thumb|center|900px|Vista de Vomero.

Vomero es uno de los barrios situados en las colinas de Nápoles, Italia. Limita al norte con el barrio de Arenella, al oeste con Soccavo y Fuorigrotta, al sur con Chiaia y al este con Montecalvario y, solo unos pocos metros, con Avvocata.

Desde la "reforma de descentramiento" de 2005, Vomero forma con Arenella la Municipalità 5, que, con sus 120 000 habitantes, es la más densamente poblada de la ciudad. El punto más alto del barrio es la Certosa di San Martino con 251 m.

Etimología En la época romana, la colina de Vomero se llamaba Paturcium (probablemente de Patulcius, nombre conectado a Jano, dios al que estaba dedicada la colina) y en la Alta Edad Media, por corrupción lingüística, Patruscolo o Patruscio. El topónimo actual, atestiguado a finales del (cuando no se refería a toda la colina, sino solo a una antigua casa de campo), tiene probablemente origen en su antigua vocación agrícola y al juego del vomere, un pasatiempo campesino que ganaba quien, con la reja (vomere) del arado, trazaba el surco más derecho. La actividad vinculada al campo y la gran cosecha de verduras cultivadas le valieron durante siglos el sobrenombre de Collina dei broccoli (Colina de los brócolis).

Historia thumb|left|upright=1.2|Vomero (detalle de la Tavola Strozzi, 1474). thumb|left|upright=1.2|Vomero en una foto de Giorgio Sommer en torno a 1860-70.

Hasta finales del , Vomero consituía una periferia lejana y casi deshabitada de la ciudad de Nápoles. Sus zonas más antiguas, como el rione Antignano, eran núcleos rurales, pueblos que desde los tiempos de los romanos estaban situados en la "Via Puteolis Neapolim per colles", calle que antes de la excavación de la galería de unión entre Fuorigrotta y Mergellina constituía la única conexión terrestre entre los Campos Flégreos y la ciudad. En torno al la calle fue remodelada y se llamó Via Antiniana, que da nombre al rione. Según la tradición, en el antiguo pueblo que hoy es el rione Antignano sucedió por primera vez el milagro de San Gennaro, entre el 413 y el 431 d.C.

Posteriormente, tras la dominación de las dinastías normandas y suabas, con la Casa de Anjou, después las Vísperas sicilianas, Nápoles se convierte en capital en 1282 (lo sería hasta la unificación italiana en 1860). Comenzó a surgir entonces la necesidad de expandirse por las laderas de la colina de Vomero, sobre todo por razones estratégicas. La zona comenzó a poblarse, sobre todo a partir de la construcción de la Certosa di San Martino en 1325 y casi al mismo tiempo se sustituyó la antigua torre de vigía (de la época normanda) cerca del Chiostro, con el Castello di Belforte, núcleo original del Castel Sant'Elmo. El aspecto del resto del territorio de Vomero se mantuvo inmutado.

Bajo reyes aragoneses y los posteriores virreyes españoles, Nápoles se encontró con un vertiginoso crecimiento demográfico, debido a la fuerte inmigración desde los centros de los alrededores y del resto del reino. La necesidad de aumentar el territorio de la ciudad indujo al virrey Pedro Álvarez de Toledo a dirigir el desarrollo de la ciudad (entonces solo plana) hacia las laderas de las colinas, que permanecían hasta ese momento sin asentamientos significativos. Sin embargo, en 1556 una ley prohibió la construcción de nuevos edificios en torno a Sant'Elmo y, en 1583, también en las laderas de la colina. thumb|upright=1.2|Villa Floridiana. Con los virreyes posteriores a Don Pedro, continuó la expansión urbanística, provocando la fusión de muchas aldeas; se comenzaron a formar en la colina aglomeraciones más homogéneas, pueblos y casas de campo. En el aparecieron en la ciudad las primeras construcciones en las colinas.

Durante la peste del 1656, se usó la colina como refugio por parte de la nobleza y el clero: comienza la tendencia de la aristocracia residente en el centro histórico de construirse una segunda casa en Vomero, tendencia que se acentuará en el , sobre todo gracias a la apertura de la nueva Via Salvator Rosa. Entre todas las familias nobiliarias que se establecieron en Vomero, están los Carafa, los Conti di Acerra, los Ruffo di Sicilia, los Cacciottoli y los Cangiani.« Questa contrada detta il Vomere è ricca di monasteri e di bellissime casine per essere l'aria salutifera avendo un aspetto al mare». Così nel 1692 Carlo Celano descrive la collina in "Notizie del bello, dell'antico, e del curioso della città di Napoli".

En 1817, Vomero se convirtió en residencia no solo nobiliar, sino también real, con la adquisición de una villa por Fernando I de Borbón, la futura Villa Floridiana.

En 1809, en la nueva división administrativa de la ciudad realizada por Gioacchino Murat, todos los pueblos de Vomero pasaron a formar parte de la ciudad de Nápoles, en el distrito de Avvocata. Finalmente, hacia la mitad del , la apertura del Corso Maria Teresa (rebautizado Corso Vittorio Emanuele después de 1860), por voluntad de Fernando II, delimitó el límite inferior del futuro barrio de Vomero.

La fundación del nuovo Rione y la urbanización de Vomero thumb|upright=1.2|Piazza Vanvitelli en los años cincuenta. El verdadero desarrollo residencial de Vomero tuvo inicio hacia finales del , más precisamente en 1885, con la fundación (dentro del risanamento) del Nuovo Rione y el diseño de un trazado viario de malla reticular y esquema radial que aplicaba los dictados racionalistas en boga en el urbanismo europeo de finales del siglo, siguiendo el ejemplo de la París del Barón Haussmann (experiencias análogas en el urbanismo italiano se encuentran en los barrios romanos de Esquilino y Testaccio).

Desde el primer momento se concibió Vomero como un barrio residencial destinado a la alta burguesía: las espléndidas villas y palacios de estilo Liberty que se construyeron en gran número a principios de siglo alrededor de la Villa Floridiana y hacia la zona del Castel Sant'Elmo y San Martino constituyeron hasta mediados del el rasgo distintivo del nuevo barrio.

Antes de la Legge pel Risanamento, además, una banca piemontesa, la Banca Tiberina, había comprado en Vomero terrenos entre San Martino, Via Belvedere y Antignano, con la intención de construir un nuevo barrio (ya Garibaldi había pensado en las colinas como potenciales nuevos rioni, en los que sin embargo él creía que se debía de alojar el proletariado). El 11 de mayo de 1885 los reyes pusieron la primera piedra y el 20 de octubre de 1889 se inauguró el Nuovo Rione, con la apertura del Funicolare di Chiaia, al que siguió el Funicolare di Montesanto en 1891. thumb|upright=1.2|Estación superior del Funicolare Centrale, en la Piazza Fuga.

Hasta esta fecha, pero todavía durante varias décadas después, la vida y la historia de la colina de Vomero y la ciudad de Nápoles evolucionaron por separado. "Voy a Nápoles", "Bajo a Nápoles" eran las frases de los habitantes de Vomero para indicar que iban a la ciudad. Pero, después del 11 de mayo de 1885, Vomero comienza lentamente a fusionarse territorialmente con la ciudad. Una fusión que, concluida a finales del , significará inevitablemente importar todos los problemas no resueltos heredados de la difícil historia de la ciudad de Nápoles.

El primer ejemplo de construcciones "urbanas" fueron los "Quattro palazzi" de la Piazza Vanvitelli, edificados a comienzos del por la Banca Tiberina. Tras el comienzo de las obras, sin embargo, la escasa respuesta del mercado (debida a las dificultades económicas de la época y a los difíciles conexiones entre la ciudad y las colinas) impulsó a la banca (propietaria de las zonas edificables y los dos funiculares) a ceder en 1899 sus derechos a la Banca d'Italia. Esto provocó la paralización durante varios años de las obras previstas en el plano de urbanización (fruto de la Convención acordada entre el Municipio y la Banca Tiberina). A principios del estaban por tanto realizados (aparte del trazado de las parcelas) solo una parte de los edificios en el centro de Vomero (entre Piazza Vanvitelli, y en las Via Scarlatti y Via Morghen). Todas las nuevas construcciones eran de estilo neorrenacenista, que continuará en Nápoles hasta los años treinta del , arrastrando durante años los proyectos de finales del .

La Banca d'Italia, para recuperar el capital invertido, decide vender los inmuebles ya construidos y los terrenos, y dividir las manzanas en parcelas pequeñas más fácilmente vendibles. En consecuencia, en los primeros años del no hubo un impetuoso desarrollo urbanístico, sino que surgieron construcciones menos intensivas, de villas con dos o tres plantas, rodeadas por jardines; los cuales, por otra parte, tenían la capacidad de dar más valor al paisaje de la zona que los grandes edificios umbertinos. El gusto arquitectónico que caracterizó este período, hasta mediados de los años veinte, fue el liberty, junto con el neoecléctico.

thumb|upright=1.2|Villa La Santarella de Eduardo Scarpetta. "La construcción de pequeñas parcelas, que comenzó a principios del siglo, continuó también tras la Primera Guerra Mundial y continuó a atraer a una nueva clase social, capaz de adquirir villas unifamiliares o para pocas familias, formada principalmente por profesionales, empresarios, personas adineradas que, con sus exigencias y su modelo de vida, definieron el carácter del nuevo barrio. En esta época la vida en Vomero comenzó a tomar sus propias costumbres, girando alrededor de Piazza Vanvitelli, los funiculares, los ejes de Via Scarlatti y Via Luca Giordano. Continuó el desarrollo de las zonas de la Via Aniello Falcone, la Via Palizzi, y la "Santarella"; se abrieron grandes escuelas prestigiosas (la "Vanvitelli", el "Sannazaro"), lugares elitistas de ocio, como el teatro "Diana", inaugurado en 1933, cines, restaurantes, cafeterías (...); clínicas limpias y eficientes, la elegante iglesia de estilo basilical paleocristiano de San Gennaro, el nuevo Stadio Arturo Collana y tiendas elegantes. También eran muy numerosos los artistas. El Vomero de esta época es el que se describe con pesar en los libros que lo recuerdan, el que ha creado el mito en el imaginario colectivo, el de la nostalgia, el "Vomero desaparecido", el "Paraíso perdido", una realidad única e irrepetible".cit. Antonio La Gala, "Il Vomero e l'Arenella" Ed. Guida

La apertura del nuevo Funicolare Centrale, en 1928, facilitando los desplazamientos entre Vomero y el centro, llevó a un incremento significativo de la urbanización, que se orientó de nuevo a los grandes edificios, construidos según los diferentes estilos entonces de moda (del liberty al neoecléctico, pasando por el primer racionalismo). El nuevo centro habitado se expande hasta englobar los antiguos pueblos (Vomero Vecchio, Antignano).

De la posguerra a la actualidad