La Real Cofradía del Santo Sepulcro y de la Soledad, es una cofradía penitencial de culto católico instaurada al menos desde 1565 en la ciudad de Villarrobledo, con sede canónica en la Parroquia de San Blas. Realiza su estación de penitencia en la Semana Santa de Villarrobledo los días de Miércoles Santo, Viernes Santo y Domingo de Resurrección.

Historia Siglos a La Real Cofradía del Santo Sepulcro y de la Soledad está considerada como una de la más antiguas de Villarrobledo, teniendo constancia que ya existía en el año 1565.

En sus orígenes, la Cofradía estaba dividida en dos Hermandades: la del Entierro de Cristo, que tenía su asentamiento en el Convento de los Padres Observantes de San Francisco, permaneciendo en él hasta 1834, año en el que surgen las revueltas liberales por las que se produce la quema del Convento y casi todo lo que éste albergaba, pasando entonces a pertenecer a la Parroquia de San Blas; y la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, perteneciente a la Parroquia de Santa María.

El primer documento propio con el que se cuenta es el Libro de Ordenanzas de la antigua Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, registrado en el Archivo Histórico del Arzobispado de Toledo, fechado el 17 de abril del año 1571. En la carta que se remite acompañando las nuevas Ordenanzas, se hace mención a la sustitución de las antiguas ordenanzas del año 1565, entre otros motivos por el crecimiento de hermanos sufrido entre esos años, que según citan pasó de unos cincuenta cofrades a más de seiscientos, se debe de tener en cuenta que este gran incremento va unido al auge vivido en la localidad, cuya población alcanzó los 20.000 habitantes. Indicar que la Cofradía estaba compuesta tanto por hombres como por mujeres, gozando de los mismos derechos y obligaciones. De la lectura de sus 23 ordenanzas sabemos que los nuevos hermanos que se inscribieran pagaban 4 reales de entrada a la Cofradía.

Casi un siglo después, en documentación fechada entre los años 1661 y 1662, existe la petición de fundación de la Esclavitud de Nuestra Señora de la Soledad, con aportación de ordenanzas, divididas en 17 capítulos. Sin embargo, dado que aún existía en la localidad la antigua Hermandad, el Cardenal Sandoval, Arzobispo de Toledo, manda que la nueva Esclavitud se agrupe en la antigua Hermandad, según se desprende en las correspondencia que entre la Cofradía y el Arzobispado de Toledo se mantuvo y de la que existen entre otros documentos el informe y la confirmación de la citada agrupación.

Un año más tarde, el 24 de febrero de 1663, se solicita la aprobación de otras nuevas ordenanzas al Arzobispo de Toledo. Entre sus nuevos 17 capítulos, destacamos que por primera vez aparece la figura del Hermano Mayor además de la disminución del número de hermanos, que según dicen las ordenanzas deben de ser cuarenta, y las bajas por defunción se cubren por los hijos mayores. Esta fuerte disminución del número de cofrades obedece también a la decadencia sufrida por la Villa a mediados de este , quedando tan solo a mediados del .035 habitantes ,en fuerte contraste con la existente un siglo antes.

La primera referencia ajena escrita de la que disponemos nos remite al libro “Historia de la Muy Noble y Leal Villa de Villa-Robledo”, escrito por el Padre Francisco de la Caballería y Portillo en el año 1751. En el Libro Primero, capítulo IV:"Relación de las Piadosas Fundaciones de los vecinos de Villa-Robledo”, en las páginas 34 y 35, el autor dice lo siguiente:“Son muy numerosas las Hermandades, y Cofradías, que fundaron los antiguos, con santos establecimientos, para su conservación, eligiendo por Patronos, y Tutelares a varios Santos de su devoción. Entre Cofradías, y Hermandades tiene en esta Villa la diferencia, que estas, para mejor conservarse, tienen ciertas Ordenanzas, y Hachas de Cera, y Estandarte para sus Funciones públicas. Las Cofradías nos las tienen, y solo se conservan por pura devoción de los fieles. Las establecidas en las tres Parroquias, y en la Iglesia del Seraphico Padre San Francisco son las siguientes. En la Parroquia de San Blas.../...En Santa María:.../...la de Nuestra Señora de la Soledad,.../...En la Iglesia de San Francisco: la Hermandad del Entierro de Christo.”Existe en el Archivo Histórico Nacional, catalogado en la Sección Clero, y con el número libro 228, un registro bajo el nombre “Libro de la Cofradía del Santo Entierro de Cristo y de Nuestra Señora de la Soledad”, el cual, en sus más de doscientas páginas, contiene las constituciones de 1725, decretos, índices alfabéticos de cofrades, nombramientos de oficiales y cuentas de los años 1751 al 1797. En este libro se averigua además que a principios del ya están unificadas las dos Hermandades.

En un estudio sobre “Aspectos de la vida conventual de la Fundación de Franciscanos Observantes de Villarrobledo”, se hace la siguiente referencia en sus datos sobre las cuentas del Convento:“Una importancia semejante en su cuantía tienen los ingresos que les reportaban el consuelo religioso de sus conciudadanos. Las misas y sus variantes componen el capítulo más importante, mayor, cantada, testamental, de oratorio, así como las novenas, memorias, entierros, procesiones, pláticas, o sermones. Se especifica en el registro la persona por la que se ha llevado a cabo el oficio religioso –si es entierro, el nombre del difunto, en los casos de las misas o memorias, el que ha realizado el encargo, las novenas o pláticas el nombre del Pueblo que las demanda-, y también el Padre o Padres que han protagonizado cualquiera de estos actos. La vinculación conventual al entramado cofrade ciudadano se ejercía a través de la Hermandad del Santo Entierro”.La lectura de estas líneas nos hace pensar sobre cual sería la relevancia de la Hermandad del Santo Entierro dentro de la vida del Convento y cómo no, su importancia en nuestra localidad.

Desde sus tiempos más remotos, ésta tenía cuatro imágenes a su cargo, a saber: el Cristo Yacente, Ntra. Sra. de la Soledad, San Juan Evangelista y Jesús Resucitado. Todas ellas en talla de madera policromada, siendo obras de escultores desconocidos.

Año 1900 a 1950

Pasando un vacío documental de algo más de un siglo, probablemente motivado por la destrucción de cualquier escrito en la anteriormente citada quema del Convento de San Francisco, en 1900 es elegido presidente D. Enrique Ruescas Alcázar, de quien merece recordar que introdujo como primer distintivo de la Cofradía la medalla con la efigie del Cristo Yacente dentro de su urna de cristal, que actualmente siguen llevando los cofrades en los desfiles procesionales, también las primeras túnicas de color negro. Por aquellos años, la Cofradía estaba integrada por unos 250 hermanos y su cuota era de una peseta anual. Tras su fallecimiento en 1931, fue sustituido en el cargo por D. Jacob Carrascosa Martínez, desempeñando su cargo con gran entusiasmo y dedicación hasta 1936, fecha en la que fueron destruidas todas las imágenes, así como la desaparición de todos los documentos existentes.

Llegado 1940, tras la defunción de D. Ángel Moya Roldán, se hizo cargo de la presidencia D. Enrique Caro Soler, quien ayudado por donativos y aportaciones de toda la ciudad consiguió rehacer la Cofradía, contado entonces con 360 hermanos.

Se hace encargo de la realización de las cuatro imágenes destruidas al escultor y cofrade D. Jesús Castellanos Gómez, realizando en 1940 la talla del Cristo Yacente, al año siguiente la de San Juan Evangelista y por último en 1942 se hicieron las de Ntra. Sra. de la Soledad y la de Jesús Resucitado.

Por aquellos años la cuota anual era de 5 pesetas, siendo el número de cofrades de 607.

Ya en 1949 fue elegido presidente D. Laurentino Rosillo Martínez. Entre uno de sus primeros grandes proyectos estuvo el acuerdo de la adquisición de la actual imagen del Cristo Yacente, obra que fue encargada al escultor valenciano D. Vicente Tena Cuesta (quien gracias a ella consiguió ese año el primer premio nacional de imaginería en Valencia). El trono, de estilo barroco, para dicha imagen fue realizado también por D. Jesús Castellanos Gómez, siendo una de sus mejores obras. Los precios de ambos trabajos ascendieron a 13.000 pesetas la talla del Cristo Yacente y 25 000 pesetas el trono. Las tres imágenes restantes de la Cofradía fueron retocadas, saliendo procesionalmente en la noche del Viernes Santo de 1950, acompañadas por 500 de sus hermanos cofrades, llevando sus nuevas túnicas blancas con distintivos rojos (las túnicas negras pasaron a serlo de Ntra. Sra. de la Soledad). Por aquel entonces estaban inscritos 780 hermanos numerarios.

Antes de la Semana Santa de este año se hizo donación de la imagen antigua del Cristo Yacente a la parroquia del pueblo de Balazote.

Año 1951 a 1980

En Asamblea General celebrada en 1951, y tras petición de un grupo de hermanos, se acordó fundar la Cofradía de San Juan Evangelista, cediéndoles la propiedad de la imagen y cuanto a ella pertenecía, con el fin de dar mayor esplendor a la Semana Santa de nuestra ciudad. Este año, en el desfile procesional del Viernes Santo acompañaron al Cristo Yacente 1028 hermanos.

Un hecho digno de destacar es el acontecido el mes de noviembre de 1953, el cual con motivo del Año Santo Mariano la imagen de nuestra Patrona Ntra. Sra. de la Caridad visita Toledo, para lo cual se solicita a la Cofradía le preste el trono del Cristo Yacente para mayor vistosidad.

Ya en el año 1956 se constatan 702 hermanos numerarios inscritos, cuya cuota anual se subió a 10 pesetas. En el año 1958 se construye el nuevo trono de Ntra. Sra. de la Soledad, encargándose de la realización, el hermano D. Jesús Castellanos Gómez, su importe fue de 14 000 ptas. Este año también se reconstruyeron las andas para la imagen de Jesús Resucitado. Este año, para allegar fondos, se hacen 1960 participaciones de lotería de 5 pesetas para el sorteo de Navidad. Ante el buen resultado obtenido se repite los dos años siguientes.

En 1960 se encarga a los Talleres de Arte Religioso Santarrufina, de Madrid, la confección del estandarte de seda blanca bordado en oro fino, con la imagen al óleo del Cristo Yacente, cuyo precio es de 7.000 pesetas. Procesionando por primera vez en la Semana Santa de ese año.

En el año 1961 D. Agustín Sandoval Mulleras, en su libro “Historia de mi Pueblo, la Muy Noble y Leal Ciudad de Villarrobledo”, en el capítulo XII: “Las costumbres (siglos y )”, dice de la Cofradía:“...La mejor de las procesiones es la del Santo Entierro, en la noche del Viernes Santo, con acompañamiento de los cofrades de esta y de las demás cofradías. El paso del Cristo Yacente, magnifica talla del escultor valenciano D. Vicente Tena Cuesta, en su gran carroza escoltada de cuatro ángeles y bellamente iluminada, es espectacular e impresionante. Y es de un efecto embargador ver detrás de la preciosa imagen a numerosos penitentes, hombres y mujeres, que cumplen duras promesas en esta hora de la procesión, muchos descalzos y arrastrando gruesas cadenas. Se calcula en unos dos kilómetros esta hermosa procesión del Santo Entierro. Toda ella es devoción emocionada”Por aquellos años las cuotas fueron sufriendo las consecuentes subidas con el fin de poder atender las numerosas necesidades de la Cofradía, y así en 1962 la citada aportación anual se sube a 20 pesetas, se mantuvo en este importe hasta el año 1971 en que se acuerda fijarla en 25 pesetas, y posteriormente en 1975 la cuota anual ordinaria será de 50 pesetas.

Se considera este periodo de casi cuarenta años como uno de los más prolíficos y florecientes de la Cofradía, quizás por el entusiasmo popular, pero no debe caber duda que en gran medida se debió al empuje y dedicación de aquellas personas que compusieron la Junta Directiva:

Presidente: D. Laurentino Rosillo Martínez Vicepresidente: Don Antonio Carrascosa Morcillo Secretario: D. Crisanto Gómez Pérez Tesorero: D. Augusto Martínez Garví Contador: D. Ignacio Martínez Martínez