La historicidad de la Biblia es la relación entre los eventos históricos y los relatos bíblicos. Es un tema conflictivo que enfrenta a distintas tendencias enfrentadas entre los eruditos estudiosos de la Biblia, acerca de su historicidad, no necesariamente a creyentes y no creyentes. En términos de Thomas L. Thompson,:en:Thomas L. Thompson es la cuestión de su "aceptabilidad como historia". Puede extenderse tanto a la Biblia hebrea (Antiguo Testamento) como al Nuevo Testamento cristiano (cuestiones del Jesús histórico y la era apostólica).

Entre los muchos campos de estudio utilizados para dilucidar la cuestión están la historia de las religiones (historia del judaísmo, historia del cristianismo), la arqueología (arqueología bíblica), la cronología (cronología bíblica), la astronomía, la lingüística (lenguas orientales bíblicas, lengua griega), la literatura comparada, etc. Los eruditos en estudios bíblicos examinan el contexto histórico del texto bíblico, la atribución de autoría de cada uno de los libros y el contraste entre la narración bíblica y las evidencias externas.

Los descubrimientos arqueológicos en ámbito bíblicoList of artifacts in biblical archaeology de los siglos y han sido ambivalentes: mientras que unos parecen confirmar la narrativa del Antiguo Testamento, otros la ponen en cuestión.Peter Enns, 3 Things I Would Like to See Evangelical Leaders Stop Saying about Biblical Scholarship, January 10, 2013. Quote: "Biblical archaeology has helped us understand a lot about the world of the Bible and clarified a considerable amount of what we find in the Bible. But the archaeological record has not been friendly for one vital issue, Israel’s origins: the period of slavery in Egypt, the mass departure of Israelite slaves from Egypt, and the violent conquest of the land of Canaan by the Israelites. The strong consensus is that there is at best sparse indirect evidence for these biblical episodes, and for the conquest there is considerable evidence against it.""Let me reinforce this claim in respect to my own work. The mainstream view of critical biblical scholarship accepts that Genesis-Joshua (perhaps Judges) is substantially devoid of reliable history and that it was in the Persian period that the bulk of Hebrew Bible literature was either composed or achieved its canonical shape. I thus find attempts to push me out onto the margin of scholarship laughable." —Philip Davies, Minimalism, "Ancient Israel," and Anti-Semitism"He cites the fact—now accepted by most archaeologists—that many of the cities Joshua is supposed to have sacked in the late 13th century b.c. had ceased to exist by that time. Hazor was destroyed in the middle of that century, and Ai was abandoned before 2000 b.c. Even Jericho, where Joshua is said to have brought the walls tumbling down by circling the city seven times with blaring trumpets, was destroyed in 1500 b.c. Now controlled by the Palestinian Authority, the Jericho site consists of crumbling pits and trenches that testify to a century of fruitless digging." —Jennifer Wallace, „Shifting Ground in the Holy Land”, Smithsonian Magazine, May 2006"So although much of the archaeological evidence demonstrates that the Hebrew Bible cannot in most cases be taken literally, many of the people, places and things probably did exist at some time or another." —Jonathan Michael Golden, Ancient Canaan and Israel: new perspectives, Oxford University Press, 2009, p. 275Lester L. Grabbe, Some Recent Issues in the Study of the History of Israel, Proceedings of the British Academy, October 2007

La fiabilidad histórica no depende de que una fuente sea infalible o esté vacía de intenciones, ya que hay fuentes que se consideran generalmente fiables a pesar de tener tales rasgos o errores (por ejemplo, Josefo).Ehrman, Bart D.; Evans, Craig A.; Stewart, Robert B. (2020). ¿Podemos confiar en la Biblia sobre el Jesús histórico? (1 edición). Westminster John Knox Press. pp. 12-18.

Materiales y métodos

thumb|300px|El birkat kohanim hallado en Ketef Hinnom.:en:Ketef Hinnom

Manuscritos y cánones Los distintos manuscritos bíblicos, ninguno de ellos autógrafos del primer redactor, y los múltiples cánones bíblicos, hacen imposible determinar la prevalencia de ninguno de ellos como única fuente.

Para determinar la fiabilidad de un manuscrito copiado, la crítica textual escruta cómo la transcripción ha pasado a través de la historia hasta su forma actual. Cuanto más grande es el volumen de los primeros textos (y sus paralelos en cada uno de ellos), mayor es la fiabilidad textual y menos oportunidades tuvo el contenido transcrito de ser cambiado a través de los años. La multiplicidad de las copias también puede ser agrupada en tipos de textos,:en:New Testament#Early manuscripts con algunos de ellos propuestos como los más cercanos al hipotético origen. Las diferencias suelen extenderse a variaciones menores y pueden incluir, por ejemplo, desde interpolaciones de material central hasta asuntos de historicidad y doctrina, como ocurre al final del capítulo 16 del Evangelio de Marcos.:en:Mark 16#Mark 16:9–20 in the manuscripts and patristic evidence

Los libros que comprenden la Biblia hebrea y el Antiguo Testamento (no exactamente iguales entre sí) están escritos en su mayor parte en hebreo bíblico y en algunos casos en arameo bíblico. Han llegado a la actualidad en distintas versiones, siendo las principales el texto masorético, los 47 libros de la Septuaginta (tradición al griego usada en el judaísmo por los judíos helenizados desde el hasta el y todavía usada en la cristiandad oriental) y el Pentateuco samaritano. Las diferencias entre esas tres tradiciones son útiles para la reconstrucción más ajustada del texto original y para trazar la historia intelectual de las distintas comunidades judías y cristianas. El fragmento más antiguo conservado es un pequeño amuleto de plata datado ca. 600 a. C., que contiene una versión de la bendición sacerdotal o bendición aaronita (ברכת כהנים, birkat kohanim)::en:Priestly Blessing, :de:Aaronitischer Segen "Que el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti..."

Según la teoría dominante (denominada "primacía griega"),:en:Greek primacy el Nuevo Testamento fue escrito originalmente en koiné griega. Se conservan 5,650 copias manuscritas en esa lengua, mientras que en latín (la mayor parte en la versión Vulgata) se conservan unas diez mil. Sumadas a las escritas en otras lenguas, el total de copias manuscritas es de unas 25,000. En comparación, otros textos antiguos se han conservado en muchas menos copias: el siguiente sería la Ilíada de Homero, del que se conservan 643. El hecho de que estos textos sean los más conservados se debe tanto a su difusión y popularidad, como a haber sido más cuidadosamente custodiados que otros.

Cuando se hace una comparación entre las siete principales ediciones críticas del Nuevo Testamento griego, versículo por versículo (Tischendorf, Westcott-Hort, Von Soden, Vogels, Merk, Bover, y Nestle-Aland), el 62.9% de los versículos están libres de variantes.

La forma canónica de los cuatro evangelios (Tetramorfos) fue propuesta inicialmente por Ireneo de Lyon hacia el año 180. El resto de los muchos evangelios existentes fueron considerados "no-canónicos" o evangelios apócrifos. En su carta de Pascua del año 367, Atanasio de Alejandría proporciona una lista de obras que coincide exactamente con lo que pasó a ser el canon del Nuevo Testamento, y usó la expresión "sean canonizados" (kanonizomena) en relación con ellos. El Concilio de Roma de 382, bajo la autoridad del papa Dámaso I fijó ese canon de forma idéntica, y tomó la decisión de encargar la traducción al latín que sería conocida como Vulgata (ca. 383), hecho que fue decisivo para la fijación del canon en la cristiandad occidental.

Textos

Biblia hebrea o Antiguo Testamento La Biblia hebrea o Antiguo Testamento no es un único libro, sino una colección de textos, la mayor parte anónimos, y en su mayor parte producto de re-elaboraciones más o menos extensas antes de alcanzar su forma actual. Pertenecen a muy distintos géneros literarios; aunque se pueden distinguir entre ellos tres distintos bloques que se aproximan en forma a lo que podría entenderse como una historia narrativa en sentido moderno.

Torá o Pentateuco del Génesis al Deuteronomio

La historia de la Creación del mundo y la Creación del hombre se describe con detalle cronológico (siete días). El pecado original causa la expulsión del Paraíso y el inicio de las generaciones de los hombres, que con el Diluvio universal se exterminan, a excepción de Noé y sus descendientes, que vuelven a poblar la Tierra. Tras un nuevo castigo (la "confusión de las lenguas" en la torre de Babel), Dios escoge a Abraham para fundar su pueblo elegido (a través de su hijo Isaac y su nieto Jacob -llamado "Israel"-) y concederle Canaán, la tierra prometida (significativamente, en la narración de los mismos hechos por el Corán es Ismael y no Isaac el que transmite la condición de elegidos de Dios, en este caso al pueblo árabe). En el relato bíblico, los descendientes de los doce hijos de Jacob, convertidos en las doce tribus de Israel pasan largos años de cautividad de Egipto, de donde son milagrosamente liberados por las plagas con que Dios castiga a los egipcios; Moisés los dirige durante un prolongada travesía del desierto durante la que recibe los Diez Mandamientos.

Historia deuteronómica del Libro de Josué al Segundo Libro de los Reyes

Las doce tribus se reparten la tierra de Canaán, conquistada bajo el liderazgo de Josué, sucesor de Moisés. El Libro de los Jueces describe un estado de constantes conflictos e inseguridad, hasta que el profeta Samuel unge a Saúl como rey de todo Israel. Saúl demuestra no ser digno, con lo que Dios elige a David como sucesor. Bajo este nuevo rey, los israelitas consiguen unificarse y derrotar a sus enemigos, conquistando un reino de grandes dimensiones, que Salomón, hijo de David, gobierna con sabiduría, consiguiendo la paz y la prosperidad. Se levanta un impresionante Templo de Jerusalén. Los sucesores de Salomón no mantienen la unidad y el reino se divide entre el reino de Judá al sur y el reino de Israel al norte, que caerán bajo poderes extranjeros: la cautividad de Nínive y la cautividad de Babilonia, al comienzo de la cual Nabucodonosor II destruye el Templo.

Historia cronística Libro de las Crónicas y Esdras/Nehemías

Crónicas comienza con la recensión de la historia pentatéutica y deuteronómica, con algunas diferencias de detalle. Introduce nuevo material que sigue a la caída de Jerusalén: los babilonios, que han destruido el Templo y han llevado a los judíos (el pueblo del reino de Judá) cautivos a Babilonia (donde Dios les ha seguido dando muestras de su poder, realizando prodigios), son derrotados por los persas. Ciro emite un decreto que libera a los judíos y permite reconstruir el Templo, donde las Leyes de Moisés son leídas al pueblo.

Otros

Varios otros libros proporcionan información que puede ser vista como histórica o puesta en un contexto histórico, aunque no se presentan a sí mismos como historias narrativas.

Los profetas Amós y Oseas cuentan en sus libros hechos que suceden en el reino de Israel durante el ; el profeta Jeremías lo hace sobre los acontecimientos previos y posteriores a la caída del reino de Judá; el profeta Ezequiel sobre la cautividad de Babilonia; y otros profetas sobre varios periodos, usualmente a los que dicen ser contemporáneos.

Algunos libros se incluyen en unos cánones pero no en otros. Entre ellos, los Libros de los Macabeos son narraciones históricas de los acontecimientos del Otros no son históricos en orientación, pero se sitúan en contextos históricos o retoman historias anteriores, como el Libro de Enoc, una obra apocalíptica del

Nuevo Testamento