miniaturadeimagen|Manifestación de integrantes de colectivos feministas del 3 de mayo de 2017 en la Ciudad de México por el asesinato de Lesvy Berlín Osorio. El feminismo descolonial o feminismo decolonial es una corriente del feminismo surgida en América Latina. Da máxima importancia a la intersección de los conflictos entre sexo/género, clase y raza. En el estudio de esa intersección, estudia el rol de las instituciones y categorías culturales impuestas por el colonialismo y el neocolonialismo y cuestiona el feminismo universalista eurocéntrico u occidental.
Principales exponentes Entre sus principales exponentes se encuentran María Lugones, Karina Bidaseca Link a repositorio CONICET: , Rita Segato, Ana Marcela Montanaro, Yuderkys Espinosa Miñoso, Karina Ochoa, Gladys Tzul Tzul, Adriana Guzmán, Diana Gómez Correal y Ochy Curiel, entre otras.
Origen Se origina teóricamente a raíz del desarrollo de posiciones críticas y contrahegemónicas sobre el colonialismo y se encauza a elaborar y adscribir un nuevo programa feminista. Se trata de un instrumento de análisis concebido para comprender mejor cómo se relacionan o se pueden relacionar las categorías de sexo, clase y raza (y etnicidad) en diferentes campos de análisis, momentos históricos y distintas disciplinas.
Es una corriente que surge a partir de la tercera ola y también se le llamó feminismo periférico, postcolonial o del tercer mundo. Es un concepto que se elabora en el marco de Estados neoliberales y de sociedades desiguales y racistas para dar cuenta de la condición de las mujeres no blancas y sus necesidades. Es decir que las protagonistas que dan sentido a esta propuesta son las mujeres que pueblan la periferia social: mujeres pobres, discapacitadas, con otra orientación sexual y, especialmente, las denominadas migrantes.
Caminando desde y hacia un feminismo descolonial. Existen avances teóricos que ponen la discusión sobre la situación de las mujeres en la estructura moderna/colonial. Una autora con la que se respalda al justificar el contexto que se tiene que es la subordinación de las mujeres es Elina Vuola, una de las primeras en hablar sobre este silencio, plantea que los teólogos de la liberación no identificaron las posiciones de raza y género como centrales en la configuración de los sujetos con los que trabajaban, y que fueron incapaces de responder a los retos que surgen cuando el objeto de estudio se convierte en sujeto por su propio derecho. Para ella, el “otro” es subsumido en una totalidad centrada en lo masculino que niega la existencia de las mujeres en su alteridad y diferencia, y las excluye a ellas y a sus preocupaciones teóricas y políticas (Vuola, en Escobar 2007: 192-193)
Una de las potencialidades del encuentro entre feminismo y pensamiento decolonial, está en la posibilidad de avanzar en el desmantelamiento de las posiciones eurocéntricas que siguen teniendo lugar en varias corrientes de pensamiento feminista, trayendo a colación el lenguaje de la ‘diferencia colonial.
En ese camino, los aportes de María Lugones, son importantes para la modernidad/colonialidad pues historiza, desnaturaliza y problematiza las concepciones de género que el programa modernidad/colonialidad estaba usando. En su perspectiva las preguntas por el patriarcado están en relación directa con las especificidades del sistema mundo moderno/colonial en América Latina. Primero, plantea que el patriarcado no puede concebirse como una estructura universal transhistórica y transcultural, lo cual abre la puerta a la posibilidad de que este sea transformado. Segundo, Lugones invita a evitar la réplica de entendimientos hegemónicos impuestos desde el sentido común y el ejercicio del poder de los actores sociales preponderantes- acerca del sexo y el género en los análisis decoloniales. Tercero, la autora se pregunta por qué algunos sujetos subordinados como los hombres negros han sido indiferentes a las luchas de las mujeres negras cuando sus demandas hacen parte de procesos anti dominación. Y cuarto, se interroga por la ceguera a la diferencia colonial de las feministas. Para ella esa indiferencia e invisibilización de las demandas de las mujeres negras dentro de sus comunidades, pero también dentro del feminismo, tiene que ver por una parte con la separación de las categorías de raza, género, clase y sexualidad; y por otra, con la colonialidad del poder.
Lo primero es una ceguera epistemológica que surge de la separación de estas categorías, para lo cual Lugones retoma críticamente de Crenshaw el concepto de interseccionalidad. Pensando en lo segundo, formula la idea de la existencia de un sistema de género moderno/colonial. Una parte constitutiva de ese modelo, como ya lo señalaba, es la colonialidad del poder, y en esa lógica la clasificación de las sociedades alrededor del concepto de raza. “De esa manera, la raza y el género son parte de dos poderosas ficciones de la modernidad/colonialidad para Lugones”.
Lugones plantea que los colonizadores blancos construyeron una poderosa fuerza interior en las sociedades colonizadas que les permitió cooptar a los hombres dentro de los roles patriarcales. El feminismo ha discutido centralmente la noción de feminidad de las mujeres blancas. Ese feminismo, desde su punto de vista, al no observar las diferencias, no consideró importantes las coaliciones.
Postura de Oyèronké Oyěwùmí Oyěwùmí es una de las más relevantes teóricas feministas africanas contemporáneas, aclamada internacionalmente por la rigurosidad y originalidad de su aporte; su obra titulada la invención de las mujeres, es importante para el estudio del feminismo descolonial.
Se ha tenido muy poco contacto con el pensamiento africano y esto continúa así hasta el día de hoy. A pesar de que en los últimos dos o tres años se han intensificado las relaciones con África dentro de un contexto en donde va creciendo la conciencia de acercar las experiencias históricas y las luchas anti y descoloniales entre países del sur global, continua un movimiento que mira a Europa y Estados Unidos y solo conoce las verdades que estos han producido sobre África. Esto muestra la profundidad del racismo epistémico que inviste al feminismo y a las Ciencias Sociales y Humanas en general; este racismo sigue jerarquizando la producción del saber, otorgando poco valor al pensamiento producido por las mujeres negras y racializadas en general.
Así, mientras para Oyěwùmí efectivamente el género es una herencia colonial que se impone a toda la sociedad yorùbá a partir de la invasión europea, Lugones propone pensar la línea divisoria entre humano - no humano impuesta por la colonialidad como aquello que determina quienes serán considerados como sujeto de género y quiénes no. De esta manera, aunque para Lugones la colonialidad implica diferentes procesos de expansión colonial y de imposición del modelo de la modernidad, Oyěwùmí considera que el género sigue siendo algo sustantivo al mundo de lo humano (blanco), por lo que no puede leerse sino en fusión con la raza.
Por ello Oyèronké en su obra da por sentado la existencia originaria del género, así como del patriarcado. Su investigación ayuda en la tarea de des-eurocentrar el marco de mirada y de abrir otros modelos de interpretación en las formas de organización social y construcción de poder, tales como son las formas comunales de gobernación, más cercanas a nuestra experiencia histórica.
Hay una necesidad de descolonizar nuestro feminismo de manera que responda de forma más adecuada a nuestra diferencia colonial, la autora nos invita a sospechar de las verdades que se han heredado de la teorización feminista blanca y que hemos contribuido a universalizar al aplicarlas a nuestros contextos.
La visualización del cuerpo: teorías occidentales y sujetos africanos. En Occidente, las explicaciones biológicas parecen tener prioridad sobre otras alternativas de explicación de las diferencias de género, raza o clase; esta diferencia es entendida como degeneración.
Por lo tanto, para quienes ocupaban posiciones de poder resultó imprescindible imponer la superioridad biológica como un medio para ratificar su privilegio y dominio sobre Otros u Otras. La diferencia se entendió como inferioridad genética y esta inferioridad, a su vez, como la razón efectiva de las situaciones de desventaja social.
La visualización del cuerpo. Emerge un concepto de sociedad constituida por cuerpos y como cuerpos; masculinos, femeninos, judíos, arios, negros, blancos, ricos, pobres. Aquí la autora maneja dos acepciones de la palabra cuerpo: la primera, como una metonimia de la biología, y la segunda, que enfatiza el auténtico carácter físico que ocupa la cultura occidental (cuerpo material como a las metáforas del cuerpo).
Al cuerpo se le otorga una lógica propia. Se cree que con solamente mirar a una persona pueden inferirse sus creencias y posición social. La razón por la que el cuerpo ha sido tan relevante en Occidente es que el mundo se percibe ante todo por la vista. Hay diferenciación de los cuerpos humanos en términos de sexo, color de piel y tamaño craneal; la contemplación invita a diferenciar. El cuerpo tiene una relevancia exagerada en la conceptualización occidental de la sociedad.
R.W. Connell señala que el cuerpo resulta inexorable en esta construcción y que en la visión occidental del mundo subyace una rígida cualidad física en las categorías de género; al menos, en la cultura occidental, el significado físico de la masculinidad y la femineidad es central a la interpretación cultural del género. Desde la antigüedad hasta en la modernidad, el género ha sido una categoría fundamental sobre la cual se han edificado las categorías sociales. De ahí que el género haya sido conceptualizado ontológicamente.
La jerarquía y las diferencias fueron consagradas en los cuerpos, por consiguiente, dualidades como naturaleza/cultura, público/privado y visible/invisible, son variaciones del tema del orden jerárquico corporal masculino/femenino, localizadas diferencialmente en relación con el poder y distanciadas espacialmente una de la otra.
En el transcurso de la historia occidental, las justificaciones para la elaboración de las categorías “hombre” y “mujer” no han permanecido igual. Al contrario, han sido dinámicas. Aunque las fronteras se han desplazado y el contenido de cada categoría ha cambiado, las dos han permanecido en oposición binaria y en relación jerárquica. Por ello en Occidente, en lo relativo al asunto de la diferencia y la jerarquía social, el cuerpo ha sido posicionado, planteado, expuesto y re-expuesto continuamente como su causa. La sociedad se ve entonces como un reflejo exacto del legado genético; quienes posean una inevitable superioridad biológica ocuparán las posiciones sociales de superioridad.
La biología y el orden social: ¿natural o construido? Las diferencias entre machos y hembras se localizan en las prácticas sociales y no en hechos biológicos, fue una interpretación importante emergida apenas en la segunda ola del pensamiento feminista. La noción fue particularmente atractiva porque se le manejó en el sentido de que las diferencias de género no las decretaba la naturaleza: eran variables y por lo tanto modificables. Este giro condujo a la oposición entre el construccionismo social y el determinismo biológico como si fueran mutuamente excluyentes.
De hecho, en la experiencia occidental, la construcción social y el determinismo biológico han sido dos caras de la misma moneda, en tanto ambas ideas siguen reforzándose mutuamente. Básicamente, el señalamiento más importante no es que el género se construya socialmente, sino que en gran medida la biología en sí misma se construye socialmente y, por lo tanto, es inseparable de lo social.