe –del cual no existen evidencias arqueológicas pero sí se mencionan en las Crónicas–, la exclusión del grupo Huecoide o Agro I –del cual sí existen abundantes evidencias arqueológicas pero que no se mencionan en las Crónicas la narración que hizo Gonzalo Fernández de Oviedo sobre la muerte del joven español Salcedo a manos de "crueles y sanguinarios" aborígenes taínos.
El interés científico por los desarrollos aborígenes de Puerto Rico comenzó a principios del con la presencia en las Antillas de varios arqueólogos estadounidenses, entre los que se destaca John Alden Mason, quien llegó a la isla de Puerto Rico a finales de 1914, siendo uno de los responsables en la excavación del Centro Ceremonial Caguana en Utuado; Froelich Rainey investigador en el Programa del Caribe de la División de Antropología del Museo Peabody de Yale; así como también Irving Rouse, profesor en la universidad de Yale quien, luego de trabajar en las islas antillanas, propuso uno (de tres) esquemas migratorios aborígenes hacia las Antillas. Estos investigadores abrieron el camino para que se iniciara el estudio sistemático, desde el método científico, de los diferentes grupos indígenas asentados en Puerto Rico, esta vez ya realizado por investigadores puertorriqueños. En la primera mitad del se destacaron Adolfo de Hostos y Ricardo E. Alegría. Ya a partir de la segunda mitad del resultaron cruciales para la historia aborigen de Puerto Rico, y de las Antillas en general, los trabajos realizados por los arqueólogos dominicanos Luis A. Chanlatte Baik e Yvonne M. Narganes bajo el Centro de Investigaciones Arqueológicas de la Universidad de Puerto Rico y las excavaciones lideradas por Miguel Rodríguez López. En época más reciente, Puerto Rico cuenta con una nueva cepa de científicos entre los que se destacan Reniel Rodríguez Ramos, Hernán Bustelo y Jaime R. Pagán Jiménez. Todos jóvenes boricuas.
Esquemas para el estudio de las culturas aborígenes en Puerto Rico
Esquema tradicional
Hasta hace muy poco, el esquema o modelo más utilizado para estudiar las culturas indígenas antillanas fue el propuesto por el antropólogo de la universidad de Yale, Irving Rouse. Este investigador propuso, en los primeros años del , un modelo con tres etapas culturales: el complejo Arcaico, el complejo Aruaco (o Arahuaco) y el complejo Caribe. Por su extenso uso se le conoce como Esquema tradicional.Coll y Toste, Cayetano (1907) PREHISTORIA DE PUERTO-RICO. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA, Estudio premiado por La Sociedad Económica de Amigos del País en el Certamen público del 8 de Mayo de 1897.
Según este esquema –que penetró con profundidad el sistema educativo del país– los primeros indígenas que se establecieron en las Antillas fueron grupos no agroalfareros a los que se les dio el nombre de Arcaicos. El segundo complejo, el Arahuaco, identifica a los primeros indígenas agroalfareros que emigraron a las Antillas procedentes del sitio arqueológico Saladero (de ahí deriva su nombre, Saladoides), ubicado en el bajo Orinoco de la actual Venezuela. Los postulados de Rouse aseguraban que, esta única migración agroalfarera, produjo una evolución unilineal que dio origen a dos posteriores desarrollos culturales conocidos como Ostionoides (su nombre deriva del sitio arqueológico Punta Ostiones en Cabo Rojo, Puerto Rico) y Taínos.
El tercer complejo en este esquema propuesto por Rouse corresponde a una supuesta migración suramericana a las Antillas. Este último grupo cultural se le conoce como el complejo Caribe y, según el esquema tradicional, tuvo las características de una invasión militar que los llevó a conquistar (por la fuerza) las islas de las Antillas Menores y a someter (o exterminar) a los grupos arahuacos allí establecidos. Los cronistas europeos describieron a los caribes como flecheros, belicosos y caníbales.
Caribes ¿mito o realidad?
A pesar de que la existencia de los Caribes forma parte del imaginario colectivo antillano (incluso el mar que nos une se llama Caribe), no ha sido posible encontrar una sola traza arqueológica (aunque sí, recientemente, una evidencia científica, como veremos más abajo) que demuestre que, en efecto, en las Antillas Mayores vivió una tribu que comía carne humana. Aquellos investigadores que defendían la teoría de la existencia del grupo Caribe lo hacían sobre la base exclusiva de las fuentes documentales. Es decir, la única fuente para asegurar que los Caribes existieron en las Antillas Mayores eran los Cronistas de Indias.
Las primeras referencias al grupo Caribe las encontramos en el Diario de Colón. Por ejemplo, en la anotación del 4 de noviembre de 1492 se puede leer: "...no lejos de allí en las islas había unos monstruos con cabezas de perro y un solo ojo que comían carne humana." Días más tarde, el 26 de noviembre, Colón volvió a retomar el tema de poblaciones caníbales, esta vez para decir:
El propio Colón aseguró que nunca vio a estos hombres y que nunca visitó las islas que supuestamente estaban ocupadas por poblaciones caribes. En este aspecto no es posible “ignorar el hecho de que Colón, con el objetivo de dar credibilidad a sus propuestas comerciales manipuló el conjunto de relatos fragmentados que recibió de los indígenas”.
Paradójicamente, los cronistas posteriores a Colón no volvieron a mencionar la existencia de hombres de un solo ojo, pero sí continuaron con el tema de poblaciones antropófagas. Tal fue el caso del físico Diego Álvarez Chanca, quien participó en la invasión española a la isla de Guadalupe en el año 1493. Álvarez Chanca encontró en varias de las casas indígenas huesos humanos colgando de los techos de las casas. Luego de esa observación (solo ocular), Álvarez Chanca saltó a la conclusión precipitada de que esos huesos habían sido roídos por los habitantes de Guadalupe. Esta conclusión la hizo sin haber visto o comprobado que en efecto fue correcto. alt=|miniaturadeimagen|La "idea Caribe" se propagó en Europa gracias a la imprenta y a grabados como los de Theodor de Bry. En Puerto Rico obras como las de Cayetano Coll y Toste, durante el y comienzos del , han sido mayormente responsables de que tales inexactitudes permanezcan arraigadas en nuestra conciencia histórica. Sus escritos han adquirido prestigio tal, que son utilizados con el carácter de fuentes primarias para el estudio del tema indígena. En cuanto a la antropofagia, Coll y Toste se nutrió principalmente de Álvarez Chanca y Pedro Mártir de Anglería para repetir: “en los hogares de esta isla (Guadalupe) se encontraron señales evidentes de canibalismo en cabezas de hombres colgadas y cestos llenos de huesos humanos”.
Sin embargo, la teoría de la existencia del complejo Caribe en las Antillas Mayores fue rechazada durante mucho tiempo por importantes arqueólogos, antropólogos e historiadores, quienes afirmaban que al no existir evidencia arqueológica que la sustente, debemos eliminar a este grupo cultural de los estudios de dichas Antillas. Así, los especialistas consideraban que los caribes nunca se asentaron en las islas localizadas al norte de la de Guadalupe (la existencia de caribes en las Antillas Menores siempre ha sido, inevitablemente, aceptado, dado que la presencia caribe en estas islas se ha mantenido hasta la actualidad, aunque de forma minoritaria, en casi todas ellas). Trabajos como los del antropólogo puertorriqueño Jalil Sued Badillo, en su texto Los Caribes: realidad o fábula, desbaratan con éxito la idea acomodaticia para los conquistadores españoles de que, en 1492, las Antillas estaban bajo amenaza de invasión Caribe y que fueron “salvadas” por los españoles. Por su parte, los arqueólogos Luis Chanlatte e Yvonne M. Narganes fueron aún más categóricos al señalar que: “es nuestro deber indicar que de los controversiales (y atractivos) caribes, no tenemos evidencias arqueológicas de su existencia en las Antillas, como grupo étnico o cultural.”