Viento del pueblo (1937) es un poemario de Miguel Hernández. Este pertenece a lo que la crítica ha covenido en llamar su segunda etapa poética, considerada como poesía bélica y de urgencia. La obra se encuentra enraizada en la lucha ideológica y la búsqueda de una nueva forma de literatura que logre enaltecer al miliciano en su resistencia contra el fascismo partiendo de entender la Guerra Civil española como una lucha de clases: ganar la guerra significaba defender la revolución; así, su compromiso social debe su ferocidad a una asunción radical del marxismo y su forma de pensar la Historia a partir de las dialécticas explotador/explotado, ricos/pobres, amos/esclavos.
Se ha pasado del yo, de la intimidad lírica, al nosotros, al compromiso social, bélico y político con una ideología a la que servirá de propaganda.Pérez Nereida, Luz (1985) Vivencia, emoción y mito en la poesía de Miguel Hernández. Nueva York: Universidad de Nueva York. A este libro pertenecen poemas tan emblemáticos como Aceituneros (Andaluces de Jaén) y El niño yuntero.
La obra viene acompañada de diechiocho fotografías que resalta la intención del poeta por crear un producto cultural con vocación de permanecer en la Historia, pero sujeta a la misma. Con ello se logra enfatizar los valores físicos y materiales para confirmar que la Guerra es una realidad tangible, que el texto no es meramente una composición literaria o un objeto fetichista.
Crítica Carece de una estructura precisa, su forma métrica predominante es el romance, y destaca por su lenguaje directo y propagandístico.
Leopoldo de Luis divide los poemas de este libro en tres unidades temáticas:
Los que se refieren al combate: entre ellos elegías, arengas e himnos. En ellos queda resaltado el heroísmo de los combatientes republicanos y se demoniza al oponente. Los que se centran en la retaguardia. En estos poemas se exalta a los pueblos y ciudades en los que la lucha se mantiene económica y moralmente. Los que desarrollan los sentimientos intimistas del poeta, que ve en la guerra un síntoma de degradación del hombre.De Luis, Leopoldo. «El hombre acecha (y Miguel lo sabe).» Ínsula, nº 544 (1992): 19.
Símbolos
El sudor: Queda convertido en algo honroso, puesto que es un símbolo del trabajo. Dignifica al labrador, que se gana el pan con él, frente al burgués explotador que extrae la plusvalía.
Llega a dedicarle un poema entero: Las manos: De simbolismo similar al del sudor, las utiliza para enfrentar a la clase burguesa.
El viento: Aparece como símbolo del pueblo en lucha, en obras posteriores evolucionará a símbolo de destrucción.
El toro y los bueyes: El toro (junto a otros animales en la tradición como el león y el águila) es símbolo del valor y la rebeldía en oposición a los bueyes, animales mansos que se conforman con su situación y prefieren seguir bajo el yugo de sus dominadores, que les proporcionan el sustento. El bestiario encuentra su paralelo en la posición del pueblo respecto a la Guerra.
Críticos como Agustín Sánchez Vidal han visto en esta obra influencia de Vicente Aleixandre y Nicolás Guillén y sus ideas acerca de la poesía de guerra y de la necesidad de que esta estuviera imbuida de la experiencia de combate en el frente. Conjuntamente, se ha destacado la influencia ejercida por Pablo Neruda y Raul González Tuñón para producirse su ruptura ideológica con la burguesía y el fascismo.
Referencias
Bibliografía
Sánchez Vidal, Agustín y Otero Toral, Manuel. Miguel Hernández. Antología poética. Barcelona: Vicens Vives, 2010 .
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